sábado, 7 de mayo de 2016

Realidad y Posibilidad, Conciencia y Mundo - Omar Paladini

Imagen: Rafael Edwards. Árbol de la Vida,
basado en la doctrina impartida por
Silo.

Puede que algo se este incubando en los caminos aparentemente cerrados que la foto del momento actual personal y social nos muestra.

¿Sera como la vemos "la realidad"?

Puede que este llegando el momento de "equivocarnos" distinto a lo que habitualmente hacemos y empezar día a día a equivocarnos mejor, 


y a ir en cada acto estando cada vez más despiertos y cerca de nosotros mismos y de los demás; que dicho sea de paso, de más nunca están. Somos nada sin los otros, nada de nada.

No parece haber dos, sino que en todo lo que nos rodea hay unidad. Fluida unidad moviéndose al compás de la vida.

Y si hay compás, si hay ritmo, podríamos invitar a la vida a bailar con nosotros. Ella siempre esta a la espera de que la invitemos a danzar.

Quizás danzando a su ritmo hasta nos enamoremos de ella. Amar a la vida no es una mala sensación ¿No?

Lo que se viene gestando no es nuevo. Generación tras generación podemos mirar hacia atrás en la historia y ver al ser humano abriéndose paso hacia el futuro aun en las peores condiciones, y a veces ni siquiera nos podemos imaginar ese tipo de experiencias extremas si es que no las hemos vivido aunque más no sea en ínfima proporción.

Quizás no podemos medir lo que las nuevas generaciones hagan a futuro, más ya se está gestando la nueva humanidad.

La conciencia siempre se abre paso. No hay como detenerla. Somos conciencia ¿que más?

Lo interesante, más allá del nihilismo imperante que parece negar toda posibilidad de cambio, es que quizás solo es humo la foto que se nos presenta como “la realidad”..

El momento actual parece cristalizado en el tiempo.

Si esta cristalizado hay dos alternativas: o regresa a un estado anterior (cosa que no creo), o evoluciona o transmuta hacia un estado superior al actual.

Mi opinión es fundamentalista (de fundamento, de raíz). Sin conciencia de sí, sin una consolidación de ella, no se le puede pedir mucho más a la vigilia ordinaria, es una necedad hacerlo (no pedirle peras al olmo dice el dicho popular).

La vigilia ordinaria puede dar mucho en diversos campos, más sin conciencia de sí ni siquiera hemos entrado en un camino que nos lleve más allá de la ordinaria conciencia vigílica cotidiana -muy ordinaria ella-.

Sin conciencia de sí somos llevados de las narices como títeres patéticos de aquí para allá sin sentido ni dirección.

Necesitamos psiquismos polarizados en una dirección. El Árbol de la Vida puede ser muy útil en guiarnos hacia ese destino.

La meta y el destino son dos caras de la misma moneda después de todo.

Lo que importa es el proceso, y cada acto del momento presente.

El destino no esta escrito, lo vamos reescribiendo en cada acto del aquí y ahora.

Quizás sería interesante poner en juego en cada acto lo mejor de nosotros mismos con bondad y compasión.

Quizás nos sorprendería el eco que hay si lo que lanzamos al mundo sale desde lo profundo.

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Notas

La imagen se relaciona con el capitulo "XIX. Los Estados internos", del libro "La Mirada Interna", de Silo - Trilogía "Humanizar la Tierra".

Este escrito se relaciona con lo anterior: "Los Estados Internos" - Charla espontanea dada por Ernesto H. de Casas en Cullera, Valencia en 1986 - Revisado - Mendoza - Mayo-Junio 2015 - V1.2 - 
http://omarpal.blogspot.com.ar/2009/06/los-estados-internos-charla-espontanea.html

Y puede ser de utilidad también leer:
Conciencia y Mundo en Fuga - Ernesto H. de Casas

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¿Cuál es la diferencia entre satori y samadhi? - Osho


Pregunta:

¿Cuál es la diferencia experimental entre satori —en el zen, un vislumbre de la Iluminación— y samadhi, la consciencia cósmica?

Osho:

El samadhi empieza como una ruptura, pero nunca acaba. 


Una ruptura siempre comienza y acaba, tiene unos límites, un principio y un final, 

pero el samadhi empieza como una ruptura y entonces dura para siempre. No tiene final. 

Así que si el suceso llega como una ruptura y no tiene final, es samadhi, pero sí es una ruptura total, con un comienzo y un final, entonces es un satori, y eso es diferente. 

Si es sólo un vislumbre, sólo una ruptura, y esa ruptura desaparece de nuevo, si es un paréntesis y el paréntesis está completo —atisbas en su interior y regresas; entras en él y regresas— si algo sucede y de nuevo desaparece, es un satori.

Es un vislumbre, un vislumbre del samadhi, pero no el samadhi.

"Samadhi" significa el comienzo del saber, sin ningún final.

En la India no tenemos ninguna palabra que corresponda a satori, de modo que, a veces, cuando la ruptura es grande, uno puede confundir el satori con el samadhi. 


Pero nunca son iguales; es sólo un vislumbre. 

Has alcanzado lo cósmico y has mirado en su interior, y entonces todo ha desaparecido otra vez. 

Desde luego, tú no serás el mismo; ahora nunca serás el mismo otra vez. 

Algo ha penetrado en ti, algo te ha sido añadido; nunca podrás ser el mismo.

Pero todavía, eso que te ha cambiado no permanece contigo.

Es sólo un recuerdo, sólo memoria. Es sólo un destello.

Si puedes recordarlo, si puedes decir, "He conocido ese instante", es solamente un vislumbre, porque en el instante en que el samadhi suceda, no estarás allí para recordarlo. 


Entonces nunca dirás, "Lo he conocido", porque al conocer, el conocedor se pierde. 

Solamente con el vislumbre permanece el conocedor.

Así pues, el conocedor puede guardar como un recuerdo este vislumbre.


Puede suspirar por él, puede desearlo, puede acariciarlo, puede esforzarse de nuevo por experimentarlo, pero él está todavía ahí. 

Aquél que ha tenido un vislumbre, aquél que lo ha visto, está ahí. 

Eso se ha convertido en un recuerdo y ahora ese recuerdo te perseguirá, te acechará, y exigirá una y otra vez que se repita el fenómeno.

En el instante en que el samadhi sucede, tú no estás allí para recordarlo.


El samadhi nunca se convierte en parte de la memoria porque el que estaba allí ya no está. 

Como dicen en zen, "El hombre viejo ha desaparecido y el nuevo ha llegado..." 

Y esos dos nunca se encuentran, de modo que no existe la posibilidad de recuerdo alguno.

