viernes, 2 de marzo de 2012

La materia y sus formas principales de existencia - 3. El espacio y el tiempo - 02-03-2012

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La materia y sus formas principales de existencia - 3. El espacio y el tiempo
Materia y Materialismo

Academia de Ciencias de la URSS
F. Konstantinov &c.
Fundamentos de filosofía marxista-leninista
Materialismo dialéctico
Capítulo III

La materia y sus formas principales de existencia
Editorial Progreso
Moscú 1977


F. Konstantinov &c.
Fundamentos de la filosofía marxista-leninista
Materialismo dialéctico
Capítulo III

La materia y sus formas principales de existencia
Editorial Pueblo y Revolución
La Habana 1986

1. Concepto filosófico de la materia | 2. El movimiento y sus formas principales
3. El espacio y el tiempo | 4. La unidad del mundo


3. El espacio y el tiempo
Todo objeto tienen extensión, volumen, tal o cual forma externa. Cada forma de movimiento de la materia está vinculada necesariamente a la traslación de los cuerpos. En todo ello se manifiesta el hecho de que los cuerpos y los objetos existen en el espacio, de que el espacio es uno de los atributos más importantes de la materia. [86]

3. El espacio y el tiempo
Todo objeto tienen extensión: es largo o corto, ancho o estrecho, alto o bajo. Cada cosa se encuentra entre las demás en un sitio o en otro. Los cuerpos poseen volumen, tal o cual forma externa. Cada forma de movimiento de la materia está vinculada necesariamente a la traslación de los cuerpos. En todo ello se manifiesta el hecho de que los cuerpos y los objetos existen en el espacio, de que el espacio es condición cardinal del movimiento de la materia.
El espacio es una forma real objetiva de existencia de la materia en movimiento. El concepto de espacio expresa la coexistencia de las cosas y la distancia entre ellas, su extensión y el orden en que están situadas unas respecto de otras.

El espacio es una forma real objetiva de existencia de la materia en movimiento. El concepto de espacio expresa la coexistencia de las cosas y la distancia entre ellas, su extensión y el orden en que están situadas unas respecto de otras.
Los procesos materiales transcurren con cierta sucesión (uno antes o después que otro), se distinguen por su duración y tienen fases o etapas que se diferencian entre sí. Esto significa que los cuerpos existen en el tiempo. El movimiento de la materia es imposible fuera del tiempo.

Los procesos materiales transcurren con cierta sucesión (unos antes o después que otro), se distinguen por su duración y tienen fases o etapas que se diferencian entre sí. Esto significa que los cuerpos existen en el tiempo. [70]
El hecho de que las diferentes fases no coinciden en el tiempo y estén separadas por un intervalo es condición cardinal de la existencia de esos procesos. El movimiento de la materia es imposible fuera del tiempo.
El tiempo es una forma real objetiva de existencia de la materia en movimiento. Caracteriza la sucesión del desenvolvimiento de los procesos materiales, la distancia entre las distintas fases de estos procesos, su duración y su desarrollo.

El tiempo es una forma real objetiva de existencia de la materia en movimiento. Caracteriza la sucesión del desenvolvimiento de los procesos materiales, la distancia entre las distintas fases de estos procesos, su duración y su desarrollo.
«En el universo —decía Lenin— no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo.» {(7) V. I. Lenin. Materialismo y empirocriticismo. (O. C., t. 18, pág. 181.).}

«En el universo —decía Lenin— no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo.» (26, 166)
Ningún objeto material puede existir solamente en el espacio y no ser en el tiempo, o ser en el tiempo y no encontrarse en el espacio. Siempre y en todas partes, cualquier cuerpo existe en el espacio y en el tiempo. Esto significa que el espacio y el tiempo están vinculados orgánicamente.

Ningún objeto material puede existir solamente en el espacio y no ser en el tiempo, o ser en el tiempo y no encontrarse en el espacio. Siempre y en todas partes, cualquier cuerpo existe en el espacio y en el tiempo. Esto significa que el espacio y el tiempo están vinculados orgánicamente.
Los filósofos idealistas niegan la realidad objetiva del espacio y del tiempo. Opinan que son algo que existe en la conciencia humana o gracias a la conciencia, engendrado por el espíritu. Kant, por ejemplo, considera el espacio y el tiempo como formas apriorísticas de la contemplación sensorial, condicionadas por la propia naturaleza de nuestra conciencia. Para Mach, el espacio y el tiempo no son más que sistemas ordenados de series de nuestras sensaciones. En la filosofía de Hegel, el espacio y el tiempo son productos de la idea absoluta y surgen en un determinado grado de desarrollo de ésta, apareciendo primero el espacio y sólo después el tiempo.

Los filósofos idealistas niegan la realidad objetiva del espacio y del tiempo. Opinan que son algo que existe en la conciencia humana o gracias a la conciencia, engendrado por el espíritu. Kant, por ejemplo, considera el espacio y el tiempo como formas apriorísticas de la contemplación sensorial, condicionadas por la propia naturaleza de nuestra conciencia. Para Mach, el espacio y el tiempo no son más que sistemas ordenados de series de nuestras sensaciones. En la filosofía de Hegel, el espacio y el tiempo son productos de la idea absoluta y surgen en un determinado grado de desarrollo de ésta, apareciendo primero el espacio y sólo después el tiempo.
Toda la experiencia de la vida humana y el progreso de la ciencia refutan las nociones idealistas del espacio y del tiempo. ¿Puede, acaso, aceptarse que el espacio y el tiempo son productos de la conciencia, del espíritu, de la idea, o que existen sólo en la conciencia, cuando, como prueban [87] las ciencias naturales, la Tierra existía en el espacio y se desarrollaba en el tiempo muchos millones de años antes de que apareciera el hombre, con su conciencia, su espíritu y sus ideas? Lenin adujo este hecho para demostrar la insolvencia de las opiniones idealistas sobre el espacio y el tiempo. «La existencia de la naturaleza en el tiempo, medido en millones de años, en épocas anteriores a la aparición del hombre y de la experiencia humana, demuestra lo absurdo de esa teoría idealista.» {(8) Ibíd., pág. 185.}

Toda la experiencia de la vida humana y el progreso de la ciencia refutan las nociones idealistas del espacio y del tiempo. ¿Puede, acaso, aceptarse que el espacio y el tiempo son productos de la conciencia, del espíritu, de la idea, o que existen sólo en la conciencia, cuando, como prueban las ciencias naturales, la Tierra existía en el espacio y se desarrollaba en el tiempo muchos millones de años antes de que apareciera el hombre, con su conciencia, su espíritu y sus ideas? Lenin adujo este hecho para demostrar la insolvencia de las opiniones idealistas sobre el espacio y el tiempo. «La existencia de la naturaleza en el tiempo, medido en millones de años, en épocas anteriores a la aparición del hombre y de la experiencia humana, demuestra lo absurdo de esa teoría idealista.» (26, 168)
El espacio y el tiempo, como formas reales de existencia de la materia, se caracterizan por una serie de peculiaridades. Primero, son objetivos, existen fuera e independientemente de la conciencia. Segundo, son eternos, por cuanto la materia existe eternamente. Tercero, el espacio y el tiempo son ilimitados e infinitos.

El espacio y el tiempo, como formas reales de existencia de [71] la materia, se caracterizan por una serie de peculiaridades. Primero, son objetivos, existen fuera e independientemente de la conciencia. Segundo, son eternos, por cuanto la materia existe eternamente. Tercero, el espacio y el tiempo son ilimitados e infinitos.
La ilimitación del espacio significa que cualesquiera que sean la dirección en que nos movamos y la distancia a que nos alejemos del punto inicial, jamás ni en parte alguna habrá un límite que sea imposible rebasar. La ilimitación y la infinitud son características diferentes del espacio. El espacio del Universo es no sólo ilimitado, sino infinito. Por enorme que sea uno u otro sistema cósmico (por ejemplo, la Galaxia, gigantesco conglomerado estelar al que pertenece nuestro Sol), es parte integrante de un sistema mayor aún. La ciencia penetra cada día más lejos en el Universo infinito. Los aparatos astronómicos modernos permiten ver las distancias que la luz recorre en 13.000 millones de años. Pero, naturalmente, tampoco son un límite. Por muy lejos que estén de nosotros tales o cuales sistemas siderales, tras ellos hay nuevos conglomerados gigantescos de cuerpos celestes, extensiones inmensas de sistemas cósmicos. La infinitud del espacio es la infinidad del volumen de todo el conjunto incalculable de cuerpos materiales del Universo.

La limitación del espacio significa que cualesquiera que sean la dirección en que nos movamos y la distancia a que nos alejemos del punto inicial, jamás ni en parte alguna habrá un límite que sea imposible rebasar. La ilimitación y la infinitud son características diferentes del espacio. El espacio del universo es no sólo ilimitado, sino infinito. Por enorme que sea uno u otro sistema cósmico (por ejemplo, la Galaxia, gigantesco conglomerado estelar al que pertenece nuestro Sol), es parte integrante de un sistema mayor aún. La ciencia penetra cada día más lejos en el universo infinito. Los aparatos astronómicos modernos permiten ver las distancias que la luz —que se propaga a una velocidad de 300 000 kilómetros por segundo— recorre en 10 000 000 000 de años e incluso más. Estas distancias son tan grandiosas que resulta imposible imaginárselas. Pero, naturalmente, tampoco son un límite. Por muy lejos que estén de nosotros tales o cuales sistemas siderales, tras ellos hay nuevos conglomerados gigantescos de cuerpos celestes, extensiones inmensas de sistemas cósmicos. La infinitud del espacio es la infinidad del volumen de todo el conjunto incalculable de cuerpos materiales del universo.
¿Qué significan la ilimitación y la infinidad del tiempo? Por mucho tiempo que transcurra hasta un momento determinado, el tiempo seguirá prolongándose sin alcanzar jamás un límite tras el que no haya ninguna duración, ningún número infinito de procesos que se sucedan y formen, en [88] conjunto, la duración infinita no limitada por nada. De la misma manera, cualquier acontecimiento, por mucho tiempo que haya transcurrido desde que se produjo, fue precedido de una cantidad innumerable de otros acontecimientos que poseen en conjunto una duración infinita. A la vez, el tiempo es irreversible, no vuelve a sí mismo, no se repite, sino que pasa por nuevos y nuevos instantes.

¿Qué significan la ilimitación y la infinidad del tiempo? Por mucho tiempo que transcurra hasta un momento determinado, el tiempo seguirá prolongándose sin alcanzar jamás un límite tras el que no haya ninguna duración, ningún número infinito de procesos que se sucedan y formen, en conjunto, la duración infinita no limitada por nada. De la misma manera, cualquier acontecimiento, por mucho tiempo que haya transcurrido desde que se produjo, fue precedido de una cantidad innumerable de otros acontecimientos que poseen en conjunto una duración infinita. A la vez, el tiempo transcurre de tal modo que no vuelve a sí mismo, no se repite, sino que pasa por nuevos y nuevos instantes.
A veces se esgrime como argumento contra la noción de la infinitud del espacio y del tiempo un fenómeno denominado «desplazamiento hacia el rojo» de los espectros. Las observaciones astronómicas han mostrado que, por regla general, los espectros (es decir, los conjuntos de líneas de colores obtenidos [72] al descomponerse un rayo de luz) de las nebulosas que se encuentran fuera de nuestra Galaxia se desplazan un tanto hacia las grandes longitudes de onda de las líneas espectrales rojas (de ahí la denominación de «desplazamiento hacia el rojo»). Este desplazamiento puede tener su origen, en particular, en que la fuente de luz y el aparato que capta esa luz (receptor) se alejan la una del otro a cierta velocidad. Dicho desplazamiento es tanto más considerable cuanto mayor es la velocidad con que se alejan la fuente de luz y el receptor. Y como hasta ahora no se ha encontrado ninguna otra explicación satisfactoria del desplazamiento de los espectros de las nebulosas hacia el rojo, los científicos tratan de explicar este fenómeno diciendo que las nebulosas se dispersan, «se alejan» de nuestra Galaxia a una velocidad proporcional, aproximadamente, a la distancia. Dicho de otro modo: cuando más lejos se encuentra la nebulosa, con tanta mayor rapidez «se aleja». De esta teoría (denominada teoría de «la expansión del universo») se saca a veces la conclusión de que, en tiempos remotos, el universo estuvo concentrado en un volumen extraordinariamente pequeño, en una especie de «átomo primigenio», que en cierto momento inicial del tiempo empezó de pronto a ensancharse. Ello dio lugar a que comenzara también «la expansión del espacio», que era al principio infinitesimal. Se intenta también explicar este proceso con un espíritu francamente religioso: como la creación del «átomo primigenio» por Dios, por voluntad del cual comenzó también «la expansión». Semejante aserto, cuya insolvencia es evidente, se halla en contradicción directa con los datos que posee la ciencia. Los modelos matemáticos de «expansión del universo» de que se dispone afectan problemas tan importantes como la naturaleza y la esencia de la infinitud, la relación entre lo finito y lo infinito, &c. A la par con ello, en dichos modelos se tantea de una manera preliminar en extremo un aspecto de la conducta de cierto fragmento del universo, pero no dan fundamento para emitir juicios categóricos sobre la verdadera estructura espacial y temporal de todo el universo.
Hemos dicho ya que el espacio y el tiempo son formas de existencia de la materia. Pero son formas diferentes. Aun poseyendo propiedades comunes, se distinguen considerablemente.

Hemos dicho ya que el espacio y el tiempo son formas de existencia de la materia. Pero son formas diferentes. Aun poseyendo propiedades comunes, se distinguen considerablemente.
Como señalaba Engels, ser en el espacio significa existir «en la forma de situación de una cosa al lado de otra», mientras que ser en el tiempo significa existir «en la forma de sucesión de una cosa después de otra» {(9) F. Engels. Dialéctica de la Naturaleza. (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 20, pág. 351.).}

Como señalaba Engels, ser en el espacio significa existir «en la forma de situación de una cosa al lado de otra», mientras que ser en el tiempo significa existir «en la forma de sucesión de una cosa después de otra». (10, XX, 351) [73]
Una peculiaridad importante del espacio consiste en que tiene tres dimensiones. En efecto, si en cualquier punto del espacio se trazan dos rectas en la dirección que se quiera, siempre se podrá trazar una tercera línea perpendicular a ambas, y esta tercera recta será única. La tridimensionalidad del espacio se manifiesta asimismo en que la posición de cualquier punto en él puede ser determinada señalando la distancia existente entre dicho punto y tres planos coordinados, cualesquiera que sean, elegidos como sistema de cálculo. Todo cuerpo material, por cuanto posee un volumen determinado, es obligatoriamente tridimensional.

