domingo, 5 de septiembre de 2010
La No-Forma, el Aprendiz y el Anciano - Ricardo Duban Contreras Gonzalez
"... Abuelito, como hago para no tener forma?
-preguntò el aprendiz de la No-forma al anciano.
-Antes de aprender las tecnicas para perder la forma, debes respirar fuego,
debes hacer que el viento penetre tu cuerpo para que tu vida pasada se consuma y de ella no queden ni las cenizas,
debes aprender a ser fluido como el agua y por ultimo vivir como un guerrero sobre la tierra.
- Sentenciò el abuelo.
-Debes saber que un guerrero nunca va a la guerra, sino que segundo a segundo se enfrenta con su pròxima muerte,
sabiendo que su tiempo sobre la tierra serà breve,
vive segùn la Norma para elevar al màximo sus logros, sintiendo la muerte siempre cercana,
consultandola con frecuencia porque es la ùnica compañera sensata.
Para que puedas perder la forma, asì sèa por un instante,
es necesario que enfrentes a cuatro adversarios:
El primero es el miedo que puede hacerte huir de la No-Forma.
El segundo: Es la claridad que puede hacerte creer que ya has perdido la forma.
El tercero: es el poder que te hace creer que puedes hacer lo que quieras.
Y el cuarto: es la vejez que puede debilitar tu capacidad de resoluciòn negandote el camino para realizar la prueba.
Un guerrero siempre debe elegir un camino vital que le proporcione paz, alegrìa,
y a la vez, que le haga perder la forma entre las rocas...
En èsta senda no sufriràs las ansiedades que atormentan a los hombres vulgares,
tus sentimientos y tus pensamientos estaràn enfocados y ningun objeto te distraerà.
Asì , de èsta manera, viajaràs de una maravilla a otra, viajaràs por todos los mundos de la No-forma,
sin cuerpo, sin nombre, sin pasado, sin que nadie espere algo de ti,
asì ninguna persona te podrà aprisionar con sus pensamientos,
si dejas tu pasado entre las rocas del camino, nunca màs te perseguiràn tus sentimientos o pensamientos,
ningùn extraño con rostro conocido se te presentarà danzando en medio de fuegos de artificio,
ningùn enviado de tu pasado remoto harà acto de presencia sin ser llamado.
Nadie podrà predecir tus movimientos,
viviràs la vida apresuradamente despacio y no daràs màs importancia a la verdad que a la falsedad,
pero actuaràs con verdad por que creeràs en lo que haces y con falsedad, no creyendo;
de las dos formas actuaràs segun la Norma, actuaràs sin torpeza ni calculo erroneo
por que ya no tendràs forma ni posiciòn que defender, en eso radica tu verdadera libertad...".
_____________________________________________________________________
Enviado por Ricardo Duban Contreras Gonzalez a través de Facebook
_____________________________________________________________________
.
viernes, 27 de agosto de 2010
La Mirada del Otro - Jorge Dostal
La Mirada del Otro - Jorge Dostal
Ante la mirada del otro actuamos diferente a como somos en realidad.
Esto nos condiciona inhibiendo nuestro modo de desenvolvernos con naturalidad.
La intencion pone en marcha mecanismos de expresion, queremos comunicarnos, entonces las palabras, gestos y actitud, se adaptan al lenguaje que creemos propio para cada situacion.
Atendemos mas al feedback que se produce, que a la manera en que actuamos, es que su mirada se ha convertido en nuestra propia conciencia de si.
La atencion se traslada a la respuesta que obtenemos del otro, casi desentendiendonos de la propia autocritica, ahora trasladada en el afuera que nos observa y califica.
Podemos intelectualizar la situacion para que afloren razones que justifiquen lo que ocurre; busqueda de aprobacion, aceptacion, etc.
Pero lo cierto es que si existe unidad interna, sea como fuere que esta se manifieste, actuaremos con la intima conviccion que nace desde lo profundo de nuestro ser, y aquella mirada del otro sera simplemente eso, sabiendola emplazada desde su propia subjetividad.
_____________________________________________________________________________________
Extraido del muro de Jorge Dostal en Facebook
_____________________________________________________________________________________
.
martes, 24 de agosto de 2010
Percepción, Conciencia, Niveles de Trabajo, e Ilusión - Silo
lunes, 23 de agosto de 2010
La Abolición Del Trabajo - Bob Black - 23-08-2010
La Abolición Del Trabajo - Bob Black
Nadie debería trabajar.
El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo.
Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo,
o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo.
Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar.
Esto no significa que tenemos que dejar de hacer cosas.
Significa crear una nueva forma de vivir basada en el juego; en otras palabras,
una convivencia lúdica, comensalismo, o tal vez incluso arte.
El juego no es sólo el de los niños, con todo y lo valioso que éste es.
Pido una aventura colectiva en alegría generalizada y exhuberancia libremente interdependiente.
El juego no es pasivo. Sin duda necesitamos mucho mas tiempo para la simple pereza y vagancia que el que tenemos ahora, sin importar los ingresos y ocupaciones, pero, una vez recobrados de la fatiga inducida por el trabajo, casi todos nosotros queremos actuar.
El Oblomovismo y el Estajanovismo son dos lados de la misma moneda despreciada.
La vida lúdica es totalmente incompatible con la realidad existente. Peor para la "realidad", ese pozo gravitatorio que absorbe la vitalidad de lo poco en la vida que aún la distingue de la simple supervivencia.
Curiosamente -o quizás no- todas las viejas ideologías son conservadoras porque creen en el trabajo.
Algunas de ellas, como el Marxismo y la mayoría de las ramas del anarquismo, creen en el trabajo aún mas fieramente porque no creen en casi ninguna otra cosa.
Los liberales dicen que deberíamos acabar con la discriminación en los empleos.
Yo digo que deberíamos acabar con los empleos.
Los conservadores apoyan leyes del derecho a trabajar. Siguiendo al yerno descarriado de Karl Marx, Paul Lafargue, yo apoyo el derecho a ser flojo. Los izquierdistas favorecen el empleo total.
Como los surrealistas -excepto que yo no bromeo- favorezco el desempleo total.
Los Troskistas agitan por una revolución permanente. Yo agito por un festejo permanente.
Pero si todos las ideólogos defienden el trabajo (y lo hacen) -y no sólo porque planean hacer que otras personas hagan el suyo- son extrañamente renuentes a admitirlo.
Hablan interminablemente acerca de salarios, horas, condiciones de trabajo, explotación, productividad, rentabilidad. Hablarán alegremente sobre todo menos del trabajo en sí mismo.
Estos expertos que se ofrecen a pensar por nosotros raramente comparten sus ideas sobre el trabajo, pese a su importancia en nuestras vidas. Discuten entre ellos sobre los detalles.
Los sindicatos y los patronos concuerdan en que deberíamos vender el tiempo de nuestras vidas a cambio de la supervivencia, aunque regatean por el precio.
Los Marxistas piensan que deberíamos ser mandados por burócratas.
Los anarco-capitalistas piensan que deberíamos ser mandados por empresarios.
A las feministas no les importa cuál sea la forma de mandar, mientras sean mujeres las que manden.
Es claro que estos ideo-locos tienen serias diferencias acerca de cómo dividir el botín del poder.
También es claro que ninguno de ellos tiene objeción alguna al poder en sí mismo, y todos ellos desean mantenernos trabajando.
Debes estar preguntándote si bromeo o hablo en serio. Pues bromeo y hablo en serio.
Ser lúdico no es ser ridículo. El juego no tiene que ser frívolo, aunque la frivolidad no es trivialidad: con frecuencia debemos tomar en serio la frivolidad.
Deseo que la vida sea un juego -- pero un juego con apuestas altas. Quiero jugar para ganar.
La alternativa a trabajar no es el ocio sólamente. Ser lúdico no es ser estático.
Aunque valoro el placer de la pereza, nunca es mas satisfactoria que cuando sirve de intermedio entre otros placeres y pasatiempos.
Tampoco promuevo esa válvula de seguridad disciplinada y gerenciada llamada "tiempo libre"; nada de eso. El tiempo libre es no trabajar por el bien del trabajo.
El tiempo libre es tiempo gastado en recobrarse del trabajo, y en el frenético pero inútil intento de olvidarse del trabajo.
Mucha gente regresa de sus vacaciones tan agotada que desean volver al trabajo para descansar.