Lo viejo se ha ido y lo nuevo ha llegado y no ha habido encuentro entre los dos, porque lo nuevo solamente puede llegar cuando lo viejo se ha ido.

Entonces no es un recuerdo, no hay un anhelo hacia él, no nos acecha, no suspiramos por él.

Entonces, tal y como eres, estás en paz y no hay nada que desear.

No es que hayas matado el deseo, ¡no! Es una ausencia de deseos en el sentido de que aquél que podía desear ya no existe. 


No es un estado de no-deseo; es la extinción del deseo, porque aquél que podía desear ya no existe. Entonces no hay deseo alguno, ya no existe el futuro, porque el futuro es creado por nuestros deseos; es una proyección de nuestros deseos.

Si no hay deseos, no hay futuro. Y si no hay futuro, no hay necesidad del pasado porque el pasado es siempre un telón de fondo contra el cual, o mediante el cual, es anhelado el futuro.

Si no hay futuro, si sabes que en este mismo instante vas a morir, no hay necesidad de recordar el pasado.


Entonces no hay ni tan sólo necesidad de que recuerdes tu nombre porque el nombre posee un significado solamente si existe un futuro.

Puede que lo necesites, pero si no hay futuro, simplemente quema todos tus vínculos con el pasado. No los necesitas; el pasado ha dejado de tener sentido.

El pasado solamente tiene sentido si apoya o contradice al futuro.

En el instante en que el samadhi ha sucedido, el futuro se convierte en algo no-existencial. No existe; solamente existe el momento presente.


Es el único momento; no existe ni siquiera pasado.

El pasado ha desaparecido y el futuro también y una única, momentánea existencia se ha convertido en la totalidad de la Existencia.

Estás en ella, pero no como una entidad distinta de ella.

No puedes diferenciarte de ella porque solamente te diferencias de ella debido a tu pasado o tu futuro. 

La única barrera entre tú y el momento presente que está aconteciendo son el pasado y el futuro cristalizados a tu alrededor. 

De modo que cuando sucede el samadhi no existen ni pasado, ni futuro.

No es que tú estés en el presente; es que tú eres el presente, te conviertes en el presente.

El samadhi no es un vislumbre, el samadhi es una muerte. Pero el satori es un vislumbre, no una muerte. Y el satori es posible de muchas maneras.


Una experiencia estética puede ser una posible causa para que se dé el satori; la música puede ser una posible causa del satori; el amor puede ser un posible origen del satori. 

En cualquier momento intenso en que el pasado pierda su importancia, en cualquier instante en el que estés viviendo en el presente 

–un instante que puede ser o bien de amor, o de música, o sentimiento poético, o de cualquier experiencia estética en la cual el pasado no interfiera, en la cual no haya deseo hacia el futuro—el satori se hace posible. 

Pero es sólo un destello. 

Este destello es importante porque a través del satori puedes, por primera vez, sentir lo que significa el samadhi. 

El primer sabor, o el primer perfume distintivo del samadhi, llega a través del satori.

Así que el satori sirve de ayuda, pero cualquier cosa que sirva de ayuda puede convertirse en un obstáculo si te aferras a ella y la sientes como si lo fuera todo. 


El satori conlleva una dicha que es capaz de engañarte; posee una dicha propia. Debido a que desconoces el samadhi, aquél es la cosa más grande que alcanzas, y te aferras a él. 

Pero si te apegas a él, puedes hacer que eso que era una ayuda, eso que era un amigo, se convierta en una barrera y en un enemigo. De modo que uno ha de ser consciente del posible peligro del satori. 

Si te das cuenta de esto, entonces la experiencia del satori te será de ayuda.

Un único, un momentáneo vislumbre, es algo que nunca puede ser conocido por otros medios. Nadie puede explicarlo; ni las palabras, ni la comunicación pueden darte pistas de ello.


El satori es importante, pero es sólo un vislumbre, algo así como un paso adelante, como un único y momentáneo avance hacia la Existencia, hacia el abismo.

No has podido ni siquiera darte cuenta de ese momento, no has podido ser consciente de él cuanto ya se te ha cerrado. 

Como el clic de la cámara; un clic y todo se ha perdido. Entonces surgirá un anhelo; lo arriesgarás todo por ese instante. 

Pero no lo anheles, no lo desees; déjalo que duerma en el recuerdo. No lo conviertas en un problema; simplemente, olvídalo. 

Si eres capaz de olvidarlo y no te aferras a él, esos momentos llegarán a ti cada vez más y más; los vislumbres te vendrán más y más.

Una mente exigente llega a cerrarse, y el vislumbre desaparece. 


Siempre se presenta cuando no eres consciente de él, cuando no lo buscas, cuando estás relajado, cuando no estás ni pensando en eso, cuando ni tan sólo meditas.

Incluso si estás meditando, el vislumbre se convierte en algo imposible, pero cuando no estás meditando, cuando estás en un momento en el que te dejas ir –sin hacer nada, ni tan siquiera esperando nada– en ese momento de relajación, el satori sucede.

Empezará a sucederte más y más, pero no pienses en ello, no lo desees. Y nunca lo confundas con el samadhi.

Meditación: El Arte del Éxtasis, cap 15

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Extraído de: http://www.oshogulaab.com/OSHO/MEDITACIONES/PREGUNTAS/satori1.htm
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Dos tipos de samadhi

"... El primer tipo es el savikalpa samadhi, un trance o visión o experiencia aún involuntaria, que viene inesperadamente y se va también inesperadamente, pues no se tiene todavía el control. Tras muchos años más de práctica de meditación se alcanzaría el siguiente tipo.

En el nirvikalpa samadhi, existe un control voluntario del estado de samadhi, pudiendo entrar y salir del mismo a voluntad, con un mínimo de meditación...".

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viernes, 6 de mayo de 2016

Acerca de Maestros - Conversación del rey Yadu con Avadhuta


"... El rey Yadu preguntó a Avadhuta:

-Te saludo, ¡oh sabio! ¿Me podrías decir qué maestro benevolente te ha proporcionado el conocimiento supremo?

Y así respondió Avadutha: 


Oh rey, yo paseo por la Tierra como un espíritu libre que ha recibido la sabiduría de muchos maestros. Te diré quienes han sido mis maestros.

Del agua aprendí la dulzura y la pureza, pues así como el agua es dulce y pura, y a todos ayuda, así es el Ser. Por ese motivo la adopté a ella como maestra, y de ella aprendí a amar.

De la Tierra he aprendido la paciencia y la indulgencia, el ofrecerme como sostén a todos sin esperar ningún reconocimiento.

