domingo, 17 de abril de 2011

Lecciones sobre ensueño dirigido en psicoterapia - Pablo Cazau - y Acerca de Robert Desoille


Lecciones sobre ensueño dirigido en psicoterapia - Pablo Cazau

Desoille empezó a ensayar la técnica del ensueño dirigido hacia 1918, y en 1931 da a conocer sus trabajos.

En esta técnica el paciente debe producir imágenes, las cuales tienen un componente objetivo pero también un significado subjetivo.

Esto ocurre en cierto estado de vigilia, en un estado onírico distinto al sueño pero que, como este, el paciente se expresa en lenguaje simbólico con imágenes.

Al paciente se le propone una imagen y, a partir de ella, debe hacer movimientos, que pueden ser de ascenso o de descenso.

Si se sugiere una ascensión, por ejemplo, esto orienta la atención del sujeto hacia sus tendencias más dinamógenas y moviliza sus disposiciones más optimistas.

La imagen de partida puede sugerirla el paciente o serle sugerida.

Se le pide que describa detalladamente la imagen, con lo que se obtiene una imagen ‘reforzada’ a partir de la cual podrá hacer movimientos de ascenso o descenso.

En pacientes muy angustiados, deben evitarse imágenes mas angustiantes.

Las imágenes nacen de un estado afectivo, y si éste varía, la imagen también lo hace.

Pero la inversa es también correcta: un estado afectivo puede suscitarse a partir de imágenes producidas.

En estos escenarios enseñados el paciente puede tomar conciencia de sus problemas internos y resolverlos en ese contexto de imágenes; puede reencontrar sus energías perdidas y reconstruir su psiquismo con ayuda del terapeuta.

Muchas psicoterapias hablan de ‘reestructurar el psiquismo’ pero no dicen cómo se pueden llevar a cabo, y ello porque no han advertido el papel fundamental de la imaginación en este proceso terapéutico, pero una imaginación activa, que produzca y transforme imágenes.

A través del ensueño dirigido se libera este lenguaje íntimo del paciente, a través del cual éste puede proyectar en sus imágenes lo vivido y lo no vivido (esto último es lo mítico, lo folklórico que el paciente toma de la filogenia).

El ensueño dirigido se estructura en dos cosas:

a) una línea vertical de lo imaginario que evoluciona a lo largo de los grados de conciencia, y

b) dos cadenas arquetípicas (masculina y femenina) correspondientes a los grados de conciencia y susceptibles de ser transformadas en sentido ascendente o descendente.

A la evolución de estas representaciones se asociarán siempre modificaciones de sentimientos y emociones, pero también de conductas. Imágenes de animales, por ejemplo, se relacionas con lo más instintivo, grado más profundo de conciencia, y pueden ellas representar elementos masculinos o femeninos.

A continuación, Desoille se refiere al dominio y enriquecimiento de lo imaginario por medio del ensueño dirigido en psicoterapia, y luego describe la técnica con numerosos ejemplos.

El terapeuta debe vivir el ensueño a la par del paciente.

Éste estará en posición horizontal, relajado, en silencio y semioscuridad.

El terapeuta le sugiere una imagen de partida y éste la aceptará o no.

A partir de allí se le sugerirá que suba o baje (imágenes de ascenso o descenso):

subiendo aparece calma, serenidad, y bajando, angustia, temores. Ambas cosas son importantes, pues apuntan respectivamente a la superación y a las profundidades, donde yace el conflicto.

En la primera sesión se estudian las reacciones del paciente frente a las imágenes. Temas de partida son representaciones masculinas, como la Espada, o femenina, como la Copa. Además de ascender o descender hay sugestiones secundarias como llene la copa, saque la espada, etc.

Estos movimientos y los de subir o bajar, tienen significaciones.

En la cura pueden aparecer negativas a subir, debido a represión de sentimientos nobles, o a bajar, por represión de lo instintivo y conflictual.

Los mismos pacientes dan sentido simbólico a sus representaciones.

El ensueño dirigido es una readaptación a la vida propia, y para ello debe definir bien su vida hasta ese momento: problemas que tiene o tuvo, familia, amistades, salud, sexo, metas, etc.