La diferencia principal entre el tiempo libre y el trabajo es que al menos te pagan por tu alienación y agotamiento.
No estoy jugando a las definiciones. Cuando digo que quiero abolir el trabajo, me refiero justo a lo que digo, pero quiero decir a lo que me refiero definiendo mis términos de formas no idiosincráticas.
Mi definición mínima del trabajo es labor forzada, es decir, producción impuesta. Ámbos elementos son esenciales.
El trabajo es producción impuesta por medios económicos o políticos, por la zanahoria o el látigo (la zanahoria es sólo el látigo por otros medios). Pero no toda creación es trabajo.
El trabajo nunca es hecho por amor al trabajo mismo, sino para obtener un producto o resultado que el trabajador (o, con mas frecuencia, alguien más) recibe del mismo. Esto es lo que el trabajo debe ser.
Definirlo es despreciarlo. Pero el trabajo es usualmente peor de lo que indica su definición.
La dinámica de dominación contenida por el trabajo tiende a desarrollarse con el tiempo.
En las sociedades avanzadas e infestadas de trabajo, incluyendo todas las sociedades industriales, capitalistas o "comunistas", el trabajo siempre adquiere otros atributos que lo hacen aún más nocivo.
Usualmente -y esto es aún más cierto en los países "comunistas" que en los capitalistas, donde el estado es casi el único patrono y todos són empleados- el trabajo es asalariado, lo que significa venderte a tí mismo a plazos.
Así que el 95% de los estadounidenses que trabajan, trabajan para alguien (o algo) más.
En la URSS o Cuba o Yugoslavia o cualquier otro modelo alternativo que puedas mencionar, la cifra correspondiente se aproxima al 100%.
Solo los fortificados bastiones de campesinos del Tercer Mundo -Méjico, India, Brasil, Turquía- albergan temporalmente concentraciones significativas de agricultores que perpetúan el acuerdo tradicional de la mayoría de los trabajadores en los últimos milenios: el pago de impuestos (= rescate) al estado o renta a los parasíticos terratenientes, a cambio de que les dejen en paz en todo lo demás. Incluso éste simple trato empieza a verse agradable.
Todos los trabajadores industriales (y de oficina) se encuentran bajo el tipo de supervisión que asegura la servilidad.
Pero el trabajo moderno tiene peores implicaciones. La gente no sólo trabaja, tienen "empleos".
Una persona realiza una tarea productiva todo el tiempo "¡o si no...!".
ún si la tarea tiene aunque sea un átomo de interés intrínseco (y cada vez menos trabajos lo tienen) la monotonía de su obligatoriedad exclusiva elimina su potencial lúdico.
Un "empleo" que podría atraer la energía de algunas personas, por un tiempo razonable, por pura diversión, es tan sólo una carga para aquellos que tienen que hacerlo por cuarenta horas a la semana sin voz ni voto sobre cómo debería hacerse, para beneficio de propietarios que no contribuyen en nada al proyecto, y sin oportunidad de compartir las tareas o distribuir el trabajo entre aquellos que tienen que hacerlo.
Este es el verdadero mundo del trabajo: Un mundo de estupidez burocrática, de acoso sexual y discriminación, de jefes cabeza hueca explotando y descargando la culpa sobre sus subordinados, quienes -según cualquier criterio técnico-racional- deberían estar dirigiendo todo.
Pero el capitalismo en el mundo real sacrifica la maximización racional de la productividad y el beneficio ante las exigencias del control organizacional.
La degradación que experimentan la mayoría de los trabajadores es la suma de varias indignidades que pueden ser denominadas como "disciplina".
Foucault ve este fenómeno de manera complicada, pero es muy simple.
La disciplina consiste en la totalidad de los controles totalitarios en el lugar de trabajo, supervisión, movimientos repetitivos, ritmos de trabajo impuestos, cuotas de producción, marcar tarjeta, etc.
La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico. Es algo históricamente nuevo y horrible.
Va más allá de las capacidades de los dictadores demoníacos de antaño como Nerón y Gengis Khan e Iván el Terrible. Pese a sus malas intenciones, ellos no tenían la maquinaria para controlar a sus súbditos tan completamente como los déspotas modernos.
La disciplina es el modo de control moderno, especialmente diabólico, es una irrupción novedosa que debe ser detenida a la primera oportunidad.
Eso es el "trabajo". El juego es todo lo contrario. El juego es siempre voluntario.
Lo que de otro modo sería un juego, es trabajo si es forzado. Esto es axiomático.
Bernie de Koven ha definido el juego como la "suspensión de las consecuencias". Esto es inaceptable si significa que el juego es inconsecuente. No es que el juego no tenga consecuencias. Eso sería rebajar al juego. El asunto es que las consecuencias, si las hay, són gratuitas.
El jugar y el dar están estrechamente relacionados, son facetas conductuales y transaccionales del mismo impulso, el instinto de jugar. Ámbos comparten un desdén aristocrático hacia los resultados.
El jugador recibe algo al jugar; es por eso que juega. Pero la recompensa principal es la experiencia de la actividad misma (cualquiera que sea).
Algunos estudiosos del juego, normalmente atentos (como el Homo Ludens de Johan Huizinga), lo definen como "seguir reglas".
Respeto la erudicción de Huizinga pero rechazo enfáticamente sus restricciones.
Existen buenos juegos (ajedrez, baseball, monopolio, bridge) que están regidos por reglas, pero hay mucho mas en jugar que seguir reglas.
La conversación, el sexo, el baile, los viajes, estas prácticas no siguen reglas, pero son juegos sin la menor duda. Y es posible jugar con las reglas tanto como con cualquier otra cosa.
El trabajo hace de la libertad una burla.
El discurso oficial dice que todos tenemos derechos y vivimos en una democracia.
Otros desafortunados que no són libres como nosotros tienen que vivir en estados policiales.
Estas víctimas obedecen órdenes "¡o si no...!", sin importar cuán arbitrarias.
Las autoridades les mantienen bajo supervisión constante. Los burócratas del Estado controlan hasta los detalles más pequeños de la vida diaria.
Los oficiales que les empujan de un lado a otro sólo responden ante sus superiores, públicos o privados.
De cualquier modo, la disensión y la desobediencia són castigados.
Los informantes reportan regularmente a las autoridades. Se supone que todo esto es muy malo.
Y lo es, exepto que no es sino una descripción del puesto de trabajo moderno.
Los liberales y conservadores y anarco-capitalistas que lamentan el totalitarismo són falsos e hipócritas.
Hay mas libertad en cualquier dictadura moderadamente desestalinizada que en el típico puesto de trabajo estadounidense.
Encuentras el mismo tipo de jerarquía y disciplina en una oficina o fábrica que en una cárcel o monasterio.
De hecho, como Foucault y otros han mostrado, las cárceles y las fábricas surgieron casi al mismo tiempo, y sus operadores copiaron conscientemente las técnicas de control de unas y de otras.
Un trabajador es un esclavo de medio tiempo.
El jefe dice cuándo llegar, cuándo irse, y qué hacer entre los dos.
Te dice cuánto trabajo hacer y qué tan rápido. Puede llevar su control hasta extremos humillantes, regulando, si le da la gana, las ropas que llevas o qué tan a menudo puedes ir al baño.
Con unas pocas excepciones, puede despedirte por cualquier razón, o sin razón.
Eres espiado por informantes y supervisores, amasa un expediente de cada empleado.
Contestarle es llamado "insubordinación", como si el trabajador fuese un niño malo, y no sólo hace que te despidan, te descalifica para compensación de desempleo.
Sin aprobarlo necesariamente para ellos tampoco, hay que señalar que los niños en la casa y en la escuela reciben un tratamiento similar, en este caso justificado por su supuesta inmadurez.
¿Qué nos dice ésto acerca de sus padres y maestros que trabajan?
El humillante sistema de dominación que he descrito rige sobre la mitad de las horas de vigilia de una mayoria de mujeres y la vasta mayoría de los hombres por décadas, por la mayor parte de sus vidas.
Para ciertos propósitos, no es del todo erróneo llamar a nuestro sistema democracia o capitalismo o -mejor aún- industrialismo, pero sus verdaderos nombres són fascismo de fábrica y oligarquía de oficina. Quien diga que esta gente es "libre" es un mentiroso o un estúpido.
Eres lo que haces. Si haces trabajo aburrido, estúpido y monótono, lo mas probable es que tú mismo acabarás siendo aburrido, estúpido y monótono.
