viernes, 24 de julio de 2020

Argentina - Carta Abierta al Presidente de Epidemiólogos Argentinos - 19 de Julio de 2020


Señor Presidente de la República Argentina:


Nos dirigimos a Usted como Ciudadanos y como miembros de la agrupación Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios, ocupados en estudiar la problemática sanitaria de la pandemia y en comprender las políticas en Salud Pública instrumentadas por el Poder Ejecutivo Nacional.

Es nuestro deseo y voluntad acompañar al Gobierno que Usted preside y al conjunto de nuestros representantes, aportando experiencias y conocimientos genuinos en las difíciles circunstancias imperantes y ponernos a su disposición en carácter íntegramente ad honorem, a fin de asistirlo en salvaguardar la salud pública en las complejas circunstancias que deberemos superar en procura del más alto ideal de salud para toda la población.

No obstante, nos sentimos en la obligación de hacerle conocer nuestra inquietud respecto de algunas medidas tomadas.

Desde el 19 de marzo de 2020 conocimos las distintas disposiciones inicialmente contenidas en los DNU297/20, concordantes y consiguientes.

En casi cuatro meses de aplicación de las medidas de excepción, advertimos con notorio desconcierto la continuidad de decisiones sanitarias que se habían tomado solamente en función de una emergencia.

Por una parte esas decisiones apuntaban a proteger de la infección y de la enfermedad subsecuente a la comunidad en su conjunto, pero a su vez implicaban el potencial de generar efectos perjudiciales para la salud comunitaria, ya sea en la convivencia, en el trabajo, en la educación, en los deportes, en la atención de la propia salud, en la economía doméstica, en la actividad artística o en los ritos religiosos, por solo citar algunas condiciones afectadas del quehacer ciudadano.

Si bien sólo había acceso a datos dispersos y alguna información de la pandemia que se anticipó en el Hemisferio Norte, existía un saber epidemiológico suficiente acerca del abordaje y tratamiento de las epidemias en las enfermedades transmisibles.

Sin embargo, se insinuaba oficialmente que carecíamos de discernimiento para proceder positivamente frente a una situación sanitaria desconocida. Se eximió así a la Función Pública de aplicar las experiencias y saberes establecidos en la epidemiología, la demografía, la antropología, el derecho, la sociología, la psicología social, la gerontología y muchas otras ciencias de la sociedad y del ambiente, en complementación con la Infectología, la clínica médica, la psicología, la geriatría, la bioquímica, la microbiología, y la farmacología, entre otras.

En este transcurrir de los hechos, nos hacernos presentes una vez más acorde a nuestros plenos derechos constitucionales y convencionales, para hacerle conocer los interrogantes que no sólo permanecen en la incertidumbre sino que se amplifican en la percepción pública. Así es como le transmitimos las siguientes preguntas:

1. ¿Por qué se instrumentó una cuarentena para individuos sanos cuando no hay registro de tal restricción en la historia de la humanidad?

2. ¿Qué criterios científicos y particularmente epidemiológicos se aplicaron para extender la cuarentena total a cinco provincias sin casos y a otras seis con uno o dos casos?

3. ¿Cuál fue el argumento para que la cuarentena y las restricciones comenzaran en el mismo momento para toda la población en las veinticuatro jurisdicciones del país, si hay circunstancias incomparables para cada lugar, zona, región, población y actividad?

4. ¿Cuál fue el argumento científico para que la cuarentena se estableciera el 19 de marzo con perentorio cumplimiento desde el día siguiente, cuando en todo el países habían detectado únicamente 128 individuos afectados con escasamente 3 defunciones atribuibles provisoriamente al SARS CoV 2?

5. ¿Por qué no se tomaron oportunamente providencias de inspección de las fronteras y se aprovecharon las dos o tres semanas del fin del verano con muy baja contagiosidad, a fin de que la población y las instituciones, – particularmente las de salud – asumieran disposiciones cruciales para su preservación, preparación mejor actuación ante la decisión gubernamental de un aislamiento que fue significativamente restrictivo?

6. ¿Por qué no se le reconoció un valor a la inmunidad innata que protege asiduamente de todas las enfermedades transmisibles incluyendo cepas de coronavirus familiares del SARS CoV 2?

7. ¿Por qué no se tuvo debidamente en cuenta la inmunidad natural celular que preserva la salud sin requerir todavía la producción de anticuerpos propia de la inmunidad humoral?

8. ¿Por qué no se le dio suficiente importancia a la producción natural de anticuerpos por vía del contagio en población no vulnerable, privilegiando la inmunidad adquirida mediante vacunas?

9. ¿Por qué se desalentó a la población en prácticas que probadamente optimizan las defensas del individuo y de la comunidad, como la actividad física, permanencia al aire libre, los paseos saludables recreativos, etc., pudiéndose llevar a término todas ellas con adecuado distanciamiento social?