Las sesiones tienen duración variable, y las hay de dos horas, donde primerose hacen interpretaciones de ensueños anteriores y luego se desarrollan nuevos ensueños.

El paciente debe colaborar activamente en la curación, y el terapeuta funciona como apoyo y sostén además de interpretar.

Obstáculos en la cura están ligados a lo constitucional, que no se puede modificar, y la edad (el ensueño dirigido no encuentra mayormente obstáculos en la edad, salvo excepciones).

Otro obstáculo es la dificultad del paciente para tener imágenes y darles movimiento, de aquí que el terapeuta deba saber cómo facilitar el surgimiento de imágenes: si éstas son angustiantes o desagradables para el paciente, se le pueden sugerir otras más complacientes.

También se pueden sugerir imágenes auditivas (un reloj, tocar las teclas de un piano) si hay dificultad para lo visual. Desoille hace luego referencia a la relación terapeuta-paciente, al carácter directivo de la técnica y al papel de la transferencia.

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Extraído de: http://es.shvoong.com/social-sciences/psychology/301668-lecciones-sobre-ensue%C3%B1o-dirigido-en/
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Acerca de Robert Desoille


Robert Desoille nació en Besançon el 28 de mayo de 1890 en el seno de una familia de la alta burguesía. Su padre era militar.

Según él mismo cuenta, a los siete años de edad, asistiendo al espectáculo de un hipnotizador de feria, se despertó su interés por la psicología, y a los doce años, en unas vacaciones, realizó con éxito una experiencia telepática con una amiguita dos años menos que él.

A los 22 años se recibió de ingeniero en Lille y durante los dos años siguientes realizó cursos en la Sorbona, con la intención de dedicarse a la investigación, pero lo sorprendió la Primera Guerra Mundial, en la que participó con el grado de capitán de artillería. Fue herido en 1917 y condecorado con la Cruz de Guerra y la Legión de Honor.

Al terminar la guerra, considerándose demasiado grande para continuar estudiando, se emplea en la Compañía de Gas y Electricidad de Francia, donde hará como ingeniero toda su carrera laboral, con activa participación gremial, hasta su jubilación en 1953.

En 1923 conoce al teniente coronel Eugène Caslant, quien había publicado un libro titulado “Méthode de developpement des facultés supranormales” en el que describía un modo de utilización de la imaginación con fines esotéricos.

Téngase en cuenta que en esa época, en pleno auge del surrealismo, había mucho interés en los fenómenos paranormales.

Desoille pide a Caslant una demostración del método y lleva a su esposa Lucie Bigéard, como sujeto de la experiencia. Ésta realiza, guiada por Caslant una imaginería que sorprende a Desoille quien la relatará posteriormente en su primer libro, calificándola como una “experiencia dantesca”.

A partir de aquí, Desoille dedica los ratos libres a la práctica de la técnica.

A diferencia de su maestro, no lo satisfacen las explicaciones esotéricas y emprende lecturas de psicología, particularmente de Freud, Jung y Pierre Janet.

En 1931 el psicoterapeuta suizo Charles Baudouin, buen conocedor de Freud y destacado propulsor de las ideas de Jung; lo invita a publicar unos artículos sobre el método en la revista “Action et Pensée”.

Y en 1938, Desoille publica su primer libro “Exploration de l’Affectivité Subconsciente par la Méthode de Rêve-Éveillé”. Hasta aquí el método era presentado como un recurso para el desarrollo psicológico y no había sido aplicado en la clínica.

El trabajo atrae la atención del filósofo Gastón Bachelard, a instancias de quien cambia el nombre del método, de Rêve-Éveillé (Sueño Despierto) a “Rêve-Éveillé-Dirigé” (Sueño Despierto Dirigido). En esa época comienzan sus contactos con el mundo psicoterapéutico (mantendrá relaciones personales con René Laforge, Françoise Dolto, Juliette Favez-Bouttonier, Lydia Renaud, Paul Sivadon, Marc Guillerey y otros, y relaciones epistolares con Roberto Assagioli y Milton Erikson) y comienza a ensayar el método con pacientes que le derivan sus amigos.

