jueves, 22 de agosto de 2013

Se da a conocer carta en la que Orwell explica por qué escribió 1984; aquí la traducción


Como parte del libro "George Orwell: A Life in Letters", se da a conocer una carta fechada tres años antes de que Orwell escribiera su célebre novela "1984″; en el documento explica sus ideas sobre el avance del totalitarismo, mismas que terminarían volcadas en su relato.

1984 es probablemente una de las novelas de inclinación política más conocidas, un poco por su adherencia al género distópico (atractivo en sí mismo), pero quizá sobre todo porque por mucho tiempo se ha recibido como una suerte de relato profético sobre un futuro al que las sociedades humanas se encaminan inevitablemente. 

Si bien este se encuentra ligado indeleblemente a las condiciones de su época (en especial la amenaza de la dominación totalitaria como efecto de la Segunda guerra mundial), entre sus párrafos se encuentran elementos que Orwell vislumbró como consecuencias sutiles de dicha situación, por ejemplo, la conformación de bloques supranacionales y el estado cotidiano de hipervigilancia a los ciudadanos, acaso lo más acertado en su ominoso pronóstico.

Recientemente, como parte del libro George Orwell: A Life in Letters, editado por Peter Davison, se dio a conocer una carta fechada en 1944 en la que el escritor expone una suerte de diagnóstico de su época que, a la postre, se traduciría en su célebre novela. 

En el documento se encuentran ya algunas de las ideas más importantes que aproximadamente tres años después Orwell volcaría en 1984.

A continuación compartimos la traducción de la carta, además de un par de notas del editor.

Para Noel Willmett
18 de mayo de 1944
10a Mortimer Crescent NW 6

Estimado Sr. Willmett:

Muchas gracias por su carta. Usted pregunta si el totalitarismo, el culto al líder, etc., están realmente en auge en tanto aparentemente esto mismo no sucede en este país y en Estados Unidos.
Debo decir que creo, o temo, que tomando al mundo como un todo, estas cosas van en incremento. Hitler, sin duda, pronto desaparecerá, pero solo a expensas de fortalecer a (1) Stalin, (2), los multimillonarios anglo-americanos y (3) toda suerte de pequeños führers del tipo de de Gaulle. Todos los movimientos nacionales, en todos lados, incluso aquellos nacidos como resistencia a la dominación alemana, 

parecen adoptar formas no democráticas para agruparse a sí mismos en torno a un führer sobrehumano (Hitler, Stalin, Salazar, Franco, Gandhi, De Valera, son todos ejemplos varios) y siguen la teoría de que el fin justifica los medios. 

En todas partes del mundo los movimientos parecen ir en la dirección de las economías centralizadas que pueden "funcionar" en un sentido económico 

pero no están organizadas democráticamente, mismas que tienden a establecer un sistema de castas. 

Con esto vienen los horrores del nacionalismo emocional y una tendencia a descreer de la existencia de la verdad objetiva, 

dado que todos los hechos tienen que encajar con las palabras y las profecías de algún führer infalible. 

En cierto sentido la historia ya dejó de existir: por ejemplo, ya no hay tal cosa como una historia de nuestro tiempo que pueda ser universalmente aceptada, 

y las ciencias exactas se encuentran amenazadas en tanto la necesidad militar deja de mantener a la gente a raya. 

Hitler puede decir que los judíos comenzaron la guerra y, si sobrevive, eso se convertirá en la historia oficial. 

No puede decir que dos y dos son cinco porque, en la práctica, digamos, en balística, dos y dos tienen que ser cuatro. 

Pero si sobreviene el tipo de mundo que temo, un mundo donde dos o tres súper-estados sean incapaces de conquistarse el uno al otro, dos y dos podrían ser cinco si el führer así lo desea [1]. 

Esa, tanto como entiendo, es la dirección en la cual nos estamos moviendo actualmente, aunque, claro, el proceso es reversible.

En cuanto a la inmunidad comparativa de Gran Bretaña y los Estados Unidos, pese a lo que los pacifistas, etc., quizá digan, aún no nos hemos vuelto totalitarios, y esto es un síntoma sumamente esperanzador. Creo muy profundamente, como expliqué en mi libro El león y el unicornio, en el pueblo inglés y su capacidad pata centralizar su economía sin destruir la libertad en el proceso. 

Pero debemos recordar que Gran Bretaña y Estados Unidos no lo han intentado realmente, no han conocido la derrota o el sufrimiento severo, y hay algunos malos síntomas al momento de hacer el balance de los buenos. 

Para empezar, hay una indiferencia general al declive de la democracia. 

¿Se ha dado cuenta, por ejemplo, que nadie en Inglaterra de menos de 26 años ha votado y que según se puede entender la gran masa de población de esa edad no les importa esto? 

En segundo lugar está el hecho de que los intelectuales son más totalitarios al juzgar a la gente común. 

En términos generales la intelligentsia inglesa se ha opuesto a Hitler, pero solo a cambio de aceptar a Stalin. 

Muchos de ellos están perfectamente listos para los métodos dictatoriales, la policía secreta, la falsificación sistemática de la historia [2], etc., en tanto sientan que todo eso está de "nuestro" lado. 

De hecho, la afirmación de que en Inglaterra no tenemos un movimiento fascista significa que los jóvenes, en este momento, buscan su führer donde sea. 

No podemos estar seguros de que eso no cambiará, tampoco de que el común de la población no piense de aquí a diez años como ahora piensan los intelectuales. 

Espero [3] que no, incluso confío en que no, pero si pasa, será a costa de una lucha. 

Si simplemente se proclama que todo eso es por el bien y no reconoce los síntomas siniestros, solo se ayuda a acercar el totalitarismo.

Usted también pregunta: si pienso que el mundo tiende hacia el fascismo, ¿por qué no apoyo la guerra? 

Es una elección entre demonios —me imagino que todas las guerras lo son. S

é lo suficiente sobre el imperialismo británico como para que no me agrade, pero lo apoyaría frente al nazismo o al imperialismo japonés como el menos malévolo. 

Del mismo modo, apoyaría a la URSS frente a Alemania porque pienso que la URSS no puede escapar completamente de su pasado y conserva suficiente de las ideas originales de la Revolución para hacer de ello un fenómeno mucho más esperanzador que la Alemania nazi. 

Pienso y he pensado desde que la guerra comenzó, ahí por 1936, que nuestra causa es la mejor, 

pero tenemos que empeñarnos en hacerla la mejor, lo cual implica crítica constante.

Suyo sinceramente,

Geo. Orwell.
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[XVI, 2471, pp. 190—2; mecanografiada]
[1] Antecedente de 1984.