10. Si la experiencia proveniente de los países avanzados demostraba la baja susceptibilidad de la población menor de 65 años sin patologías pre-existentes o factores de riesgo, ¿por qué se impidió a este grupo poblacional su libre circulación y trabajo, con las debidas normas de responsabilidad social comunitaria y el respeto a los hábitos de higiene y circulación recomendados?

11. ¿Evalúa el Gobierno Nacional la menor validez de la cuarentena estricta cuando en tasas de muertes por millón de habitantes ocupa a la fecha el lugar 13 entre 33 países de América Latina y el lugar 75 entre 215 Estados del Mundo, donde el 1er- lugar en ambos casos corresponde a países con la mayor tasa?

12. ¿Por qué se dejó de realizar la vigilancia tradicional de virosis respiratorias en personas con síntomas reemplazándola por testeos masivos incluyendo personas sin síntomas, incrementando así los casos confirmados con los resultados positivos de personas sin COVID 19?

13. ¿Se ha reparado en su entera dimensión los eventos adversos o indeseables de la política pública y particularmente de la cuarentena adoptada frente a la virosis pandémica, estableciendo un registro fehaciente de todos y cada uno de ellos?

14. ¿Se podría pensar en la existencia de presiones y conflictos de intereses por los cuales el aislamiento beneficia a la vacunación – que suele ser más tardía en su desarrollo y aplicación – que otorga menores beneficios así como mayores riesgos costos en relación a la inmunidad innata, natural celular y humoral?

15. ¿Podría haber otros fines detrás de la suspensión de los derechos y de las garantías constitucionales, con grave afectación de la Carta Magna y el bloque constitucional en su conjunto?

16. ¿Por qué se sometió a la penuria económica a familias y empresas que quedaron sin ingresos, aunque conservaron sus obligaciones impositivas y contractuales, hasta el punto de quedar a merced del asistencialismo, la devaluación de sus bienes y el quebranto?

Ante la situación de excepción que se ha extendido en excesivas ocasiones, nos complacerá muy gratamente poder asistirlo para despejar los interrogantes que hemos expresado y que la ciencia tiene respecto de la política sanitaria instrumentada en esta pandemia.

Saludamos a Usted con la consideración más distinguida


FIRMANTES

Ramiro Salazar

Médico Epidemiólogo. Ex Profesor. Medicina y Sociedad UNR

Mario Borini

Profesor Titular Salud Pública UBA 2003-2008. Epidemiólogo

Edgardo Schinder

Infectólogo. Epidemiólogo
Master en Salud Pública Internacional. Medicina Ambiental

Roxana Bruno

Bioquímica Dra. en Inmunología

Claudio Guemberena

Abogado

Mariana Salmerón

Bioquímica Microbióloga

Francisco Javier Cisneros

Médico Sanitarista Ex Ministro de Salud de Santiago del Estero

Mariana Colombres Garmendia.

Médica.

Luis Marcelo Martínez

Médico Genetista

Luis Mario Fernandez Risso

Médico Geriatra y Sanitarista

Tomás Torres Aliaga

Médico Especialista en Salud Publica.

A. Javier Kajihara

Médico Neonatólogo. Sanitarista

Alicia Torres

Lic. Psicología. Mgter Políticas Sociales.

María Alejandra Silva

Politóloga. Dra en Ciencias Sociales UBA.
Prof. Adjunta Medicina y Sociedad. UNR.

Marcelo Peretta

Dr. en Farmacia y Bioquímica.
Sindicalista.
Alfredo Limbaun

Abogado

Jaime Fiol

Odontólogo. Licenciado en Criminalística UBA.

Gastón Cornu Labat,

Médico Cirujano.

Alfredo Pais

Lic. Psicología Especialista en Discapacidad Infantil.

Graciela Varela

Médica Integrativa.

Marcela Arrigazzi

Médica Especialista en Medicina Interna.

Humberto David Vinante

Ingeniero Industrial y Especialista en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear.

Pedro Moreno

Comunicador Social.

Sandra M. Malla

Lic. en Filosofía. UNT.

Moira Lozza Muñoz

Médica Generalista Especialista en Medicina General y Geriatría.

Eduardo Ángel Yahbes.

Medico Pedíatra.

Oscar Valdez

Médico

Andrés Peralta

Médico Cirujano. Terapia Neural UNC.

Armando Alvarez Mamani

Comunicador Social.