El viento me mostró cómo sopla por todos los rincones, por los prados y los desiertos, por los pantanos y los mares, por los palacios y a las prisiones, sin aferrarse a nada, sin mostrar ni preferencia ni rechazo. De él aprendí a ir por todas partes expandiendo la bendición de paz, sin aferrarme a nada. Mi maestro, el viento, me dio esta lección.

En el espacio ilimitado hay lugar para las nubes, estrellas, planetas, tormentas de arena y mil otras cosas, pero ninguna de ellas le atrapa. Así es el Ser que, presente en todos los cuerpos vivientes, presente en sabios, en reyes, en insensatos y en pecadores, nadie lo puede ensuciar. Esta es mi experiencia, la lección que aprendí del espacio, mi maestro.

De la serpiente pitón aprendí a no correr detrás de las cosas. Ella come lo que se le presenta y aunque pasen días sin bocado que echarse a la boca, no lo vive como una desgracia. Pues ya ves, también la serpiente pitón me enseñó alguna cosa.

De la abeja he aprendido a coger sólo lo imprescindible. Así lo hace ella cuando vuela de flor en flor con tanto cuidado para no herirlas. Mi maestra abeja me enseñó a actuar así.

Así como la Luna es perfecta, a pesar de crecer y de disminuir -fases que de hecho no existen para ella-, también el Ser es perfecto pese a sus aparentes imperfecciones. La Luna, mi maestra, me enseñó a mirar más allá de las apariencias.

Del mismo modo que el sol, con sus rayos, absorbe el agua de la tierra para volverla a restituir en una nueva forma pura y fresca, del mismo modo, sé que debo usar los elementos de este mundo no para mi propio interés, sino para restituirlos en una nueva forma. Esa fue la lección de mi maestro, el Sol.

Por más que miles de ríos vacíen sus aguas en el mar, éste se mantiene en sus límites. Permanece así, serena, la mente del que conoce al Ser, por mucho que le lleguen objetos de todo tipo. Esto es lo que aprendí del mar, mi maestro.

Del mismo modo que el fuego adopta la forma de los objetos ardientes, así el Ser asume las formas de todos los seres. Del mismo modo que las llamas suben y bajan -pero no el fuego-, nacimiento y muerte pertenecen a las formas, pero no al Ser. Así me lo enseñó mi maestro, el fuego...".


Srimad Bhagavatam, cap. XI. 

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Extraído de: http://www.cetr.net/es/articulos/la_sabiduria_en/el_rey_yadu_y_el_sabio_avadhuta
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martes, 3 de mayo de 2016

La Vasija Agrietada


Un hombre tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de sus hombros.

Una de aquellas vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón; pero cuando llegaba la vasija rota, sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente; desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para las que fue creada. 

Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su deber.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole así:

— Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.

El aguador, le dijo compasivamente:

— Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja. Y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:

— ¿Te diste cuenta que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. 

Sembré semillas de flores a lo largo de todo el camino por donde vas y todos los días las has regado; y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar mi hogar.

Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. 

Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar esas grietas para obtener mejores resultados.
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Extraído de internet sin
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sábado, 30 de abril de 2016

Teología Mística - Pseudo Dionisio Areopagita


“Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. 

En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los ojos.

Esto pido, …/…, entregado por completo a la contemplación mística. 

Renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. 

Despójate de todas las cosas que son y aún de las que no son. 

Deja de lado tu entender y esfuérzate por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. 

Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado espiritualmente hasta el divino Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.”

Teología Mística, I.1

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“Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (…) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. 

Allí, renunciando a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. 

Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.”

Teología Mística, I.3

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“¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad!. 

¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!

Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo sobreesencial. 

Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. 

Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la afirmación. 

Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por los medios y llegar hasta los últimos extremos.

Por la negación, en cambio, es ir quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. 

Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a través de las cosas que lo envuelven.

Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las cosas.”

Teología Mística, II

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“El hecho es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo inteligible se presenta cada vez más simplificado. 

Por tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin pensar en nada.

En aquellos escritos, el discurso procedía desde lo más alto a lo más bajo. Por aquel sendero descendente aumentaba el caudal de las ideas, que se multiplicaban a cada paso. 

Mas ahora que escalamos desde el suelo más bajo hasta la cumbre, cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. 

Al coronar la cima reina un completo silencio. Estamos unidos por completo al Inefable.”

Teología Mística, III

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“Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. 

No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia.

No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. 

No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. 

No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. 

No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.”

Teología Mística, IV

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“En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia.

No es palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni entenderla. 

No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. 

No tiene potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad ni tiempo. 

No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni verdad. 

No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad, ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. 

No es filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las cosas que son ni de las que no son. 

Nadie la conoce tal cual es ni la Causa conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento.

 No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella.

Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos ni quitamos. 

Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.”
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Extraído de: La Trascendencia y el Lenguaje - Pseudo Dionisio Areopagita - https://sophiaveda.wordpress.com/category/conciencia-pura/page/2/
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martes, 26 de abril de 2016

Proceso de Liberación Mental: Sosiego, Calma, Paz, y Silencio - Sri Aurobindo


Compilación de respuestas de Sri Aurobindo a sus alumnos

I

La libertad progresiva y el imperio sobre la propia mente están perfectamente dentro de las posibilidades de todo aquel que tenga la fe y la voluntad de emprender esta conquista. Las posibilidades del ser mental no son limitadas; puede ser el libre Testigo y el Amo en su propia casa.

El primer paso es tener una mente sosegada. El silencio es un paso ulterior, pero es necesario obtener previamente el sosiego. Y por mente sosegada entiendo una consciencia mental interior que ve los pensamientos acercarse a ella y moverse en torno, pero no se siente a sí misma pensando, ni se identifica con los pensamientos, ni los considera suyos. Los pensamientos y los movimientos mentales pueden pasar a través de esta consciencia mental interior tal como los caminantes aparecen procedentes de cualquier parte y pasan a través de una campiña silenciosa; la mente sosegada los observa o ni siquiera se toma la molestia de observarlos, pero en ningún caso participa en la acción o pierde su tranquilidad.

El silencio es más que el sosiego. Puede obtenerse desterrando completamente los pensamientos de la mente interior, manteniéndolos mudos o completamente aparte. Pero se establece con mayor facilidad por un descenso procedente de lo alto; cuando sucede así, se percibe cómo desciende el silencio, cómo penetra y ocupa o rodea la consciencia personal, que tiende entonces a sumergirse en el vasto silencio impersonal.

Las palabras «paz, calma, sosiego, silencio», tienen cada una de ellas su propio matiz de significación, pero no es fácil definirlo exactamente.