[2] y [3] Cf. 1984, p. 72, "Si hay esperanza, escribió Winston, esta se encuentra entre los proles".
[Traducción de Juan Pablo Carrillo]

Fuente: Pijamasurf

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El Sentido de la Ontología de Parménides - Alberto García Salgado.



Postular que el Ser No Es es asunto de los hombres bicéfalos ya que parece que tienen dos cabezas para concebir que una misma cosa puede Ser y No Ser al mismo tiempo. 

Con ello crean un camino retorcido ya que tratan de domar al Ser a que No Sea, es decir, tratan de sacar al Ser de la Nada, y postulan la creación del Ser ex nihilo

Pero su bicefalidad se debe a una condición aún más fundamental: 

son ciegos, no alcanzan a ver la Presencia misma, el ser de lo existente, la Verdad de la develación; ellos, por el contrario velan a la Presencia ya que su discurso no es el discurso arreglado con respecto a la Verdad, sino con respecto a sus opiniones.

Por otro lado, el camino de la Verdad es el camino del Ser, el camino que postula que el Ser Es, que el Ser no puede No Ser, que el No Ser No Es. 

Ello quiere decir que al Ser pertenece no sólo la esencia, sino que también la existencia: 

no hay Ser que no siendo exista y no hay Ser que no existiendo sea. 

Este camino es el único que queda como el verdadero, como el único mito verdadero, la única revelación sacada de la Justicia.

El camino de la Verdad exige un principio irreductible:  

menester es al Decir, y al Pensar, y al Ente ser; 

porque del Ente es ser, y no ser del no-Ente; 

es decir, hay una identidad entre el Decir, el Pensar y el Ser, por lo que la Verdad sería la confluencia del Decir, el Pensar y el Ser. 

Sólo podemos Pensar y Decir lo que Es. 

La presencia es el contenido de nuestro Decir y nuestro Pensar; nuestro Decir y nuestro Pensar enuncian la esencia de lo existente en su Presencia. 

Por ello es que la identidad de la Verdad sería, en todo caso, la identidad del Logos, del Decir y del Pensar, con el Ser. 

Y si Logos es Decir y Pensar la identidad sería más bien entre Verdad-Logos-Ser.

No podemos ni Decir ni Pensar lo que No Es, 

por ello los bicéfalos no alcanzan a ver la identidad entre la Verdad, el Logos y el Ser, 

por lo que tratan absurdamente de Pensar lo que No Es no alcanzando a ver que lo que No Es no se puede ni Decir ni Pensar. 

Por el contrario, sólo lo que Es se puede Decir y se puede Pensar, 

pero, a la inversa, es necesario que Sea lo que se pueda Decir y Pensar con Verdad. 

Por ello es que es una misma cosa el Pensar con el Ser.

Por ello es que lo mismo es el pensar y aquello por lo que "es" el pensamiento

Ello puede querer decir dos cosas: 

1) que es lo mismo concebir, Pensar y Decir, que concebir que algo Es, y 

2) que lo mismo es Pensar y el contenido del pensamiento, su objetivo y su causa, el Ser. 

En todo caso Pensar es pensar siempre un Ente, y más aún, el objetivo del Pensar es pensar el Ser. 

Hay, pues identidad entre el Pensar y la razón de ser del pensamiento, entre Pensar y Ser, entre Pensar y pensar el Ser. 

De alguna u otra forma el Pensar aunque sea un ente estamos pensando ya un algo del Ser; 

esto porque el Pensar piensa en los Mismo, en la mismidad, a la mismidad y a partir de la mismidad. 

En suma, el Pensar expresa al Ser en el pensamiento, el Ser se da al pensamiento como el Ser que es un Ser irreductible y presente siempre en la Presencia.

III. De la identidad del Ser.

Desde el pensamiento el Ser ya puede concebirse como una identidad: la identidad entre la dirección del pensamiento y lo pensado, entre el pensamiento y aquello hacia lo que se dirige. 

Sin embargo, la identidad del Ser en el pensamiento es ya reflejo de la identidad del Ser consigo mismo en la existencia en total. 

En efecto, al desechar la posibilidad de una creación ex nihilo el Ser se erige como suficiente en sí mismo, como ingrediente de su propia identidad.

El Ser, pues, al no poder crearse desde el No Ser es ingénito e imperecedero

el ser no puede engendrarse o acrecerse del No Ser, 

puesto que no es posible una forma de Ser que No Sea, no es posible concebir que el Ser venga a Ser, que del No Ser se acreciente Ser. 

Y no solo el Ser no puede engendrarse del No Ser, sino que ni siquiera puede engendrarse porque ¿por qué principio se engendrase en un tiempo y no en otro? 

Por ello es que no tiene el Ente naturaleza ni principio, el Ser no tiene origen ya que él es lo originario. 

En el Ser no puede hablarse de un "antes" ya que todo es en el Ser, incluso el tiempo; el "antes" no pertenece al Ser, sino más bien a los entes.

El Ser no sólo no se engendra del No Ser, sino que ni siquiera engendra él mismo No Ser, antes bien, del Ser sólo se engendran entes y el Ser sólo engendra entes. 

Es cosa de la Justicia que del Ser no se engendre No Ser, ya que es el órden cósmico el que funge como apretador de lo vínculos del Ser con el Ser, 

éstos vínculos nunca Necesidad los afloja como para que fuese posible que por algún lugar se engendrase del Ser un No Ser. 

Es cuestión de guardar la Necesidad de todas las cosas. 

Por ello es que es necesario que el Ser sea en sí mismo todo Ser o no será ya Ser ya que es todo en todo Ser.

Excluida del Ser toda génesis, no puede tampoco llegar a Ser porque si llegara a Ser aceptaría de algún modo que No Es ya, puesto que sólo lo que No Es llega a Ser. 

Pero tampoco el Ser estar a punto de Ser, dado que sólo lo que No Es puede estar a punto de Ser. 

Así, el Ser es siempre todo lleno, ni requiere llegar a Ser ni estar a punto de Ser ya que está siempre completo en sí mismo. 

Al Ser no puede faltarle Ser ya que no puede perder Ser, aunque tampoco le sobra, es el equilibrio circular. 

La falta y la pérdida del Ser no es propio del Ser mismo. Por todo ello es que es el Ser ingénito e imperecedero.

Así, el Ser es la completud perfecta, la llenazón absoluta.

No es más Ser en algún punto y menos Ser en algún otro, no ya más Ser en algún lado y menos en otro, 

así es que el Ser es todo él homogéneo, se presenta siempre el mismo en todos lados. 

Por eso mismo es que es siempre continuo, impaciblemente el mismo, su superficie es la superficie siempre lisa de un círculo sin fisuras ni alteraciones. 