El trabajo explica la creciente cretinización a nuestro alrededor mucho mejor que otros mecanismos idiotizantes como la televisión y la educación.
Quienes viven marcando el paso todas sus vidas, llevados de la escuela al trabajo y enmarcados por la familia al comienzo y el asilo al final, están habituados a la jerarquía y esclavizados psicológicamente.
Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada, que su miedo a la libertad es una de sus pocas fobias con base racional.
El entrenamiento de obediencia en el trabajo se traslada hacia las familias que inician, reproduciendo así el sistema en más de una forma, y hacia la política, la cultura y todo lo demás.
Una vez que absorbes la vitalidad de la gente en el trabajo, es probable que se sometan a la jerarquía y la experticia en todo. Están acostumbrados a ello.
Vivimos tan cerca del mundo del trabajo que no vemos lo que nos hace. Tenemos que basarnos en observadores externos de otros tiempos u otras culturas para apreciar el extremismo y la patología de nuestra posición presente.
Hubo un tiempo en nuestro pasado en que la "ética del trabajo" hubiese sido incomprensible, y quizás Weber comprendió algo importante cuando conectó su aparición con una religión, el Calvinismo, que si hubiese aparecido hoy, en vez de hace cuatro siglos, hubiese sido llamado acertadamente una secta.
De cualquier forma, sólo tenemos que usar la sabiduría de la antiguedad para poner el trabajo en perspectiva.
Los antiguos veían el trabajo tal como era, y su punto de vista prevaleció, pese a los locos calvinistas, hasta que fué desterrado por el industrialismo, pero no ántes de ser promovido por sus profetas.
Imaginemos por un momento que el trabajo no convierte a la gente en sumisos atontados.
Imaginemos, contra cualquier psicología creíble y contra la ideología de sus defensores, que no tiene efecto en la formación del carácter.
E imaginemos que el trabajo no es tan aburrido, agotador y humillante como todos sabemos que realmente es. Aún así, el trabajo sigue siendo una burla de todas las aspiraciones democráticas y humanísticas, sólo porque usurpa tanto de nuestro tiempo.
Sócrates dijo que los trabajadores manuales suelen ser malos amigos y malos ciudadanos, porque no tienen tiempo de cumplir con las responsabilidades de la amistad y la ciudadanía. Tenía razón.
A causa del trabajo, sin importar lo que hagamos, nos la pasamos mirando los relojes. La única cosa "libre" sobre el llamado tiempo libre es que no le cuesta nada al jefe.
El tiempo libre está dedicado en su mayoría a prepararse para ir al trabajo, ir al trabajo, regresar del trabajo, y recobrándose del trabajo.
El tiempo libre es un eufemismo para la manera peculiar en que el trabajador, como factor de producción, no sólo se transporta a sí mismo, a sus propias expensas, desde y hacia el puesto de trabajo, sino que además asume la responsabilidad por su propio mantenimiento y reparación.
El carbón y el acero no hacen eso. Las máquinas fresadoras y las de escribir no hacen eso.
Pero los empleados lo hacen. Con razón Edward G. Robinson, en una de sus películas de gangsters, exclamó "¡el trabajo es para los estúpidos!"
Platón y Jenofonte atribuyen a Sócrates, y obviamente comparten con él, una comprensión de los efectos destructivos del trabajo en el trabajador como ciudadano y como ser humano.
Herodoto identificó el desprecio por el trabajo como un atributo de los griegos clásicos en la cumbre de su cultura.
Cicerón dijo que "quien da su labor a cambio de dinero se vende a sí mismo, y se coloca al mismo nivel que los esclavos".
Su candor es raro ahora, pero las sociedades primitivas contemporáneas a las que solemos ver con desprecio nos proveen de portavoces que han intrigado a los antropólogos de Occidente.
Los Kapaku de Irián del Oeste, según Posposil, tienen una concepción de balance en la vida, y por ello trabajan un día si y otro no, el día de descanso destinado a "recobrar el poder y salud perdidos".
Nuestros antepasados, incluso en el siglo dieciocho, cuando ya habían recorrido la mayor parte del camino hacia nuestro actual predicamento, al menos sabían lo que nosotros hemos olvidado, el lado siniestro de la industrialización.
Su devoción religiosa a "San Lunes" -- con lo cual establecieron una semana laboral de cinco días 150-200 años antes de su consagración legal -- era la desesperación de los primeros propietarios de fábricas. Les tomó un largo tiempo someterse a la tiranía de la campana, predecesora del reloj.
De hecho, se necesitó una generación o dos para reemplazar adultos varones con mujeres acostumbradas a la obediencia y niños que podían ser moldeados para ajustarse a las necesidades industriales.
Incluso los campesinos explotados del Antíguo Régimen le sustraían un tiempo sustancial a su trabajo para el Señor.
De acuerdo a Lafargue, un cuarto del calendario de los campesinos franceses estaba dedicado a domingos y días festivos, y las cifras de Chayanov sobre los poblados de la Rusia Zarista -nada más lejos de una sociedad progresista- también muestra que un cuarto o quinto de los días de los campesinos se dedicaba al reposo.
Controlando para la productividad, estamos obviamente muy por detrás de éstas sociedades atrasadas.
Los muziks explotados se preguntarían porqué cualquiera de nosotros se molesta siquiera en trabajar. También nosotros deberíamos.
Sin embargo, para captar completamente la enormidad de nuestro deterioro, consideremos la condición original de la humanidad, sin gobierno o propiedad, cuando vagábamos como cazadores-recolectores. Hobbes decía que la vida era violenta, brutal y breve.
Otros asumen que la vida era una lucha desesperada y sin cuartel por la subsistencia, una guerra contra la naturaleza, con la muerte y el desastre esperando a los desafortunados o a cualquiera que no estuviese a la altura del desafío de la lucha por la existencia.
En realidad, todo eso era una proyección de los miedos ante el colapso de la autoridad del gobierno sobre comunidades que no estaban acostumbradas a vivir sin él, como la Inglaterra de Hobbes durante la Guerra Civil.
Los compatriotas de Hobbes ya habían encontrado formas de sociedad alternativas que ilustraban otras formas de vida -en Norte América, en particular- pero incluso éstas se hallaban demasiado lejos de su experiencia para ser comprensibles. (Las clases bajas, mas cercanas a la condición de los indios, lo entendieron mejor y a menudo la encontraron atractiva.
A lo largo del siglo diecisiete, muchos colonos ingleses desertaron para unirse a las tribus o, habiendo sido capturados en la guerra, se rehusaron a volver. Pero los indios no desertaban a las colonias inglesas, al igual que los alemanes nunca saltan el Muro de Berlín hacia el Este).
La versión de la "supervivencia del más apto" -la versión de Thomas Huxley- del Darwinismo era más una crónica de las condiciones económicas de la Inglaterra victoriana que de la selección natural, como lo demostró el anarquista Kropotkin en su libro El Apoyo Mutuo, Un Factor de la Evolución. (Kropotkin era un científico -un geógrafo- que tuvo amplias oportunidades involuntariamente para hacer trabajo de campo mientras estaba exiliado en Siberia: sabía de lo que estaba hablando).
Como la mayoría de las teorías sociales y políticas, las historias que Hobbes y sus sucesores contaban eran en realidad autobiografías.
El antropólogo Marshall Sahlins, examinando datos sobre cazadores-recolectores contemporáneos, deshizo el mito Hobbesiano en un artículo titulado "La Sociedad Afluente Original". Ellos trabajan mucho menos que nosotros, y su trabajo es difícil de distinguir de lo que llamamos juego.
Sahlins concluyó que "los cazadores y recolectores trabajan menos que nosotros; y más que un trabajo contínuo, la búsqueda de comida es intermitente, el tiempo libre es abundante, y pasan más tiempo durmiendo durante el día, por persona y año, que en cualquier otra condición de la sociedad".
Trabajaban un promedio de cuatro horas por día, asumiendo que "trabajasen" en lo absoluto.
Su "labor", tal como nos parece a nosotros, era labor especializada que ejercía sus facultades intelectuales y físicas; labor no especializada en gran escala, como dice Sahlins, es imposible excepto bajo el industrialismo.
Por tanto, satisfacía la definición de juego según Friedrich Schiller, la única ocasión en que el hombre realiza su completa humanidad al dar completa expresión a ámbos lados de su naturaleza: pensar y sentir.