Fabian Volpe

Médico Especialista en Medicina Integrativa

Liliana Szabo

Médica Pediatra

Carola Caro

Médica

Jorge Kaczewer

Médico Neuraltetapeuta

Marcela Witt

Bioquímica con orientación en Microbióloga e Inmunologia y Maestría en Microbiología Avanzada en la Universidad de la Plata. Bs. As

Alejandro G Cortiglia

Médico de Familia con orientación Antroposófica

Javier Olivera

Médico

Adhieren Epidemiólogos Argentinos Transdisciplinarios 

Gentileza del Dr. Mariano A. Caucino

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Extraído de: http://luisnovaresio.com.ar/blog/2020/07/19/carta-abierta-al-presidente-de-epidemiologos-argentinos/
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domingo, 19 de julio de 2020

La Senda del Dragón


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domingo, 12 de julio de 2020

El enojo Espiritual - Jeff Foster


Las enseñanzas espirituales que nos dicen que extingamos nuestro enojo, catalogándolo como una emoción “negativa” o “enferma” o incluso “no espiritual”, pueden transformarse en una enseñanza muy peligrosa por cierto.

El enojo es vida, una poderosa expresión de la fuerza vital que llena y anima a la vez, que fluye a través de todas las cosas, y que debe ser honrada como tal.

Por supuesto, ¡no queremos ser gobernados por nuestro enojo!
No queremos que el enojo hable por nosotros, que ponga palabras en nuestra boca o controle nuestros cuerpos y nuestro comportamiento.

Queremos tener espacio alrededor de él, ser capaces de usarlo conscientemente, como una herramienta, en el momento necesario y apropiado.


No queremos que el enojo nos consuma, o nos identifiquemos con él, nos bloqueemos, o nos perdamos a nosotros mismos. Queremos una relación sana e incluso amorosa con el más poderoso de nuestros amigos.

Cuando tratamos de ser “espirituales” y suprimimos nuestro enojo, cuando lo enterramos en nuestro cuerpo y en el submundo del inconsciente, éste supura desde allí haciendo estragos con nuestro sistema inmune y nuestro sensación de totalidad. Ya no “tenemos” enojo. 


El enojo ya no es más un sentimiento que viene y va.

El enojo ‘nos tiene’ a nosotros.

Somos seres irritables ahora; el enojo habita en nuestros huesos, estamos identificados con él. Y nos encontramos explotando ocasionalmente con una ira incontrolable, porque esa energía necesita moverse y tener una salida o moriremos por el veneno de la emoción no expresada.

O tal vez nos convertimos en agresivos pasivos, acumulando resentimiento y hostilidad hacia los demás y el mundo: los vecinos, los políticos, la familia, nuestros compañeros.

Encontramos nuestras maneras inconscientes de expresar o de desviar el enojo: mintiendo, culpando, con sarcasmo, quejas, o simplemente siendo indiferentes con otros.

Todas maneras de evitarnos a nosotros mismos. Adentro aún estamos enojados, aún si pensamos que somos ‘espirituales’ y estamos ‘más allá del enojo’.


Existen historias de los más “pacíficos e iluminados” gurúes “libres de toda ira” y de maestros de autoayuda, explotando de rabia detrás de escena con sus estudiantes y miembros de equipo.

El enojo realmente nunca se va, ya ves, solo encuentra nuevas maneras más creativas de moverse.

Hay un especio saludable y sano entre medio de la opción de enmudecer nuestro enojo o de actuarlo atacando a otros.


En ese espacio del medio respiramos, sentimos nuestro enojo en nuestro cuerpo. 


Salimos de nuestra mente, fuera del drama de la cabeza, la culpa y el ataque; y vamos a nuestro vientre, nuestros pecho, garganta, plexo solar, cabeza… 

Vamos directo al centro de la vida, a las sensaciones crudas del momento presente: 

¡sensaciones intensas, pulsantes, palpitantes, agitadas, que dan vueltas, cosquilleantes, efervescentes! 

Y respiramos a través de ellas, las traemos a nuestra cálida presencia, las dejamos moverse en nosotros, bendecimos el caos de nuestro cuerpo.

Empapamos “el enojado” que llevamos dentro con el amor que él/ella necesita tan desesperadamente.


Y desde un lugar de "presencia" podemos realmente ser los amos de nuestro enojo en vez de proyectarlo por todo el lugar, en vez de culpar, de avergonzar y atacar a otros. 


Podemos decir “Sí, estoy enojado/a !!!”, honrar (la energía) el sentimiento vibrante que se mueve en nosotros, verlo como natural, sano, sagrado (no como un error o una falla nuestra, o un signo de “involución o poco espiritual”).

Y debajo del enojo, podemos quizás encontrar un corazón vulnerable, frágil y humano, una tristeza, una desilusión, una incertidumbre, una ternura que anhela ser vista, abrazada, bienvenida.

El enojo era la protección, no un error, sino una protección.


Y podemos agradecerle por servirnos para este propósito. Por tratar de mantenernos a salvo. 