De ahí su indivisibilidad; su homogeneidad continua no le permite aflojar sus vínculos, de tal modo que 

su Necesidad lo comprime de tal modo que resulta inaccesible a toda forma de división interna.

Aún más, por ser atemporal y continuo el Ser es inmoble, no puede moverse ni en el tiempo, porque le llevaría a cambiar, ni en su constitución espacial, 

ya que en ella la Necesidad predeterminó vínculos ajustados sin fisuras entre ellos. 

Sus límites de vínculos potentes resguardan, antes que el cambio, la eternidad y la continuidad absolutas. 

En ello se cifra su identidad, ya que es inmoble precisamente porque es la mismidad del todo, 

la identidad absoluta de todo lo existente, el principio por el que todo lo existente es idéntico en su Ser, el principio por el que todo lo existente Es.

El Ser es de la raza de los "todo y solo". 

Sólo el Ser existe de manera ingénita, imperecedera, continua e inmoble, 

sólo los entes pueden aceptar la génesis, la muerte, la fragmentación y la movilidad, pero el Ser no. 

Y es Todo porque es el principio subyacente a todo. 

Así, el Ser es una unidad ingénita, imperecedera, continua e inmoble, pero lo es del todo, 

es la unidad del todo, una unidad idéntica a sí misma desde cualquier ángulo y sin causa externa.

Con todo, el Ser es idéntico a sí mismo y por esa misma identidad o mismidad es el Ser autosuficiente, 

autosuficiencia por la que puede concebirse aparte de los entes determinados.

La identidad del Ser significa autosuficiencia. Por su identidad el Ser firme en sí se mantiene, idéntico, inmoble, sólido. 

Y es precisamente la Necesidad la que guarda, cuida al Ser, no lo suelta, manteniéndolo así dentro de sus límites. 

La necesidad guarda el orden en la identidad del Ser.  

No es al Ente permitido ser indefinido, puesto que lo indefinido no se somete a ley alguna, a Necesidad alguna, no respeta límite alguno. 

El Ser no es algo indigente que vaga, divaga sin orden, ley ni Necesidad alguna,

sino que por el contrario, el Ser tiene su arraigo como principio de todo lo existente.

Es por Necesidad que el Ser se mantenga en sus límites y, con ello, que por la Necesidad las cosas, los entes, se mantengan en los límites del Ser. 

Y sólo porque la Necesidad pone orden en límites es posible al Ente ser inmoble

sólo porque la Necesidad pone límites —encadena— el Ser es inmoble. 

Y por esa inmovilidad es por la que el Ser es nombre propio, es siempre el mismo, es siempre lo mismo en todo.
Pero límite no significa imperfección, sino, por el contrario, el límite del Ser, según lo marca la Necesidad, es perfecto; 

se trata de una perfección homogénea, pero de una homogeneidad no lineal, sino circular. 

Por ello el Ser es semejante a una esfera bellamente circular, una esfera de equilibrio perfecto que gobierna con su Necesidad desde el centro. 

El Ser como esfera es un confín y centro, por ello está en todo y en todo es lo mismo, es lo igual

Así, el Ser es asilo, todo él está en todo, está por doquier y todo está guardado, refugiado y asegurado en el Ser, en la identidad del Ser.

Conclusión.

El mayor equívoco de los intérpretes de Parménides es situarlo entre los pensadores metafísicos por excelencia considerándolo incluso como el fundador de la metafísica. 

Esto se debe principalmente a que no se ha podido lograr una adecuación apropiada de la inmovilidad del Ser en Parménides. 

Comúnmente se piensa que por la inmovilidad del Ser Parménides está pensando que la realidad en su conjunto es inmóvil; 

esta es, por otra parte, la razón de que se le contraponga a Heráclito.

Sin embargo, esto no es ni en lo más mínimo cierto. 

Hay que cuidarse de ver en las categorías del ser determinaciones de lo real, ésta es la primer enseñanza que nos transmite Parménides, la cuál es desgraciadamente la que más se ha omitido. 

Parménides no habla en ningún momento de que las determinaciones de las cosas sean inmóviles, 

sino sólo de que su Ser, su principio por las cuáles son, es siempre el mismo. Esto es lo que se ha querido demostrar acá.

Si Parménides habla del Ser se está refiriendo al Ser de las cosas: 

el Ser está todo lleno de ente, de tal forma que cuando Parménides habla de Ser no se está refiriendo a una entidad absolutamente extraña a los entes, como si fuera un trascendens

sino, por el contrario, se está refiriendo al principio común a todos los entes, el cuál no se confunde con ellos. 

Como dice García Bacca: el Ser de Parménides se refiere a "lo que de ente tenga cada cosa"4.

La realidad para Parménides no es inmóvil, sino sólo lo es el principio de esa realidad; 

el Ser, lo que de Ser tienen los entes, eso es lo único inmóvil, imperecedero, inmutable, continuo… 

El Ser es diferente de los entes, y como tal, como diferente, se tiene que concebir. 

A ello se refiere la mencionada relación Verdad-Logos-Ser: 

a los entes no se los puede pensar como tales entes, sino que necesariamente se los tiene que pensar bajo el punto de vista de su Ser. 

Sólo se puede Pensar y Decir de los entes su Verdad y su Ser, 

pero esa Verdad y ese Ser por las que se conciben a los entes no son ya los entes mismos, sino algo que concierne a todo ente en general.

Por ello es que Gadamer señala que Heidegger veía en Parménides una clara herencia de la Diferencia Ontológica: 

"… en este tema Heidegger tenía razón: la diferencia ontológica existe, se da y no es hecha. En efecto, en el poema se oscila entre el ente en su totalidad y el ser. 

La diferencia ontológica opera ya aquí, en cierto sentido. 

Esta es una de las razones del profundo respeto que Heidegger, como ya en otro tiempo Platón sentía hacia Parménides"5.

Otro señalamiento importante para poder acceder al leal sentido de la filosofía de Parménides es la consideración de que su concepto del Ser es el concepto del Ser como Žl®yeia, como develamiento del Ser de las cosas. 

En efecto, la concepción de la Verdad como Luz, significa que Parménides está considerando al Ser como algo que no se oculta, sino que aparece por sí mismo, que por su propia Luz, por su propio reflejo, aparece a los entes.  

+Al®yeia significa Presencia al descubierto, abierta sin ocultamiento, plenamente abierta; 

por ello la remisión en el Proemio al vidente, al que puede ver sin velos a la Presencia, y por ello la remisión a ceguéz de los bicéfalos

Éste es para Heidegger un señalamiento crucial ya que "todos los pensadores griegos experienciaron y concibieron al ser del ente como irrupción de la presencia de lo presente"6.

