domingo, 22 de marzo de 2020

La peste - Albert Camus - Fragmento


"... Por eso me he decidido a rechazar todo lo que, de cerca o de lejos, por buenas o malas razones, haga morir o justifique que se haga morir.

Por esto es por lo que no he tenido nada que aprender con esta epidemia, si no es que tengo que combatirla al lado de usted.

Yo sé a ciencia cierta (sí, Rieux, yo lo sé todo en la vida, ya lo está usted viendo) que cada uno lleva en sí mismo la peste, porque nadie, nadie en el mundo está indemne de ella.

Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección.

Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son el resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca.

El hombre íntegro, el que no infecta a casi nadie es el que tiene el menor número posible de distracciones. ¡Y hace falta tal voluntad y tal tensión para no distraerse jamás!

Sí, Rieux, cansa mucho ser un pestífero. Pero cansa más no serlo.

Por eso hoy día todo el mundo parece cansado, porque todos se encuentran un poco pestíferos.

Y por eso, sobre todo, los que quieren dejar de serlo llegan a un extremo tal de cansancio que nada podrá librarlos de él más que la muerte...".
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Extraído de: https://primeralluvia.wordpress.com/2017/11/08/la-peste-de-albert-camus-fragmento/
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sábado, 21 de marzo de 2020

Adam Smith y Karl Marx - Semejanzas y Diferencias - Eric Toussaint


Adam Smith está más cerca de Karl Marx que de los neoliberales que actualmente lo ensalzan

11 de junio de 2009 por Eric Toussaint


En las siguientes citas descubrimos que lo que escribió Adam Smith en los años de 1770 no está tan alejado de lo que escribieron Karl Marx y Friedrich Engels setenta años después, en el famoso Manifiesto comunista.

Según Adam Smith:

«Por lo general, el trabajador de la manufactura añade, al valor de los materiales sobre los que trabaja, el de su propio mantenimiento y el beneficio de su patrono.» [1] 

Traducido en términos marxistas, eso significa que el obrero reproduce en el transcurso de su trabajo el valor de una parte del capital constante (es decir, los medios de producción —la cantidad de materias primas, de energía, la fracción del valor del equipo técnico utilizado, etc.— que entran en la producción de una mercadería determinada) al que se agrega el capital variable correspondiente a su salario y el beneficio de su patrono, que Marx denominó la plusvalía.

Karl Marx y Adam Smith, en épocas diferentes, consideraron que el patrono no produce valor, cuando, por el contrario, es el obrero el que lo produce.
Según Adam Smith, el obrero crea valor... sin ningún coste para el capitalista:

«Aunque el patrono adelante los salarios a los trabajadores, en realidad éstos no le cuestan nada, ya que el valor de tales salarios se repone junto con el beneficio en el mayor valor del objeto trabajado.» [2]
En el siguiente pasaje, Adam Smith analizó los conflictos de interés y la lucha de clases entre capitalistas y obreros
«Los salarios corrientes del trabajo dependen del contrato establecido entre dos partes cuyos intereses no son, en modo alguno, idénticos.

Los trabajadores desean obtener lo máximo posible, los patronos dar lo mínimo.

Los primeros se unen para elevarlos, los segundos para rebajarlos.

No es difícil, sin embargo, prever cuál de las partes vencerá en la disputa y forzará a la otra a aceptar sus condiciones.


Los patronos, al ser menos en número, pueden unirse fácilmente; y además la ley lo autoriza, o al menos no lo prohíbe, mientras que prohíbe las uniones de los trabajadores.

No tenemos leyes parlamentarias contra la asociación para rebajar los salarios; pero tenemos muchas contra las uniones tendentes a aumentarlos.

Además, en tales confrontaciones los patronos pueden resistir durante mucho más tiempo.

Un terrateniente, un colono, un comerciante o un fabricante pueden, normalmente, vivir un año o dos con los capitales que ya han adquirido, y sin tener que emplear a ningún trabajador.

En cambio, muchos trabajadores no podrían subsistir una semana, unos pocos podrían hacerlo durante un mes, y un número escaso de ellos podría vivir durante un año sin empleo.