Por ser el guardián del suave, carnoso, sensible y asustado corazón. Por tratar de ayudarnos a obtener lo que necesitamos. Por tratar de hacernos escuchar.

Debajo de la persona adulta, ya ves: a un niño inocente, llamando: “Escúchame, Mírame, Ámame. Protégeme. No soy un error….”

Sigue el rugido del enojo hacia su fuente espiritual.

Enamórate de tu mayor Protector.

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Extraído del muro de Carlos Llerena en Facebook



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viernes, 10 de julio de 2020

El Manual del Guerrero Kundalini



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“Aproximaciones al desarrollo de la conciencia” desde Los Penitentes - Texto Completo


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 La Conciencia


"... "Tome un reloj y contemple la manecilla larga, procurando conservar la percepción de sí mismo y de concentrarse en la idea: "Yo soy Louis Pauwels y estoy aquí en este momento."

Procure no pensar más que esto; siga sencillamente el movimiento de la manecilla larga conservando la conciencia de sí mismo, de su nombre, de su existencia y del lugar en que se encuentra."

Al principio, esto parece sencillo e incluso un poco ridículo.

Naturalmente, puedo conservar presente en mi espíritu la idea de que me llamo Louis Pauwels y de que estoy aquí, en este momento, mirando cómo se desplaza muy lentamente la manecilla grande de mi reloj.

Pero no tardo en darme cuenta de que esta idea no permanece mucho tiempo inmóvil en mí, que toma mis formas y que se desliza en todos los sentidos, como los objetos que pinta Salvador Dalí, transformados en barro movedizo.

Pero, aun así, debo reconocer que no me piden que mantenga viva y fija una idea, sino una percepción. No me piden únicamente que piense que soy, sino que lo sepa, que tenga de este hecho un conocimiento absoluto.

Ahora bien, siento que esto es posible y que podría producirse en mí, aportándome algo nuevo e importante.

Descubro que mil pensamientos o sombras de pensamientos, mil sensaciones, imágenes y asociaciones de ideas totalmente ajenas al objeto de mi esfuerzo me asaltan sin cesar y me apartan de este esfuerzo.

A veces, es la manecilla la que capta toda mi atención, y, mirándola, me pierdo de vista.

Otras veces, es mi cuerpo, una crispación de la pierna, un pequeño movimiento en el vientre, lo que me aparta de la saeta del reloj al propio tiempo que de mí mismo.

Otras, creo haber detenido mi pequeño cine interior, eliminado el mundo exterior, sólo para acabar dándome cuenta de que acabo de sumirme en una especie de sueño en que la saeta ha desaparecido, en que yo mismo he desaparecido, y durante el cual siguen trenzándose unas en otras las imágenes, las sensaciones, las ideas, como detrás de un velo, como en un sueño que se despliega por su propia cuenta mientras yo duermo.

Y otras, en fin, en una fracción de segundo, me encuentro contemplando la manecilla, y soy yo totalmente, plenamente.

Pero, en la misma fracción de segundo me felicito de haberlo logrado; mi espíritu, si puedo decirlo así, aplaude, e inmediatamente mi inteligencia, al captar el éxito para alegrarse de él, lo compromete irremediablemente.

En fin, que, despechado y más aún agotado, abandono el experimento precipitadamente, porque me parece que acabo de verme privado de aire hasta el extremo de mi resistencia. ¡Cuan largo me ha parecido!

Sin embargo, no han transcurrido mucho más de dos minutos, y, en dos minutos, no he tenido una verdadera percepción de mí mismo más que en tres o cuatro imperceptibles relámpagos.

Debía, pues, admitir que casi nunca llegamos a tener conciencia de nosotros mismos, y que casi nunca tenemos conciencia de la dificultad de ser conscientes.

El estado de conciencia —nos decían— es, ante todo, el estado del hombre que sabe por fin que casi nunca es consciente y que, de esta manera, aprende poco a poco a conocer los obstáculos que, dentro de sí mismo, se oponen a su esfuerzo.

A la luz de este pequeñísimo ejercicio, sabéis ahora que un hombre puede, por ejemplo, leer un libro, aprobarlo, aburrirse, protestar o entusiasmarse sin tener un solo segundo la conciencia de que es, y sin que, por tanto, nada de lo que lee se dirija verdaderamente a él mismo.

Su lectura es un sueño que se suma a sus propios sueños, un discurrir en la perpetua corriente de la inconsciencia:

Pues nuestra conciencia verdadera puede estar —y está casi siempre— completamente ausente de cuanto hacemos, pensamos, queremos o imaginamos...".


Louis Pauwels

en "El Retorno de los Brujos"(1).


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Paginas una a una desde la N° 1 a la N° 34

 


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Enlaces a cada una de las 34 páginas
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