Por nuestra parte se ha querido reformular el pensamiento de Parménides teniendo en cuenta que se trata de un filósofo de la Žl®yeia y que 

su concepción del Ser no es la de un Ente trascendente a los entes particulares, aunque tampoco se confunde con ellos, 

sino de la Presencia en la cuál los entes son o en la cuál el Ser es el Ser de los entes.

Pero había que añadir aún algo más; el pensamiento de Parménides no es en nada metafísico, sino, por el contrario, ontológico. 

Ello no sólo por la concepción del Ser como Žl®yeia, sino porque, teniendo en cuenta que todos están en la Verdad del Ser aunque los bicéfalos no logren verla y, además, considerando que Parménides comienza su poema por la intensión del vidente de conocer la Verdad —cosa que ya demostramos: 

el Proemio comienza por la videncia del vidente de que las concepciones de los hombres son sólo opiniones—, 

el problema de la filosofía para Parménides comienza por la pregunta del vidente sobre la Verdad.

Ello nos hace pensar inmediatamente en la concepción heideggeriana de la ontología como "el preguntar en forma explícitamente teorética por el sentido de los entes"7. 

Es sobre la pregunta del Dasein sobre la que se construye la ontología. 

Pues bien, Parménides comienza con la inquietud del vidente sobre la Verdad y a partir de ahí construye su filosofía, por ello es que su planteamiento es tanto por el contenido como por la forma esencialmente ontológico. 

Con ello resulta absolutamente claro que un regreso a los orígenes del pensar, a los pensadores originarios, es una tarea esencial de toda ontología.


*Ponencia presentada en el Encuentro Regional de Estudiantes de Filosofía "El Problema del Fundamento", celebrado en la ciudad de Santiago de Querétaro, Qro., en abril de 1998.

**Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

1 Cfr. Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo, especialmente el parágrafo 6. F.C.E. México, 1988, pág. 31
2 Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo, F.C.E. México, 1988, pág. 31
3 Heidegger, Martin. Conceptos Fundamentales, Alianza. Madrid, 1989, pág. 142
4 García Bacca, David. Los Presocráticos. F.C.E. México, 1984, pág. 151
5 Gadamer, Hans-Georg. El Inicio de la Filosofía Occidental. Paidós. Barcelona, 1995, pág. 133
6 Heidegger, Martin. Conceptos Fundamentales. Alianza. Madrid, 1989, pág. 156
7 Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo. F.C.E. México, 1988, pág. 22

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Encender la luz - Matthew Grace


Imagine estar en una habitación oscura y atestada de gente. 

Por cada paso que usted da, choca su pantorrilla contra una mesa, golpea su cabeza contra una lámpara, raspa su cadera con la esquina de un escritorio y, repetidamente se tropieza con muebles. 

Todos alrededor suyo están también tropezándose e hiriéndose. 

Usted hace esfuerzos para no lastimarse, pero, a pesar de sus buenas intenciones sigue cayéndose. 

Hay alguien que está dando pastillas que calman los dolores de los golpes; y las pastillas son muy populares en la tierra de la oscuridad, ya que todos sufren cortes y moretones.

Se hace una acción común para recolectar dinero con la esperanza de lograr como construir muebles que no sean tan peligrosos, y diseñar ropa que proteja a todos de las heridas. 

También se acuerda en ponerle nombre a las heridas sufridas por caídas particulares y colisiones, incluidas SGC (Síndrome de Golpe de Cadera), TT (Tobillo Torcido) y MMC (Mal de Moretón de Cabeza). Los acrónimos son usados repetidamente por los doctores y el público en general hasta que forman parte del léxico cotidiano. 

e forman comités, se recauda dinero, celebridades (con buenas intenciones) hablan para elevar la conciencia hasta que las investigaciones comiencen a encontrar las curas de estos males.


Algunos expertos sugieren que caminar más rápido ayudaría, pero más gente resulta lastimada. 

Un experto de una Universidad de renombre sugiere que debe haber un tipo de microbio, o un germen o un virus, que causa que la gente se tropiece con los muebles. 

Otro experto sugiere que caminar hacia atrás ayudaría, también otro experto sugiere que debe haber una predisposición genética y un lobby comienza a hacer presión para conseguir fondos para investigación genética. 

Los años pasan, y a pesar de miles de millones de dólares canalizados en investigación y las sugerencias de los altamente educados hombres y mujeres, la gente en la oscuridad continúa tropezando y cayendo cada vez más. Falta de fondos o falta de tratamiento apropiado y "curas" no es el problema.


Siempre y cuando usted se encuentre en la oscuridad, realmente no tiene importancia lo que decida, cuanta intención ponga en no tropezarse con los muebles, cuantas investigaciones son hechas, o lo que los expertos digan.  

La única solución real es encender la luz.

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Las doce puertas para ser un “guerrero pacifico”, por Dan Millman

hermandadblanca.org Dan Millman El guerrero pacifico Las doce puertas para ser un guerrero pacifico, por Dan Millman crecimiento personal video verdad sol servicio salud libro Educación dios Crecimiento Personal Ciencia cambio description multimedia 
Dan Millman es un ex atleta profesional, profesor universitario y autor de bestselllers. 

Ha escrito ocho libros de entre los que destacan “El Camino de guerrero pacífico” y “La vida que han nacido para vivir” y “Las 12 puertas”. 

Su obra ha inspirado a millones de personas en más de veinte idiomas. Dan en sus libros nos ofrece pequeñas recetas muy aplicables al día a día y a la vida cotidiana. 

Había leído muchos libros de Oriente y de Occidente, de diferentes tradiciones espirituales y religiosas y siempre encontró la misma verdad reflejada en todos pero encubierta por trampas lingüísticas y culturales, hasta que se decidió por escribir eso mismo pero con un lenguaje accesible y actual.

Escribió sus libros con la intención de ayudar a cristianos o judíos o sufíes hindúes o budistas o estar mejor a cualquiera sea cual sea su forma de vida. Él nos habla de lo que hacemos independientemente de nuestras creencias o convicciones religiosas.

En su libro “las 12 puertas” nos propone una nueva definición de lo que llamamos el éxito o el equilibrio. A través de 12 puertas o estadios podemos recuperar nuestra autonomía y autocontrol para conseguir la iluminación y la felicidad.

Estas son las 12 puertas:

1 – Descubrir nuestro valor: No importa lo inteligente, atractivos y brillantes que podamos ser. Si dudamos de nuestra valía, entonces nuestros propios pensamientos sabotean todos los esfuerzos y pueden acabar por socavar las relaciones y nuestra vida. Es necesario abrirse a la vida abundante con el convencimiento de que nos merecemos aquello que deseamos o tenemos. En la medida en que nos creemos que lo merecemos, descubriremos nuestro valor.