Como él decía: "El animal trabaja cuando es la privación lo que lo motiva, y juega cuando la plenitud de su fuerza es su motivador, cuando la vida superabundante es su propio estímulo para la actividad". (Una versión moderna -dudosamente mejorada- es la contraposición, hecha por Abraham Maslow, entre motivación por "deficiencia" y por "crecimiento") El juego y la libertad són, en lo que se refiere a la producción, coextensivos.
Aún Marx, quien pertenece (pese a sus buenas intenciones) al panteón productivista, observó que "el reino de la libertad no comienza hasta que se ha sobrepasado la necesidad de laborar bajo la compulsión de la necesidad y la utilidad externa".
Él nunca pudo llegar a identificar esta feliz circunstancia como lo que es, la abolición del trabajo -es más bien anómalo, después de todo, estar a favor de los trabajadores y en contra del trabajo- pero nosotros sí podemos.
El deseo de retroceder (o avanzar) hacia una vida sin trabajo es evidente en cada historia social o cultural seria de la Europa preindustrial, entre ellas Inglaterra En Transición de M. Dorothy George y Cultura Popular A Comienzos de La Europa Moderna de Peter Burke.
También es pertinente el ensayo de Daniel Bell, "El Trabajo y sus Descontentos", el primer texto, según creo, en referirse a la "rebelión contra el trabajo" con esas mismas palabras y, si hubiese sido comprendido, hubiese sido una importante corrección a la complacencia que suele asociarse con el volúmen en que fué incluído, El Fin de la Ideología.
Ni sus críticos ni sus celebrantes han notado que la tesis sobre el fin de la ideología de Bell no se refería al fin de la lucha social, sino el comienzo de una nueva fase, no restringida ni dirigida por ideologías.
Fué Seymour Lipset (en El Hombre Político), no Bell, quien anunció al mismo tiempo que "los problemas fundamentales de la Revolución Industrial han sido resueltos", tan sólo algunos años antes de que los descontentos post- o meta-industriales entre los estudiantes universitarios hicieran a Lipset abandonar la universidad de Berkeley y buscar la tranquilidad relativa (y temporal) de Harvard.
Como indica Bell, Adam Smith en su Riqueza de las Naciones, pese a su entusiasmo por el mercado y la división del trabajo, estaba más alerta (y era más honesto) sobre el lado oscuro del trabajo, que Ayn Rand o los economistas de Chicago o cualquiera de los modernos seguidores de Smith.
Como observó Smith: "el entendimiento de la mayoría de los hombres se forma necesariamente por sus ocupaciones habituales. El hombre que se pasa la vida efectuando unas cuantas operaciones simples... no tiene ocasión de ejercer su entendimiento... Por lo general se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo."
He aquí, en pocas y simples palabras, mi crítica del trabajo. Bell, escribiendo en 1956, la Edad de Oro de la imbecilidad Eisenhoweriana y autosatisfacción estadounidense, identificó la crisis desorganizada e inorganizable de los setenta y más allá, la crisis que ninguna tendencia política es capaz de canalizar, la crisis que fué identificada en el reporte de la HEW, El Trabajo en América, la crisis que no puede ser aprovechada y, por lo tanto, es ignorada. Esa crisis es la rebelión contra el trabajo.
No figura en ningún texto de ningún economista del laisez-faire -Milton Friedman, Murray Rothbard, Richard Posner- porque, en sus términos, como solían decir en Viaje a las Estrellas, "no computa".
Si estas objeciones, formadas por el amor a la libertad, no convencen a los humanistas de tipo utilitario e incluso paternalista, existen otras que ellos no pueden despreciar.
Para fusilarme el título de un libro: El trabajo es nocivo para tu salud.
De hecho, el trabajo es asesinato en masa o genocidio. Directa o indirectamente, el trabajo matará a la mayoría de los que lean estas palabras. Entre 14.000 y 25.000 trabajadores mueren en este país anualmente en el lugar de trabajo. Mas de dos millones quedan deshabilitados. De veinte a veinticinco millones són heridos cada año. Y estas cifras se basan en una estimación muy conservadora acerca de qué constituye una herida relacionada con el trabajo. Por ejemplo, no cuentan el medio millón de casos de enfermedad ocupacional cada año.
Hojeé un libro de texto médico sobre enfermedades ocupacionales y tenía 1.200 páginas. Incluso esto apenas es la punta del iceberg.
Las estadísticas disponibles cuentan los casos obvios, como los 100.000 mineros que tienen el mal del pulmón negro, de quienes mueren 4.000 cada año, una tasa de mortalidad mucho mayor que la del SIDA, por ejemplo, que recibe tanta atención de los medios.
Esto refleja la creencia sobreentendida de que el SIDA aflige a pervertidos que podrían controlar su depravación mientras que la extracción de carbón es una actividad sacrosanta e incuestionable.
Lo que las estadísticas no muestran es que decenas de millones de personas ven reducidas sus expectativas de vida a causa del trabajo que es lo que sigifica la palabra homicidio, después de todo.
Considera a los doctores que trabajan hasta morir a los cincuenta y tantos. Considera a todos los otros adictos al trabajo.
Aún si no quedas muerto o inválido mientras trabajas, también puedes morir mientras vas al trabajo, regresas del trabajo, buscas trabajo, o tratas de olvidarte del trabajo.
La gran mayoría de las víctimas del automóvil estaban realizando algunas de estas actividades obligadas por el trabajo, o cayeron víctimas de alguien que las hacía.
A este conteo de cadáveres se debe añadir las víctimas de la contaminación auto-industrial y la adicción al alcohol y drogas inducida por el trabajo.
Tanto el cáncer como las enfermedades cardíacas són aflicciones modernas cuyo orígen se puede rastrear, directa o indirectamente, hacia el trabajo.
El trabajo, entonces, institucionaliza el homicidio como forma de vida.
La gente piensa que los Camboyanos estaban locos al exterminarse a sí mismos, pero ¿somos nosotros diferentes?
El régimen de Pol Pot al menos tenía una visión, aunque borrosa, de una sociedad igualitaria.
Nosotros matamos gente en el rango de las seis cifras (por lo menos) para vender Big Macs y Cadillacs a los que sobrevivan.
Nuestras cuarenta o cincuenta mil muertes anuales en la autopista són víctimas, no mártires.
Murieron por nada, o más bien, murieron por trabajar.
Pero el trabajo no es algo por lo que valga la pena morir.
Malas noticias para los liberales: el trasteo regulatorio es inútil en este contexto de vida-o-muerte. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional estaba diseñada para vigilar la parte central del problema, la seguridad en el puesto de trabajo. Incluso antes de que Reagan y la Corte Suprema la deshabilitasen, la ASSO era una farsa. Incluso en los tiempos en que el presidente Carter le otorgaba fondos generosos (para la norma actual), un puesto de trabajo podía esperar una visita sorpresa de un inspector de la ASSO cada 46 años.
El control estatal de la economía no es solución. El trabajo es más peligroso en los países con socialismo de estado de lo que lo es aquí.
Miles de obreros rusos murieron o resultaron heridos construyendo el metro de Moscú.
Existen montones de historias sobre desastres nucleares soviéticos encubiertos que hacen que Times Beach o Three Mile Island parezcan simulacros de ataque aéreo de escuela primaria.
Por otro lado, la desregulación, de moda actualmente, no ayudará y probablemente hará más daño.
Desde el punto de vista de la salud y la seguridad, el trabajo estaba en su peor momento en aquellos días cuando la economía se acercaba más al libre mercado.
Historiadores como Eugenio Genovese han argumentado contundentemente que -como decían los defensores de la esclavitud de antaño- los trabajadores asalariados en los estados del Norte de la Unión y en Europa vivían peor que los esclavos en las plantaciones del Sur.
Ningún reajuste de las relaciones entre los burócratas y los empresarios parece hacer mucha diferencia a nivel de quienes hacen la producción.
Si se impusieran seriamente incluso las normas más vagas de la ASSO, la economía se estancaría por completo. Los vigilantes aparentemente se percatan de ello, ya que ni siquiera intentan arrestar a los malechores.
Lo que he dicho hasta ahora no debería ser controversial. Muchos trabajadores están hartos del trabajo. Las tasas de ausentismo, despidos, robo y sabotaje por parte de empleados, huelgas ilegales, y flojera general en el trabajo són altas y van subiendo.