Una peculiaridad importante del espacio consiste en que tiene tres dimensiones. En efecto, si en cualquier punto del espacio se trazan dos rectas en la dirección que se quiera, siempre se podrá trazar una tercera línea perpendicular a ambas, y esta tercera recta será única. La tridimensionalidad del espacio se manifiesta asimismo en que la posición de cualquier punto en él puede ser determinada señalando la distancia existente entre dicho punto y tres planos coordinados, cualesquiera que sean, elegidos como sistema de cálculo. Todo cuerpo material, por cuanto posee un volumen determinado, es obligatoriamente tridimensional.
El espacio se caracteriza asimismo por las propiedades de la simetría. Objetos materiales iguales —partículas, por ejemplo— pueden ser situados en el espacio de tal modo que una mitad del espacio que ocupan sea como la imagen de la otra mitad reflejada en un espejo; pueden ser situadas también de tal modo que una parte del espacio que ocupan parezca el resultado de un viraje de la otra mitad a un ángulo determinado, &c. Esto significa que las partículas tienen cierta simetría. La ciencia ha demostrado que existe una multitud de variadísimos grupos espaciales de simetría. La propiedad de la simetría es tan esencial para el espacio como la existencia en él de tres dimensiones.
En las matemáticas y en la física teórica se introduce con frecuencia la noción de los llamados «espacios pluridimensionales», cuyo número de dimensiones es muy grande e incluso infinito. ¿No contradice esta noción la tesis de la tridimensionalidad del espacio? No, no la contradice. El espacio real, objetivo, en que existen todos los cuerpos es el espacio con tres dimensiones. En cambio, el «espacio pluridimensional» es una abstracción, utilizada por la ciencia, que ayuda a abarcar mentalmente el conjunto de un número mayor o menor de magnitudes que no caracterizan de modo obligatorio sólo la dimensión, sino también otras propiedades de los objetos estudiados, v. gr., su color. Estos conjuntos (multitudes) de magnitudes son denominados «espacios» porque entre ellos existen relaciones que recuerdan por la forma las que tienen lugar entre los elementos del espacio tridimensional real: dicho con otras palabras, son «semejantes al espacio». Y esto [89] permite extender a ellos muchos postulados de la geometría y estudiarlos más a fondo.

En las matemáticas y en la física teórica se introduce con frecuencia la noción de los llamados «espacios pluridimensionales», cuyo número de dimensiones es muy grande e incluso infinito. ¿No contradice esta noción la tesis de la tridimensionalidad del espacio? No, no la contradice. El espacio real, objetivo, en que existen todos los cuerpos es el espacio con tres dimensiones. En cambio, el «espacio pluridimensional» es una abstracción, utilizada por la ciencia, que ayuda a abarcar mentalmente el conjunto de un número mayor o menor de magnitudes que no caracterizan de modo obligatorio sólo la dimensión, sino también otras propiedades de los objetos estudiados, por ejemplo su color. Estos conjuntos (multitudes) de magnitudes son denominados «espacios» porque entre ellos existen relaciones que recuerdan por la forma las que tienen lugar entre los elementos del espacio tridimensional real: dicho con otras palabras, son «semejantes al espacio». Y esto permite extender a ellos muchos postulados de la geometría y estudiarlos más a fondo.
Algunos idealistas aprovechan la introducción en la ciencia de la noción de los «espacios pluridimensionales» para tratar de «demostrar» que los cuerpos pueden existir fuera del espacio. Según su punto de vista, en tanto que los seres humanos y todos los cuerpos corrientes se encuentran en tres dimensiones. «Los seres espirituales», incorpóreos, «los espíritus», se sitúan en magnitudes del espacio inaccesibles a los seres comunes. De ahí deducen que «los espíritus» pueden influir en los procesos materiales y dirigirlos, permaneciendo fuera de nuestras percepciones. Pero el intento de especular con la noción de los «espacios pluridimensionales» para refutar el materialismo carece de toda base.

Algunos idealistas aprovechan la introducción en la ciencia [74] de la noción de los «espacios pluridimensionales» para tratar de «demostrar» que los cuerpos pueden existir fuera del espacio. Según su punto de vista, en tanto que los seres humanos y todos los cuerpos corrientes se encuentran en tres dimensiones. «Los seres espirituales», incorpóreos, «los espíritus», se sitúan en magnitudes del espacio inaccesibles a los seres comunes. De ahí deducen que «los espíritus» pueden influir en los procesos materiales y dirigirlos, permaneciendo fuera de nuestras percepciones. Pero el intento de especular con la noción de los «espacios pluridimensionales» para refutar el materialismo carece de toda base.
A diferencia del espacio, el tiempo es unidimensional. Esto significa que cualquier momento del tiempo es determinado por un número, que expresa el período de tiempo transcurrido hasta ese momento desde otro tomado como comienzo del cálculo. Todos los acontecimientos siguen una sola dirección: de lo pasado a lo presente y de lo presente a lo futuro. Esta dirección de los procesos es objetiva, no depende de la conciencia de los hombres que los perciben. En el espacio se puede trasladar los cuerpos de la derecha a la izquierda y de la izquierda a la derecha, de arriba abajo y de abajo arriba, &c. Pero es imposible volver en el tiempo procesos ligados por nexos causales, obligarles a ir de lo futuro a lo pasado. El tiempo es irreversible. En eso se diferencia sustancialmente del espacio.

A diferencia del espacio, el tiempo es unidimensional. Esto significa que cualquier momento del tiempo es determinado por un número, que expresa el período de tiempo transcurrido hasta ese momento desde otro tomado como comienzo del cálculo. Todos los acontecimientos siguen una sola dirección: de lo pasado a lo presente y de lo presente a lo futuro. Esta dirección de los procesos es objetiva, no depende de la conciencia de los hombres que los perciben. En el espacio se puede trasladar los cuerpos de la derecha a la izquierda y de la izquierda a la derecha, de arriba abajo y de abajo arriba, &c. Pero es imposible volver en el tiempo procesos ligados por nexos causales, obligarles a ir de lo futuro a lo pasado. El tiempo es irreversible. En eso se diferencia sustancialmente del espacio.
En las obras modernas de divulgación científica se emplea con frecuencia el concepto de «mundo cuatridimensional». Este concepto, igual que el de «espacio pluridimensional», no ofrece ninguna base a las concepciones idealistas. En física se entiende por «cuatridimensionalidad» del mundo el hecho de que éste existe no sólo en el espacio (que tiene tres dimensiones), sino también en el tiempo (que tiene una sola dimensión), y de que todos los procesos reales deben ser abordados teniendo en cuenta el nexo de ambas formas de existencia de la materia, cuya suma total de dimensiones es igual a cuatro. En la noción de la física moderna sobre el «mundo cuatridimensional» no hay ni puede haber nada místico, misterioso.
Nuestras representaciones del espacio y del tiempo no son inmutable. La ciencia penetra cada día más profundamente en la estructura espacial-temporal del mundo y descubre nuevas y nuevas propiedades espaciales y temporales de las cosas. Pero el cambio de nuestras nociones del espacio y del tiempo no pueden confundirse, como subraya Lenin, «con la inmutabilidad del hecho de que el hombre y la naturaleza sólo existen en el tiempo y en el espacio; los seres fuera del tiempo y del espacio, creados por los curas y admitidos por la imaginación de las masas ignorantes y oprimidas de la humanidad, son productos de una fantasía enfermiza, tretas del idealismo filosófico, fruto inservible de un régimen social malo.» {(10) V. I. Lenin. Materialismo y empirocriticismo. (O. C., t. 18, págs. 192-193).} [90]

Nuestras representaciones del espacio y del tiempo no son inmutable. La ciencia penetra cada día más profundamente en la estructura espacial-temporal del mundo y descubre nuevas y nuevas propiedades espaciales y temporales de las cosas. Pero el cambio de nuestras nociones del espacio y del tiempo no pueden confundirse, como subraya Lenin, «con la inmutabilidad [75] del hecho de que el hombre y la naturaleza sólo existen en el tiempo y en el espacio; los seres fuera del tiempo y del espacio, creados por los curas y admitidos por la imaginación de las masas ignorantes y oprimidas de la humanidad, son productos de una fantasía enfermiza, trucos del idealismo filosófico, engendro inútil de un régimen social inútil». (26, 175)
La tesis de que el espacio y el tiempo son formas de la existencia de la materia no sólo define su carácter objetivo, real: significa también su nexo indisoluble con la materia en movimiento. De la misma manera que no hay materia fuera del espacio y del tiempo, no hay ni puede haber espacio y tiempo sin materia.

La tesis de que el espacio y el tiempo son formas de la existencia de la materia no sólo define su carácter objetivo, real: significa también su nexo indisoluble con la materia en movimiento. De la misma manera que no hay materia fuera del espacio y del tiempo, no hay ni puede haber espacio y tiempo sin materia.
El espacio y el tiempo existen sólo en las cosas materiales, sólo gracias a ellas. «Por supuesto —señalaba Engels—, estas dos formas de existencia de la materia sin materia no son nada, son vanas representaciones, abstracciones, existentes sólo en nuestra cabeza.» {(11) F. Engels. Dialéctica de la naturaleza. (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 20, pág. 550).} Quienes separan el espacio y el tiempo de la materia y porfían que ambos existen aisladamente de la materia, atribuyen una vida autónoma, independiente, a algo que no es material y que sólo se halla en la conciencia. Mas eso significa precisamente adoptar las posiciones del idealismo, según el cual los productos de nuestra actividad mental son esencias independientes. De ahí que Lenin dijera: «El tiempo fuera de las cosas temporales = Dios» {(12) V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos. (O. C., t. 29, pág. 50).}

El espacio y el tiempo existen sólo en las cosas materiales, sólo gracias a ellas. «Por supuesto —señalaba Engels—, estas dos formas de existencia de la materia sin materia no son nada, son vanas representaciones, abstracciones, existentes sólo en nuestra cabeza.» (10, XX, 556) Quienes separan el espacio y el tiempo de la materia y porfían que ambos existen aisladamente de la materia, atribuyen una vida autónoma, independiente, a algo que no es material y que sólo se halla en la conciencia. Mas eso significa precisamente adoptar las posiciones del idealismo, según el cual los productos de nuestra actividad mental son esencias independientes. De ahí que Lenin dijera: «El tiempo fuera de las cosas temporales = Dios.» (36, XXXVIII, 64)
El materialismo dialéctico se distingue sustancialmente del materialismo metafísico por el postulado que proclama el nexo indisoluble del espacio y el tiempo con la materia. El materialismo metafísico, aun admitiendo la realidad objetiva del espacio y el tiempo, los considera, no obstante, como esencias autónomas, como recipientes vacíos independientes de la materia, destinados a guardar cuerpos y procesos materiales. Como dijo gráficamente el matemático alemán Weyl, tal opinión equipara el espacio a un «apartamento de alquiler», que puede ser ocupado por unos inquilinos o, si éstos no existen, seguir completamente vacío.

El materialismo dialéctico se distingue sustancialmente del materialismo metafísico por el postulado que proclama el nexo indisoluble del espacio y el tiempo con la materia. El materialismo metafísico, aun admitiendo la realidad objetiva del espacio y el tiempo, los considera, no obstante, como esencias autónomas, como recipientes vacíos independientes de la materia, destinados a guardar cuerpos y procesos materiales. Como dijo gráficamente el matemático alemán Weyl, tal opinión equipara el espacio a un «apartamento de alquiler», que puede ser ocupado por unos inquilinos o, si éstos no existen, seguir completamente vacío.
Un punto de vista semejante sustentaba Isaac Newton, fundador de la mecánica clásica. Para él, el espacio y el tiempo eran objetivos, pero existían independientemente de la materia en movimiento, eran inmutables por completo y no estaban vinculados entre sí. Los denominó «absolutos». Las ideas de Newton acerca del «espacio absoluto» y del «tiempo absoluto» predominaron [91] en la ciencia hasta comienzos del siglo XX, cuando, al crearse la teoría de la relatividad, los naturalistas vieron claro, por fin, que era erróneo desvincular entre sí el espacio y el tiempo y separarlos de la materia en movimiento.

Un punto de vista semejante sustentaba Isaac Newton, fundador de la mecánica clásica. Para él, el espacio y el tiempo eran objetivos, pero existían independientemente de la materia en movimiento, eran inmutables por completo y no estaban vinculados entre sí. Los denominó «absolutos». Las ideas de Newton acerca del «espacio absoluto» y del «tiempo absoluto» predominaron en la ciencia hasta comienzos del siglo XX, cuando, [76] al crearse la teoría de la relatividad, los naturalistas vieron claro, por fin, que era erróneo desvincular entre sí el espacio y el tiempo y separarlos de la materia en movimiento.
El matemático ruso N. Lobachevski —uno de los creadores de la geometría no euclidiana— hizo un gran aporte a la elaboración de las nociones científicas referentes al nexo del espacio y del tiempo con la materia en movimiento. Lobachevski demostró que las propiedades del espacio no son inmutables, iguales siempre y en todas partes, sino que cambian en dependencia de las propiedades de la materia y de los procesos físicos que tienen lugar en los cuerpos materiales.

El matemático ruso N. Lobachevski —uno de los creadores de la geometría no euclidiana— hizo un gran aporte a la elaboración de las nociones científicas referentes al nexo del espacio y del tiempo con la materia en movimiento. Lobachevski demostró que las propiedades del espacio no son inmutables, iguales siempre y en todas partes, sino que cambian en dependencia de las propiedades de la materia y de los procesos físicos que tienen lugar en los cuerpos materiales.
Al cambiar las condiciones materiales, se modifican las formas espaciales, la dimensión de los objetos y el carácter de las leyes geométricas.

Al cambiar las condiciones materiales, se modifican las formas espaciales, la dimensión de los objetos y el carácter de las leyes geométricas.
N. Lobachevski creó una geometría completamente nueva, diferente de la creada por Euclides en la Grecia antigua. Una peculiaridad de esta geometría consiste en que, en ella, la suma de los ángulos de un triángulo no es constante e igual a 180º, sino que cambia al modificarse la longitud de sus lados y es siempre inferior a 180º. Más tarde, Riemann creó otra geometría no euclidiana, en la que la suma de los ángulos de un triángulo es superior a 180º.

N. Lobachevski creó una geometría completamente nueva, diferente de la creada por Euclides en la Grecia antigua. Una peculiaridad de esta geometría consiste en que, en ella, la suma de los ángulos de un triángulo no es constante e igual a 180º, sino que cambia al modificarse la longitud de sus lados y es siempre inferior a 180º. Más tarde, Riemann creó otra geometría no euclidiana, en la que la suma de los ángulos de un triángulo es superior a 180º.
La creación de la geometría no euclidiana, que descubrió el nexo profundo del espacio con la materia y la condicionalidad de las propiedades del primero por las propiedades de la segunda, asestó un golpe a las concepciones idealistas del espacio. Basándose en que la geometría de Euclides había sido inmutable durante muchos siglos, Kant declaró que el espacio era una forma apriorística de contemplación, inherente a nuestra conciencia, en la que el sujeto cognoscente «ordena» la disposición de los fenómenos. La geometría es inmutable, suponía Kant, precisamente porque el espacio pertenece a la conciencia del sujeto y no a los fenómenos variables fuera de él. Pero resultó que la geometría de Euclides no era única, que en dependencia de las condiciones materiales en el espacio actuaban leyes de geometrías completamente diferentes.