2 – Recuperar nuestra voluntad: Incluso los mejores planes siguen sin hacerse si no existe un motor o una voluntad decidida a hacerlos. El amor propio y la autoestima surgen como consecuencia de hacer lo que hay que hacer cuando toca hacerlo.

3 – Energizar el cuerpo: Si nos falta la vitalidad no tenemos nada, si tenemos salud, todo es posible. Lo único de lo que podemos estar seguros es que tenemos un cuerpo para vivir. Cuidar este cuerpo es l manera más fácil de estar bien con nosotros mismos y con el entorno.

4 – Administrar nuestro dinero: Al aclarar nuestros objetivos y el uso de nuestros dones, podemos hacer circular correctamente el dinero. Amar aquello que hacemos y disfrutar trabajando al servicio de los demás, nos ayudan a conectarnos con la más alta vocación de nuestra alma. El dinero es energía y por tanto es neutro, no es ni bueno ni malo. El uso de nuestra energía nos revelará el correcto uso del dinero.

5 – Controlar nuestra Mente: “El mundo es un reflejo de tu mente.” En una mente limpia no hay lugar para fantasmas. Cada uno de nosotros vemos el mundo a través de infinidad de filtros: las creencias, la educación, la opinión, la interpretación, los miedos…. Sólo con una mente libre de condicionamientos podremos objetivamente captar la realidad.

6 – Confiar en nuestra intuición: La intuición es la llave que nos abre la puerta a las dimensiones superiores o espirituales del Ser. La intuición nos permite reconectarnos con nosotros mismos y responder al mundo con otra claridad.

7 – Aceptar nuestras emociones: Aceptar completamente nuestras emociones, sin apegarnos a ellas. No somos nuestras emociones ni nuestros pensamientos. Hay que reconocerlos, hacer las paces con ellos y soltarlos completamente para no identificarse con ellos.

8 – Plantarle cara a nuestros miedos: “el valor no está en la ausencia de miedo, sino en su conquista.” El coraje diario no es un sentimiento sino una acción. Usted puede dirigir su atención hacia lo positivo y tratar de fijar su mente, dirigiéndola, y así al afirmar su poder, sin emociones. Visualizando los resultados positivos conseguirá superar sus miedos.

9 – iluminar nuestra sombra: Debemos ser capaces de bajar a las profundidades de nuestra sombra y ser capaces de iluminarla. Esto liberará una gran cantidad de energía, que de otro modo perdíamos en tonterías y que ahora recuperaremos para ser más eficaces. El conocimiento de sí mismo genera la autenticidad, alegría y compasión.

10 – Abrazar nuestra sexualidad: La negación de las energías de la vida como la energía sexual no es una práctica recomendable. Debemos observarnos, aceptarnos y con prudencia respetar al otro. Hacer el amor puede ser una práctica espiritual y una celebración de la vida.

11 – Despertar nuestro corazón: En esta puerta se nos despierta una nuevo estado en nuestro corazón. Fluye y rebosa amor, amor que perdura, que une y no separa, que no son sólo palabras o sentimientos, que no seduce o controla, que sólo es y por ser ilumina. El amor nos abre las puertas a la iluminación diaria.

12 – Servir al Mundo: El servicio es a la vez un medio y un fin, al dar a los demás, viene a nosotros la abundancia y la paz interior. La última puerta da sentido a la vida.

Pero estas 12 puertas no son sólo buenos consejos, él nos presenta en su libro un plan de trabajo, como si de un entrenamiento de gimnasia se tratara, que paso a paso nos conduce inequívocamente a una vida iluminada y de abundancia.

El error básico es que nos saboteamos a nosotros mismos en nuestras relaciones, en nuestras prácticas espirituales, en los ámbitos financieros, incluso en nuestra salud. Nos saboteamos la vida porque en algún nivel inconsciente no nos sentimos merecedores de todo lo que podemos obtener. Ese es el reto más importante al que podemos aspirar: el crecimiento personal, el crecimiento espiritual o el desarrollo del potencial humano. Los seres humanos estamos llenos de tendencias. Tendemos a ser perezosos, o al exceso de trabajo. Tendemos a dejar que nuestras emociones conduzcan nuestro comportamiento. 

Tendemos a complacer a los demás o tendemos a negarnos a nosotros mismos. Tendemos a ser pasivos o agresivos, obsesivos, o a actuar sin pensar. Tenemos la tendencia a negar o evitar la solución de los problemas hasta que ya no podemos evitarlos. Tendemos a ser egocéntricos, defensivos y resentidos.

Para salir de este atolladero Dan Millman ha creado lo que él llama “la práctica de la iluminación”, un enfoque radicalmente nuevo de la vida espiritual en el cual la energía y la atención no se dirigen hacia tratar de lograr cualquier cambio interno de la conciencia, sino a hacer lo que sea necesario para “actuar como si” ese cambio ya se hubiese producido.

Sabemos lo que debemos hacer pero, ¿por qué no lo hacemos?: “Just do it”. “Hazlo".

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lunes, 19 de agosto de 2013

Manifiesto de un loco I - Cristhian Espinoza


Se me acusa vanamente
de crímenes sensoriales,
de alimentar una vaga
predilección por la sombra
y el delirio, de promover
sin desmayo un manifiesto
escrito en las hojas del otoño
y defender la connotación
subversiva del verso y la palabra.

Ante este tribunal de anónimos

jueces vengo a defender
mi desorden, soy apenas
el interlocutor de la locura
que me habita. Yo sé que a mis
espaldas todos mueven la cabeza
mofándose de cada uno
de los cielos que alumbran,
uno a uno verán que soy un reflejo
de todo lo que soñaron y un día
dejaron para mañana y el olvido.

Nunca supe el valor de las cosas

terrenales, la mayor riqueza
que obtuve en la vida
fue el beso de una orquídea.
Ceñido a mi alma llevo un crepúsculo
y la noche, todo lo demás es parte
de un juego del que me resisto a ser parte.

Me declaro culpable Sr Juez,

de ver espejos donde todos ven
un charco.
 

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Extraído del muro de Cristhian Espinoza en Facebook
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domingo, 18 de agosto de 2013

Amar - Cloty Rubio


Amar es proseguir sintiendo que la vida continúa
 
escuchar o soñar la canción que conmueve a las rocas
 
absorber la caricia
 
y devolver un sí por argumento
 
disponerse en la fe 

con las ropas libradas a los vientos
 
Recoger los fracasos y explicarles que nada se perdió
 
dejar que el arco iris aparezca
 
y que los ríos crezcan
 
para esculpir caminos en la piedras
 
Permitir que la noche nos cuente sus estrellas danzarinas
 
en todos los desiertos
 
y comulgar la tarde en el camino
 
cuando el oro viviente se derrama
 
transformando el paisaje en nuestro templo.