Podría haber un movimiento hacia un rechazo consciente y no sólo visceral del trabajo.
Y sin embargo, el sentimiento prevalente, universal entre los patronos y sus agentes, y muy extendida entre los trabajadores mismos, es que el trabajo mismo es inevitable y necesario.
Yo discrepo. Ahora es posible abolir el trabajo y reemplazarlo, hasta donde sirve a propósitos útiles, con una multitud de nuevos tipos de actividades libres.
Abolir el trabajo requiere ir hacia él desde dos direcciones, cuantitativa y cualitativa.
Por el lado cuantitativo, hemos de recortar masivamente la cantidad de trabajo que se hace.
En la actualidad, la mayor parte del trabajo es inútil o peor, y deberíamos deshacernos de él.
Por el lado cualitativo -y pienso que esta es la base del asunto, y el punto de partida nuevo y revolucionario- hemos de tomar el trabajo útil que queda y transformarlo en una agradable variedad de pasatiempos parecidos al juego y la artesanía, que no se puedan distinguir de otros pasatiempos placenteros, excepto que sucede que generan productos útiles. Sin duda eso no los hará menos estimulantes.
Entonces, todas las barreras artificiales del poder y la propiedad se vendrían abajo.
La creación se convertiría en recreación. Y podríamos dejar de vivir temerosos los unos de los otros.
No estoy sugiriendo que la mayoría del trabajo pueda salvarse de esta manera. Pero la mayoría del trabajo no vale la pena salvarlo.
Solo una fracción pequeña y menguante del trabajo sirve para algún propósito útil, aparte de la defensa y reproducción del sistema del trabajo y sus apéndices políticos y legales.
Hace veinte años, Paul y Percival Goodman estimaron que sólo el cinco por ciento del trabajo que se hacía entonces -- presuntamente la cifra, de ser exacta, es aún más baja ahora -- bastaría para cubrir nuestras necesidades mínimas de comida, ropa, y techo. Su cálculo era sólo una aproximación educada, pero el punto clave está claro: directa o indirectamente, la mayor parte del trabajo sirve los propósitos improductivos del comercio o el control social.
De inmediato podemos liberar a decenas de millones de vendedores, soldados, gerentes, policías, guardias, publicistas y todos los que trabajan para ellos. Es un efecto de avalancha, puesto que cada vez que dejas sin trabajo a un pez gordo, también liberas a sus lacayos y subordinados. Y entonces la economía implota.
El cuarenta por ciento de la fuerza laboral son trabajadores de cuello blanco, la mayoría de los cuales tienen algunos de los empleos más tediosos e idiotas jamás concebidos.
Industrias enteras, seguros y bancos y bienes raíces por ejemplo, no consisten en nada más que mover papeles inútiles de un lado a otro.
No es accidente que el "sector terciario", el sector de servicios, esté creciendo mientras el "sector secundario" (industria) se atasca y el "sector primario" (agricultura) casi desaparece.
Porque el trabajo es innecesario excepto para aquellos cuyo poder asegura, los trabajadores son desplazados desde ocupaciones relativamente útiles a relativamente inútiles, como una medida para asegurar el órden público.
Cualquier cosa es mejor que nada. Es por eso que no puedes irte a casa sólo porque terminaste temprano. Quieren tu tiempo, lo suficiente para que les pertenezcas, aún si no tienen uso para la mayor parte del mismo. De no ser así, ¿por qué la semana de trabajo promedio no ha disminuído mas que unos cuantos minutos en los últimos cincuenta años?
A continuación, podemos aplicar el machete al trabajo de producción mismo.
No más producción de guerra, energía nuclear, comida chatarra, desodorante de higiene femenina, y por sobre todo, no más industria automovilística digna de ese nombre.
Un Barco de Vapor Stanley o un automóvil Modelo-T ocasionales estaría bien, pero el auto-erotismo del cual dependen nidos de ratas como Detroit y Los Angeles queda fuera del mapa.
Con esto, sin haberlo intentado siquiera, hemos resuelto la crisis de energía, la crisis ambiental y un montón de otros problemas sociales insolubles.
Finalmente, debemos deshacernos de la mayor de las ocupaciones, la que tiene el horario más largo, el salario más bajo, y algunas de las tareas más tediosas. Me refiero a las amas de casa y el cuidado de niños.
Al abolir el trabajo asalariado y alcanzar el desempleo total, atacamos la división sexual del trabajo. El núcleo familiar como lo conocemos es una adaptación inevitable a la división del trabajo impuesta por el moderno trabajo asalariado.
Te guste o no, tal como han sido las cosas durante los últimos cien o doscientos años, es económicamente racional que el hombre traiga el pan a la casa y que la mujer haga el trabajo sucio y le provea de un refugio de paz en un mundo despiadado, y que los niños sean enviados a campos de concentración juveniles llamados "escuelas", principalmente para que no sean una carga tan grande para mamá pero aún sean mantenidos bajo control, pero también para que adquieran los hábitos de obediencia y puntualidad que tanto necesitan los trabajadores.
Si deseas deshacerte de la patriarquía, deshazte del núcleo familiar cuyo no pagado "trabajo invisible", como dice Ivan Illich, hace posible el sistema del trabajo que a su vez hace necesario el núcleo familiar.
A la lucha anti-armas nucleares está ligada la abolición de la infancia y el cierre de las escuelas.
Hay más estudiantes de tiempo completo que trabajadores de tiempo completo en este país. Necesitamos a los niños como maestros, no estudiantes. Tienen mucho que contribuir a la revolución lúdica, porque ellos són mejores en el juego que las personas maduras. Los adultos y los niños no són idénticos, pero se harán iguales a través de la interdependencia. Sólo el juego puede cerrar la brecha generacional.
Aún no he mencionado siquiera la posibilidad de recortar el poco trabajo que aún queda por vía de la automatización y la cibernética. Todos los científicos, ingenieros y técnicos, liberados de molestarse en investigación de guerra y obsolecencia planeada, se la pasarían en grande inventando medios para eliminar la fatiga, el tedio y el peligro de actividades como la minería.
Sin duda hallarán otros proyectos en qué divertirse. Quizás establezcan redes globales de comunicaciones multimedia o colonicen el espacio exterior. Quizás. Personalmente, no soy fanático de los aparatos.
No me interesa la idea de vivir en un paraíso donde sólo haya que presionar botones. No quiero que robots esclavos hagan todo; quiero hacer las cosas yo mismo. Existe, creo, un lugar para las tecnologías que ahorran trabajo, pero un lugar modesto.
El registro histórico y pre-histórico no es esperanzador. Cuando la tecnología productiva pasó de caza-recolección a la agricultura y a la industria, el trabajo se incrementó mientras la especialización y la autodeterminación disminuyeron.
La evolución posterior del industrialismo ha acentuado lo que Harry Braverman llamó la degradación del trabajo. Los observadores inteligentes siempre han sido conscientes de ésto. John Stuart Mill escribió que todos los inventos para ahorrar trabajo que se han creado no han ahorrado ni un momento de trabajo.
Karl Marx escribió que "sería posible escribir una historia de los inventos hechos desde 1830 para el único propósito de proveer al capital con armas contra las revueltas de la clase obrera".
Los tecnófilos entusiastas -Saint-Simon, Comte, Lenin, B.F. Skinner- han sido siempre completos autoritarios también; es decir, tecnócratas.
Deberíamos ser más que escépticos con las promesas de los místicos de las computadoras.
Ellos trabajan como mulas; lo más seguro es que, si se salen con la suya, también el resto de nosotros lo hará. Pero, si tienen alguna contribución particular más subordinada a los propósitos humanos, pues escuchémosles.
Lo que realmente deseo es ver el trabajo convertido en juego.
Un primer paso es descartar las nociones de un "empleo" y una "ocupación".
Incluso las actividades que ya tienen algún contenido lúdico lo pierden si se reducen a empleos que ciertas personas, y sólo esas personas, se ven forzadas a hacer excluyendo cualquier otra cosa.
¿No es raro que los campesinos trabajen dolorosamente en los campos mientras sus amos van a casa cada fin de semana y se ponen a cuidar de sus jardines?
Bajo un sistema de festejo permanente, presenciaremos una Edad de Oro de la creatividad que hará pasar verguenza al Renacimiento. No habrá más empleos, sólo cosas que hacer y gente que las haga.