Es de señalar que Desoille, que vivía de su profesión de ingeniero, nunca cobró por sus actividades como terapeuta, aunque (¡por suerte!) reconoce que quien vive de eso puede cobrar.

Son tiempos difíciles, Francia está en guerra y es ocupada por los nazis y Desoille, desde 1941, se compromete activamente en la resistencia. En 1945 fallece su esposa, que lo había acompañado siempre en sus experiencias; y Desoille publica su segundo libro “Le Rêve-Éveillé en Psychothérapie”, en el que presenta numeroso material clínico y esboza una serie de ideas teóricas, inspirándose en Jung.

Al final de la guerra, como muchos intelectuales franceses, Desoille se ha acercado al marxismo y se dedica a leer con mucho interés las traducciones de los reflexólogos rusos y en 1950 publica “Psychanalyse et Rêve Éveillé Dirigé”, en el que critica al psicoanálisis e intenta una lectura pavloviana del método; postura que profundizará cinco años después con “Introduction a una Psychothérapie Rationelle”.

Desde 1954 comienza a dictar seminarios sobre el Sueño Despierto a un grupo de discípulos.

Así lo describe uno de ellos (J.Boule): ”Había ingresado en un seminario que acababa de formarse y llegaba a cada reunión con la curiosa sensación de penetrar de algún modo en otro universo. Es indudable que a ello contribuía el lugar en donde nos reuníamos, un departamento de la rue Falguière, en el barrio de Montparnasse. Para llegar a él había que entrar por una puerta cancel de aspecto sólido y sencillo y caminar hasta el fondo de un patio encantador, muy al estilo del siglo XIX, que se encontraba al reparo de los ruidos de afuera.

El departamento en sí mostraba, para mí al menos, el sorprendente contraste de un estudio de artista amueblado al estilo burgués. Recuerdo una mesa y un armario rústico de una bella madera, de tintes claros y cálidos. Recuerdo también un inmenso ventanal cerrado, que sólo se abría en las noches, cuando estábamos reunidos y que acentuaba para mí esa impresión de universo cerrado, bien protegido por amistosos cortinados.

En esas reuniones de las que participaba Mme. Desoille [Mireille d’Ambrosio, su segunda esposa], a quien todos conocíamos, se percibía en la casa una presencia serena, una cierta radiación –iba a decir una radiación cierta-. Monsieur Desoille se ubicaba en el extremo de la pieza y presidía esas reuniones con sencillez. ¿Qué queda de esto? Sería difícil a partir de los apuntes tomados, recuperar en su riqueza esas lecciones, esa enseñanza, en la que jamás parecía –soltura suprema- que él enseñaba. Sería también sin duda difícil de expresar el interés, la participación activa que allí tenían los presentes; los consejos y los alientos recibidos.”


Contrastemos este clima de excesiva idealización, con el comentario de una de sus discípulas dilectas, Mme. Edith de Vriese, fundadora del grupo belga de Sueño Despierto: “En los homenajes a Desoille no he leído jamás lo que hubiera querido leer y no he encontrado sino parcialmente al hombre que conocí. Se complacen en alabar su tolerancia, su comprensión, su cortesía, etcétera. Y eso termina por tener un tono hagiográfico irritante. Desoille era más complejo.

Si era tolerante y comprensivo, tenía también actitudes intransigentes que le valieron sólidas enemistades. Si era cortés, podía mirar a cualquiera que lo disgustara, desde lo alto de su gran estatura, con una sonrisita irónica muy desconcertante. Cuando tenía algo que decir, lo decía y muchas veces con aspereza.

No tenía sólo amigos, y aún entre sus discípulos algunos soportaron con dificultad (y otros no soportaron en absoluto) su fuerte personalidad”… [en el curso de una supervisión] …me preguntó porqué yo no había hecho descender al sujeto a esa caverna. Le contesté que la persona tenía demasiada dificultad, demasiados obstáculos angustiantes para superar, que verdaderamente estaba cansada. ‘¿De qué cansancio me habla usted –preguntó- del de ella o del suyo?’