A largo plazo, el trabajador es tan necesario para el patrono como éste lo es para él, pero la necesidad del patrono no es tan inmediata.

Se suele decir que la unión de los patronos es muy rara y que la de los trabajadores es muy frecuente.


Pero los que, de acuerdo con estos dichos, piensen que los patronos raramente se unen, son tan ignorantes de lo que pasa en el mundo como de este asunto. 

Los patronos están siempre y en todas partes en una especie de acuerdo tácito, pero constante y uniforme, para no elevar los salarios por encima de su nivel actual.

La violación de dicho acuerdo es, en todas partes, impopular, y somete a quien así procede al reproche de sus vecinos e iguales.

De hecho, oímos poco de estas uniones porque es lo normal, incluso se puede decir que es el estado natural de cosas de las que nunca se oye hablar.

Los patronos constituyen, a veces, incluso uniones específicas para reducir los salarios por debajo de aquel nivel.

Estos acuerdos se llevan a cabo siempre con el más absoluto silencio y secreto hasta que se ejecutan, y nunca se hacen públicos cuando los trabajadores se someten, como a veces ocurre, sin resistencia.

No obstante, estas uniones se encuentran a menudo frente a uniones defensivas de los trabajadores, quienes en ocasiones, sin existir siquiera una provocación de este tipo, se unen para elevar los salarios.

Las razones que esgrimen estriban a veces en el alto precio de los bienes de subsistencia y, a veces, en los grandes beneficios que los patronos sacan de su trabajo.

Ahora bien, sean sus uniones defensivas u ofensivas, se suele hablar mucho de ellas 

Para precipitar una solución recurren siempre a grandes alborotos y a veces a la violencia y a los atropellos más sorprendentes.

Están desesperados y proceden con el frenesí propio del hombre en ese estado, cuya alternativa es morirse de hambre o forzar a sus patronos a que, por miedo, cumplan sus exigencias. 

n estas ocasiones los patronos reclamen tanto como ellos y exigen la ayuda de los magistrados civiles y el cumplimiento riguroso de las leyes establecidas con tanta severidad contra la asociación de sirvientes, trabajadores y jornaleros.» [3]
Lo que motiva al capitalista según Adam Smith
«El único motivo que mueve al poseedor de cualquier capital a emplearlo en la agricultura, en la manufactura, o en alguna rama del comercio mayorista o detallista, es la consideración a su propio beneficio particular.

Las diferentes cantidades de trabajo productivo que puede poner en movimiento y los diferentes valores que puede añadir al producto anual de la tierra y trabajo de la sociedad, según se emplee de una u otra forma, nunca entran en sus pensamientos.» [4]
Adam Smith considera que hay tres clases sociales fundamentales:

1º. La clase de los terratenientes que vive de la renta;
2º. La que vive de los salarios y 
3º. La clase capitalista que vive de los beneficios.

Adam Smith identifica a su manera la conciencia y los intereses de estas tres clases sociales.
«Todo el producto anual de la tierra y el trabajo de cualquier país o, lo que viene a ser lo mismo, el precio conjunto de dicho producto anual, se divide de un modo natural, como ya se ha dicho, en tres partes:

la renta de la tierra, los salarios del trabajo y los beneficios del capital, constituyendo, por tanto, la renta de tres clases de la sociedad: 

la que vive de la renta, la que vive de los salarios y la que vive de los beneficios.

Estas son las tres grandes clases originarias y principales de toda sociedad civilizada, de cuyas rentas se deriva, en última instancia, la de cualquier otra clase. [...]»
Hablando de la clase de los rentistas, o sea, de los terratenientes, Adam Smith afirmaba: 

«Es la única de las tres clases, que percibe su renta sin que le cueste trabajo ni desvelos, sino que la percibe de una manera en cierto modo espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto propio para adquirirla.

Esa indolencia, consecuencia natural de una situación tan cómoda y segura, no sólo convierte [a los miembros de esta clase] a menudo en ignorantes, si no en incapaces para la meditación necesaria para prever y comprender los efectos de cualquier reglamentación pública.»