Sosiego –Achanchalatá

Calma - Sthiratá

Paz - Shánti

Silencio - Nischala miraváta

El «sosiego» es un estado en el cual no hay inquietud ni perturbación.

La «calma» es un estado de sosiego inquebrantable que ningún bullicio ni inquietud pueden alterar; es un estado menos negativo que el sosiego.

La «paz» es un estado aún mas positivo que comporta un estable y armonioso sentido de liberación y de reposo.

El «silencio» es un estado en el cual no hay movimientos mentales o vitales de ningún género, o en el cual existe una profunda inmovilidad que ningún movimiento en la superficie puede penetrar o alterar.


--- II ---


No es posible construir los fundamentos del yoga si la mente está agitada. Lo primero que se requiere es sosiego mental. Además, la disolución de la consciencia personal no es el objetivo primordial del yoga; su propósito fundamental es abrir esta consciencia a una consciencia espiritual superior, y para eso también es de primera necesidad tener una mente sosegada.

Lo primero que hay que hacer en la sadhana (1) es establecer en la mente una paz y un silencio estables. De no hacerlo así, será posible tener experiencias, pero nada tendrá carácter permanente. Sólo en una mente silenciosa puede erigirse la verdadera consciencia.

Tener una mente sosegada no significa la ausencia total de pensamientos o de movimientos mentales, sino que éstos permanecen en la superficie y que en el interior se siente el ser verdadero separado, observándolos pero sin dejarse arrastrar, capaz de vigilarlos y de juzgarlos, de rechazar todo aquello que tiene que ser realizado, y de aceptar y de conservar todo aquello que es verdadera consciencia y experiencia verdadera.

La pasividad mental es una buena cosa, pero hay que tener cuidado de no ser pasivo mas que ante la Verdad y ante el toque de la divina Shakti. (2) Si uno es pasivo ante las incitaciones y las influencias de la naturaleza inferior, no será capaz de progresar o se expondrá a que las fuerzas adversas Puedan apartarle lejos del verdadero sendero del yoga.

Aspira a que la Madre te conceda este sosiego y esa calma bien establecidos en lamente y esta percepción constante del ser interior dentro de ti, separado de la naturaleza exterior y dirigido hacia la Luz y la Verdad.

Las fuerzas que obstaculizan el camino de la sadhana son las fuerzas de la naturaleza inferior mental, vital y física. Detrás de ellas se encuentran los poderes adversos de los mundos mental, vital y físico sutil. Tan sólo a partir del momento en que la mente y el corazón hayan logrado adoptar una orientación unidireccional y se hayan concentrado en una aspiración exclusiva hacia el Divino se podrá luchar con éxito contra estos poderes adversos.

El silencio es siempre una buena cosa; pero al decir sosiego mental no me refiero a un silencio completo. Quiero decir una mente libre de desorden y de inquietud, firme, ligera y contenta, para que pueda abrirse a la Fuerza que tiene que cambiar la naturaleza. Lo importante es librarse de la invasión habitual de los pensamientos perturbadores, de los sentimientos falsos, de la confusión de ideas y de los movimientos nocivos. Todo eso altera la naturaleza y la oscurece y obstaculiza la acción de la Fuerza; cuando la mente está sosegada y en paz, la Fuerza puede trabajar más fácilmente. Es menester que se puedan ver las cosas que hay que cambiar sin experimentar ningún trastorno ni depresión; el cambio se efectúa así con mayor facilidad.

La diferencia entre una mente vacía y una mente en calma es ésta: cuando la mente está vacía no hay en ella pensamientos, ni concepción, ni acción mental de ninguna clase, salvo una percepción esencial de las cosas sin formación de ideas; pero cuando la mente ha conseguido la calma, la sustancia misma del ser mental es la que permanece tranquila, tanto que nada la perturba. Y si se producen pensamientos o actividades, en ningún caso surgen de la mente, sino que vienen desde fuera y cruzan la mente como un vuelo de pájaros cruza el firmamento cuando el aire está inmóvil. Pasan sin alterar nada, sin dejar ninguna traza. Aunque mil imágenes o los más violentos acontecimientos la atraviesen, su calma inmóvil textura de la mente fuera una sustancia de eterna e indestructible. Una mente que haya alcanzado esta calma puede empezar a actuar, incluso intensa y poderosamente, pero conservará su sosiego fundamental, sin producir nada de sí misma, pero dando forma mental a lo que recibe de lo Alto sin añadirle nada suyo, con calma e imparcialidad, y, sin embargo con el gozo de la Verdad y el poder y la luz felices de su transmisión.

No es una cosa indeseable para la mente sumirse en el silencio, estar inmóvil y libre de pensamientos, puesto que al silenciarse la mente es cuando más a menudo se produce el descenso completo de una vasta paz procedente de lo Alto y, en esta vasta tranquilidad, la realización del Yo silencioso que está encima de la mente extendido por todas partes en su inmensidad. Lo que ocurre solamente, es que, cuando hay paz y silencio mental, la mente vital trata de precipitarse para ocupar el sitio, o bien la mente mecánica intenta, con el mismo propósito, hacer surgir su ronda de pensamientos habituales y triviales. Lo que debe hacer el sadhaka (3) es tener cuidado de rechazar y acallar esos intrusos de modo que, al menos durante la meditación, la paz y el sosiego de la mente y del ser vital sean completos. La mejor manera de hacerlo es manteniendo una voluntad fuerte y silenciosa. Esta voluntad es la voluntad del Purusha (4) detrás de la mente; cuando la mente está en paz, cuando permanece en silencio, puede percibirse la presencia del Purusha, también silencioso, separado de la acción de la naturaleza.

Tener calma, ser firme y arraigado en el espíritu, dhira shtira, poseer este sosiego de la mente, esta separación entre el Purusha interior y la Prakriti (5) exterior, es muy útil, casi indispensable. Pero no es posible tener calma y estar asentado en el espíritu en tanto que el ser está sujeto al torbellino de los pensamientos o la barahúnda de los movimientos vitales. Desapegarse, apartarse de ellos, sentirlos separados de sí, es indispensable.

Una gran ola (o un mar) de calma y la conciencia constante de una vasta y luminosa Realidad, tal es precisamente el carácter de la realización fundamental de la Verdad suprema en su primer contacto con la mente y el alma. No se puede pedir un mejor comienzo ni un mejor fundamento; es como una gran roca sobre la que puede construirse el resto. Ello significa ciertamente, no sólo una presencia, sino "la Presencia", y constituirá un gran error debilitar la experiencia por una falta de aceptación o por alguna duda sobre su carácter. No es necesario definirla, ni es conveniente tratar de configurarla en una imagen; porque esta Presencia es infinita en su naturaleza. Todo aquello que tenga que manifestar o exteriorizar de sí misma, lo hará inevitablemente por su propio poder, si hay una aceptación sostenida.