El secreto de convertir el trabajo en juego, como demostró Charles Fourier, es acomodar las actividades útiles para tomar ventaja de lo que sea que diferentes personas disfrutan hacer en momentos diferentes.
Para hacer posible que algunas personas hagan las cosas que disfrutan, bastará con erradicar las irracionalidades y distorsiones que afligen esas actividades cuando són convertidas en trabajo.
Yo, por ejemplo, disfrutaría enseñando un poco (no demasiado), pero no quiero estudiantes que estén allí a la fuerza, y no me interesa adular a pedantes patéticos para obtener un profesorado.
Segundo, hay cosas que a la gente le gusta hacer de vez en cuando, pero no por demasiado tiempo, y ciertamente no todo el tiempo.
Puedes disfrutar haciendo de niñera por algunas horas para compartir la compañía de los niños, pero no por tanto tiempo como sus padres.
Los padres, mientras tanto, aprecian profundamente el tiempo que les liberas para sí mismos, aunque les molestaría apartarse de su progenie por mucho tiempo.
Estas diferencias entre los individuos són lo que hace posible una vida de juego libre.
El mismo principio se aplica a muchas otras áreas de actividad, especialmente las primarias.
Así, muchos disfrutan cocinar cuando lo pueden hacer con seriedad, a su modo, pero no cuando sólo están recargando cuerpos humanos con combustible para el trabajo.
Tercero -aún sin cambiar todo lo demás- algunas cosas que no són satisfactorias si las haces sólo, o en un entorno desagradable, o bajo las órdenes de un supervisor, son agradables, al menos por un tiempo, si esas circunstancias cambian. Esto es cierto probablemente, hasta cierto punto, para todo trabajo.
La gente utiliza su ingenio, de otro modo desperdiciado, para convertir las tareas repetitivas menos atrayentes en un juego, lo mejor que pueden.
Las actividades que atraen a algunas personas no siempre atraen a todas, pero todo el mundo tiene, al menos en potencia, una variedad de intereses y un interés en la variedad. Como dice el dicho, "cualquier cosa, una vez".
Fourier era el maestro en especular cómo a las inclinaciones aberrantes y perversas se les podría dar uso en la sociedad post-civilizada, que él llamaba Armonía.
Pensaba que el Emperador Nerón pudo haber sido una buena persona si, de niño, hubiese podido complacer su gusto por la sangre trabajando en un matadero. Los niños pequeños a quienes les encanta revolcarse en la suciedad podrían ser organizados en "Pequeñas Hordas" para limpiar los sanitarios y recoger la basura, otorgando medallas a los que destaquen.
No estoy sugiriendo que sigamos estos mismos ejemplos, sino que veamos el principio subyacente, el cual me parece que tiene sentido como una dimensión de una transformación revolucionaria general.
Ten en mente que no se trata de tomar el trabajo de hoy tal como lo encontramos y asignarlo a la gente adecuada, ya que algunos de ellos tendrían que ser realmente perversos.
Si la tecnología cumple un papel en todo esto, no es tanto para eliminar el trabajo automatizándolo, sino para abrir nuevos espacios para la re/creación. Hasta cierto punto podemos desear regresar a la fabricación a mano, que William Morris consideraba un resultado probable y deseable de una revolución comunista.
El arte sería recuperado de las manos de esnobs y coleccionistas, abolido como departamento especializado sirviendo a una audiencia de élite, y sus cualidades de belleza y creación restauradas a la vida misma, de la cual fueron robadas por el trabajo.
Da qué pensar el hecho de que las ánforas griegas a las que escribimos odas y guardamos en museos fuesen usadas en su tiempo para guardar aceite de olivo. Dudo que a nuestros artefactos cotidianos les vaya tan bien en el futuro, si es que hay uno.
Lo que quiero decir es que no existe tal cosa como el progreso en el mundo del trabajo; más bien es lo opuesto.
No deberíamos dudar en saquear el pasado por lo que tiene que ofrecer, los antiguos no pierden nada y nosotros nos enriquecemos.
Reinventar la vida cotidiana significa marchar más allá del borde de nuestros mapas.
Es cierto que existe más especulación sugerente de lo que la mayoría de la gente se imagina.
Aparte de Fourier y Morris -y hasta una pista, aquí y allá, en Marx- están los escritos de Kropotkin, los sindicalistas Pataud y Pouget, anarco-comunistas de antes (Berkman) y de ahora (Bookchin).
La Communitas de los hermanos Goodman es ejemplar porque ilustra qué formas siguen a qué funciones (propósitos), y hay algo que sacar de los heraldos, a menudo borrosos, de la tecnología alternativa/apropiada/intermedia/convivencial, como Schumacher y especialmente Illich, una vez que desconectas sus cortinas de humo.
Los situacionistas -tal como són representados por la Revolución de la Vida Cotidiana de Vaneigem y en la Antología de la Internacional Situacionista- són tan despiadadamente lúcidos como para ser estimulantes, aún si nunca llegaron a encajar bien su apoyo a las asociaciones de trabajadores con la abolición del trabajo.
Sin embargo, es mejor su incongruencia que cualquier versión actual del izquierdismo, cuyos devotos buscan ser los últimos campeones del trabajo, porque si no hay trabajo no hay trabajadores, y sin trabajadores, ¿A quién organizaría la izquierda?
Así que los abolicionistas tendrían que actuar por su cuenta. Nadie puede decir qué resultaría de liberar el poder creativo aturdido por el trabajo.
Cualquier cosa puede pasar. El gastado debate de libertad versus necesidad, que casi suena teológico, se resuelve sólo cuando la producción de valores de uso coexista con el consumo de deliciosa actividad lúdica.
La vida se convertirá en un juego, o más bien muchos juegos, pero no -como es ahora- un juego de suma cero.
Un encuentro sexual óptimo es el paradigma del juego productivo;
los participantes se potencian los placeres el uno al otro, nadie cuenta los puntajes, y todos ganan.
Cuanto más das, más recibes.
En la vida lúdica, lo mejor del sexo se mezcla con la mejor parte de la vida diaria.
El juego generalizado lleva a la libidinización de la vida.
El sexo, en cambio, puede volverse menos urgente y desesperado, más juguetón.
Si jugamos bien nuestras cartas, podemos sacar más de la vida de lo que metemos en ella; pero sólo si jugamos para ganar.
Nadie debería trabajar. Proletarios del mundo... ¡descansad!
___________________________________________________________________________________
Extraido de: http://www.inventati.org/ingobernables/textos/anarquistas/Bob%20Black%20-%20La%20Abolicion%20Del%20Trabajo.htm
___________________________________________________________________________________
.
.
.......Hagamos lo imposible...... Olivia Oñate. 23-08-2010
.......Hagamos lo imposible...... Olivia Oñate
¡Lo imposible es lo que nosotros
tenemos el deber moral de hacer,
porque de lo posible para algunos,
se encargan unos pocos todos los
días de hacerlo, para ellos!
!Vamos tenemos el deber de hacer
lo imposible,para todos!
!Ven únete a mi voz ,ven te necesito,
ven el mañana nos espera unidos y
solo unidos venceremos!
!Sola no soy mas que una gota de
agua y para mojar toda la tierra de
esperanzas ,necesitamos un aguacero
que permita regar los surcos,llenos
de semillas de libertarias y anhelos!
!Será un diluvio de abrazos y alegrías
donde te besaré sin pudor hasta que
sangre mi boca, sedienta de pasión
y amanecidas de deseos honestos
que te ofrezco cual princesa en cama
de rosas y velos de rojo cielo!
!Una gota de agua que es la mía, y
que espera de la tuya compañer@
para lograr con su río lavar el dolor
y faltas de reencuentros, ven vamos
la siembra la haremos todos y la cosecha
será de todo un pueblo,vamos te espero!
Olivia Oñate
09-06.2010
Oslo lloviendo hoy a
mares,me inspiro.
Extraido de: http://www.facebook.com/#!/photo.php?pid=4340627&id=757233442&fbid=396428108442
.
lunes, 16 de agosto de 2010
Los Caracteres Inmorales: El Manipulador - Fernando García16-08-2010
Los Caracteres Inmorales: El Manipulador - Fernando García
Manipular: Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares. (Diccionario de la R.A.E.)
Nuestra pasión por el comportamiento humano nos lleva a intentar retratar uno de los personajes más conspicuos del viejo mundo que se fue: el manipulador.