Porque Desoille tenía una maestría extraordinaria para llevar al sujeto hasta sus límites sin presionarlo.

Le hacía dar en la sesión todo lo que podía dar. Lo ayudaba a suscitar sus monstruos, a enfrentarlos, a desmitificarlos, a develarlos, a liberarse de ellos, a contener la angustia y a descubrir sus propias fuerzas; con una flexibilidad más sensible, creo, en su práctica que en sus escritos.”

Un colega de su nivel, el Profesor Véziris, nos entrega, de esa época, la siguiente descripción: “Hijo de buena familia, Robert Desoille conservaba los hábitos burgueses y prestaba un cuidado especial a su vestimenta (sus medios financieros se lo permitían). Lo veo llegar al restaurante vestido con un elegante traje oscuro, un sobretodo de corte tradicional, pero muy fino, un sombrero, una chalina de seda clara y polainas. Nunca hubiera comido si no en un buen restaurante. Su elección casi no variaba. Le gustaba volver a los lugares donde era conocido y lo recibían con una mezcla de placer y deferencia. Incluso sus menús se modificaban poco.

Amaba la buena cocina y nunca se privaba de terminar su comida con un café, que bebía tibio, tradicionalmente seguido de una mezcla bien dosificada de Chartreuse amarillo y verde”

El esta época lo conoció Celes Cárcamo, que estaba en París realizando su formación como psicoanalista. Lo describía como “muy alto (Cárcamo tenía una estatura considerable), muy serio y muy amable”.

El pionero del psicoanálisis argentino realizó sueños despiertos con él y enseñó luego la técnica a algunos de sus discípulos, entre los que se contaba mi maestro Andrés Cafferata.

Nicole Fabre, que ha sido sin duda la más importante de sus discípulos relata:

“Conocí a Robert Desoille en 1960, en un Congreso de Psicoterapia. Él tenía entonces setenta años. Me impresionó la claridad de sus palabras y la pasión que ponía en ellas. Era imposible no advertir la gallardía de su porte, su mirada firme. Y más sorprendían aún la decisión con la que sostenía sus tesis y la profundidad de las experiencias que describía. Como a muchos de los que lo conocieron, me sedujeron la riqueza y la rara cualidad de los caminos que él hacía recorrer a sus oyentes y a sus pacientes y la excepcional calidad humana que presidía su propuesta científica.

En los años que siguieron a ese primer encuentro y mientras trabajaba a su lado, aprendí a conocer su método psicoterapéutico y su personalidad, anudando con él una genuina amistad, pese a la diferencia de edades.

En 1961 Desoille participa de la formación de la “Societé de Recherches Psychothérapiques de Langue Française”, que preside el profesor Paul Sivadon y cuya vicepresidencia comparte Desoille con Juliette Favez-Boutonier. Desde entonces hasta su muerte, el 10 de octubre de 1966, Desoille se dedica a la enseñanza del método, dicta cinco conferencias en Oporto, una en el VI Congreso Internacional de Psicoterapia en Londres y tres en la Sorbona.

En 1960 publica “Théorie et Pratique du Rêve Éveille Dirigé”, libro en el cual explicita la técnica y, sin abandonar la fundamentación reflexológica, integra elementos de psicología dinámica y muestra un particular interés en el desarrollo narrativo de las curas; temática que se acentuará en los dos libros póstumos compilados por Nicole Fabre: “Marie-Clotilde. Une psychothérapie par le Rêve-Eveillé-Dirigé” y “Entretiens sur le rêve éveillé dirigé en psychotherapie” (Traducciónes castellanas: “El caso María Clotilde. Una psicoterapia por el Ensueño Dirigido” y Lecciones sobre Ensueño Dirigido en Psicoterapia”, ambas publicadas por Amorrortu).