Es verdad, sin lugar a dudas, que es una gracia enviada, y la única manera de responder a una gracia tal es aceptarla con gratitud y, manteniéndose abierto, permitir al Poder que ha tocado la consciencia desarrollar en el ser lo que tenga que ser desarrollado. La transformación total de la naturaleza no pude hacerse en un momento; requiere necesariamente mucho tiempo y procede por etapas; la experiencia actual es solamente un inicio, un fundamento para la nueva conciencia en la cual será posible la transformación. La espontaneidad automática de la experiencia debe demostrar por sí misma que no tiene nada que ver con una construcción de la mente, de la voluntad o de las emociones; que procede de una Verdad que está más allá de esas cosas.

Rechazar las dudas implica, con toda certeza, haber alcanzado el control de nuestros propios pensamientos. Pero el hecho de controlar nuestros pensamientos es tan necesario, en el yoga y fuera del yaga, como el dominio de nuestras pasiones y de nuestros deseos vitales o el control de los movimientos de nuestro cuerpo. No es posible siquiera alcanzar el nivel de un ser mental plenamente desarrollado si uno no domina sus pensamientos, si no es su testigo, su juez y su amo, el Purusha mental, manomaya parusha, shakshi anumanta, ishvara.

No es menos inconveniente para el ser mental ser como una pelota de tenis sometida al impacto de los pensamientos desordenados e incontrolables, que ser como un barco a la deriva en medio de la tempestad de las pasiones y los deseos, o un esclavo de la inercia o de los impulsos del cuerpo. Ya sé que controlar los pensamientos es más difícil, porque el hombre, al ser primordialmente una criatura de la Pratriti mental, se identifica a sí mismo con los movimientos de su mente y no puede, de repente, disociarse y permanecer al margen y libre de los remolinos y turbulencias del torrente mental. Es relativamente fácil para él ejercer un control sobre su cuerpo, al menos sobre una cierta parte de sus movimientos. Le es menos fácil, pero aún perfectamente posible por medio de una lucha efectiva, establecer un dominio mental sobre sus impulsos y deseos vitales; pero sentarse encima del torbellino de sus pensamientos, como el Yogui Tántrico sobre el río, es menos fácil. No obstante, también es factible. Todos los hombres mentalmente desarrollados, aquellos que sobrepasan el término medio, de algún modo, o al menos en un determinado tiempo y para cierto propósito, han tenido que separar las dos partes de la mente, la parte activa que es una fábrica de pensamientos y la parte sosegada y soberana que es a la vez un Testigo y una Voluntad, observando los pensamientos juzgándolos, rechazándolos, eliminándolos o aceptándolos, ordenando correcciones y cambios; se han erigido en amos del ámbito mental han sido capaces de ejercer un imperio efectivo sobre sí, sámrájya.

El Yogui va aún más lejos. No sólo es el amo de es ámbito sino que, permaneciendo aún de alguna manera en la mente, logra escapar de la misma por así decirlo, y se sitúa por encima o completamente detrás y. Para él la imagen de la fábrica de pensamientos ya no es completamente válida; puesto que ve cómo los pensamientos nos vienen de fuera de la Mente universal o de la Naturaleza universal, a veces formados y distintos, a veces informes o embrionarios, en cuyo caso reciben forma en alguna parte dentro de nosotros. La tarea principal de nuestra mente consiste en responder, favorablemente con aceptación, o negativamente con repulsa, a esas olas de pensamientos (así como a las oleadas vitales o a las olas de energía físico sutil), o bien en dar forma mental personal a la sustancia de los pensamientos (o de los movimientos vitales) procedentes de la Naturaleza-Fuerza circundante.



--- III ---

Conserva el sosiego y no te inquietes si durante algún tiempo es un sosiego vacío; a menudo la consciencia es como un recipiente que tiene que ser vaciado de su contenido impuro e indeseable y que debe permanecer vacío momentáneamente, hasta que esté en condiciones de ser llenado otra vez con cosas nuevas y verdaderas, rectas y puras. Lo único que hay que evitar es rellenar la copa con el mismo turbio contenido de antes. Mientras tanto espera, ábrete hacia lo alto, pide con gran tranquilidad y firmeza, con un anhelo que no sea demasiado impaciente, que la paz penetre el silencio, y, cuando la paz esté allí, pide el gozo y la presencia.

La calma, aunque al principio parezca solamente una cosa negativa, es tan difícil de conseguir que el hecho de tener siquiera un poco de calma debe ser considerado como un gran paso hacia delante.

En realidad, la calma no es una cosa negativa, es la naturaleza misma del Sat-Purusha (6) y el fundamento positivo de la consciencia divina. Sea lo que fuere a lo que se aspire y lo que se obtenga, es necesario conservar la calma, porque si el Conocimiento, el Poder, el Ananda (7), vienen y no encuentran este fundamento, son incapaces de permanecer y deben retirarse hasta que la pureza y la paz divinas del Sat-Purusha estén establecidas permanentemente.

Aspira al resto de la divina Consciencia, pero con una aspiración sosegada y profunda. Esta aspiración puede ser ardiente a la vez que tranquila, pero nunca impaciente, inquieta, o llena de vehemencia rajásica.

Sólo en una mente y un ser sosegados la Verdad supramental puede edificar su verdadera creación.

En la sadhana la experiencia empieza necesariamente en el plano mental; el requisito indispensable es que esta experiencia sea sana y genuina. La presión del entendimiento y de la voluntad en la mente y el impulso emocional hacia Dios en el corazón son los dos primeros agentes del yoga, y la paz, la pureza y la calma (habiendo sosegado la agitación inferior) son precisamente la primera base que hay que establecer. Es mucho más importante lograr eso, en los comienzos, que ser favorecido con vislumbres de mundos suprafísicos, tener visiones, oír voces, o conseguir poderes. La purificación y la calma son requerimientos primordiales en el yoga. Sin éstas se pueden tener numerosas experiencias de este género (mundos, visiones, voces, etc.); pero cuando estas experiencias tienen lugar en una consciencia impura y agitada, son casi siempre desordenadas y confusas.

Al principio la paz y la calma no son permanentes; vienen y se van, y es necesario casi siempre que transcurra mucho tiempo para que puedan establecerse en la naturaleza. Es pues preferible evitar la impaciencia y proseguir resueltamente lo que se está haciendo. Si deseas tener alguna otra cosa además de la paz y de la calma, que sea la apertura completa del ser interior y la percepción del Poder divino trabajando en ti.