La creación de la geometría no euclidiana, que descubrió el nexo profundo del espacio con la materia y la condicionalidad de las propiedades del primero por las propiedades de la segunda, asestó un golpe a las concepciones idealistas del espacio. Basándose en que la geometría de Euclides había sido inmutable durante muchos siglos, Kant declaró que el espacio era una forma apriorística de contemplación, inherente a nuestra conciencia, en la que el sujeto cognoscente «ordena» la disposición de los fenómenos. La geometría es inmutable, suponía Kant, precisamente porque el espacio pertenece a la conciencia del sujeto y no a los fenómenos variables fuera de él. Pero resultó que la geometría de Euclides no era única, que en dependencia de las condiciones materiales en el espacio actuaban leyes de geometría completamente diferentes.
La física moderna profundizó más aún y desarrolló las ideas de Lobachevski. La teoría de la relatividad, creada por Alberto Einstein, descubrió formas nuevas, más generales, de conexión del espacio y del tiempo con la materia en movimiento y entre sí, expresando estos nexos matemáticamente, en leyes concretas. Una manifestación del nexo del espacio y del tiempo con la materia en movimiento es el hecho, señalado por vez primera en la teoría de la relatividad, de que la simultaneidad de los acontecimientos no es absoluta, sino relativa. Acontecimientos simultáneos con relación a un sistema material, o sea, en unas condiciones del movimiento, no son simultáneos con [92] relación a otro sistema material, es decir, en otras condiciones del movimiento.

La física moderna profundizó más aún y desarrolló las ideas de Lobachevski. La teoría de la relatividad, creada por Alberto Einstein, descubrió formas nuevas, más generales, de conexión del espacio y del tiempo con la materia en movimiento y entre sí, expresando estos nexos matemáticamente, en leyes concretas. Una manifestación del nexo del espacio y del tiempo con [77] la materia en movimiento es el hecho, señalado por vez primera en la teoría de la relatividad, de que la simultaneidad de los acontecimientos no es absoluta, sino relativa. Acontecimientos simultáneos con relación a un sistema material, o sea, en unas condiciones del movimiento, no son simultáneos con relación a otro sistema material, es decir, en otras condiciones del movimiento.
A este hecho fundamental están vinculadas otras tesis importantes. Resulta que la distancia entre los cuerpos no es igual en los distintos sistemas materiales en movimiento: al crecer la velocidad del movimiento, se reduce la distancia (longitud). De la misma manera, el intervalo de tiempo entre los sucesos, cualesquiera que sean, es diferente en los distintos sistemas materiales en movimiento: al aumentar la velocidad, dicho intervalo disminuye. Los mencionados cambios de las dimensiones espaciales (longitudes) y de los intervalos de tiempo dependencia de la voluntad del movimiento se producen en rigurosa correspondencia mutua. En ello se manifiesta el nexo interno entre el espacio y el tiempo.

A este hecho fundamental están vinculadas otras tesis importantes. Resulta que la distancia entre los cuerpos no es igual en los distintos sistemas materiales en movimiento: al crecer la velocidad del movimiento, se reduce la distancia (longitud). De la misma manera, el intervalo de tiempo entre los sucesos, cualesquiera que sean, es diferente en los distintos sistemas materiales en movimiento: al aumentar la velocidad, dicho intervalo disminuye. Los mencionados cambios de las dimensiones espaciales (longitudes) y de los intervalos de tiempo dependencia de la voluntad del movimiento se producen en rigurosa correspondencia mutua. En ello se manifiesta el nexo interno entre el espacio y el tiempo.
El estudio del campo gravitacional en la teoría general de la relatividad condujo a un descubrimiento más profundo aún de la dependencia del espacio y del tiempo respecto de la materia en movimiento. Se estableció que cuanto mayor es la masa de los cuerpos que se encuentran en el espacio y cuanto mayor es, por consiguiente, el campo gravitacional, tanto más se apartan las propiedades reales del espacio de las propiedades expresadas en la geometría de Euclides. Este apartamiento es denominado en física «torcedura» (o «curvatura») del espacio. La curvatura del espacio está determinada, pues, por la magnitud, la distribución y el movimiento de las masas materiales, por la tensión del campo de gravitación. Al cambiar el campo gravitacional se modifican las propiedades tanto del espacio como del tiempo. El campo de gravitación cambia el correr del tiempo, su ritmo. Cuanto mayores son las masas materiales y cuanto más fuerte es el campo gravitacional, tanto más lento es el transcurso del tiempo. Además, el espacio y el tiempo no cambian independientemente el uno del otro, sino en estrecha conexión de acuerdo con una ley plenamente definida.

El estudio del campo gravitacional en la teoría general de la relatividad condujo a un descubrimiento más profundo aún de la dependencia del espacio y del tiempo respecto de la materia en movimiento. Se estableció que cuanto mayor es la masa de los cuerpos que se encuentran en el espacio y cuanto mayor es, por consiguiente, el campo gravitacional, tanto más se apartan las propiedades reales del espacio de las propiedades expresadas en la geometría de Euclides. Este apartamiento es denominado en física «torcedura» (o «curvatura») del espacio. La curvatura del espacio está determinada, pues, por la magnitud, la distribución y el movimiento de las masas materiales, por la tensión del campo de gravitación. Al cambiar el campo gravitacional se modifican las propiedades tanto del espacio como del tiempo. El campo de gravitación cambia el correr del tiempo, su ritmo. Cuanto mayores son las masas materiales y cuanto más fuerte es el apoyo gravitacional, tanto más lento es el transcurso del tiempo. Además, el espacio y el tiempo no cambian independientemente el uno del otro, sino en estrecha conexión de acuerdo con una ley plenamente definida.
El nexo orgánico del espacio y del tiempo con la materia y con el movimiento de ésta, descubierto por la teoría de la relatividad, ofrece una prueba científico-natural de la realidad objetiva del espacio y del tiempo, de su independencia respecto de la conciencia, del sujeto cognoscente.

El nexo orgánico del espacio y del tiempo con la materia y con el movimiento de ésta, descubierto por la teoría de la relatividad, ofrece una prueba científico-natural de la realidad [78] objetiva del espacio y del tiempo, de su independencia respecto de la conciencia, del sujeto cognoscente.
El postulado que proclama la conexión del espacio y del tiempo entre sí y con la materia ha pasado a ser una idea directriz de la ciencia moderna.

El postulado que proclama la conexión del espacio y del tiempo entre sí y con la materia ha pasado a ser una idea directriz de la ciencia moderna.
Sin tomar en consideración el nexo del espacio y del tiempo entre sí y con la materia en movimiento es imposible comprender los procesos físicos que se producen con velocidades próximas a la de la luz ni los relacionados con grandes valores de energía. La dependencia de las propiedades del tiempo y del espacio respecto de la materia se ve confirmada no sólo por los datos de la física, sino por los de otras ciencias, [93] en particular, de la biología. Por ejemplo, el estudio de las formas espaciales de la materia viva muestra que a ésta le son inherentes tipos propios, especiales, de simetría que no poseen los cuerpos de la naturaleza inorgánica.

Sin tomar en consideración el nexo del espacio y del tiempo entre sí y con la materia en movimiento es imposible comprender los procesos físicos que se producen con velocidades próximas a la de la luz ni los relacionados con grandes valores de energía. La dependencia de las propiedades del tiempo y del espacio respecto de la materia se ve confirmada no sólo por los datos de la física, sino por los de otras ciencias, en particular, de la biología. Por ejemplo, el estudio de las formas espaciales de la materia viva muestra que a ésta le son inherentes tipos propios, especiales, de simetría que no poseen los cuerpos de la naturaleza inorgánica.
Como sabemos, la materia, al desarrollarse, engendra nuevas y nuevas formas, a las que son inherentes regularidades particulares. Y de conformidad con ello, surgen nuevas relaciones de espacio y tiempo. Por consiguiente, el espacio y el tiempo, como la materia misma, están subordinados a la gran ley universal del ser: la ley del desarrollo.

Como sabemos, la materia, al desarrollarse, engendra nuevas y nuevas formas, a las que son inherentes regularidades particulares. Y de acuerdo con ello, surgen nuevas relaciones de espacio y tiempo. Por consiguiente, el espacio y el tiempo, como la materia misma, están subordinados a la gran ley universal del ser: la ley del desarrollo.
El espacio y el tiempo tienen un carácter contradictorio interno. Esta contradicción se manifiesta en que ambos son, por naturaleza, absolutos y, a la vez, relativos. Son absolutos como formas objetivas universales de existencia de la materia, fuera de las cuales es imposible el ser de ningún cuerpo material. Son relativos, ya que sus propiedades concretas están condicionadas por las propiedades de la materia mutable. Es una contradicción el hecho de que el tiempo y el espacio representen la unidad de lo infinito y lo finito: la infinitud del espacio se forma de las dimensiones finitas de los distintos objetos materiales, y la infinitud del tiempo, de las duraciones finitas de los diversos procesos materiales. El espacio y el tiempo son continuos y, a la vez, discontinuos (discretos). El espacio es continuo en el sentido de que entre dos de sus elementos, cualesquiera que sean y tomados por propia voluntad (grandes o pequeños, muy próximos o muy lejanos), existe siempre realmente un elemento que los une en una dimensión espacial única. Dicho de otro modo: entre los elementos de la dimensión espacial no hay ninguna separación o desmembración absoluta, sino que pasan de uno a otro. De la misma manera, el tiempo es continuo en el sentido de que entre dos de sus intervalos, cualesquiera que sean, existe siempre realmente una duración temporal que une esos intervalos en un torrente único de sucesión temporal. La discontinuidad del espacio y del tiempo consiste en que ambos están compuestos de elementos que se distinguen por sus propiedades internas, por una estructura que corresponde a la diferencia cualitativa de los propios objetos y procesos materiales.

El espacio y el tiempo tienen un carácter contradictorio interno. Esta contradicción se manifiesta en que ambos son, por naturaleza, absolutos y, a la vez, relativos. Son absolutos como formas objetivas universales de existencia de la materia, fuera de las cuales es imposible el ser de ningún cuerpo material. Son relativos, ya que sus propiedades concretas están condicionadas por las propiedades de la materia mutable. Es una contradicción el hecho de que el tiempo y el espacio representen la unidad de lo infinito y lo finito: la infinitud del espacio se forma de las dimensiones finitas de los distintos objetos materiales, y la infinitud del tiempo, de las duraciones finitas de los diversos procesos materiales. El espacio y el tiempo son continuos y, a la vez, discontinuos (discretos). El espacio es continuo en el sentido de que entre dos de sus elementos, cualesquiera que sean y tomados por propia voluntad (grandes o pequeños, muy próximos o muy lejanos), existe siempre realmente un elemento de los que une en una dimensión espacial única. Dicho de otro modo: entre los elementos de la dimensión espacial no hay ninguna separación o desmembración absoluta, sino que pasan de uno a otro. De la misma manera, el tiempo [79] es continuo en el sentido de que entre dos de sus intervalos, cualesquiera que sean, existe siempre realmente una duración temporal que une esos intervalos en un torrente único de sucesión temporal. La discontinuidad del espacio y del tiempo consiste en que ambos están compuestos de elementos que se distinguen por sus propiedades internas, por una estructura que corresponde a la diferencia cualitativa de los propios objetos y procesos materiales.
El desarrollo de las ciencias naturales modernas, la penetración de la ciencia en el micromundo, en el terreno [94] de las dimensiones submicroscópicas y de los intervalos extraordinariamente pequeños de duración temporal, permite revelar rasgos del espacio y del tiempo que no poseen a escala macroscópica. Se plantea el problema de unas propiedades completamente nuevas del espacio y del tiempo, de los cuantos («partículas» especiales) del espacio y del tiempo, de los nuevos tipos de simetría que les son inherentes, de la modificación de su «capacidad informativa», &c. Todo ello muestra que el principio de la inagotabilidad de la materia en profundidad, desarrollado por Lenin, concierne no sólo a las propiedades físicas y a la estructura interna de los objetos materiales, sino también a las propias relaciones de espacio y tiempo en que se basa esa estructura. Con otras palabras: igual que la materia, el espacio y el tiempo son inagotables. Casi todas las ciencias estudian de una u otra forma las relaciones de espacio y de tiempo. Así, en biología se colocan en primer plano los problemas del ritmo en los diversos subsistemas de los organismos vivos («reloj biológico»), de la asimetría en la estructura espacial de las moléculas de la sustancia viva.

El desarrollo de las ciencias naturales modernas, la penetración de la ciencia en el micromundo, en el terreno de las dimensiones submicroscópicas y de los intervalos extraordinariamente pequeños de duración temporal, permite revelar rasgos del espacio y del tiempo que no poseen a escala macroscópica. Se plantea el problema de unas propiedades completamente nuevas del espacio y del tiempo, de los cuantos («partículas» especiales) del espacio y del tiempo, de los nuevos tipos de simetría que les son inherentes, de la modificación de su «capacidad informativa», &c. Todo ello muestra que el principio de la inagotabilidad de la materia en profundidad, desarrollado por Lenin, concierne no sólo a las propiedades físicas y a la estructura interna de los objetos materiales, sino también a las propias relaciones de espacio y tiempo en que se basa esa estructura. Con otras palabras: igual que la materia, el espacio y el tiempo son inagotables.
Hoy, en la vida de la sociedad vemos una aceleración del ritmo de desarrollo, y en una misma unidad de tiempo físico caben cada vez más descubrimientos tecnocientíficos y cambios sociales. La tarea más importante del décimo plan quinquenal, la de mejorar la calidad y la eficiencia de la producción y la administración, planteada por el XXV Congreso del PCUS, implica el aumento de la productividad del trabajo y el logro de los mismos o mejores resultados en relativamente menos tiempo y partiendo del moderno nivel de desarrollo de la ciencia y la técnica.



1. Concepto filosófico de la materia | 2. El movimiento y sus formas principales
3. El espacio y el tiempo | 4. La unidad del mundo

La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto filosofía en español
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Konstantinov
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Materia & Materialismo


La materia y sus formas principales de existencia - 4. La unidad del mundo - 02-03-2012

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La materia y sus formas principales de existencia - 4. La unidad del mundo
Materia & Materialismo

Academia de Ciencias de la URSS
F. Konstantinov &c.
Fundamentos de filosofía marxista-leninista
Materialismo dialéctico
Capítulo III

La materia y sus formas principales de existencia
Editorial Progreso
Moscú 1977


F. Konstantinov &c.
Fundamentos de la filosofía marxista-leninista
Materialismo dialéctico
Capítulo III

La materia y sus formas principales de existencia
Editorial Pueblo y Revolución
La Habana 1986

1. Concepto filosófico de la materia | 2. El movimiento y sus formas principales
3. El espacio y el tiempo | 4. La unidad del mundo


4. La unidad del mundo
La unidad material del mundo se llegó a comprender como resultado del desarrollo milenario de la ciencia y la práctica. En tiempos estaba extendidísima la contraposición de los mundos terrenal y celestial. En el último se instalaba a todos los bienaventurados, se tenía por eterno, imperecedero, a diferencia de la materia perecedera. El desarrollo de la astronomía, de la física y de las otras ciencias ha [95] refutado esas creencias. Se han conocido las leyes del movimiento de los planetas y los otros cuerpos cósmicos y analizado su composición química. Ha resultado que la sustancia más extendida en el Cosmos es el hidrógeno, cuya parte constituye más del 98 % de la masa de todos los astros y galaxias. Uno aproximadamente del dos por ciento restante corresponde al helio, y el otro uno a todos los demás elementos. (Proporciones distintas de los elementos en la Tierra y en otros planetas del sistema solar se explican por las condiciones especiales de su formación y evolución.)