Cloty - 18 de agosto de 2013

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Extraído del muro de  Cloty Rubio en Facebook
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sábado, 17 de agosto de 2013

"Sufí es el que recuerda que vive en el instante" - Halil Bárcena


Quién fue Rumi?

Un poeta que vivió en la Persia del siglo XIII, uno de los grandes referentes sufíes.

¿Qué es un sufí?


Etimológicamente, el que viste de lana. Frente a la seda y el oropel, ¡la tela más sencilla! El sufí busca la simplicidad, dentro del islam.

Dígame algo que escribiese Rumi.


"A nosotros que, sin copa de vino, ¡estamos contentos! A nosotros que, deshonrados o alabados, ¡estamos contentos! A nosotros nos preguntan: '¿En qué acabaréis?' ¡A nosotros que, sin acabar en nada, estamos contentos!".

¿El buen sufí está contento?


Sabe asumir la vida en su esencia, como es.

Enumere tres dogmas sufíes.


Uno: sólo Él es existente. Dos: la diversidad del mundo es aparente, todo es signo de Él. Tres: ¡vive cada instante recordando esto!

¿Y quién es Él?


La vida. Sucede a través de ti, pero no te pertenece: es algo más grande que te traspasa.

¿Qué debe hacer siempre el buen sufí?


Respirar. Y recordar.

Lo de respirar, lógico... ¿Y recordar?


El sufí recuerda que vive en el instante. La palabra dam significa a la vez respirar e instante: tú eres hijo de cada respiración, ¡eres hijo del instante! Recuérdalo siempre.

Soy hijo de cada instante, soy hijo...


¡Y lo había olvidado! Mire: nisian (amnesia) e insan (humano) ¡comparten raíz!

Somos criaturas olvidadizas...


Y olvidamos hasta lo principal: qué somos.

¿Es el sufismo una religión?


No. La trasciende. Es una dimensión del islam que desconfía del rigorismo religioso. Por eso las célebres cuartetas (Rubayat) de Omar Jayam -otro referente sufí- se ceban tanto en los clérigos, en los beatones...

¿Es una religiosidad... relajada, pues?


Acepta la religión no como meta de llegada, sino como rampa de lanzamiento hacia otro estadio. Rumi lo explica con símil culinario.

¿Qué símil?


Dijo: "Estaba crudo, me cocí y me quemé". Crudo: sin religión. Cocido: con religión. Quemado...: ¡el amor! Diríase que el sufismo es una religión de amor. Más allá de estrictos dogmas y estrictas prácticas... ¡amor!

¿Es el sufismo un misticismo islámico?


Es una dimensión mística del islam, sí: importa más el espíritu que la letra.

¿Más el corazón que la razón?


¿Conocimiento o amor? ¡Resulta ser una dicotomía falsa para el sufismo!

¿Sentir y pensar van de la mano?


Se entiende que el amor es hijo del conocimiento. Nada espiritual puede repugnar a la razón, pero la vida no cabe sólo en la mente. El sufí tiene curiosidad por conocer, por saber... y por ahondar en el corazón, esencia de ser humano. De ahí la danza derviche...

Giran y giran sobre sí mismos...


¡De derecha a izquierda! Simboliza un volcarse hacia el interior del corazón. ¡Retorno a casa! El sufismo integra razón y corazón, mente y cuerpo: es senda de humanización.

¿Qué es ser humano, según el sufismo?


Somos más de lo que pensamos pero menos de lo que creemos.

Explíquelo.


Más de lo que piensas: llevas el cosmos contigo. Menos de lo que crees: no eres el centro del cosmos.

¿Desde cuándo hay sufíes?


En el siglo X cristalizan dos sufismos: el de Bagdad, en torno a Yunaid; y el de Jorasán, en torno a Bistami.

¿Qué los distingue?


Al de Yunaid se le llama sobrio (la procesión va por dentro), y al de Bistami se le llama ebrio (exterioriza sus secretos). Rumi combinará ambos: el suyo será un sufismo ebriamente sobrio, o sobriamente ebrio.

¿Es posible tal cosa?


Lo visualiza bien la danza: el derviche logra girar hasta la borrachera... ¡pero no cae al suelo!, controla bien sus giros.

¿Hay éxtasis, trance, arrobo místico?


Algo sucede.., pero es una disposición de ánimo ¡previa! a los giros. Más que inducirlo, la danza celebra el éxtasis: no es una pirotecnia, es un fuego lento ¡que te cuece!

Como decía Rumi, ¿no?


Rumi era un teólogo convencional, de orden, un sabio.., pero a los 40 años conoció a un derviche errante, Shams, que zarandeó su vida: descubrió un furor espiritual sólo expresable mediante música y danza...

¿Qué piensa un salafista actual de esto?


Le parece ajeno al islam, exógeno, pagano, impío, atribuible a influjos del eremitismo cristiano, del hinduismo, del budismo...

¿Hay contactos sufíes-cristianos?


Para el sufí no basta con dar: ¡se trata de darte! Por eso ven a Jesús como un modelo.

¿Y qué piensan los musulmanes?


Ven a los sufíes como vemos a los santos.

¿Tiene peso el sufismo, influye?


Una sociedad como la turca, laica en el islam, ¡es posible gracias a los valores del sufismo!, distantes del rigorismo religioso.

¿Hubo sufíes en Al Ándalus?


¡Sí! El murciano Ibn Arabí (siglo XII) es el otro gran pilar del sufismo, junto a Rumi.

¿Ha dejado el sufismo alguna huella identificable en Occidente?


Hay una tradición humorístico-sapiencial de perfume sufí que vemos aflorar en Cervantes, ¡en su Quijote..! Y será muy palmaria en Goethe. ¡Ah, y la x del álgebra... la inventó el sufí Omar Jayam!

Y usted... ¿es sufí?


Sólo soy un humilde aprendiz de derviche.

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El legado de las religiones no son sus creencias - Mariano Corbi

 
Mariano Corbí es un jesuita español que desde hace tiempo viene propugnando una espiritualidad laica que recoja en profundidad el legado de las principales religiones. 

Parte de los cambios irreversibles de nuestra sociedad global y de la distinción –que en ATRIO se ha repetido tantas veces– entre fe y creencias, entre espiritualidad y religión. 

Desde hace diez años dirige el CETR -Centre d'Estudis de les Tradicions Religioses - http://omarpal.blogspot.com.ar/2013/08/centre-destudis-de-les-tradicions.html-

Su último libro: Hacia una espiritualidad laica: sin creencias, sin religiones, sin dioses. Barcelona, Herder 2007. 