Confiamos en que esto contribuya a identificarlo mejor cuando lo encontremos en museos o reservas naturales.
La manipulación es una de las formas que asume la violencia: es al menos violencia psicológica.
Esto es así porque la manipulación presupone –como veremos- una cosificación de los otros, un intento de apropiación del todo por una parte de este, de concentración desproporcionada de poder decisorio, etc.
La manipulación es intrínseca al sistema deshumanizante y violento, es parte de su modus operandi como lo son la censura, la represión, la discriminación, etc.
Por lo tanto, esta se encuentra arraigada en el paisaje de formación de muchos, que se resignan a ser tanto víctimas como victimarios de la manipulación.
El manipulador es básicamente un cosificador: alguien que trata de usarnos como prótesis de su intención, controlando nuestra manera de pensar, de sentir o de actuar, según convenga a sus intereses.
Dichos intereses son los personales, o bien los de la facción a la que pertenece.
El manipulador puede hacer un uso retórico del interés conjunto, pero lo hace para manipular y porque asimila en mala fe el interés conjunto al interés propio o de parte.
Al manipulador no le interesa nuestra subjetividad, nuestra intencionalidad, sino sólo en función de operar sobre ella para que hagamos lo que él desea y a pesar de lo que nosotros deseemos.
Aparentemente demuestra interés por nuestra opinión, pero sólo para descalificarla o buscar cómo usarla a su favor.
El manipulador puede mostrarse bondadoso y amable, pero es sólo una táctica para hacer que bajemos nuestras defensas y hacernos así más vulnerables a su manipulación.
Es claro que el manipulador es también un pragmático al que sólo le interesa lograr su objetivo, para lo cual se sirve de otros cuya intención desestima.
Como pragmático, el manipulador se mueve por intereses y no por principios éticos.
Su fin justifica los medios que usa.
El manipulador tiene muchas astucias y trucos. Una de ellas es el uso de la mentira.
Miente cuando lo que dice no se corresponde con los hechos, según él los entiende.
O sea, piensa o sabe una cosa, pero dice otra.
Miente cuando oculta selectivamente la información que no conviene a su caso, en todo o en parte.
O sea, de todo lo que piensa o sabe, sólo presenta la parte que le conviene o bien omite la información completamente.
El manipulador es un hipócrita y un farsante, ya que siempre esconde su verdadera cara y sus verdaderas intenciones que no son las que proclama.
El manipulador tiende a instalar y controlar monopolios ideológicos y organizativos, de manera que toda opinión y acción pasen por su filtro.
Para ello es importante para el manipulador dificultar o bloquear el acceso indiscriminado a las fuentes fidedignas de información, ya que el libre acceso a ellas disminuye su poder sobre los demás.
Tampoco ve con buenos ojos la libre comunicación, contacto e intercambio entre todos.
Al manipulador conviene el oscurantismo, el cerco mental que impide el cotejo, el juicio crítico, la opinión informada, etc.
Para lograr el monopolio, el manipulador a menudo se erige de manera inconsulta en mediador, portavoz, representante, y similares funciones con respecto a otros.
Es ávido por tomar toda función pública o conjunta que le de poder, buscando concentrar varias funciones en su persona.
De esta manera se reviste de atributos que le dan más autoridad y figuración.
Se arroga un poder y un derecho que retóricamente está al servicio de todos, pero que de hecho maneja según su parecer y no comparte.
Por lo tanto, el manipulador también nos trata de desinformar.
No sólo lo hace cuando la información que nos provee es insuficiente o cuando la omite, sino también cuando la información que nos provee es una mezcla confusa de datos fehacientes y datos falsos.
De esta manera nuestro juicio acerca de lo que está en juego se hace muy difícil o imposible.
Algo similar ocurre cuando nos provee información que, aunque fidedigna, es irrelevante o secundaria.
De esta manera intenta que nuestra atención se enfoque en la información equivocada, desviando así nuestro juicio hacia conclusiones erróneas.
De modo que el manipulador siempre está atento a manejar la circulación de información.
Es un censor que abrirá o cerrará las válvulas de la información, de manera que los demás se enteren sólo de aquello que conviene al manipulador.
El manipulador también hace uso de las copresencias.
Hace uso de cierta información (en forma de imágenes o palabras) sabiendo que mueve en nosotros asociaciones grabadas en nuestra memoria, asociaciones que mueven pensamientos, recuerdos, emociones, etc. que convienen a su discurso manipulador.
En su boca, y por ejemplo, las palabras “dios”, “patria”, “familia”, etc. apuntan a asociar falsamente los mejores sentimientos de los otros a los propios designios.
Pero no sólo hace uso de información, sino también de gestos, poses, actitudes, tonos de voz, miradas, etc. que dotan a su discurso de connotaciones, de copresencias, que nuestra atención capta como un doble mensaje de manera presente o copresente.
Así, el manipulador siempre podrá negar que haya dicho algo: por cierto, lo dio a entender, pero no lo dijo.
Otra marca distintiva del manipulador es que nada en él es un “dar” desinteresado, sino un cálculo de “recibir”, aunque mencione en vano términos tales como “amor”, “solidaridad”, “generosidad”, etc.
El manipulador hace uso de la extorsión.
Para obligarnos a actuar en algún sentido, ejerce presión sobre nosotros mediante algún tipo de amenaza encubierta o no.
En su discurso recurre al clásico juego de la recompensa y el castigo para obligarnos en el sentido que le conviene.
El manipulador, cuando es necesario, se apoya en otros para darle peso a su opinión.
A veces le basta dar a entender que alguien por quien tenemos gran respeto y estima está de acuerdo con su discurso y lo avala.
Otras veces nos da a entender que su posición es compartida por otros, por lo que la nuestra es minoritaria, y esto haría que supuestamente su razón fuera más válida que la nuestra.
Esta es una muestra del uso que hace de una lógica falseada para manipularnos.
Por ejemplo, nos sugiere arteramente que dadas las premisas A y B (que son datos verdaderos) de su silogismo, la consecuencia “lógica” es D (que es falso).
O sea, no son falsas las premisas de su discurso, sino las conclusiones que deriva de ellas y que nos presenta como “razonamientos indudables”.
Así, dispone su razonamiento falaz de manera engañosa y fraudulenta, aprovechando nuestra distracción, ignorancia o confusión.
En ese ejercicio de una lógica falseada, recurrirá a desproporcionar lo que compara, ofrecerá supuestas “pruebas” amañadas, atribuirá falsamente intenciones a otros, producirá mezclas de planos lógicos y saltos de puntos de vista, hará afirmaciones indemostrables, etc.
Cuando no puede fundamentar su postura o bien contrarrestar la ajena, recurre a trucos como, por ejemplo, degradar la personalidad (no las razones) de quienes sostienen la postura contraria.
Según sea el caso y la conveniencia del momento, apelará a la demagogia y al populismo fáciles, o bien se refugiará en un elitismo exclusivista que marca distancias.
Cuando es necesario debilitar o desarmar las opiniones opuestas a la suya, el manipulador recurre a relativizar el punto de vista ajeno.
Cuando es necesario afirmar la propia opinión, su interpretación y postura toman un carácter categórico y absoluto que descarta toda otra opinión.
El manipulador hace pie en las necesidades, los miedos y demás debilidades de los demás, promoviendo siempre la dependencia sicológica con respecto a él.
Su empatía con los demás no está basada en advertir y favorecer lo mejor del otro, sino en una actitud predatoria que advierte en los demás los puntos débiles sobre los que ejercer presión.
El manipulador cuida su imagen pública de modo que ésta siempre esté asociada a atributos que le permitan manipular más y mejor.
Según el caso, tratará siempre de quedar asociado a personajes y eventos importantes, haciendo así que su imagen crezca por los atributos transferidos gracias a su proximidad con ellos.
Busca los lugares prominentes, los micrófonos, los reflectores, las fotografías y las tomas de video en primer plano:
en definitiva, la figuración y el protagonismo.
En todo lo que hace y dice el “yo” está muy presente y próspero.
El manipulador nos da siempre a entender que necesitamos de su opinión y aprobación.
Los éxitos se deben a su intervención y los fracasos a la falta de ella.
Todo lo que no pasa por su control es desestimado como irrelevante o negativo.
Siempre habla con el aire de “autoridad moral”, la de aquel que aprueba o desaprueba lo que otros hacen, autorizando o desautorizando, con crítica velada o desembozada.