4. La unidad del mundo
En la remota Antigüedad cristalizó ya, y alcanzó gran difusión bajo el influjo de la religión, la idea de que, además del mundo material conocido por todos, existe otro mundo inmaterial, en el que se alojan «los espíritus», «la razón suprema», «la voluntad suprema», etcétera.
Las leyes del movimiento de la materia, descubiertas en las condiciones terrenales, se manifiestan asimismo en el Cosmos. Tomando por base el desarrollo de la física y de la química, se ha logrado predecir de manera fidedigna estados de la materia que no se dan en la Tierra ni en el sistema solar, como son los estados superdensos de la sustancia y las estrellas neutrónicas y explicar a grandes rasgos la naturaleza de la energía de las estrellas y las etapas de su evolución. El intenso proceso de integración de las ciencias coadyuva a formar un cuadro científico natural único del mundo como materia en movimiento y desarrollo.

La ciencia llegó paso a paso a demostrar que la idea de que existían dos mundos diferentes era equivocada. El mundo es único. El mundo material real —al que pertenecemos también nosotros, con nuestra conciencia, con nuestros sentidos, sensaciones y representaciones— es el único mundo que existe verdaderamente.
Los filósofos fideístas dedujeron siempre la unidad del mundo de la voluntad rectora de Dios. A juicio de ellos fue Dios quien creó este mundo, y él es su última sustancia. Dios fue quien predeterminó la concatenación universal y el desarrollo de todos los fenómenos. De esta interpretación de la unidad del mundo es de donde arranca el neotomismo contemporáneo, que no niega la realidad objetiva ni la existencia de la materia, sino que las conceptúa de realidad secundaria con relación a la realidad suprema, que es Dios.

En el sistema del idealismo objetivo de Hegel, la unidad del mundo se entendía en el sentido de que todos los fenómenos del mundo son forma del distinto ser de la idea absoluta en autodesarrollo, por el cual se sobreentiende la razón divina universal.

Pero la concepción fideísta del mundo no hizo avanzar ni un paso al conocimiento, puesto que reducía una incógnita a otra, más intrincada aún, a la voluntad de Dios, al espíritu absoluto, &c. A los sabios que pensaban con sentido de la realidad no les satisfacía esa «explicación» y procuraban descubrir las causas materiales naturales de todos los fenómenos, [96] deducirlas de las leyes objetivas de la naturaleza. En consecuencia, obtuvo poderoso impulso el desarrollo de las ciencias naturales, en las que se dio a conocer consecuentemente la unidad material del mundo y la determinación natural de todos los fenómenos.

En las obras de los insignes materialistas del pasado —Demócrito, Epicuro, Lucrecio Caro, Francisco Bacon, Tomás Hobbes, Mijaíl Lomonósov, Pablo Holbach, Dionisio Diderot, Luis Feuerbach, Nicolás Chernyshevski y Alejandro Herzen— se estudió profundamente la doctrina de la unidad material del mundo, de su cambio y desarrollo eternos, del origen natural de todo lo vivo de la Tierra y de la sociedad. Ahora bien, estos pensadores no pudieron explicar de una manera materialista consecuente las fuerzas propulsoras ni las leyes del desarrollo de la sociedad, reduciéndolas a impulsos ideales de los hombres. Este defecto del materialismo precedente fue superado por completo en la filosofía marxista. Marx y Engels crearon el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, concepción monista consecuente en la que se da a conocer desde posiciones únicas de fidelidad a los principios la esencia de los fenómenos naturales y sociales. La sociedad, como producto supremo del desarrollo de la naturaleza, es una forma organizada en el aspecto social de la materia.

El monismo dialéctico materialista da una explicación natural y de conjunto de la naturaleza y la sociedad y sirve de base metodológica para descubrir la esencia de todos los fenómenos nuevos, antes desconocidos.

Algunos filósofos del pasado, que trataban de ser materialistas y rechazaban la idea del mundo ultraterrenal, intentaban demostrar la unidad del mundo partiendo, o bien de la afirmación de que es imaginado por nosotros como único, o bien de que existe. Semejante posición fue sustentada por Eugenio Dühring, cuyas opiniones, que significaban un abandono del materialismo, criticó Engels en su obra Anti-Dühring. Engels mostró que ambos argumentos eran falsos. En efecto, si el mundo es único sólo por el hecho de que nuestra idea de él es única, ello significa que el pensamiento es determinante con relación al mundo. Pero no es el mundo el que refleja las propiedades del pensamiento, sino al revés: es el pensamiento el que refleja las [97] propiedades del mundo. Nuestro pensamiento puede vincular en «la unidad» un cepillo para el calzado y un mamífero, pero no por eso, como decía Engels, le saldrán glándulas mamarias al cepillo. De la misma manera, de la afirmación de que el mundo existe no se deduce aún que es único, pues el concepto de existencia (ser) puede tener las interpretaciones más diversas, tanto materialistas como idealistas. Se puede admitir también como existente lo contenido sólo en la conciencia (tal es la idea de «la existencia» del mundo ultraterrenal), y no únicamente lo que hay fuera e independientemente de ella. Así pues el simple reconocimiento de la existencia del mundo no proporciona una idea justa de su unidad.

Algunos filósofos del pasado, que trataban de ser materialistas [80] y rechazaban la idea del mundo ultraterrenal, intentaban demostrar la unidad del mundo partiendo, o bien de la afirmación de que es imaginado por nosotros como único, o bien de que existe. Semejante posición fue sustentada por Eugenio Dühring, cuyas opiniones, que significaban un abandono del materialismo, criticó Engels en su obra Anti-Dühring, Engels mostró que ambos argumentos eran falsos. En efecto, si el mundo es único sólo por el hecho de que nuestra idea de él es única, ello significa que el pensamiento es determinante con relación al mundo. Pero no es el mundo el que refleja las propiedades del pensamiento, sino al revés: es el pensamiento el que refleja las propiedades del mundo. Nuestro pensamiento puede vincular en «la unidad» un cepillo para el calzado y un mamífero, pero no por eso, como decía Engels, le saldrán glándulas mamarias al cepillo. De la misma manera, de la afirmación de que el mundo existe no se deduce aún que es único, pues el concepto de existencia (ser) puede tener las interpretaciones más diversas, tanto materialistas como idealistas. Se puede admitir también como existente lo contenido sólo en la conciencia (tal es la idea de «la existencia» del mundo ultraterrenal), y no únicamente lo que hay fuera e independientemente de ella. Así pues el simple reconocimiento de la existencia del mundo no proporciona una idea justa de su unidad.
«La unidad del mundo —subraya Engels— no consiste en su ser, aunque su ser es una premisa de su unidad, ya que el mundo tiene ante todo que ser, para ser una unidad... La unidad real del mundo consiste en su materialidad, que no tiene su prueba precisamente en unas cuantas frases de prestidigitador, sino en el largo y penoso desarrollo de la filosofía y las ciencias naturales.» {(13) F. Engels. Anti Düring. (C. Marx y F. Engels. Obras., t. 20, pág. 43).}

«La unidad del mundo —subraya Engels— no consiste en su ser, aunque su ser es una premisa de su unidad, ya que el mundo tiene ante todo que ser, para ser una unidad [...] La unidad real del mundo consiste en su materialidad, que no tiene su prueba precisamente en unas cuantas frases de prestidigitador, sino en el largo y penoso desarrollo de la filosofía y las ciencias naturales.» (7, 58)
El sistema heliocéntrico creado por Copérnico fue uno de los jalones más importantes en la cognición de la unidad material del mundo. Hasta Copérnico predominó la idea de que el centro del Universo era la Tierra, alrededor de la cual se encontraba «la esfera celeste», con sus cuerpos celestes «ideales» —el Sol, los planetas, la Luna y las estrellas—, cuya perfección se manifiesta en la rigurosa esfericidad de su forma y en la limpieza absoluta de la superficie. En la Tierra, se decía, todo es pasajero, perecedero, mientras que en la esfera celeste todo es eterno e inmutable. Copérnico refutó estas ideas al crear la doctrina heliocéntrica. Demostró que la Tierra no es, ni mucho menos, el centro del Universo, sino sólo uno de los planetas que se incluía antes en la esfera celeste «ideal». Resultó, pues, que la contraposición del «mundo terrenal» al «mundo celestial» carecía de toda base.

El sistema heliocéntrico creado por Copérnico fue uno de los jalones más importantes en la cognición de la unidad material del mundo. Hasta Copérnico predominó la idea de que el centro del universo era la Tierra, alrededor de la cual se encontraba «la esfera celeste», con sus cuerpos celestes «ideales» —el Sol, los planetas, la Luna y las estrellas—, cuya perfección se manifiesta en la rigurosa esfericidad de su forma y en la limpieza absoluta de la superficie. En la Tierra, se decía, todo es pasajero, perecedero, mientras que en la esfera celeste todo es eterno e inmutable. Copérnico refutó estas ideas al crear la doctrina heliocéntrica. Demostró que la Tierra no es, ni mucho menos, el centro del universo, sino sólo uno de los planetas [81] que se incluía antes en la esfera celeste «ideal». Resultó, pues, que la contraposición del «mundo terrenal» al «mundo celestial» carecía de toda base.
La obra iniciada por Copérnico la continuaron Galileo y Giordano Bruno. Cuando Galileo construyó el primer telescopio y lo dirigió hacia el cielo, hizo un descubrimiento [98] que pasmó a todos sus contemporáneos: la Luna, que era considerada uno de los cuerpos celestes «ideales», no tiene en absoluto una forma esférica perfecta y está cubierta de depresiones, valles y montañas semejantes a las que hay en la superficie de la Tierra. Galileo descubrió también que en la superficie del Sol existen manchas de la forma más irregular. Giordano Bruno demostró que en el espacio infinito del Universo —allí donde, según afirman los teólogos, se encuentra únicamente «el mundo celestial ideal»— están diseminados innumerables mundos materiales como nuestro mundo terrenal.

La obra iniciada por Copérnico la continuaron Galileo y Giordano Bruno. Cuando Galileo construyó el primer telescopio y lo dirigió hacia el cielo, hizo un descubrimiento que pasmó a todos sus contemporáneos: la Luna, que era considerada uno de los cuerpos celestes «ideales», no tiene en absoluto una forma esférica perfecta y está cubierta de depresiones, valles y montañas semejantes a las que hay en la superficie de la Tierra. Galileo descubrió también que en la superficie del Sol existen manchas de la forma más irregular. Giordano Bruno demostró que en el espacio infinito del universo —allí donde, según afirman los teólogos, se encuentra únicamente «el mundo celestial ideal»— están diseminados innumerables mundos materiales como nuestro mundo terrenal.
El descubrimiento de las leyes de la mecánica y de la ley de la gravitación universal aportó nuevas pruebas de esta verdad. Los defensores de la idea de los dos mundos diferentes afirmaban que el movimiento de los cuerpos terrestres y celestes está subordinado a leyes distintas por principio. Consideraban un sacrilegio la idea no sólo de la identidad, sino incluso de la semejanza de estas leyes. Newton demostró, realizando con ello una gran hazaña científica, que las leyes de la mecánica de los cuerpos terrestres y celestes son las mismas; que es la misma, por su naturaleza, la fuerza que obliga a todos los cuerpos carentes de apoyo a caer a la Tierra, que obliga a la Luna a moverse alrededor de la Tierra y que obliga a los planetas, incluida la Tierra, a girar alrededor del Sol. Resultó que absolutamente todos los cuerpos del mundo infinito están unidos por una interacción material, única por su esencia, que no reconoce ninguna división en mundo terrestre y mundo celeste.

El descubrimiento de las leyes de la mecánica y de la ley de la gravitación universal aportó nuevas pruebas de esta verdad. Los defensores de la idea de los dos mundos diferentes afirmaban que el movimiento de los cuerpos terrestres y celestes está subordinado a leyes distintas por principio. Consideraban un sacrilegio la idea no sólo de la identidad, sino incluso de la semejanza de estas leyes. Newton demostró, realizando con ello una gran hazaña científica, que las leyes de la mecánica de los cuerpos terrestres y celestes son las mismas; que es la misma, por su naturaleza, la fuerza que obliga a todos los cuerpos carentes de apoyo a caer a la Tierra, que obliga a la Luna a moverse alrededor de la Tierra y que obliga a los planetas, incluida la Tierra, a girar alrededor del Sol. Resultó que absolutamente todos los cuerpos del mundo infinito están unidos por una interacción material, única por su esencia, que no reconoce ninguna división en mundo terrestre y mundo celeste.
El empleo del análisis espectral —que permite estudiar la composición química de los cuerpos por el carácter de la luz que emiten cuando se encuentran en estado gaseoso incandescente— tuvo gran importancia para refutar la idea de los dos mundos. Cada elemento químico tiene su grupo especial de líneas (espectro). Las investigaciones efectuadas por medio del análisis espectral han demostrado que los cuerpos celestes están integrados, en lo fundamental, de los mismos elementos químicos que la Tierra. Estas investigaciones han reafirmado más todavía la gran idea de la unidad material del mundo.

El empleo del análisis espectral —que permite estudiar la composición química de los cuerpos por el carácter de la luz que emiten cuando se encuentran en estado gaseoso incandescente— tuvo gran importancia para refutar la idea de los dos mundos. Cada elemento químico tiene su grupo especial de líneas (espectro). Las investigaciones efectuadas por medio del análisis espectral han demostrado que los cuerpos celestes están integrados, en lo fundamental, de los mismos elementos químicos que la Tierra. Estas investigaciones han reafirmado más todavía la gran idea de la unidad material del mundo. [82]
Pero aun en el caso de que los científicos hubieran descubierto en cualquier cuerpo celeste un elemento que no [99] exista en la Tierra, eso no habría significado una alteración de la unidad material del mundo. No se trata de que en todos los astros y en todas las galaxias existan los mismos elementos químicos, sino de que todos los elementos —independientemente de que existan o no en todas partes— son unas u otras variedades de la materia, que poseen propiedades fundamentales iguales y se subordinan a las leyes naturales objetivas.

Pero aun en el caso de que los científicos hubieran descubierto en cualquier cuerpo celeste un elemento que no exista en la Tierra, eso no habría significado una alteración de la unidad material del mundo. No se trata de que en todos los astros y en todas las galaxias existan los mismos elementos químicos, sino de que todos los elementos —independientemente de que existan o no en todas partes— son unas u otras variedades de la materia, que poseen propiedades fundamentales iguales y se subordinan a las leyes naturales objetivas.
Los átomos de todos los elementos químicos son sistemas materiales, compuestos de partículas elementales del mismo tipo (protones, neutrones y electrones) y que tienen la misma estructura. Los rasgos principales de esta estructura se manifiestan en la existencia en dichos elementos: a) de núcleo central compuesto de partículas elementales más pesadas y que, por ello, contiene la parte mayor de la masa del átomo; b) de una envoltura estratiforme que lo rodea, compuesta de partículas elementales más ligeras; c) de cargas eléctricas contrarias en el núcleo y en la envoltura. Por consiguiente, los átomos de los elementos químicos son únicos por su composición y su estructura. A ello está vinculado el hecho de que toda su diversidad no sea una acumulación de cuerpos que existen casualmente, sino un conjunto de objetos materiales concatenados internamente y unidos, en particular, por el sistema periódico, por la ley periódica general que descubrió D. Mendeléiev.