Hoy presentamos aquí la parte conclusiva de su intervención en el XIX Foro religioso de Vitoria/Gaztei

El lazo íntimo entre las creencias el poder y la violencia es un motivo más para aprender a heredar el legado de las creencias, pero sin ser creyentes. Las creencias, con sus pretensiones exclusivas y excluyentes, por su misma naturaleza ni pueden ser asimiladas fácilmente por los hombres y mujeres de las nuevas sociedades, ni, diría yo, es conveniente que lo hagan.

Generarían, como lo hicieron y lo están haciendo, intentos de imposición. Para conseguirlo luchan por el apoyo del poder o buscan hacerse con él.
Esos intentos de imposición están íntimamente ligados a la violencia moral y, si es preciso y posible, física.

El nuevo mundo de las sociedades globales ha de excluir esos riesgos y esos peligros si queremos que nuestra sociedad sea una globalidad pacífica que incluya a todos, sin que nadie pretenda ser superior a los demás, menospreciarlos o incluso eliminarlos, si fuera posible.

Sólo el cultivo de una cualidad humana profunda, heredera de la sabiduría de todas las tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad, pero libre de religiones, creencias, imposiciones y violencias, puede ser el fundamento útil al desarrollo de las nuevas sociedades de conocimiento en la globalidad, en las que todas las culturas y tradiciones espirituales de la humanidad confluyen en una sociedad de conocimiento y cambio continuo.
  • Actitud de las organizaciones religiosas frente a esta transformación cultural.
Las instituciones religiosas actualmente practican la política del avestruz, meter la cabeza en la arena para ignorar las dificultades.

Cualquier empresa que fuera a la baja tan constantemente, durante tanto tiempo y cada vez con más celeridad, haría un estudio profundo para ver lo que está pasando e intentarlo corregir.

Las instituciones religiosas no lo hacen. Y cuando lo hacen, parten de los mismos presupuestos, creencias y actitudes que les han llevado a la crisis.

Estos comportamientos son los propios de los organismos anquilosados que han perdido por completo la flexibilidad necesaria para adaptarse a las transformaciones de las condiciones de vida y de la cultura de las nuevas sociedades fundamentadas en la creación continua de nuevos conocimientos y tecnologías y, a través de ellos, en la continua creación de nuevos productos y servicios.

Esa actitud no augura nada bueno, es signo de esclerosis, de grave envejecimiento y de muerte.

Las instituciones religiosas se niegan a reconocer que estamos sufriendo quizás la mayor transformación de las condiciones de vida colectiva de la historia de nuestra especie. Estamos frente a la crisis axiológica más grave de nuestra historia.
  • -Estamos pasando de sociedades que vivían de hacer siempre fundamentalmente lo mismo, de no cambiar, de excluir los cambios de importancia y todas las posibles alternativas, sociedades que eran estáticas, a sociedades que viven del cambio continuo en todos los niveles de la vida: cambios continuos en la interpretación de la realidad en todos sus niveles, de las tecnologías, de los modos de trabajar, de las formas de colaboración y organización, de los sistemas de cohesión colectiva y de los valores y fines. 
    • Hemos pasado de sociedades preindustriales a sociedades plenamente industrializadas, de conocimiento y cambio continuo.
    •  
    • Hemos pasado de sociedades que se educaban y programaban para no cambiar, a sociedades que tienen que programarse y educarse para cambiar continuamente y estar siempre dispuestos al cambio en el ámbito que sea y cuando sea necesario.
    •  
    • De sociedades que vivían repitiendo los esquemas básicos del pasado, a sociedades que no pueden repetir el pasado sino que tienen que proyectar el futuro al ritmo acelerado de la marcha de nuestras tecnociencias.
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    • De sociedades que decidían el presente mirando al pasado, a sociedades que han de decidir el presente diseñando el futuro.
    •  
    • De sociedades que se articulaban en torno a creencias intocables que implicaban la sumisión de la mente, del sentir y la organización bajo un sistema de coerción a sociedades que se articulan en torno a la creatividad, la libertad, la voluntariedad y la creación de los propios postulados axiológicos y proyectos colectivos a todo nivel.
    •  
    • De sociedades provinciales, que creían poseer la verdadera norma de humanidad, la verdadera religión, la verdadera moralidad, el verdadero sistema de vida y de organización, a sociedades globales donde conviven todas las culturas, todas las religiones y sistemas de espiritualidad, los diversos sistemas de comportamiento, de moralidad y de vida.
  • -Ya nadie puede pretender poseer la verdad con exclusión de toda otra verdad. Quien piense así es un gran peligro para las sociedades globales. 
    • No reconocer todos estos tránsitos y transformaciones y pretender continuar pensando, sintiendo, actuando, organizándose y viviendo como si no ocurriera nada, es una actitud suicida.
    •  
    • Las instituciones religiosas se empeñan en fijar a las personas y a los colectivos con las normas del pasado. Eso supone querer clavetear a los colectivos en las estructuras y modos de vida del pasado, que ya no existen porque se las llevaron las aguas torrenciales de las nuevas sociedades. Nadie puede frenar esas aguas.
    •  
    • Eso supone predicar unas normas de vida propias de otros tiempos, a unos hombres que, como se les piensa, ya no existen. ¿Cabe un sin sentido mayor?
Las generaciones más jóvenes (cuarenta largos hacia abajo), no tienen otro remedio, si quieren adaptarse y vivir en las nuevas sociedades que huir de creencias, religiones, sumisiones de modos de vida propios de sociedades que se han tenido que abandonar.

Los más jóvenes tienen un claro sentido de lo que es vida y de lo que es carente de vida y optan, sin pensarlo siquiera, por lo que no es carne muerta.
Las organizaciones religiosas y sus jerarquías se empeñan, a contra corriente e inútilmente, en mantener la religión, la espiritualidad y la calidad humana, en los patrones que fueron adecuados durante milenios para sociedades preindustriales. Patrones que creen intocables, a los que deberían someterse las personas y los colectivos.
 

Esas creencias las procuran imponer contando con el poder político y su capacidad de coerción. No renuncian a someter al poder para contar con él para imponer creencias, normas de moralidad y de organización familiar y colectiva acreditadas en el pasado en unas condiciones de vida que ya no existen y que son totalmente inadecuadas a las nuevas sociedades industriales de conocimiento.

Todo esto son signos claros de que las organizaciones religiosas no saben y no quieren saber en qué mundo viven. Se empeñan en frenar una corriente poderosa y global, que fluye cada vez con más caudal y con más fuerza.

Es una misión tan inútil como ignorar e intentar frenar un poderoso tsunami global que ya hace décadas que está en marcha.