Su tono es a veces condescendiente y paternalista, como afirmación de su superioridad y como modo de emplazar a los demás por debajo de él.
Con esto trata de crearse un aura de “orientador” o “autoridad”, aunque tal pretensión no se corresponda con su capacidad demostrada.
El manipulador siempre hace cálculos políticos en términos similares a los de “aliados”, “adversarios” e “idiotas útiles”.
Siempre se rodea de algunos obsecuentes, entre quienes se destacan los aspirantes a manipuladores o de segundo orden.
La relación con ellos es frágil e inestable, ya que el aglutinante que los une es la conveniencia que varía según las circunstancias.
Entre ellos, la palabra “amistad” tiene sólo un sentido utilitario.
Obviamente, no todos los manipuladores reúnen en si mismos todas las características antes descritas.
Si bien hay buenos manipuladores, también los hay torpes y ridículos.
Los hay que apuntan a manipulaciones mayores y los que sólo manipulan cuestiones menores.
Está el manipulador permanente, pero la mayoría son manipuladores inconstantes u ocasionales.
Aunque destaquemos al manipulador desembozado, también está aquel que actúa en las sombras y entre bambalinas.
El manipulador prospera en momentos de desinteligencia conjunta, de incertidumbre y confusión de referencias, de merma de la inteligencia, de debilidad, etc.
Por el contrario, el manipulador detesta la descentralización del poder, el libre acceso de todos a las fuentes de información, la capacidad auto-organizativa de los conjuntos, las referencias claras y precisas, etc.
El gran error del manipulador es su cortedad de visión, su falta de verdadera inteligencia que confunde con astucia.
Su desprecio por la subjetividad de los demás es su propia trampa. La conciencia del ser humano no es pasiva, sino que es una estructura evolutiva intencional que tiende cada vez a una mayor libertad.
Todo retraso de tal proceso de liberación creciente es sólo provisorio.
De manera que la manipulación y todo aquello que vaya en dirección contraria no puede sino tener vida corta y un éxito provisorio. Quien va contra la evolución de las cosas, va contra sí mismo.
Así el manipulador se convierte, por su propia intención, en la primera y la última víctima de su manipulación.
Fernando A. García. Buenos Aires, 10 de agosto de 2010.
___________________________________________________________________________________
Extraido de: http://fernandoagarciamentesinquietas.blogspot.com/2010/08/los-caracteres-inmorales-el-manipulador.html#comment-form
___________________________________________________________________________________
.
sábado, 14 de agosto de 2010
¿Cuántos años tengo? - José Saramago
¿Que cuántos años tengo? ¡Qué importa eso! ¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo: Gritar sin miedo lo que pienso...Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido... Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo! ¡No quiero pensar en ello! Pues unos dicen que ya soy viejo, y otras "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás! ¡Estás muy viejo, ya no podrás!
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,se empiezan a acariciar con los dedos,las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,a veces es una loca llamarada,ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada..y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito marcarlos con un número,pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cuarenta, cincuenta o más! Pues lo que importa: ¡Es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuántos años tengo? ¡Eso a quién le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento!.
Qué importa cuántos años, ¿cuántos tengo, o cuántos espero...? Si con los años que tengo...
¡Aprendí a querer lo necesario y a tomar sólo lo bueno!
Poema, ¿Que cuántos años tengo? atribuido
a José Saramago.
.
¿Cual es el legado de la crisis de los pedófilos en la Iglesia?. Leonardo Boff
¿Cual es el legado de la crisis de los pedófilos en la Iglesia?. Leonardo Boff
En el siglo XVI, en pleno auge de poder de los Papas renacentistas en Roma, envueltos en escándalos de todo tipo, surgió un clamor en toda la Iglesia por su «reforma en la cabeza y en los miembros».
Este clamor venía del laicado, del bajo clero y de teólogos como Lutero, Zwinglio y otros.
La respuesta fue la Contrarreforma, que transformó a la Iglesia católica en un baluarte contra el movimiento de los Reformadores, endureciendo todavía más sus estructuras de poder.
Ahora, el escándalo de los sacerdotes pedófilos en varios países católicos ha hecho surgir un vigoroso clamor por reformas estructurales en la Iglesia.
Este clamor no viene solamente de abajo, como en el tiempo de la Reforma, sino principalmente de arriba, de cardenales y obispos.
En primer lugar, este pecado y este crimen fue abordado con una desastrosa gestión por el Vaticano.
Inicialmente se intentó descalificar los hechos como «chismes mediáticos»,
luego se procuró ocultarlos, usando hasta el «sigilo pontificio» con el pretexto de salvaguardar la presumida santidad intrínseca de la Iglesia,
después se minimizaron los hechos, o se recurrió al montaje de un complot de oscuras fuerzas laicistas contra la Iglesia y,
finalmente, ante la imposibilidad de cualquier vía de disculpa y de fuga, salió a la superficie la desasosegante verdad.
El Papa tomó severas medidas contra los pedófilos, consideradas insuficientes por mucha gente en la misma Iglesia, porque no basta la «tolerancia cero» y las puniciones canónicas y civiles.
Todo eso viene a posteriori, después de cometido el delito.
Nada se dice de cómo evitar que tales escándalos se repitan y qué reformas introducir en la vivencia del celibato y en la educación de los candidatos al sacerdocio.
No se pone como prioritaria la protección de las víctimas inocentes, muchas las cuales revelan un tenebroso vacío espiritual, fruto de la traición que sintieron por parte de la Iglesia, en una mezcla de culpa y de vergüenza.
Después, las altas autoridades se hicieron mutuamente graves acusaciones.
El Card. Cristoph Schönborn de Viena acusó al Cardenal Angelo Sodano de haber ocultado, cuando era Secretario de Estado (el primer puesto después del Papa), la pedofilia de su antecesor en la sede, el Card. Hans-Herrman Groër.
Obispos alemanes criticaron a su conferencia episcopal no haber sido suficientemente vigilante frente a los notorios abusos sexuales del obispo de Ausgburg Walter Mixa, obligado a renunciar.
Igualmente con referencia al obispo de Brujas en Bélgica, que abusó durante 8 años de un sobrino suyo.
Es impresionante la autocrítica hecha por el arzobispo de Camberra, Mark Coleridge, reconociendo que la moral de la Iglesia concerniente al cuerpo y a la sexualidad es rígida y de estilo jansenista,
creando en los seminaristas una «inmadurez institucionalizada», con tendencia a la discreción y al secreto ante los delitos, para mantener el buen nombre de la Iglesia, fruto de un triunfalismo hipócrita.
El primado de Irlanda, Diarmuid Martin, se preguntó sinceramente por el futuro de la Iglesia en su país, tal ha sido el número de pedófilos en las instituciones durante muchos y largos años.
Reconoce que las reformas son urgentes, pues la Iglesia «no puede quedar aprisionada en su pasado» y debe introducir cambios fundamentales en su estructura que impidan tales desvíos.
Tal vez el documento más lúcido y valiente vino del obispo auxiliar de Camberra, Pat Power, que reclama «una necesaria reforma sistémica y total de las estructuras de la Iglesia».
Afirma que «en la conducción de la Iglesia, toda masculina, no reside toda la sabiduría, y que ella debe escuchar la voz de los fieles».
Reconoce valientemente que «si las mujeres hubieran tenido más poder de decisión, no habríamos llegado a la crisis actual».
Podríamos presentar otras voces de altas autoridades eclesiásticas, pero lo importante es constatar que este escándalo que ha afectado al capital de ética y de confianza de la Iglesia-institución,
paradójicamente ha dejado un legado positivo:
suscitar la cuestión de las reformas de base, aprobadas por el Concilio Vaticano II.
Estas, sin embargo, fueron boicoteadas por la Curia vaticana y por los dos últimos Papas que se alinearon con una visión conservadora y contraria a toda modernidad.
Quienes amamos a la Iglesia con sus luces y sus sombras,
queremos entender la actual crisis como una oportunidad suscitada por el Espíritu para que la Iglesia-institución encuentre realmente la mejor forma de transmitir la buena-nueva de Jesús
y ayude a la humanidad a afrontar una crisis todavía mayor, la del sistema-vida y del sistema-Tierra, terriblemente amenazados.
Extraido del blog de Leonardo Boff: http://leonardoboff.com/
.