Los átomos de todos los elementos químicos son sistemas materiales, compuestos de partículas elementales del mismo tipo (protones, neutrones y electrones) y que tienen la misma estructura. Los rasgos principales de esta estructura se manifiestan en la existencia, en dichos elementos: a. de núcleo central compuesto de partículas elementales más pesadas y que por ello contiene la parte mayor de la masa del átomo; b. de una envoltura estratiforme que lo rodea, compuesta de partículas elementales más ligeras; c. de cargas eléctricas contrarias en el núcleo y en la envoltura. Por consiguiente, los átomos de los elementos químicos son únicos por su composición y su estructura. A ello está vinculado el hecho de que toda su diversidad no sea una acumulación de cuerpos que existen casualmente, sino un conjunto de objetos materiales concatenados internamente y unidos, en particular, por el sistema periódico, por la ley periódica general que descubrió D. Mendeléiev.
Al contraponer el «mundo celestial» al «mundo terrenal», los teólogos afirmaban que en la Tierra todo es mutable, todo llega a su fin tarde o temprano, mientras que en el cielo todo es inmutable, imperecedero. Pero ¿dónde están la eternidad e inmutabilidad de los cuerpos del mundo celestial? Las ciencias naturales han demostrado que el sistema de cuerpos celestes denominado sistema solar no ha sido siempre, ni mucho menos, como es ahora. Tiene su historia. Tampoco las estrellas son inmutables. Muchas de ellas se encienden y se apagan. Surgen y perecen sistemas estelares enteros.

Al contraponer el «mundo celestial» al «mundo terrenal», los teólogos afirmaban que en la Tierra todo es mutable, todo llega a su fin tarde o temprano, mientras que en el cielo todo es inmutable, imperecedero. Pero ¿dónde están la eternidad e inmutabilidad de los cuerpos del mundo celestial? Las ciencias naturales han demostrado que el sistema de cuerpos celestes denominado sistema solar no ha sido siempre, ni mucho menos, como es ahora. Tiene su historia. Tampoco las estrellas son inmutables. Muchas de ellas se encienden y se apagan. Surgen y perecen sistemas estelares enteros.
El movimiento eterno, el cambio, es inherente a todo, y no existe ningún mundo especial que no se someta a esta ley del ser. Sin embargo, donde desaparecen unas formas de la materia, surgen ineluctablemente otras nuevas que empiezan su propia historia. [100]

El movimiento eterno, el cambio, es inherente a todo, y no existe ningún mundo especial que no se someta a esta ley del ser. Sin embargo, donde desaparecen unas formas de la materia, surgen ineluctablemente otras nuevas que empiezan su propia historia.
Ninguna partícula de la materia, ni siquiera la más minúscula, desaparece sin dejar huella ni surge de la nada: la materia no hace más que transformarse de una forma en otra, sin perder jamás sus propiedades fundamentales. Por ejemplo, si desaparece un objeto material con una masa determinada, aparecen obligatoriamente otro u otros materiales con una masa igual a la del cuerpo desaparecido. En todos los procesos de transformación de los átomos permanece invariable la carga eléctrica total. En ésta, como en otras leyes semejantes de la naturaleza, se manifiesta la eternidad de la materia.

Ninguna partícula de la materia, ni siquiera la más minúscula, desaparece sin dejar huella ni surge de la nada: la materia [83] no hace más que transformarse de una forma en otra, sin perder jamás sus propiedades fundamentales. Por ejemplo, si desaparece un objeto material con una masa determinada, aparecen obligatoriamente otro u otros materiales con una masa igual a la del cuerpo desaparecido. En todos los procesos de transformación de los átomos permanece invariable la carga eléctrica total. En ésta, como en otras leyes semejantes de la naturaleza, se manifiesta la eternidad de la materia.
La indestructibilidad y la increabilidad de la materia y de su movimiento se expresan en muchas leyes de la conservación de la materia y de sus propiedades esenciales: la masa, la energía, el impulso, el momento del impulso, la carga eléctrica, el espín de las partículas elementales y varias propiedades más, cuyo conocimiento consecutivo por la ciencia pone al descubierto nuevos aspectos de la estabilidad en el movimiento y en las transformaciones de los objetos materiales, su unidad y su concatenación internas. Al paso se descubren diversos aspectos de la unidad material del mundo. Federico Engels escribió que, debido al descubrimiento de la ley de la conservación de la energía, «se han borrado hasta las últimas huellas de un creador del universo al margen de él.» {(14) Ibíd., pág. 13.} Nada puede comunicar ningún movimiento a un cuerpo material, incluso al más minúsculo, excepto la influencia real de otro cuerpo material, que le transmite total o parcialmente su propio movimiento. En virtud de esta ley, todos los procesos forman una cadena única, en la que no hay ni puede haber nada que no haya sido engendrado por la materia. En ninguna parte, en ningún fenómeno de la naturaleza y de la sociedad, hay ni puede haber acciones que partan de un misterioso «mundo inmaterial» y que testimonien su existencia. Todo tiene sus causas naturales, que radican en estos o aquellos cuerpos materiales, en sus propiedades y desarrollo. La ciencia explica el mundo material a partir de él mismo y no necesita de ninguna esencia sobrenatural al margen de la naturaleza. [101]

La indestructibilidad y la increabilidad de la materia y de su movimiento se expresan en la ley de la conservación y transformación de la energía, que desempeña un importante papel en la confirmación de la unidad material del mundo. Gracias a esta ley, señaló Engels, «se han borrado hasta las últimas huellas de un creador del universo al margen de él». (7, 18) Nada puede comunicar ningún movimiento a un cuerpo material, incluso al más minúsculo, excepto la influencia real de otro cuerpo material, que le transmite total o parcialmente su propio movimiento. En virtud de esta ley, todos los procesos forman una cadena única, en la que no hay ni puede haber nada que no haya sido engendrado por la materia. En ninguna parte, en ningún fenómeno de la naturaleza y de la sociedad, hay ni puede haber acciones que partan de un misterioso «mundo inmaterial» y que testimonien su existencia. Todo tiene sus causas naturales, que radican en estos o aquellos cuerpos materiales, en sus acciones y propiedades. La ciencia explica el mundo material a partir de él mismo y no necesita de ninguna esencia sobrenatural al margen de la naturaleza.
Hubo un tiempo en que los hombres ignoraban en qué consistía la esencia de la vida. Las peculiaridades de los organismos vivos, que los diferencian tan extraordinariamente de la naturaleza inorgánica, sirvieron de pretexto a algunos pensadores para afirmar que la base de la vida es cierta «fuerza vital» inmaterial que dirige todos los procesos en los organismos vivos. En particular, los idealistas declararon que la transformación de la materia inorgánica en orgánica —que tiene lugar en los animales y las plantas— es resultado de la actividad de esa «fuerza vital». Pero las ciencias naturales demostraron que la esencia de la vida es un proceso material de metabolismo, que transcurre de una manera singular y está subordinado a las leyes de la conservación de la masa y la energía, las cuales actúan también en toda la naturaleza restante.

Hubo un tiempo en que los hombres ignoraban en qué consistía la esencia de la vida. Las peculiaridades de los organismos vivos, que los diferencian tan extraordinariamente de la naturaleza inorgánica, sirvieron de pretexto a algunos pensadores para afirmar que la base de la vida es cierta «fuerza vital» inmaterial que dirige todos los procesos en los organismos vivos. En particular, los idealistas declararon que la transformación de la materia inorgánica en orgánica —que tiene lugar en los animales y las plantas— es resultado de la actividad de esa «fuerza vital». Pero las ciencias naturales demostraron que la esencia de la vida es un proceso material de metabolismo, que transcurre de una manera singular y está subordinado a las leyes de la conservación de la masa y la energía, las cuales actúan también en toda la naturaleza restante. [84]
En otros tiempos se desconocía el origen del hombre. Y eso dio motivo a que se formulara la idea de que ciertas fuerzas inmateriales habían creado el hombre por medio de un «milagro». Sin embargo, llegó un momento en que se dio a este problema una solución auténticamente científica, que excluía la concepción religiosa sobre las fuerzas inmateriales y el misterioso mundo sobrenatural. Esa solución fue iniciada con la doctrina evolucionista de Carlos Darwin. Por su parte, el marxismo hizo una aportación decisiva al esclarecimiento de este problema, demostrando el papel que había desempeñado el trabajo para destacar al hombre del mundo animal.

En otros tiempos se desconocía el origen del hombre. Y eso dio motivo a que se formulara la idea de que ciertas fuerzas inmateriales habían creado el hombre por medio de un «milagro». Sin embargo, llegó un momento en que se dio a este problema una solución auténticamente científica, que excluía la concepción religiosa sobre las fuerzas inmateriales y el misterioso mundo sobrenatural. Esa solución fue iniciada con la doctrina evolucionista de Carlos Darwin. Por su parte, el marxismo hizo una aportación decisiva al esclarecimiento de este problema, demostrando el papel que había desempeñado el trabajo para destacar al hombre del mundo animal.
Los fenómenos de la conciencia se distinguen radicalmente, por su carácter, de todos los fenómenos materiales. Esta diferencia es aprovechada por los idealistas para declarar carente de base la idea de la unidad material del mundo. Pero como veremos en el capítulo siguiente, la conciencia, aun no siendo material, es una propiedad de la materia organizada de un modo especial, es un producto suyo y no existe sin ella. Los fenómenos de la conciencia no forman ningún mundo singular que se encuentre fuera del mundo material, por encima de él e independiente de él. Y, por consiguiente, no entran en contradicción con la unidad material del mundo. Lo único que hacen es demostrar cuán polifacética y completa es esta unidad, que incluye una gran variedad de formas de la materia en movimiento y una [102] cantidad infinita de sus diversas cualidades y propiedades.

Los fenómenos de la conciencia se distinguen radicalmente, por su carácter, de todos los fenómenos materiales. Esta diferencia es aprovechada por los idealistas para declarar carente de base la idea de la unidad material del mundo. Pero como veremos en el capítulo siguiente, la conciencia, aun no siendo material, es producto suyo y no existe sin ella. Los fenómenos de la conciencia no forman ningún mundo singular que se encuentre fuera del mundo material, por encima de él e independiente de él. Y, por consiguiente, no rompen la unidad material del mundo. Lo único que hacen es demostrar cuán polifacética y completa es esta unidad, que incluye una gran variedad de formas de la materia en movimiento y una cantidad infinita de sus diversas cualidades y propiedades.
La vida de la sociedad humana, su historia, la actividad de los hombres y el progreso social son declarados con frecuencia producto de las prescripciones de «la voluntad divina» o resultado de la acción de ciertas ideas, situadas, supuestamente, por encima de la realidad material y dominantes sobre ella. El materialismo histórico ha probado la falsedad de esas opiniones, poniendo al desnudo las leyes objetivas y las causas materiales del desarrollo de la sociedad.

La vida de la sociedad humana, su historia, la actividad de los hombres y el progreso social son declarados con frecuencia producto de las prescripciones de «la voluntad divina» o resultado de la acción de ciertas ideas, situadas, supuestamente, por encima de la realidad material y que predominan sobre esta última. El materialismo histórico ha probado la falsedad de esas opiniones, poniendo al desnudo las leyes objetivas y las causas materiales del desarrollo de la sociedad.
Para argumentar la tesis que proclama la unidad del mundo tiene importancia decisiva establecer el carácter universal del nexo que existe entre todas las formas de la materia, cualitativamente diferentes, y de las correspondientes formas del movimiento. Este nexo de las diferentes formas de la materia y de las diferentes formas del movimiento ha existido, existe y existirá siempre y en todas partes. En el mundo jamás ha existido, existe ni existirá en parte alguna nada que no sea materia en movimiento o que no haya sido engendrado por la materia en movimiento. En eso consiste precisamente la unidad del mundo.

Para argumentar la tesis que proclama la unidad del mundo tiene importancia decisiva establecer el carácter universal del nexo que existe entre todas las formas de la materia, cualitativamente diferentes, y de las correspondientes formas del movimiento. Este nexo de las diferentes formas de la materia y de las diferentes formas del movimiento ha existido, existe y existirá siempre y en todas partes. En el mundo jamás ha existido, existe ni existirá en parte alguna nada que no sea [85] materia en movimiento o que no haya sido engendrado por la materia en movimiento. En eso consiste precisamente la unidad del mundo.
El mundo es material. Es único, eterno e infinito. Y el propio hombre, su producto superior en la Tierra, es una parte del gran todo denominado naturaleza.

El mundo es material. Es único, eterno e infinito. Y el propio hombre, su producto superior en la Tierra, es una parte del gran todo denominado naturaleza.
La unidad del mundo no puede reducirse a la homogeneidad de su composición físico-química o a la subordinación de todos los fenómenos a las mismas leyes conocidas de la física. En virtud de la acción de la ley universal del paso de los cambios cuantitativos a cualitativos, cada cualidad concreta existe entre determinados límites de medida a escalas finitas de espacio y tiempo. No se la puede extrapolar (extender) al infinito. Por eso toda teoría científica concreta tiene también una esfera limitada de aplicación. La verdad es siempre concreta. Cualquier teoría científica concreta tiene también una esfera limitada de aplicación. La verdad es siempre concreta. Cualquier teoría científica es ineludiblemente un sistema abierto de conocimientos.

La materia es de una variedad infinita en sus manifestaciones. Cuando cambian (aumentan o disminuyen) las proporciones de espacio y tiempo, en determinadas etapas, se producen ineludiblemente cambios cualitativos en las propiedades parciales, en las formas de organización estructural [103] y en las leyes de movimiento de la materia. Muchas leyes del micromundo son distintas, en cualidad, de las leyes de los fenómenos macroscópicos, y a la escala gigantesca del Universo existen procesos y estados singulares, insólitos, de la materia, y aún está por crear la teoría que los explique.

Así y todo, pese a las diferencias cualitativas y a la inagotabilidad estructural de la materia, el mundo es uno. Esta unidad se manifiesta a escala global en que la materia y sus atributos son absolutos, sustanciales y eternos; en que todos los sistemas materiales y niveles estructurales están concatenados entre sí y se condicionan mutuamente; en que la determinación de sus propiedades es natural; y en que las formas de transformación recíproca de la materia en movimiento son muy variadas y corresponden a las leyes universales de conservación de la materia y a sus propiedades fundamentales.

La unidad del mundo se manifiesta asimismo en el desarrollo histórico de la materia, en el surgimiento de formas más complejas de materia y de movimiento basadas en formas relativametne menos complejas. Se manifiesta, por último, en la acción de las leyes dialécticas universales del ser que se revelan en la estructura y en el desarrollo de todos los sistemas materiales.

Manifestaciones locales de la unidad del mundo son la homogeneidad de la composición físico-quimica de los cuerpos, la comunidad de sus leyes cuantitativas de movimiento, el parecido de la estructura y de las funciones de los sistemas, la semejanza de las propiedades, que hacen posible modelar los sistemas y procesos complejos, basándose en fenómenos más simples con el fin de obtener mueva información del mundo.