Ese poderoso tsunami lo forma
  • -la completa desaparición de las sociedades preindustriales, en las que nacieron y se desarrollaron las grandes religiones,
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  • -la completa industrialización de las sociedades que barren las anteriores modalidades de vida preindustriales, con todo lo que suponían,
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  • -la aparición y asentamiento de las sociedades que viven y prosperan creando continuamente conocimientos, tecnologías y, a través de ellas, nuevos productos y servicios.
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  • -y la globalización que comportan las sociedades de conocimiento.

Todas las formas religiosas y espirituales y también la concepción de lo que es la cualidad humana están embebidos, concebidos y vividos desde las formas de pensar, sentir, actuar, organizarse y vivir propios de las sociedades preindustriales que han tenido que ser abandonados al entrar en las nuevas sociedades industriales globalizadas.

Por otra parte, nunca, en la historia de nuestra especie, nos es más necesaria la cualidad humana y la gran cualidad humana que cultivaron en el pasado las religiones y las espiritualidades.

Nuestras poderosas ciencias y tecnologías, que se extienden a todos los niveles de la realidad, crecen a un ritmo cada vez más acelerado, Ya son capaces de intervenir en el proceso que controlan la vida de las especies vegetales y animales, e incluso con capaces de intervenir en los procesos más radicales de la vida humana. Ya nada en el planeta tierra puede funcionar autónomo sin la intrusión de nuestras tecnociencias. Nos hemos convertido en los gestores de la globalidad de la vida, del medio ambiente y del planeta entero.

Las instituciones religiosas, principales responsables en el pasado, durante miles de años, de cultivar la cualidad humana que tanto necesitamos, están en una crisis mortal de la que no parece haber ninguna posibilidad de que se recuperen. 

Las mismas ideologías, que nos han regido durante casi 200 años, tampoco gozan de buena salud.

¿De dónde sacaremos los medios para cultivar esa cualidad humana honda, que nuestros antepasados llamaron espiritualidad, y que precisamos si no queremos que nuestras tecnociencias funcionen como un aprendiz de brujo, que nos llevaría a una ruina definitiva?

Durante milenios nuestros antepasados cultivaron la sabiduría a través de las religiones y de la espiritualidad. En nuestra situación de sociedades globales enormemente complejas y sofisticadas, no podemos partir de cero en el cultivo de la cualidad humana, sería una gran necedad y un despilfarro imperdonable.

Hemos de arreglárnosla y buscar los medios para heredar esa sabiduría milenaria y verificada largamente de nuestros antepasados y adaptarla a las nuevas condiciones culturales.

Hemos de poder heredar y aprender del pasado, pero sin poder arrastrar sus sistemas de creencias, sus formas de sentir, actuar, vivir y organizarse.
Hemos de poder heredar su sabiduría, pero sin sus formas de vida.
  • ¿Cómo se hace eso? Nunca antes lo habíamos hecho.
Nos vemos forzados a aprender a leer las Escrituras y los grandes textos de los maestros espirituales del pasado, no como cosas a creer a las que someterse, tampoco como programas de vida individual y colectiva, sino como sistemas expresivos, simbólicos que apuntan y expresan esa gran cualidad, que orientan hacia ella, que avisan de errores y desviaciones en el camino para adquirirla.

En sociedades globalizadas no es conveniente que nos ocupemos sólo de recoger el legado religioso y espiritual de nuestra propia cultura, debemos aprende a heredar todo el legado de la humanidad. Sería peligroso para una sociedad globalizada que nos limitáramos a nuestro propio legado, ignorando el de los demás.

Todo el legado religioso y espiritualidad de la humanidad, en una sociedad globalizada, es de toda la humanidad. Sería necedad y despilfarro de riquezas ignorar esas otras riquísimas tradiciones.

La cualidad humana a la que apuntan todas las tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad no está ligada a formas, aunque siempre se diga en formas; es libre, fresca, siempre nueva, y apuntan a una dimensión de nuestra vida y del existir que es gratuita, graciosa, absoluta, independiente de los patrones que crean nuestras condiciones de vivientes necesitados.

A esa dimensión de la que hablan las Escrituras y los maestros de todas las tradiciones de la humanidad se le ha apuntado con muchos nombres: Dios, Padre, Absoluto, Vacío, Ser-Conciencia-Beatitud, Ser, Tao, Alá, Gran Espíritu, Gran Antepasado, etc.
 

Y a su noticia se le ha llamado experiencia religiosa, experiencia mística, experiencia de la unidad, Nirvana, Satori, etc.

Debemos aprender a entender a dónde apuntan todas esas expresiones, sabiendo que señalan al Innombrable, al Indecible, al que está más allá de todas las categorías que pueda formar nuestra lengua de pobres vivientes, al que está vacío de toda categoría que podamos aplicarle, al que no cabe en ninguno de nuestros pobres moldes lingüísticos.

Hemos de aprender a heredar el gran legado de nuestros antepasados, -en una sociedad globalizada en la que todas las tradiciones ya son nuestras, sin que, al hacerlo, tengamos que ser hombres sometidos, creyentes, religiosos.

Y tenemos que hacer ese aprendizaje con urgencia, si no queremos perecer frente al poder de nuestras tecnociencias en crecimiento cada vez más acelerado, que, de hecho, están creciendo e invadiéndolo todo, sin control ninguno, si no es el control de los rendimientos del capital internacional.

La tarea frente a la que nos encontramos es difícil, nueva, nunca se había hecho antes, pero es imprescindible.

Las sociedades se alejan de la religión en masa y aceleradamente. -Lo hacen en silencio y sin problema. Para las nuevas generaciones la religión no es ni problema. Sin embargo, crece al mismo ritmo el interés por la espiritualidad, por la cualidad humana profunda. Crece el interés por el silencio, por la paz del espíritu, por la cualidad humana.

Cada vez más abundan los buscadores, aunque buscan sin criterios sólidos, sin orientación, confundiendo lo que es de calidad con lo que es pura charlatanería.

Por esa razón es urgente que se formen y crezcan hombres de gran calidad humana, capaces de heredar el legado religioso y espiritual de pasado, -pero adaptados a las nuevas condiciones culturales.

Es preciso renunciar a los intentos de volver al pasado. Hay que aceptar y amar a las nuevas sociedades y a los hombres y mujeres de las nuevas sociedades. Eso no supone conformismo, ni falta de lucidez y de crítica, pero sólo desde la aceptación, la comprensión y el amor es posible corregir y orientar la marcha de las nuevas sociedades industriales de conocimiento.

Estamos en una situación de crisis claramente mortal de las religiones a pesar del auge de los integrismos –que no son más que una nueva demostración de la crisis de las religiones, pero estamos también en una época de verdadera ebullición espiritual.

Hay que trabajar duro, con imaginación, con libertad y con mucho coraje.

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