sábado, 11 de febrero de 2012

Acerca de La Regla de Oro - Silo - 11-02-2012

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Acerca de La Regla de Oro - Silo

"... Cuando una tabla “moral” sirve para controlar en lugar de ayudar, para oprimir en lugar de liberar, debe ser rota.

Si se dice: “Ama a tu prójimo como a tí mismo por amor a Dios”, se presentan por lo menos dos dificultades.

1.- Debemos suponer que se puede amar a Dios y admitir que ese “amor” es humano, entonces la palabra no es adecuada; o bien amamos a Dios con un amor que no es humano en cuyo caso la palabra tampoco es adecuada y

2.- No se ama al prójimo sino indirectamente, por medio del amor a Dios. Doble problema: desde una palabra que no representa bien la relación con Dios, debemos traducirla a los sentimientos humanos.

Desde otras posiciones, se dicen cosas como éstas: “Se lucha por solidaridad de clase”, “se lucha por solidaridad con el ser humano”, “se lucha contra la injusticia para liberar al ser humano”.

Aquí seguimos con la falta de fundamento: ¿por qué habría de luchar por solidaridad o para liberar a otros? Si la solidaridad es una necesidad, no es una cuestión que pueda elegir, en cuyo caso poco importa que lo haga o no lo haga ya que no depende de mi elección; si en cambio es una elección, ¿por qué habría de elegir esa opción?

Otros dicen cosas más extraordinarias, como por ejemplo: “en el amor al prójimo nos realizamos”, o bien: “el amor al prójimo sublima los instintos de muerte”. ¿Qué podríamos decir de ésto cuando la palabra “realizarse” no está clara si no se presenta el objetivo, cuando la palabra “instinto” y la palabra “sublimación” son metáforas de una Sicología mecanicista hoy ya, a todas luces, insuficiente?

Y no faltan los más brutales que predican: “Usted no puede obrar fuera de la Justicia establecida que está hecha para que todos nos protejamos mutuamente”. En este caso, no se puede reclamar desde esa “Justicia” ninguna actitud moral que la sobrepase.

En fin, quedan algunos que hablan de una Moral Natural zoológica, y aún otros que definiendo al ser humano como “animal racional” pretenden que la moral se derive del funcionamiento de la razón de dicho animal. Para todos los casos anteriores, no cuadra bien la Regla de Oro.

No podemos estar de acuerdo con ellos aún cuando nos digan que, con otras palabras, estamos hablando de lo mismo.

Está claro que no estamos hablando de lo mismo.

¿Qué habrán sentido en los distintos pueblos y momentos históricos todos aquellos que hicieron de la Regla de Oro el principio moral por excelencia?

Esta fórmula simple, de la que puede derivarse una moral completa, brota de la profundidad humana sencilla y sincera. A través de ella, nos develamos a nosotros mismos en los demás.

La Regla de Oro no impone una conducta, ofrece un ideal y un modelo a seguir al par que nos permite avanzar en el conocimiento de nuestra propia vida. Tampoco la Regla de Oro puede convertirse en un nuevo instrumento de la moralina hipócrita, útil para medir el comportamiento de los otros.

Cuando una tabla “moral” sirve para controlar en lugar de ayudar, para oprimir en lugar de liberar, debe ser rota.

Más allá de toda tabla moral, más allá de los valores de “bien” y “mal” se alza el ser humano y su destino, siempre inacabado y siempre creciente.

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Extraído del muro de Manuel Hidalgo en Facebook
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Regla de oro (ética)

La regla de oro es un principio moral general que dice: trata a tus congéneres igual que quisieras ser tratado y que se encuentra en prácticamente todas las culturas a menudo como una regla fundamental.

Este hecho sugiere que puede estar relacionada con aspectos innatos de la naturaleza humana.

Un elemento clave de la regla de oro es que una persona que intenta vivir con esta regla trata a todo el mundo y no solo a miembros de su grupo con consideración.

Está considerada la base esencial para el concepto moderno de los derechos humanos.

El concepto de Epicuro, sobre la regla de oro, es "ética de la reciprocidad", consiste en dar énfasis en minimizar el daño, de los pocos y de los muchos, para así maximizar la felicidad de todas las personas.

Más tarde, este concepto fue recogido, y desvirtuado, por los pensadores democráticos de la Revolución francesa y otros, como John Locke, quien escribió que la gente tiene derecho a "la vida, la libertad y la propiedad ".

Para Locke, el propio cuerpo es parte de sus bienes y, por tanto, un derecho a la propiedad que teóricamente garantizan la seguridad de sus personas, así como sus posesiones.

En la mayoría de las formulaciones toma una forma pasiva, como la expresada en el Judaísmo: Lo que es odioso para ti, no se lo hagas al prójimo.

En la cultura occidental, sin embargo, la fórmula más conocida es la de Jesús en el Sermón de la Montaña:

"Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Mt. 7, 12).

Esta regla tradicional ha sido tan estimada que ha sido considerada la "regla dorada".

En filosofía, por el contrario, ha llegado a ser considerada una norma nociva por algunos autores. Kant, Nietzsche, Bertrand Russell, Karl Popper y George Bernard Shaw, entre otros, señalaron lo aberrante y peligroso de una interpretación de esta norma que justifica la coerción y el intervencionismo.

La regla de oro es el fundamento para la teoría ética de la ética de la reciprocidad.

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Extraído de: http://es.wikipedia.org/wiki/Regla_de_oro_(ética)
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