La doctrina dialéctica materialista del mundo sobre la materia y las formas de su existencia constituye el cimiento de la filosofía marxista-leninista, la base de la concepción monista, integral del mundo. Reviste inmensa importancia metodológica para la ciencia contemporánea y contribuye a la integración de las ciencias y a la elaboración de una interpretación integral del mundo como materia en movimiento y desarrollo. [104]


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{Academia de Ciencias de la URSS. Instituto de Filosofía. Ministerio de Enseñanza Superior y Media Especializada de la URSS. Fundamentos de filosofía marxista-leninista. Parte I. Materialismo dialéctico. Aprobado por el Ministerio de Enseñanza Superior y Media Especializada de la URSS como manual para los estudiantes de los centros de enseñanza superior. Editorial Progreso, Moscú 1977. Traducido del ruso por Isidro R. Mendieta. El presente manual es obra de un grupo de autores, integrado por el académico F. Konstantinov (dirigente del grupo) y por [...]. En este manual de fundamentos de filosofía marxista-leninista se exponen de manera sistemática los problemas más importantes del materialismo dialéctico e histórico y se hace una crítica de la filosofía y la sociología burguesas contemporáneas. El manual está destinado a los estudiantes de los centros de enseñanza superior, a los alumnos de las escuelas y círculos de estudio del partido y a cuantos estudian individualmente la filosofía marxista-leninista. En la segunda edición, corregida de conformidad con las sugerencias y observaciones de los lectores, se ven reflejados los documentos del XXV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. [El capítulo III que aquí se ofrece ocupa las páginas 69 a 103.]}

{F. Konstantinov y coautores. Fundamentos de la filosofía marxista-leninista. Parte I. Materialismo dialéctico. Editorial Pueblo y Educación, La Habana 1986. Este libro, en tus manos de estudiante, es instrumento de trabajo para construir tu educación. Cuídalo. Tomado de la edición de la Editorial de Ciencias Sociales, 1977. (Tercera reimpresión 1987. Cuarta reimpresión 1988.) [El capítulo III que aquí se ofrece ocupa las páginas 55 a 85.]}

1. Concepto filosófico de la materia | 2. El movimiento y sus formas principales
3. El espacio y el tiempo | 4. La unidad del mundo

La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto filosofía en español
© 1999 www.filosofia.org
Konstantinov
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Materia & Materialismo

La Medicina Suprema - Nisargadatta Maharaj - 7/8 de Julio de 1980


Visitante: ¿Es posible decirme lo que he de hacer paso a paso para acercarme a la realización?

Maharaj: ¿Por qué tiene uno que hacer una práctica y para qué propósito?

Visitante: ¿No hay ninguna práctica que deba hacerse entonces?

Maharaj: Usted se confunde al identificarse con el cuerpo. Incluso su pregunta de qué ha de hacerse es sólo desde el punto de vista de su asociación con el cuerpo.
Como un individuo, movido por el cuerpo, ¿qué he de hacer yo?—ésa es realmente su pregunta. Mientras usted permanezca identificado con el cuerpo, su
confusión continuará.

Visitante: Sí, intelectualmente está claro. Pero cuando una persona realizada dice que todo el mundo está realizado ya, ello significaría que yo estoy realizado, pero
yo no lo siento así.

Maharaj: La persona que dice “yo no lo siento así” está también identificado con el cuerpo.

Visitante: Yo soy incapaz de expresar lo que siento.

Maharaj: ¿No es ello algo que está ahí y que usted usa? Sin esta consciencia usted no podría pensar ni hacer nada. Así pues, eso que usted está usando está ya ahí.
No hay ninguna otra práctica que haya de hacerse, excepto comprender (es decir, decirse a usted mismo con convicción) que la práctica es este conocimiento de
que usted es, el cual es el conocimiento mismo, y no la manera en que usted está usando este conocimiento en el nivel individual. Así pues, el conocimiento mismo es lo único que existe y debe permanecer puro en ese conocimiento y como ese conocimiento; y usted debe permanecer aparte de él. Ese conocimiento de que usted
es, se ha identificado erróneamente con el cuerpo y consecuentemente usted está pensando en usted mismo como el cuerpo. Pero usted es el “conocimiento”.
Fortalezca su convicción de que usted es el conocimiento, esta eseidad, y no el cuerpo.

Visitante: ¿Cómo puede uno hacerlo?

Maharaj: Por la meditación, como dhyana. Y dhyana significa que el conocimiento debe permanecer en la meditación con el conocimiento. Ahora, ¿qué es la
meditación? La meditación es el conocimiento “yo soy” permaneciendo en ese conocimiento.
Hay el estado de vigilia y el estado de sueño, y el conocimiento de que usted es. Yo existo, yo sé que yo existo. Además de eso, ¿qué otro capital tiene alguien, sino meramente el conocimiento “yo soy”?

Visitante: Yo lo veo importante debido a que todo lo demás está cambiando.

Maharaj: ¿En qué puede usted basar sus preguntas? La única cosa que usted tiene es el conocimiento de que usted existe. Además de eso, ¿qué otro conocimiento
tiene usted?

Visitante: Ningún conocimiento, ningún otro conocimiento.

Maharaj: Por consiguiente, sea en eso. Y no suponga que usted es alguien que hace. Eso es todo lo que usted puede hacer en esta etapa, y permanezca en eso.
Todas las preguntas vienen en realidad por la vía de su mente y del cuerpo, de los cuales usted tiene que estar separado. Esto es el mensaje completo; permanezca
en eso. Si usted puede aceptar este mensaje, usted puede venir aquí porque usted escuchará repetidamente la misma cosa. Pero si ello no es aceptable para usted,
entonces no pierda su tiempo.
En la línea espiritual, ¿qué trabajo ha hecho usted? ¿Ha leído usted algo, ha hecho usted algo? ¿Ha estado usted en alguna parte?

Visitante: Sí, en 1960 me surgió el interés. En ese tiempo, conocí a Swami Menon [presumiblemente, el visitante se refiere a Sri Krishna Menon, conocido también
como Sri Atmananda] y asistí a sus conferencias. Voy a Ramanashram frecuentemente, porque allí Sri Ganesan me dio el libro de Maharaj.

Maharaj: ¿Lee usted a Ramana Maharshi? ¿Y los dos volúmenes de I Am That?

Visitante: Todo el tiempo. Los libros de Ramana Maharshi y los de Maharaj.

Maharaj: Lo que ha sido dicho en los libros de Ramana Maharshi y lo que ha sido dicho en los libros de Maharaj—¿cuadra lo uno con lo otro?

Visitante: Absolutamente. Ramana Maharshi es algo distante y le deja a uno un poco asustado. Maharaj le retuerce a uno la nariz y habla, y es más fácil de
absorber.

Maharaj: ¿Tiene usted una imagen clara idea de su verdadera naturaleza, de lo que usted es?

Visitante: En palabras, sí.

Maharaj: Incluso si usted lo acepta en palabras, eso es ya mucho. ¿Quién es el que acepta lo que ha sido dicho en las palabras? Ese que acepta lo que ha sido dicho
en las palabras, ¿no está ese principio separado de las palabras?

Visitante: Yo soy todavía una persona con una memoria. Espero progresar más allá de eso.

Maharaj: ¿Qué le hace a usted considerarse una persona? Su identificación con el cuerpo. ¿Durará esta personalidad individual? Ella permanecerá solo mientras
permanezca la identificación con el cuerpo. Pero una vez que haya una firme convicción de que usted no es el cuerpo, entonces esa individualidad está perdida. Ello
es la cosa más simple, tan pronto como usted tiene esta convicción de que usted no es el cuerpo, entonces automáticamente, instantáneamente, usted deviene lo
manifiesto total. Tan pronto como usted deja su individualidad, usted deviene la totalidad manifiesta. Pero su ser verdadero es aparte incluso de eso que es
totalmente manifiesto. Y usted asume esta individualidad dentro de ese manifiesto total mientras está identificado con el cuerpo.
Cuando no hay individualidad, ¿qué considerará usted que es el que medita y la meditación? Cuando esta individualidad no está aquí ¿quién medita y sobre qué? La
gente habla muy libremente de “meditación”, pero ¿qué es lo que hacen realmente? Ellos usan su consciencia para concentrarse en algo. Dhyana es cuando este
conocimiento, esta consciencia de que yo soy, medita sobre sí misma y no sobre algo diferente de sí misma.

Visitante: Sobre sí misma…

Maharaj: El conocimiento no tiene ninguna forma en ningún caso.

Visitante: Pero es cuando el “yo soy” se vuelve sobre sí mismo, cuando nuevamente deviene calificado con forma, debido a que esa es la manera en que yo soy
para mí mismo ahora.

Maharaj: Cuando usted dice que usted debe sentarse para la meditación, la primera cosa que ha de hacerse es comprender que no es esta identificación con el
cuerpo la que se sienta para meditar, sino que es este conocimiento “yo soy”, esta consciencia, la que se sienta en meditación y la que medita sobre sí misma.
Cuando se ha comprendido firmemente esto, entonces ello deviene fácil. Cuando esta consciencia, cuando esta presencia consciente, se sumerge en sí misma, se
sigue el estado de samadhi. Cuando este mana, buddhi, chitta, o cualquiera de los nombres que se estén usando, se sumerge en ese estado, entonces, incluso el
conocimiento “yo estoy meditando”, se pierde completamente; este conocimiento se sumerge en ese estado. Es la sensación conceptual de que yo existo la que
desaparece y se sumerge en la eseidad misma. Así pues, esta presencia consciente se sumerge también en ese conocimiento, en esa eseidad—eso es samadhi.
Ese conocimiento se expande y comienza a tener el conocimiento de todo lo que es móvil y de todo lo que es inmóvil. Y ese conocimiento comienza a conocerse a
sí mismo. Y finalmente ¿qué acontece? Solo queda la presencia consciente. Es decir, hay sólo presencia consciente, no “yo” ni “usted”, ni ninguna otra cosa. Repito: es presencia total; es decir, manifestación total—no yo, ni usted ni ningún individuo.
Esta consciencia, que está dentro del cuerpo y que por consiguiente ha asumido erróneamente que ella es el cuerpo, gradualmente se da cuenta de su verdadera
naturaleza, a saber, que ella es solo presencia consciente sin ningún aspecto individual inherente. Finalmente, ella se considera a sí misma la presencia consciente de
la manifestación total, y toda individualidad se pierde completamente.
Así pues, lo que comienza como egoísmidad (en el sentido individual, como identificación con el individuo) deviene finalmente conocimiento del Sí mismo, como
presencia consciente.
¿Tiene usted algún comentario sobre esto? Cuando usted haga preguntas, hágalas sobre la base de que usted no es el cuerpomente, sino la presencia consciente.

Visitante: Parece que Maharaj está describiendo dos aspectos de la meditación sobre el más allá. Primero está esta concentración—la consciencia volviéndose
sobre sí misma, el sentido “yo soy”—y después, y solo desde ese punto de vista, puede el ser consciente observar aquello con lo que se ha identificado y liberarse
de todas estas identificaciones.
La única cosa que me surge ocasionalmente es que durante el curso de la meditación algunas fuerzas muy poderosas se liberan en el cuerpo y tratan de sacudirlo, y
otras hay visiones o experiencias psíquicas. Todo lo que uno tiene que hacer en tales casos, por lo que comprendo de Maharaj, es aferrarse al sentido de “yo soy” y tratar de observar lo que está aconteciendo aunque ello pueda tender a distraerle a uno muy fuertemente de este sentido de presencia.

Maharaj: Eso es cierto, excepto comprender que usted no está haciendo realmente la presenciación. De todo lo que ocurra, sentado por la mañana, o las visiones
que vengan a usted, meramente obsérvelas, pero comprenda que usted no las está observando, que no hay ningún “usted” como una entidad presenciándolas; la
presenciación tiene lugar por sí misma. Así pues, sea en su meditación, y entonces tiene lugar la presenciación de todo lo que tenga que ser presenciado. Y no se
implique a usted mismo en la presenciación. Hay la luz del día afuera. Bien, nosotros la vemos; nosotros no tenemos que hacer una afirmación: ¡Ah, estoy viendo la
luz del día ahí! Así pues, nosotros estamos presenciando; la presenciación tiene lugar automáticamente.

Visitante: Una de las cosas interesantes que están ocurriendo en América en los últimos años ha sido la tremenda importancia que se da a dar a la gente masajes
corporales y cosas como esas de liberar artificialmente el flujo de esta fuerza vital a través del cuerpo. Yo siento que esto es una cosa puramente mecánica, y que
más pronto o más tarde todos los viejos nudos volverán de nuevo. Pero si nos abrimos a nosotros mismos de la manera en que Maharaj nos instruye, uno puede
sentir naturalmente que todas estas pequeñas áreas de contracción en el cuerpo se desvanecen. Y a mí me parece que esto es una razón menor, pero importante,
para el aspecto espiritual que él nos está presentando.

Intérprete: Actualmente Maharaj no tiene suficiente energía para hablar sobre eso. Cuando la gente habla de devoción, ellos se dedican a Dios, pero en realidad es
devoción a la fuerza vital. Todos estos yoguis, lo que están haciendo es dedicar su tiempo a la fuerza vital.

Visitante: ¿Entiende Maharaj que se trata sólo del juego de la fuerza vital a través de la totalidad del sistema de los chakras, y que ellos hacen todos estos ejercicios
de manipular la espina dorsal para obtener distintos efectos?

Maharaj: La cosa más importante es la fuerza vital. Cualquiera que sea el nombre que se dé a todas estas prácticas espirituales, finalmente estos esfuerzos se aplican únicamente a la fuerza vital, porque sin eso no hay ninguna existencia, no hay ninguna consciencia. Así pues, la fuerza vital es lo más importante. Siempre que la
fuerza vital está aquí, esa consciencia de “yo”, el conocimiento “yo soy”, está aquí.
Y después hay los cuatro tipos de habla. Para y pashyanti se refieren a la existencia; y todas las actividades acontecen a través de madhyama y vaikhari.
Madhyama significa la mente, y vaikahari el habla como se expresa, las palabras que finalmente salen a través de la boca.
A la gente se le dirige hacia otras cosas, pero nadie les habla de su principio nacimiento, sattva. Ese principio contiene todo; todos estos cuatro tipos de habla y
todo lo demás está contenido en él. No sólo eso, la totalidad del universo, todo lo que aparece, está contenido en el principio nacimiento. Ésta es la razón por la que se insiste tanto en el descubrimiento de lo que ese principio es. Son pocos los que prestan atención a ese principio nacimiento, porque no se dan cuenta de su
importancia. A causa del principio nacimiento, todo es, el mundo es. Todo el conocimiento del mundo está contenido en él. Sólo uno en un crore (diez millones) de
personas puede descubrir lo que el principio nacimiento es. Y una vez que usted conoce esto, todo, todo el conocimiento, le pertenece—incluso la liberación es
suya.
Hay ese periodo de nueve meses en la matriz. ¿Cuál es el contenido de la matriz? Ello es ese conocimiento “yo soy” en la condición durmiente. Eso se está
desarrollando lentamente. Dentro del principio nacimiento, todo está contenido.