Dos años después de su muerte sus discípulos fundan el “Groupe International du Rêve Éveillé Dirigé de Desoille (GIREDD), que en sus inicios reúne psicoterapeutas de diferentes orientaciones teóricas. Aunque con el tiempo han predominado los desarrollos psicoanalíticos del método y de aquí la actual denominación de “Groupe Internacional de Rêve ëveillé en Psychanalyse (GIREP)”, el grupo argentino, fundado en 1987 con el nombre de “Sociedad Argentina de Sueño Despierto Analítico de Desoille” (SASDAD) pretende mantener el pluralismo original y agrupa psicoterapeutas de bases teóricas diversas.

El carácter asistemático de las lecturas psicológicas de Desoille y su clara tendencia a privilegiar la práctica sobre la teoría (una gran proporción de sus escritos consiste en material clínico), así como el hecho de haber tomado eclécticamente elementos teóricos de distintas fuentes, hace difícil cualquier sistematización de sus ideas.

La obra ha sido enfocada desde la perspectiva psicoanalítica (Nicole Fabre, Madeleine Natanson, Monique Aumage, Gilbert Maurey, Roger Dufour, Jean Nadal), desde la vertiente existencial ( J. H. Van den Berg),

desde la transpersonal (Marc-Alain Descamps),

desde diversas posturas de síntesis de elementos psicodinámicos, humanísticos y comportamentales (Jean Guilhot, Jean-Claude Benoit, Renzo Rocca, Mario Berta)

y se presta particularmente para los enfoques integrativos.

“Robert Desoille era ante todo un buscador –escribe el psiquiatra Jacques Launay- y dedicó toda su vida al logro de una teorización de la sublimación [él hablaba de “socialización de los instintos”] por el Sueño Despierto, de aquí sus préstamos sucesivos y parciales, tomados de Freud, Jung y Pavlov, particularmente de los dos últimos.

Era también un ‘místico’, creyente en las potencialidades ocultas de todo ser humano, que buscaba a través del Sueño Despierto la emergencia de las tendencias oblativas de cada uno.””Tenía -comenta Lydia Renaud- una personalidad muy especial. Era muy místico. Estaba como aspirado por algo que no era ni cristiano ni nada. Pero él era místico.”

Su condición de buscador aparece en el texto siguiente, escrito ya cerca de su muerte:

“No pienso que a los treinta años se vea claro y que a los cincuenta se posea la verdad. Yo mismo me siento muy lejos de poseerla y últimamente tuve una prueba manifiesta de esto. Desde hace tiempo tengo sueños repetidos. Esto me ocurre cada cuatro o cinco días, o a intervalos más largos tal vez. Sueño que hago hacer un Sueño Despierto a alguien. No sé quien es ese alguien, pero en mi sueño percibo que nos acercamos a algo muy importante, pero no logro que mi paciente alcance ese algo. Me he preguntado: ‘¿Quién será mi paciente?’ Y la única respuesta que he encontrado es ‘Yo mismo’.”

En su época no tuvo empacho, más allá de su agnosticismo, en resaltar la importancia de los sentimientos religiosos. El siguiente texto suyo lo testimonia: “El equilibrio espiritual significa la paz interior, pero de ninguna manera el reposo. Esta búsqueda del equilibrio debe acompañarse de una actividad incesante, y podría decirse que el verdadero criterio de salud es la eficacia del místico en el plano social. Pero quien dice místico debe poder decir desinteresado.

Y el desinterés conduce con frecuencia al combate, en medio de una sociedad fuertemente organizada con miras a un provecho o una defensa de intereses materiales que, en lugar de salvar a la sociedad, pueden precipitarla en los abismos del error.

Ser capaz de dar la vida por el prójimo y al mismo tiempo de plantarse solo frente a todos ¿no es acaso el verdadero rostro de Cristo, oblativo y solitario, tal como se aparece a algunos de mis pacientes, en la cumbre del ascenso, bajo una simple apariencia de luz?”

“Y no es menos verdadero que, en la medida de lo posible, hay que ajustarse a un mundo en el que nos ha sido impuesto vivir. Esto supone una cierta facultad de identificación, que es una de las formas de amor, siempre y cuando dicha identificación sea consciente y reflexiva, libremente elegida y no trabe de modo alguno aquello que podemos exteriorizar como lo mejor de nosotros mismos.”


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