Aspira a eso sinceramente y con gran intensidad, pero sin impaciencia, y lo obtendrás.

Por fin tienes el verdadero fundamento de la sadhana. Esta calma, esta paz y esta sumisión constituyen la atmósfera apropiada para que pueda venir todo lo demás: conocimiento, fuerza, ananda. Deja que este estado se establezca completamente.

No perdura cuando estás trabajando porque todavía está circunscrito al ámbito mental propiamente dicho, el cual acaba tan sólo de recibir el don del silencio. Cuando la nueva consciencia esté totalmente formada y haya tomado posesión plenamente de la naturaleza vital y del ser físico (el vital hasta ahora ha sido tan sólo tocado o dominado por el silencio, no poseído por éste), entonces este defecto desaparecerá.

La tranquila consciencia de paz que tienes actualmente en la mente debe ser no sólo sosegada, sino vasta. Tienes que sentirla en todo lugar, sentirte y sentirlo todo en esta consciencia. Esto te ayudará también a hacer de la calma una base para la acción.

Cuando más vasta sea tu consciencia, más capacidad tendrás de recibir de lo alto. La Shakti podrá descender y aportar al organismo la fuerza y la luz así como la paz. Eso que sientes dentro de ti como algo estrecho y limitado la mente física; ésta puede ampliarse solamente si esta luz y esta consciencia más vasta descienden y toman posesa de la Naturaleza.

La inercia física que te aqueja no disminuirá ni desaparecerá probablemente hasta que la fuerza de lo alto descienda a tu organismo.

Conserva el sosiego, ábrete interiormente y pide a la divina Shakti que te confirme la calma y la paz, que amplíe el ámbito de tu consciencia y que le otorgue tanta luz y tanto poder como pueda ahora recibir y asimilar.

Procura no ser demasiado impaciente, pues eso podría perturbar de nuevo el sosiego y el equilibrio establecidos ya en tu naturaleza vital. Ten confianza en el resultado final y da tiempo para que el Poder efectúe su obra.

Aspira, concéntrate en el recto espíritu y, sean las que fueren las dificultades, ten la seguridad de que alcanzarás la meta que te has propuesto.

Tienes que aprender a vivir en la paz interior y en ese «algo más verdadero» que hay dentro de ti, y sentir que eso es tu verdadero ser. Debes considerar el resto como algo que no es tu yo verdadero, que no es más que un flujo de movimientos superficiales, cambiantes y reiterativos, que desaparecerán con seguridad a medida que emerja el yo verdadero.

La paz es el verdadero remedio; distraerse con un trabajo duro es sólo un alivio temporal, aunque una cierta actividad regular sea necesaria para un justo equilibrio de las diferentes partes del ser. Sentirla encima y alrededor de la cabeza es el primer paso; tienes que establecer contacto con la paz a fin de que descienda hacia ti y llene tu mente, tu vida y tu cuerpo, y te envuelva de tal suerte que puedas vivir inmerso en su seno, porque esta paz es el único signo de la presencia del Divino cerca de ti, y una vez la tengas todo lo demás comenzará a venir.



--- IV ---

La verdad en la palabra y en el pensamiento es muy importante. Cuanto más comprendas que la mentira no es una parte de ti, sino que viene a ti procedente del exterior, tanto más fácil será para ti rehusarla y rechazarla.

Persevera, y todo aquello que aún está torcido será enderezado y conocerás y sentirás constantemente la verdad de la presencia del Divino; así tu fe será justificada por la experiencia directa.

En primer lugar aspira y pide a la Madre que te conceda la tranquilidad mental, la pureza, la calma y la paz, una consciencia despertada, una devoción intensa, la fuerza y la capacidad espiritual de afrontar todas las dificultades interiores y exteriores y de perseverar hasta el final del yoga.

Si la consciencia se despierta y hay devoción e intensidad en la aspiración, la mente podrá crecer en el conocimiento, siempre que haya obtenido la tranquilidad y la paz.

Esto es debido a una conciencia y una sensibilidad muy vivas del ser físico, especialmente del vital-físico. Es bueno que el físico sea cada vez más consciente; pero éste no debería ser dominado por las reacciones humanas ordinarias que va siendo capaz de percibir, ni resultar gravemente afectado o trastornado por éstas.

Tanto en los nervios y el cuerpo como en la mente tiene que establecerse una vigorosa ecuanimidad, un dominio y un desapego que permitan al físico conocer sus físico conocer sus reacciones y tener contacto con éstas sin experimentar ninguna perturbación. El ser físico debe conocer y ser consciente de la presión y de los movimeintos que se producen en la atmósfera y rechazarlos y expulsarlos en vez de sentirlos y sufrirlos pasivamente.

Reconocer las propias debilidades y falsos y apartarse de éstos es el camino que conduce hacia la liberación.

No juzgar a nadie más que a uno mismo hasta que las cosas puedan contemplarse con una mente y un vital sosegados es una regla excelente. Además, no se debe permitir que la mente forme impresiones precipitadas sobre la base de alguna apariencia exterior, ni al vital que actúe en consecuencia.

Hay un sitio en el ser interior donde se puede permanecer siempre en calma y desde donde es posible considerar con equilibrio y discernimiento las perturbaciones de la consciencia de superficie y actuar sobre ésta a fin de modificarla. Si puedes aprender a vivir en esa calma del ser interior, habrás encontrado tu base estable.

No te dejes conmover ni inquietar por esas cosas. Lo que hay que hacer es mantener siempre firmemente la aspiración al Divino y afrontar con ecuanimidad y desapego todas las dificultades y todas las oposiciones. Para los que quieren seguir una vida espiritual, el Divino debe ser siempre lo primero; todo lo demás debe ser secundario.

Tienes que permanecer desapegado y contemplar las cosas con la tranquila visión interior de quien está íntimamente consagrado al Divino.

De momento tus experiencias se limitan al plano mental, y es así como tiene que ser. Muchos sadhakas son incapaces de adelantar porque se abren en el plano vital antes de que el mental y el psíquico estén a punto. Después del comienzo de algunas experiencias espirituales auténticas en el plano mental, se produce un descenso prematuro al vital que provoca gran confusión e inquietud. Hay que vigilar para que eso no ocurra. Las consecuencias son más graves todavía, si el alma vital del deseo se abre a la experiencia antes de que la mente haya sido tocada por las cosas del espíritu.