Intérprete: A la gente que critica mucho y que no sabe nada, o alguien que pretende saber mucho, Maharaj le dice jocosamente, usted no ha salido de la matriz
demasiado aprisa. Todo, todo el conocimiento, está contenido en esa matriz, afirma Maharaj.
Maharaj ha detectado ciertos cambios que tienen lugar en su cuerpo—algo extraordinario. Por ejemplo cuando usted examina su pulso, se siente un cierto tipo de
fuerza interior. ¿Cómo acontecen todas estas cosas? Él dice que la enfermedad es para el principio nacimiento, mientras que él, que es el presenciador del principio
nacimiento, no es afectado. Puesto que Maharaj no tiene nacimiento, no hay tampoco ninguna posibilidad de muerte. Así pues, él sólo presencia todas estas
cosas. Maharaj dice que ha transferido todo eso al principio nacimiento, y que él es el conocedor de ello. Así pues, la enfermedad se aplica solo al principio
nacimiento. El principio nacimiento ha aparecido y, finalmente, lo que la enfermedad puede hacer, es extinguir a ese principio nacimiento. Pero yo no soy eso, dice
Maharaj; Por consiguiente, él no está implicado en ello.
Reconozca lo que Maharaj es. Para reconocerlo, usted tiene que seguir su método. Él le dice a usted que su consciencia es Dios. Una vez que usted comprende que usted no es el cuerpo sino la consciencia, entonces usted deviene estabilizado o establecido en el seno de Dios. Cuando usted va ahí, usted puede saber lo que
Maharaj es. Hasta entonces usted no puede saberlo. Es por eso por lo que Maharaj dice, que muchas gentes han venido y han partido pero que nadie le ha
reconocido correctamente. Ellos vienen aquí y tienen encuentros frecuentes, y entonces dicen que le siguen. Finalmente, ellos vendrán a saber que ellos son el
Brahman. Pero todavía no me conocen, dice Maharaj. Al conocedor del Brahman, ellos no lo conocen.
Usted está todavía en el reino de la consciencia; usted debe transcender la consciencia para conocer a Maharaj.
El efecto de la enfermedad será que la memoria del nacimiento desaparecerá. Yo no soy afectado, dice Maharaj. Mientras está disponible ese remanente de tinta,
se está escribiendo un registro; eso se aplica también al cuerpo causal. Cuando la tinta se seca, el cuerpo causal también está fuera de cuestiones.
Maharaj dice, algunos han venido a él que han realizado. No hay ninguna duda sobre ello. Ellos son jnanis, pero no Brahmajnanis. Ellos se han estabilizado en la
consciencia. Ellos han comprendido la deidad, que ellos son Dios, pero no pudieron transcenderlo. Brih significa “mundo” y aham significa “yo”, “yo soy”. Así
pues, el mundo junto con “yo soy” (“yo soy el mundo”)—eso es el Brahman.
Durante cuarenta y dos años Maharaj ha hablado tanto que ahora ya no le agrada hablar mucho. Aunque la gente le escucha, no son capaces de deshacerse de sus
conceptos. Por consiguiente, permanecen atrapados dentro de sus conceptos. Para comprender realmente lo que Maharaj dice, usted tiene que adorar a ese
prana, la fuerza vital. La meditación es necesaria.

Maharaj: Dondequiera que hay algún sonido, ahí debe haber algo responsable de ello. Ahora el mundo está aquí, así pues, algo debe haber sido responsable de su
aparición. Eso es la consciencia. La consciencia está aquí, por consiguiente, el mundo es. Ahora, ¿en la presencia de quién, puede usted decir, es la verdad eterna,
el principio absoluto? Turiya significa donde la consciencia es. El que conoce turiya es turiyatita. Ese es mi estado. Turiya está dentro de la consciencia, la cual es el
producto de los cinco elementos. Y el que transciende eso, el que conoce turiya es turiyatita. Para estabilizarse en turiya, usted debe conocer el principio
nacimiento.

Visitante: Turiya se describe siempre como el estado presenciador que ve a través de la vigilia, del sueño con sueños y del sueño profundo. Y turiyatita es más allá
incluso de eso.

Maharaj: Eso a lo que se llama nacimiento, el principio nacimiento mismo, es turiya. La experiencia misma de que usted existe es turiya.
En este momento, todo lo que usted es, su principio tiene un comienzo. Ello tuvo que originarse en alguna parte. Pudo ser algún Dios, Krishna, Rama, o cualquier
otro. Pero ello tuvo que originarse en algún punto. Sin el principio nacimiento, ¿qué hay?

Intérprete: No hay ninguna reserva, ¿comprende? Maharaj no reserva a nadie, habla directamente.

Visitante: Dígale que vi eso muy vívidamente ayer con un amigo a quien traje aquí.

Intérprete: Maharaj dice que puede hablar así porque no tiene ninguna duda sobre lo que es y sobre lo que no es. Por eso es por lo que su charla es de este tipo.
No hay ningún “quizás”, o “supongo”, y todo ese tipo de cosas.

Visitante: Debe ser muy frustrante para él cuando la gente viene aquí y se aferra ciega e inflexiblemente a algún concepto y piensan que pueden encontrar una
solución a través de una pequeña manipulación de eso.

Maharaj: Muchos sabios en el pasado han probado su victoria sobre la mente. Por ejemplo, estaba Mirabai—Mirabai fue una gran santa—y ella fue envenenada
por su marido. Pero nada le ocurrió a ella.
Entonces hay la historia de otro sabio. Éste estaba enfermo y no tomó la medicina durante mucho tiempo, y todos sus discípulos estaban muy preocupados. Así
pues, ellos le dijeron, usted debe tomar la medicina. Él contestó, traed todas vuestras medicinas, y se las tragó todas. Y ellos estuvieron de nuevo preocupados.
Pero de nuevo nada ocurrió. Esto es también la victoria sobre la mente.
La victoria sobre la mente es una cosa; una expresión mejor sería estabilizarse en el Sí mismo: la convicción sobre su verdadera naturaleza.
Una característica común de estos sabios es que ellos saben lo que ellos son. Ellos se identifican a sí mismos con el Sí mismo supremo. Así pues, si alguien les habla
sobre el nacimiento, la muerte, o la enfermedad, ellos no aceptan todo eso; ellos no lo creen, debido a que no tienen ninguna duda sobre lo que ellos son
realmente.

Visitante: ¡Usted podría dejarme sin trabajo! Volveré a casa y le diré a los pacientes que vienen a verme que todo está en su cabeza.

Maharaj: De todas las proposiciones que he escuchado, yo no he aceptado ninguna excepto la de mi gurú, que yo soy Brahman. Esa es la única proposición
aceptable para mí.
Un hombre vino aquí de Baroda y me dio un cierto número y me dijo, usted devendrá millonario, de la noche a la mañana. Yo le dije, no me dé eso, déselo a otra
gente que está aquí. Porque mañana, de la misma manera, usted me dirá que usted va a morir. Así pues, si yo voy a devenir millonario, yo puedo morir también. Ello no tiene ningún valor para mí. Mucha gente ha venido, incluyendo muchos doctores. Ellos han dicho tanto; yo solo los he mirado y he ignorado todo lo que me han
dicho. Nosotros, como conceptos, aceptamos los conceptos y los hacemos nuestros propios; se ha hecho muy difícil rechazarlos. Yo no soy el producto de mis padres. Ellos no me han creado. Yo he acontecido espontáneamente. En su caso, usted piensa que sus padres pegaron esos ojos aquí, que pusieron esa nariz ahí, y la boca… Toda la información que yo tengo antes del nacimiento, esa es la única información correcta. Ese conocimiento es el Parabrahman. Antes del nacimiento es lo Absoluto, el Parabrahman. Y después del nacimiento es chetanaparabrahman, el Brahman manifiesto o el Brahman consciencia. Yo soy ese principio que no fue afectado cuando el universo se disolvió tantas veces.
Este concepto “yo soy” no estaba aquí antes de lo que usted llama “nacimiento”. Así pues, como este concepto ha aparecido, también desaparecerá. ¿Cómo soy yo afectado? De ninguna manera en absoluto. Porque este concepto no es verdadero. Esto se aplica a todos los conceptos. Antes del nacimiento, y después del
nacimiento, todo el conocimiento que yo tengo, mío propio, sin escucharlo de nadie, eso es el único conocimiento verdadero que yo acepto. Y la prueba se
encuentra en las palabras de mi gurú.
Yo le digo a la gente todo lo que es correcto. Yo no necesito leer los Vedas para aprender de ellos, pero antes de lo que se llama mi nacimiento, todo el
conocimiento que yo ya tenía, estoy recibiendo confirmación de él en los Vedas.
En este mundo, es una práctica común para los seres humanos pedir conocimiento a otros tanto sobre materias mundanas como espirituales. Y desde eso tratan de
vivir—un conocimiento obtenido de otros, no suyo propio. La gente aprende todo lo que se le enseña. A lo que ellos eran, antes de ser enseñados, nadie le presta
atención. Todo lo que usted puede olvidar, no puede ser lo eterno; no puede ser la verdad. Por eso es por lo que usted no puede olvidar su verdadero estado, y
por eso es por lo que usted no puede recordarlo. Todo lo que usted olvida, no es la verdad, recuerde siempre esto.
La gente viene aquí a hacer preguntas, ¿pero qué saben ellos para hacer preguntas? ¿Tienen algún conocimiento de sí mismos? ¿Tienen algún conocimiento real?
Todo lo que han leído, o escuchado, o que se les haya enseñado, vienen aquí y lo regurgitan.
Nosotros nos identificamos a nosotros mismos con el nombre que se nos ha dado. Y ¿qué es ese nombre? Es cualquier nombre que se les ocurrió a nuestros
padres. Estamos apegadísimos a ese nombre; nosotros actuamos con él constantemente en el mundo. Y este nombre es un accidente; la palabra que les vino a la
mente, eso es mi nombre, y en esa cosa accidental yo estoy efectuando mi forma.
Esta señora de aquí usualmente le dice a su marido lo que ha escuchado en estas charlas. Pero hoy esto va a ser muy difícil para ella. Porque este conocimiento está
más allá de las palabras. ¿Cómo puede usted poner esto en palabras?
Normalmente el flujo del pensamiento es continuo, siempre está aquí. ¿Cuánto de ese flujo del pensamiento es útil para usted? De todo esos pensamientos, tome
sólo los que son útiles para usted. Algunas veces, mando a los pensamientos que se vayan: “No quiero tener que ver nada contigo”. Menos de uno entre un millar de personas se preguntarán alguna vez, cuál es la utilidad de todos estos pensamientos que solo están fluyendo.

Visitante: Muy pocos se paran a pensar sobre el pensar.

Maharaj: Cuando el pensamiento no tiene clientes, el pensamiento se desvanece; No hay ningún pensamiento.

Visitante: Sin embargo, cuando Maharaj nos está enseñando, los pensamientos son tan claros y bien definidos. Es una paradoja.

Maharaj: Yo no tengo fe en ninguna religión, incluyendo el Hinduismo.
Cuando usted viene aquí al comienzo, solo escuche lo que se está diciendo, trate de comprenderlo. Incluso si surgen preguntas, no las formule por el
momento—solo escuche. Ahora hablaré sobre ese poder que tiene la apariencia de un individuo pero debido a cuya presencia el mundo está llevando a cabo su
funcionamiento. Quizás no sea fácilmente comprehensible, pero no puedo tomarme el trabajo de entrar en mucho detalle y explicar todo sobre esta etapa. Así pues,
trate de comprender tanto como pueda; de otro modo, déjelo correr.
Estoy hablando sobre este poder que está en el cuerpo, pero que es la raíz de la existencia y el sostén del universo entero. Lo que está en mi cuerpo, está también
en el cuerpo de todos. Pero la inmensa mayoría se interesa mucho más por este “cadáver” con el que están viviendo que por eso que hay dentro de ese cadáver.
Todos los desmanes que ocurren en el mundo, son movimientos en ese poder, pues ese poder es lo que hace que el mundo gire. Y todos los aconteceres que
tienen lugar son movimientos en esa consciencia. Debido a que nosotros nos asociamos con los acontecimientos, hay infelicidad. Yo veo las cosas desde un punto
de vista diferente, desde el punto de vista de lo Absoluto.
Así pues, ¿cuál es su duda?

Visitante: Bien, es solo la impersonalidad de este poder, y como nadie parece tener ninguna capacidad para controlarlo o manipularlo. La mayoría de nosotros en
el oeste creemos sin embargo que podemos, lo cual es la parte mayor de la ilusión. Y algunas veces, las cosas parecen ir a favor de uno, pero otras parecen ir
mucho más en contra de lo que uno cree justo y apropiado.

Maharaj: Todo lo que está aconteciendo no puede no acontecer. Hay una serie de acontecimientos; hay un escenario señalado. Así pues, de acuerdo con ese
escenario, las cosas acontecen. Si nosotros estamos identificados con toda suerte de cosas, entonces tenemos ciertas esperanzas y aspiraciones; y si las cosas
suceden acordemente, somos felices. Si las cosas que acontecen no son acordes con nuestros deseos, somos infelices. Así pues, nosotros continuaremos siendo
felices e infelices en un ciclo sin fin, mientras persistamos en esta actitud. Sin embargo, en el momento en que vemos las cosas en la perspectiva justa—que todo lo
que podemos hacer es ver que la presenciación acontece, y que todo lo que acontece es independiente de nuestros pensamientos—entonces hay un estado
diferente. No hay ninguna volición en lo que se refiere a un individuo; las cosas acontecen por sí mismas. Cuando se ve esto, hay ya una cierta paz de mente.
De cualquier cosa de la que la gente se queje, los cinco elementos no sufren perturbación alguna. Así pues, ¿por qué debe perturbar al individuo lo que acontece en
los cinco elementos? Si los cinco elementos mismos no son perturbados por lo que la gente piensa ni por lo que ellos hacen o no hacen, ¿en qué va a ser perturbada esta fuente de esos elementos, de la que ellos dependen? ¿Por qué iba a ser ella perturbada?
Hace algún tiempo, yo le sugería a usted leer la Gita desde el punto de vista del Señor Krishna, no desde el punto de vista de Arjuna. Cuando usted esté haciendo
eso, usted debe comprender lo que entiendo por el Señor Krishna. Yo no entiendo al Señor Krishna como una personalidad individual. Por el Señor Krishna yo
entiendo esa mota de consciencia dentro de usted que yo soy, esa “yosoydad”. Eso es el Señor Krishna, esta “yosoydad”, y usted debe leer el libro desde ese
punto de vista. En lo que concierne a un alguien, ¿podría haber el mundo, podría haber Dios, podría haber algo en absoluto en ausencia de esa consciencia
Krishna?

Visitante: No, no lo creo.

Maharaj: En el momento en que se comprende claramente esto, ya está. No hay nada más que deba hacerse. Y todo lo que la gente continúa haciendo o pensando
que está haciendo, todo eso lo hacen sólo desde un concepto que se basa en una cierta imagen que ellos tienen de sí mismos. Y una vez que ellos actúan de acuerdo con esa imagen, serán susceptibles a todo tipo de infelicidad. Lo que está aconteciendo en realidad es un mero movimiento en esa consciencia. Una vez que se
comprende esto, no queda nada que deba hacerse: no hay nada que usted pueda o que usted necesite hacer.

