domingo, 15 de enero de 2017

Proceso Transmutativo - Omar Paladini


Trabajo Interno

"... Quien viaja sin guía necesita doscientos años para un viaje de dos días..." decía Rumi, el poeta y maestro sufí.

En los inicios del trabajo interno se hace difícil caminar solo. A un bebe de corta edad le ocurre lo mismo. Es la etapa negra, la Nigredo, la noche oscura del alma.

 
Desde la penumbra de la noche accedemos al alba, a la Albedo, al amanecer de la conciencia que empieza a despertarse del sueño, del ensueño; la conciencia va cayendo en cuenta de ella misma, se hace conciencia de sí misma.

Desde esa conciencia de sí, se va accediendo a emociones no bipolares, a lo que podríamos llamar "amor auténtico", ligado a registros de bondad y compasión, más también a una gran energía en movimiento, que se expresa en cada acto.

Energía que purifica si en quietud podemos soportar la llama que nos abraza barriendo con la escoria, con ensueños compensatorios que solo ruina traen a nuestra vida.

Es muerte y resurrección, es renacer, es la 
Rubedo, rubio sol que en lo alto nos ilumina.

Desde la purificación se abre el portal hacia un mundo nuevo; es el inicio de la liberación de las condiciones, de los condicionamientos, es libertad de elegir, libertad de elección; es espacio abierto hacia una renovada y nueva vida.


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Proceso
"... La llama del conocimiento quema por completo la escoria...". 
Mahabharata, texto épico-mitológico de la India.

El proceso interno transmutativo es un proceso interno de esclarecimiento donde es un buen indicador el de la felicidad creciente que se amplía más y más con cada paso dado.

Fue el maestro sufí Rumi quien dijo: "... Purifícate a ti mismo y conviértete en polvo, con el fin de que de tu polvo puedan crecer flores.

Si te conviertes en flor, sécala y arde alegremente con el fin de que de tu abrasamiento surja la Luz.

Si por el abrasamiento te transformas en cenizas, tus cenizas se convertirán en la Piedra Filosofal.

Mira esta Piedra Filosofal que se halla en lo Invisible que te ha hecho nacer a partir de un puñado de polvo...".


No suele ser muy feliz, en las primeras etapas de este proceso, el mirar la zona oscura, la de nuestra sombra interna. Mirar el ala oscura de Gabriel, diría el filósofo islámico persa Sohravardi.

Fue Sohravardi quien en su momento escribió: " __ Yo: Y esa ciudad de la que el Dios Altísimo ha dicho: “Haznos salir de la ciudad cuyos habitantes son opresores”, ¿cuál es? __ El sabio: Es el mundo de la ilusión...".

Es en la primera etapa del camino, desde que damos el primer paso, que tenemos que prestar atención y aprender a ver a través de los ensueños compensatorios que nublan nuestra visión; aprender a ver e ir disipando el mundo de la ilusión.

La primer etapa de este proceso de esclarecimiento interno suele ser oscura, la noche oscura del alma la llamaron algunos, y 
Juan de la Cruz le dedico sentidas y poéticas palabras a esta etapa y a las siguientes.

La Nigredo la llamaron los alquimistas,
la etapa negra, oscura, designando así la primera de las tres fases del proceso transmutativo.

El inicio de un proceso evolutivo-transmutativo suele ser traumático, áspero, difícil. Es cuando más ayuda externa necesitamos; el proceso inicial es un nuevo nacimiento, es como un bebe recién nacido, requiere el máximo de cuidados ya que esas son las condiciones de origen del proceso a futuro.

Proceso que lleva hacia el encuentro con uno mismo, con lo más esencial. Para ese encuentro trascendente es necesario el viaje, llevar adelante un proceso de experimentación y de "caídas en cuenta de...". 

No interesa mucho de que vamos cayendo en cuenta, sino en el hecho en sí de "caer en cuenta de...".

Jiddu Krishnamurti lo expreso de esta manera: "... Al experimentar con el darse cuenta se produce el descubrimiento que, en su comprensión es liberador.

Este autoconocimiento mediante el darse cuenta pasivo es de instante en instante, sin acumulación; es infinito, verdaderamente creativo...".


En el inicio del viaje suele ser necesario el paso por "la noche oscura del alma".

"...No se llega al alba sino por el sendero de la noche..." dijo poéticamente Khalil Gibran


Es una tapa que esta asociada a la putrefacción, e involucra una disolución en la materia prima densa, para la generación de otra superior. 


En "El Mensaje Reencontrado", Louis Cattiaux dice: "Hay que embeber y disolver antes de secar y cocer, ya que el que empieza por cocer fija la mugre(...) en vez de eliminarla". 

"Solve et coagula” decían los antiguos alquimistas, disuelve y une.

En la medida en que podemos ver sin apartar la mirada de lo que vemos, de lo que negábamos en nosotros mismos proyectándolo en otros, en enemigos imaginarios, sin autocrítica ni reversibilidad en nuestros actos. Si podemos ver, como si fuera por primera vez, lo negado, reconociéndolo, habremos dado un gran paso.

Luego de esa etapa oscura, amanece. La Albedo la llamaban los alquimistas; es el alba de un nuevo día-vida, hay claridad; uno se empieza a esclarecer, hay comprensiones de otro nivel, empieza a haber más conciencia de uno mismo, conciencia de sí.

La Albedo es la segunda de las tres etapas, tras la Nigredo y como antesala a la Rubedo.

Este proceso es transmutación de lo denso hacia lo sutil en nuestro interior.

Es un renacimiento y tiene como base a la introspección.

Esta instrospección, esta atención puesta en el proceso externo tiene su concomitancia en el proceso interno, en los actos de conciencia y de los objetos de conciencia que se van presentando, y nos va dando un conocimiento de los propios estados mentales, y podemos ir interpretando y caracterizando nuestros procesos cognitivos y emotivos.

Lo oscuro se va esclareciendo, blanco de fondo donde las impurezas quedan a la vista.


Ya en la tercera etapa, la que da acceso a la libertad interna, nos encontramos en la Rubedo, la última de las tres fases necesarias para el acceso a la conciencia pura, oro alquímico por excelencia, riqueza no comprada con dinero sino por proceso interno transmutativo.

El rojo sol se eleva en el horizonte. Y apoyados en bondad y compasión, y purificados por la sagrada energía, cruzando el gran abismo, un nuevo ser humano empieza a surgir.

En esta etapa, somos materia en estado casi líquido y de color rojo brillante, rojo de compasión y bondad, que con sutil energía purifica contenidos remanentes de procesos densos.

La etapa roja, la Rubedo, se despliega en multicolor arco iris, y el rojo sol se eleva en el horizonte.

Desde emociones superiores lo creativo se despliega en infinitas posibilidades, y trascendiendo la dependencia de formas dualistas, el yo consciente se hace unidad con la totalidad, conciencia pura, ya no-dos.


Purificados hasta el extremo, lo esencial se hace presente como conciencia pura, libres al fin.

Llegados a este punto podemos recordar las palabras de Sohravardi:

"... Por cualquier lado que vayas, si eres un verdadero peregrino realizarás el viaje...".


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Texto ampliado el 20-09-2017 a las 17:05 Hs.
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