Aspira siempre a que la consciencia y la experiencia verdaderas penetren en la mente y en el ser psíquico y los deje a punto. Debes aspirar especialmente al sosiego, a la paz, a una fe llena de calma, a una creciente y firme amplitud, a tener más y más conocimiento, a una devoción profunda e intensa, pero sosegada.

No permitas que el ambiente y su oposición te perturbe. Son condiciones impuestas a menudo al principio como una especie de prueba. Si puedes permanecer tranquilo e imperturbable y continuar tu sadhanasin permitir que estas circunstancias te perturben interiormente, eso te ayudará a adquirir una fuerza muy necesaria; porque el sendero del yoga está siempre sembrado de dificultades interiores y exteriores, y para afrontarlas el sadhaka debe desarrollar una fuerza sosegada, firme y sólida.

El progreso espiritual interior no depende tanto de las condiciones exteriores como de la forma de reaccionar desde dentro ante éstas. Tal ha sido siempre el veredicto último de la experiencia espiritual. Esa es la razón por la cual nosotros insistimos en la necesidad de adoptar la actitud correcta y de perseverar en ésta, en obtener un estado interior que no dependa de las circunstancias exteriores, un estado de ecuanimidad y de calma, si al principio no es posible de felicidad interior, en retirarse cada vez más hacia adentro para mirar desde dentro hacia fuera, en vez de vivir en la mente de la superficie que está siempre a merced de los embates y de los choques de la vida. Tan sólo en este estado es posible ser más fuerte que la vida y que sus fuerzas perturbadoras y confiar en la victoria.

Permanecer tranquilo interiormente, firme en la voluntad de ir hasta el fin, rehusando inquietarse o desanimarse por las dificultades o las fluctuaciones, es una de las primeras cosas que hay que aprender en el Sendero. Obrar de otra manera, es fomentar la inestabilidad de la consciencia, la dificultad de mantener la experiencia que lamentabas. Sólo mantienes la firmeza y la calma interior, el curso de las experiencias podrá proseguir con una cierta regularidad -aunque nunca esté exento de periodos de interrupción y de fluctuación; pero si esos periodos son tratados de forma apropiada, pueden convertirse en periodos de asimilación que sirvan para allanar dificultades y no sean negativos para la sadhana.

Una atmósfera espiritual es más importante que las condiciones exteriores; conseguir esta atmósfera, creando también de esta manera el propio aire espiritual, en donde vivir y respirar, es la verdadera condición para el progreso.



--- V ---

Para ser capaz de recibir el Poder divino y dejar que actúe a través de uno en las cosas de la vida exterior, son necesarias tres condiciones:

1. Sosiego, ecuanimidad: no inquietarse por ninguna cosa que ocurra, mantener la mente inmóvil y firme, observando el juego de las fuerzas, pero permaneciendo tranquila.

2. Fe absoluta: fe en que lo que ocurra será lo mejor, pero también en que si uno llega a ser un verdadero instrumento, el resultado será el que la voluntad propia, guiada por la Luz, divina reconozca como la cosa que hay que hacer: kartavyam-karma.

3. Receptividad: la capacidad de recibir la Fuerza divina, de sentir su presencia y la presencia de la Madre en ésta, y permitirle que haga su obra, guiando la visión, la voluntad y la acción de uno mismo. Si este poder y esta presencia pueden ser percibidos y esta plasticidad se hace habitual en la consciencia en medio de la acción -pero plasticidad solamente a la Fuerza divina, sin mezcla de ningún elemento extraño- el resultado final está asegurado.

La ecuanimidad es una parte muy importante de nuestro yoga. Es necesario mantener la ecuanimidad en el dolor y en el sufrimiento, y eso significa soportarlos con firmeza y calma, no estar inquieto, turbado, deprimido o descorazonado, y seguir hacia delante con una fe inquebrantable en la Voluntad divina. Pero la ecuanimidad no implica una aceptación inerte. Si, por ejemplo, fracasas durante un cierto tiempo en una determinada tentativa de la sadhana, tienes que conservar la ecuanimidad, sin inquietarte ni desalentarte; pero no debes aceptar este fracaso como una indicación de la Voluntad divina y desistir del intento. Debes más bien descubrir la razón y el significado del fracaso y seguir avanzando lleno de fe en la victoria. Del mismo modo hay que proceder con la enfermedad: no tienes que afligirte, ni perturbarte o inquietarte; pero no aceptes la enfermedad como una expresión de la Voluntad divina; considérala más bien como una imperfección del cuerpo de la que hay que desembarazarse del mismo modo que tratas de librarte de las imperfecciones del vital o de los errores de la mente.

Sin ecuanimidad, samata, no puede haber ningún fundamento firme para la sadhana. Por muy ingratas que sean las circunstancias, por muy desagradable que sea la conducta de los demás, tienes que aprender a afrontarlas con una perfecta calma y sin ninguna reacción perturbadora. Esas cosas son la piedra de toque de la ecuanimidad del alma. Es fácil conservar la calma y la serenidad cuando las cosas van bien y la gente y las circunstancias son agradables; pero cuando son todo lo contrario es cuando la plenitud de la calma, de la paz y de la ecuanimidad puede ser probada, fortalecida y perfeccionada.

Lo que te ha sucedido muestra cuáles son las condiciones del estado en el cual el Poder divino sustituye al ego y dirige la acción, haciendo de la mente, de la vida, y el cuerpo su instrumento. Un silencio receptivo de la mente, la desaparición del ego mental, la reducción del ser mental a la posición de testigo, un contacto íntimo con el Poder divino y una apertura del ser a esta influencia y a ninguna otra, tales son las condiciones requeridas para llegar a ser un instrumento del Divino, movido por él y sólo por él.

El silencio mental no conduce por sí mismo a la consciencia supramental; hay muchos estados, planos o niveles de consciencia entre la mente humana y la Supermente. El silencio abre la mente y el resto del ser a cosas más grandes, algunas veces a la consciencia cósmica, algunas veces a la experiencia del Yo silencioso, algunas veces a la Presencia o al Poder del Divino, algunas veces a una consciencia más alta que la perteneciente a la mente humana; el silencio mental es la condición más favorable para que cualquiera de esas experiencias pueda tener lugar. En nuestro yoga es la mejor condición, pero no la única, para que el Poder divino descienda, primero sobre la consciencia individual y después dentro de ésta, y ejecute allí la tarea de transformar esa consciencia, dándole las experiencias necesarias, cambiando su visión de las cosas y todos sus movimientos y conduciéndola de etapa en etapa hasta que esté a punto para el último cambio, la transformación supramental.