Visitante: Queda un tipo de paradoja en el sentido de que cuando uno se embarca en una consideración de la vida espiritual, deben tomarse ciertas decisiones para
minimizar, o al menos economizar, las propias actividades mundanas de uno de manera que uno puede tener más tiempo disponible para tal consideración. Hay
también un cierto sentido de urgencia implicado en esto, debido todavía, probablemente, a la ilusión de ser esta persona. Pero si en el estado iluminado hay
simplemente esta postura de presenciación pasiva, ¿cómo es que se toman estas decisiones y cómo se llevan a cabo?

Maharaj: Solo este concepto que usted tiene de usted mismo, eso es lo que decide. Ya sea un gran hombre, un hombre importante, o ya sea un hombre pequeño,
todo lo que él decide, o piensa que él decide, es solo un concepto. Es decir, el individuo, que es un objeto, piensa que él puede decidir, pero de hecho ningún
objeto puede decidir. Si él no comprende, entonces todo el asunto es conceptual. Ha de comprenderse que el complejo cuerpomente es meramente un objeto, un
fenómeno; y ningún fenómeno puede actuar. Así pues, el concepto está implicadísimo en su complejo cuerpomente.
Usted nunca podrá apoderarse de su verdadera naturaleza; en vista de esto, el centro de percepción debe cambiar. Si ese centro de percepción es un fenómeno,
entonces mire usted como mire, esa mirada es todavía desde el centro del fenómeno. Así pues, a menos que se cambie al Noumeno el centro de percepción mismo, usted nunca tendrá una idea de su verdadera naturaleza.
¿Quién ha decidido que yo soy el cuerpo? Lo ha decidido sólo un concepto. Este concepto está, por supuesto, en el nivel de la mente. Así pues, es sólo un
concepto que yo soy el cuerpo. Y es igualmente un concepto que cualquier acción que tiene lugar, es hecha por este cuerpo; es decir, ha habido una
“objetivización”, un concepto de que yo soy este objeto, este cuerpo. Desde entonces en adelante, el concepto es que todo lo que el cuerpo hace, es obra mía.
Pero una vez que se comprende este concepto, es decir, una vez que el objeto es conocido como un objeto, lo falso como lo falso—entonces usted toma el punto
de vista del “sujeto”. Una vez usted toma ese punto de vista, el objeto desaparece. Y usted ve todo lo que ocurre como un acontecer en la condición, y usted no es
afectado por ello; usted está meramente observándolo.
Que yo soy el cuerpo y una personalidad individual significa que yo estoy sujeto al tiempo. Hay una medida de tiempo. Ese mismo concepto que ha asumido decir
yo soy el cuerpo, dirá, yo he nacido y moriré. ¿Quién dice, yo moriré? Solo el concepto. Una vez que usted está fuera del concepto, el sujeto no tiene ningún tiempo en él. En lo que concierne al sujeto no hay ningún concepto de espaciotiempo.
Repito, no sólo es este concepto el que dice “yo soy el cuerpo”, sino que también es consciente del hecho de que está sujeto al tiempo; así pues, dice, yo moriré.
Pero el que conoce el concepto no está sujeto al tiempo; él es completamente aparte del concepto. El cuerpo muere. ¿Qué significa esto? Ello significa sólo que el
pensamiento “yo soy”, que el concepto, ha desaparecido. Nada le ha ocurrido al conocedor de la totalidad del acontecimiento.
El que sabe que esto es un concepto y que el concepto desaparecerá, no tiene la experiencia del nacimiento, ni de la felicidad o la infelicidad, ni de la muerte.

Visitante: Maharaj ha estado diciendo que todos nosotros estamos sometidos a este poder, y que no podemos hacer nada contra este poder; que en realidad es
sólo un concepto en nuestra mente, y que nunca hace nada. Bien, en un sentido, desde el punto de vista de que nosotros venimos a Maharaj, el amanecer de la
iluminación en un individuo parece completamente aparte de toda actividad volitiva.

Maharaj: Todo el objeto de la búsqueda o de la gesta espiritual—en realidad no hay ninguna búsqueda, pero usamos esa palabra aquí en razón de la
comunicación—es comprender el concepto como un concepto, lo falso como lo falso. No hay nada que deba ser adquirido.
Que yo soy Dios o que yo soy Cristo, Allah, Muhammad, o cualquiera que sea, se basa todavía en el concepto “yo soy”. Porque, a no ser que se niegue el
concepto, todo lo que usted edifique sobre él será también una ilusión. Así pues, finalmente, sólo cuando esta “yosoydad” misma desaparezca, estará usted libre
del concepto. Mientras que el concepto básico “yo soy” esté aquí, el elemento conceptual no puede desaparecer. Es el concepto mismo el que se ha dado
diferentes nombres a sí mismo, pero es todavía el mismo concepto.
Sin este concepto básico “yo soy”, ¿dónde está el mundo, dónde está Dios, dónde está Ishwara, Cristo, Alá o cualquier otro? Antes de que este concepto “yo soy” viniera a usted, ¿era usted feliz o infeliz? ¿Había siquiera alguna sensación de felicidad o de infelicidad? ¿Había alguna de las dualidades?

Visitante: No sé.

Maharaj: Yo no tenía ninguna experiencia de felicidad o infelicidad debido a que este concepto “yo soy” no estaba aquí.

Visitante: Ni tampoco había ninguna consciencia de ese hecho.

Maharaj: Todo lo que es concebible o sensible, o inteligible, solo puede venir cuando hay esta “yosoydad” básica. La “yosoydad” misma no estaba aquí. Así
pues, ¿quién había para conocer, quién había para ser consciente? La sensación misma de la existencia no estaba aquí. Que yo soy, que yo existo, la sensación
misma, el concepto mismo no estaba aquí; así pues, ¿quién había para tener sensación? ¿Quién había para tener conocimiento, quién había para tener
consciencia?
Si yo soy un yogui, un rey, o lo que quiera que sea, esta consciencia de que yo soy, esta “yosoydad”, imaginación, mente, llámelo como usted quiera, es solo este
concepto. Antes de que este concepto surgiera, ¿había algo? No había nada. No había ninguna felicidad ni infelicidad: el estado perfecto.

Visitante: Pienso que la otra cosa que estaba ausente y que suscita muchas de nuestras preguntas, es el sentido de tiempo. Por ejemplo, ¿por qué no era yo
consciente en el pasado? Si hay comprensión, no hay ningún pasado.

Maharaj: Exactamente. Cuando uno habla de consciencia, es muy probable que piense en los términos de un individuo. Pero comprenda que no es realmente el
individuo el que tiene consciencia, sino que es la consciencia la que asume innumerables formas.
Repito que la persona media no comprenderá esto. ¿Por qué? ¡Porque es demasiado simple! Para agarrarse, uno quiere algo, alguna forma, alguna figura. Ese
“algo” que nace, y que va a morir o a desaparecer es todo imaginación, todo una ilusión—nada ha nacido. Es el hijo nacido de una mujer estéril. ¿Quién lo llama
eso? Incluso eso es un concepto. Porque en ausencia del concepto básico “yo soy”, no hay ningún pensamiento, ningún conocimiento, ninguna consciencia de la
existencia de uno.
[A uno de los visitantes en particular] ¿Qué hay de ese actor amigo suyo? ¿Logrará él el estado de absorber lo que se ha estado diciendo ahora?

Visitante: [Al intérprete] Dígale, que está en casa lamiendo sus heridas. Otro sentimiento o idea que yo quería plantear a Maharaj, ahora que estamos con el tema
de los conceptos, especialmente con este concepto fundamental “yo soy”, es que nosotros tendemos a confundirlo con todos los pensamientos crudos, malformados que… pero en un sentido este concepto es como la actividad más sutil en el toque mismo de la consciencia; uno puede confundir su naturaleza fundamental si sólo lo considera de la manera en que nosotros usamos ordinariamente la palabra “concepto”.

Maharaj: Uno entre diez millones aprehenderá la parte sutil de todo el asunto.

Visitante: ¡La población total de Bombay! Pero obviamente Maharaj no se ha desalentado por ello. Ha estado hablando durante cuarenta y dos años. ¿Cuántas
veces ha visto Maharaj a alguien de quien haya albergado una esperanza?

Maharaj: Incluso entonces, ello es nuevamente un concepto. Pero voy a darle a usted un criterio por el cual uno puede tener el juicio de algo.
Cuando se llega a una etapa en la que uno siente profundamente que todo lo que se está haciendo está aconteciendo y que uno no tiene nada que ver con ello,
entonces ello se convierte en una convicción muy profunda de que todo lo que está aconteciendo no está aconteciendo realmente. Y que todo lo que parece estar
aconteciendo es también una ilusión. Eso puede ser final. En otras palabras, totalmente aparte de lo que quiera que parezca estar aconteciendo, cuando uno se para
a pensar que uno está vivo, tiene la sensación de que uno está siendo vivido, que cualquier cosa que uno esté haciendo, uno no la está haciendo, sino que uno está
siendo hecho hacerla, entonces eso es una suerte de criterio.

Visitante: El maestro en el oeste que tiene sus discípulos les hace esa misma pregunta, quién es el que está viviéndote ahora…

Maharaj: Ello no puede predecirse nunca.

Visitante: Eso es cierto.

Maharaj: Si se da una respuesta, la respuesta sólo puede estar al nivel de la mente. Si hay alguien que ha hecho mucha sadhana, y que habiendo hecho eso, todavía
no ha conseguido nada, tendrá que hacerse preguntas, tales como “¿qué he estado haciendo mal?”.

Visitante: Una de las respuestas obvias para mucha gente que viene aquí es que ellos han estado esperando que las enseñanzas de Maharaj entraran en sus vidas.

Maharaj: ¿Cómo opera en el mundo toda la gente, ya sea que triunfe o no? Cuando usted lo explore, encontrará que cada uno ha asumido un “modelo”, una cierta
imagen de sí mismo. Yo soy un tal—una imagen o una pose. Y es desde esa pose desde donde está actuando. Esa pose ha sido asumida por su concepto de sí
mismo. Y sólo alguien que comprende esto—la fuente de sus acciones—deviene libre de ello. Él ve lo falso como falso.
Todos esos hombres de Dios, rishis, munis, que se consideran a sí mismos avatares, cada uno de ellos, está haciendo la misma cosa. Ellos han asumido una cierta
pose, basada sobre un concepto particular. Y a no ser que ellos vean también por qué están ellos actuando y cómo están actuando desde esa pose, basados sobre
ese concepto, continuarán haciéndolo y no se liberarán de ello.

Visitante: A menudo he sentido que toda la gente en este mundo está tratando de presentar algún tipo de cara, y que todas nuestras actividades están encaminadas a mantener ese sentido del sí mismo que tenemos, a protegernos de tener que mirar más allá de él.
Ayer estuvimos haciendo algunas observaciones jocosas sobre los psiquiatras. Pienso que nunca sabrán muy bien lo que están haciendo hasta que comiencen a
comprender que muchos de los comportamientos neuróticos de la gente ocurren sólo cuando se amenaza o se desafía de alguna manera a esta cara que ellos están
tratando de presentar.

Maharaj: Los psiquiatras primero tendrán que comprender lo que la mente es, no cómo opera la mente, sino lo que la mente misma es. Entonces podría haber algún
cambio.

Visitante: Es un largo camino.

Maharaj: Lo es en efecto.

Visitante: Porque eso no lo van a aprender nunca de los libros. Que es de donde todo el mundo piensa que va a aprenderlo.

Maharaj: La palabra en marathi para psiquiatra es manashastri; es decir, mana es mente, así pues, “médico de la mente”. A no ser que el médico de la mente
comprenda primero lo que la mente es, no irá a ninguna parte. Todo lo que acontece se basa en la mente. La pregunta que debe resolver en primer lugar es: ¿Qué
es eso en lo que se basa la mente misma? ¿Qué es eso cuyo contenido es la mente? Entonces irá a alguna parte. Todo lo que acontece en el mundo se basa en el
concepto. El concepto en acción es la “mente”. ¿Ha comprendido usted enteramente el hecho de que usted no es el concepto, sino el conocedor del concepto?
Todos los nombres y designaciones que existen en el mundo, todos ellos son del concepto. Y usted no es el concepto. Lo que yo digo, ¿ha adquirido ahora alguna
familiaridad?

Visitante: Muchísima. He tratado de vivir con ello durante los dos años pasados, cada día de mi vida.

Maharaj: Ello no es algo que se ponga en práctica fácilmente. Sólo mírese a usted mismo. Esto es “usted”. ¡No hay nada que deba hacerse! Nunca le dejaré
escapar de ello. No es nada que tenga que vivirse; de hecho, eso es lo que se ha dicho antes. Cuando usted se da cuenta de qué está viviendo, de que usted piensa
que usted está viviendo, es que usted está meramente siendo vivido. Todo lo que usted pueda pensar que usted ha comprendido, cualquiera que sea su
conocimiento, todo ello es un concepto. Rishi, muni, yogui, rey, quienquiera que puede ser, todo se basa en el concepto, en una pose asumida.

Visitante: Una cosa que me ha confundido durante algún tiempo, es con respecto a un hombre con el que me crucé, con todo tipo de poderes milagrosos que muy
evidentemente se presentaba a sí mismo como tal, un avatar. A mí esto me parece un concepto que no es fiel a la esencia de lo que la India ha mantenido siempre y
que Maharaj representa tan obviamente. Con mi historial científico, yo no pude dudar de la veracidad de las pretensiones de este hombre, una vez que fui capaz de
observar lo que le ocurría a la gente antes y después de la actuación de un milagro particular. Pero he encontrado difícil comprender por qué un hombre con un
control tan increíble sobre el funcionamiento de la naturaleza y con su capacidad para manipularla, no parecía tener el mismo grado de retrospección en lo que son
las semillas de todo este concepto.

Maharaj: ¿Está ese alguien en San Francisco?

Visitante: No, no, estoy hablando de Sai Baba.

Intérprete: Él siempre va a la raíz de cualquier asunto. Él dice, hay Sai Baba. Así pues, ¿qué es Sai Baba? Cuando decimos Sai Baba, ¿qué es Baba, y cómo es él
Baba? Y antaño decía, ¿por qué alguien abre la tienda de otro?

Visitante: Ese no es mi caso

Intérprete: Cuando tenía la energía, solía hablar mucho. A quienquiera que venía en cualquier nivel, él le hablaba. Pero ahora que no se encuentra demasiado bien,
dice que quiere hablar sólo a algunos científicos con conocimiento especializado del tema, de los cinco elementos. Así pues él sería capaz de desafiar todo lo que se
está diciendo. De otro modo, dice, sería una pérdida de energía, de la cual ya no tiene mucha.

Visitante: Después de todo, este conocimiento científico—y en eso es en lo que yo estoy involucrado—es muy aburrido. Es siempre lo mismo y no le llena a uno.
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Extraído de:  http://www.oshogulaab.com/NISARGADATTA/TEXTOS/MEDICINASUPREMA.html
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