La experiencia de la sensación de un «bloque sólido» indica el descenso de una fuerza y de una paz sustanciales en el ser exterior, y sobre todo en el vital-físico. Esto es siempre lo que constituye el fundamento, la base segura sobre la cual todo lo demás ananda, luz, conocimiento, bhakti (8) puede después descender, apoyarse o actuar con seguridad. En la otra experiencia hubo adormecimiento porque el movimiento estaba dirigido hacia el interior; pero aquí la Yoga-Shakti (9) se mueve hacia fuera en la naturaleza exterior plenamente despierta: como un primer paso para establecer allí el yoga y sus experiencias. Esa es la razón por la cual ahora no hay ese adormecimiento que era el signo de que la consciencia tendía a retirarse de las partes exteriores.

No te olvides nunca de que la condición primordial de una sádhaná sin peligro es la tranquilidad interior resultante de la purificación de una mente y de un vital agitados. Acuérdate también de que el hecho de sentir la presencia de la Madre mientras se está actuando exteriormente, constituye ya un gran paso que no se puede dar sin un progreso interior considerable. Esa necesidad que notas tan intensamente, pero que no puedes definir, es, probablemente, una constante y nítida percepción de la fuerza de la Madre trabajando dentro de ti, descendiendo de lo alto y tomando posesión de los diferentes planos de tu ser. Este es muchas veces el estado que precede al doble movimiento de ascenso y de descenso, que llegará ciertamente a su debido tiempo. Estas experiencias pueden tardar mucho tiempo en manifestarse visiblemente, sobre todo si la mente es muy activa y no tiene el hábito del silencio. Mientras el velo de esa actividad subsiste, tiene que hacerse mucho trabajo detrás de la pantalla móvil de la mente y el sadhaka cree que no pasa nada, siendo así que, de hecho, se está efectuando una gran preparación. Si quieres un progreso más rápido y más visible, el único modo de lograrlo es haciendo emerger el ser psíquico a la superficie por medio de un auto ofrecimiento constante. Aspira intensamente, pero sin impaciencia.

Una mente y un cuerpo poderosos y una gran fuerza vital son necesarios en la sadhana. Hay que tomar medidas especialmente para rechazar la inercia tamásica (10) y aportar vigor y fuerza en la estructura de la naturaleza.



--- VI ---

El camino del yoga tiene que ser algo vivo, no un principio mental o un método preestablecido al que uno se adhiere rígidamente, oponiéndose a cualquier modificación que fuera necesario efectuar.

No alterarse, permanecer tranquilo y confiado es la actitud correcta; pero es también necesario recibir la ayuda de la Madre y no sustraerse a su cuidado bajo ningún pretexto. No hay que justificarse con ideas de incapacidad, de ineptitud para responder a la ayuda de la Madre, prestando excesiva atención a los defectos y a los errores, y ayudando así a que la mente se aflija y se avergüence, porque estas ideas y estos sentimientos se convierten finalmente en fuentes de debilidad. Si surgen dificultades, pasos en falso o fracasos, hay que contemplarlos tranquilamente y pedir con calma y perseverancia la ayuda divina para eliminarlos, sin dejarse vencer por la inquietud, el dolor o el desaliento. El yoga no es un sendero fácil y el cambio total de la naturaleza no se puede lograr en un día.

El conflicto vital y la depresión son sin duda la consecuencia de un deseo demasiado vehemente en el esfuerzo precedente y de la tensión por la espera impaciente del resultado. Así, cuando se produce una caída de la consciencia, lo que emerge en la superficie es un vital desolado, decepcionado y perplejo que da paso franco a las instigaciones de la duda, de la desesperación y de la inercia procedentes del lado adverso de la naturaleza. Tienes que avanzar hacia una firme base de calma y de ecuanimidad tanto en el vital y en el físico, como en la consciencia mental. Que el pleno descenso de poder y deananda se efectúe, pero en un adhar (11) sólido, capaz de contenerlo; sólo la completa ecuanimidad da esta capacidad y firmeza.

La amplitud y la calma son los fundamentos de la consciencia yóguica y la mejor condición para el crecimiento y la experiencia interiores. El establecimiento de una vasta calma en la consciencia física, que ocupe y llene el cuerpo mismo y todas sus células, puede llegar a constituir la base para su transformación; de hecho, sin esta amplitud y calma, la transformación sería difícilmente posible.

El propósito de la sadhana es que la consciencia se eleve hasta salir del cuerpo y se establezca encima, extendiéndose por todas partes, sin limitarse al cuerpo. Así liberado, se abre uno a todo lo que esté por encima de este nivel, por encima de la mente ordinaria, recibe desde allí todo lo que desciende de las alturas y observa todo lo que está debajo. Entonces es posible convertirse en el testigo libre de los planos inferiores y, dominándolos, ser un receptáculo o canal de todo lo que desciende y presiona al cuerpo para ponerlo en condiciones de ser el instrumento de una más alta manifestación y remodelarlo según una consciencia y una naturaleza superiores.

Lo que te sucede indica que la consciencia trata de afirmarse en esta liberación. Cuando se está en esta posición más alta, se descubre la libertad del Yo, el vasto silencio y la calma inmutable; pero hay que hacer que esta calma descienda también al cuerpo, a todos los planos inferiores, y se establezca allí como algo que, estando presente detrás de todos los movimientos, los contiene a todos.

Si tu consciencia se eleva por encima de la cabeza, quiere decir que va más allá de la mente ordinaria hacia el centro más alto que está en contacto con la consciencia superior, o bien hacia niveles ascendentes de la consciencia superior misma. El primer resultado es el silencio y la paz del Yo que forman la base de la consciencia superior; ésta puede después descender hasta los planos inferiores y penetrar en el cuerpo mismo. La Luz y la Fuerza pueden también descender. El ombligo y los centros situados debajo corresponden al ser vital y al físico; algo de la Fuerza superior puede haber descendido hasta éstos.
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Términos del sánscrito:

1. Sadhana - La práctica del yoga.

2. Shakti - La consciencia divina actuando en la materia.

3. Sadhaka - El que practica la disciplina yóguica.

4. Purusha - El alma, el yo consciente que sostiene las operaciones de la naturaleza (prakriti).

5. Prakriti - Naturaleza, energía activa y realizadora diferenciada del alma o ser consciente que observa y sostiene.

6. Sat-Purusha - El Ser divino.

7. Ananda - Felicidad, Bienaventuranza.

8. Bhakti - Devoción.

9. Yoga Shakti - La Fuerza que dirige el yoga.

10. Tamas - Estado de inercia.

11. Adhar - Vaso, receptáculo, vehículo; el conjunto formado por la mente, la vida y el cuerpo, considerado como receptáculo de la consciencia y de la fuerza espirituales.

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