El interés de la segunda clase, la que vive de los salarios, está tan vinculado con el interés general de la sociedad como el de la primera. [...] 

Sin embargo, aun cuando el interés del trabajador está íntimamente vinculado al de la sociedad, es incapaz de comprender ese interés o de relacionarlo con el propio.

Su condición no le deja tiempo suficiente para recibir la información necesaria, y su educación y sus hábitos son tales que le incapacitan para opinar, aun en el caso de estar totalmente informado.

Por ello, en las cuestiones públicas su opinión no se escucha ni considera, excepto en las ocasiones en que los patronos fomentan, apoyan o promueven sus reclamaciones, no por defender los intereses del trabajador, sino los suyos propios.

La tercera clase la constituyen los patronos, o sea, los que viven de beneficios.


El capital empleado con intención de obtener beneficios pone en movimiento la mayor parte del trabajo útil en cualquier sociedad. Los planes y proyectos de aquellos que emplean el capital regulan y dirigen las operaciones más importantes del trabajo, siendo el beneficio el fin perseguido con todos aquellos planes y proyectos. [...]

Dentro de esta clase, los comerciantes y fabricantes son las dos categorías de personas que habitualmente emplean los mayores capitales, y que con su riqueza atraen la mayor parte de la consideración de los poderes públicos hacia sí. 

Como durante toda su vida están ocupados en hacer planes y proyectos, frecuentemente tienen mayor agudeza y talento que la mayor parte de los terratenientes. [...]

Los intereses de los comerciantes que trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas siempre son distintos de los generales, y muchas veces totalmente opuestos. 

El interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y reducir la competencia.

La ampliación del mercado suele coincidir con el interés público, pero la reducción de la competencia siempre está en contra de dicho interés, y sólo sirve para que los comerciantes, al elevar los beneficios por encima de su nivel natural, impongan, en beneficio propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos.

Cualquier propuesta de una nueva ley o reglamentación del comercio que provenga de esta clase deberá analizarse siempre con gran precaución, y nunca deberá adoptarse sino después de un largo y cuidadoso examen, efectuado no sólo con la atención más escrupulosa sino con total desconfianza, pues viene de una clase de gente cuyos intereses no suelen coincidir exactamente con los de la comunidad y que tienden a defraudarla y a oprimirla, como ha demostrado la experiencia en muchas ocasiones.» [5]
También encontramos en Adam Smith otros juicios que producen urticaria a los gobernantes y a los ideólogos que reivindican su herencia:

«Nuestros comerciantes se quejan con frecuencia de los altos salarios del trabajo británico como la causa de que sus manufacturas no se vendan tan baratas en los mercados foráneos, pero no dicen nada de los altos beneficios del capital.

Se quejan de las generosas ganancias de otra gente, pero no dicen nada de las propias. 

No obstante, los altos beneficios del capital británico pueden contribuir a elevar el precio de las manufacturas británicas, tanto, y en algunos casos quizá más, que los altos salarios del trabajo.» [6]

Esta declaración es una verdadera herejía para los patronos que adjudican a los costes salariales —siempre demasiados altos para su gusto— la responsabilidad de la inflación y de la falta de competitividad.
Estos elementos, tan esenciales en el pensamiento de Adam Smith (o incluso más) que la famosa mano invisible (que sólo menciona tres veces en su obra), son sistemáticamente pasados por alto por el pensamiento económico dominante. [7]
Una de las diferencias fundamentales entre Adam Smith y Karl Marx es que el primero, si bien era conciente de la explotación del obrero por el patrono, apoyaba a los patronos mientras que el segundo estaba por la emancipación de los obreros.
El preámbulo de los estatutos de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) [8] redactado por Karl Marx expresa el meollo de su posición:
«Considerando:
Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos;
que la lucha por la emancipación no ha de tender a constituir nuevos privilegios y monopolios, sino a establecer para todos los mismos derechos y los mismos deberes; y a la abolición de todos los regímenes de clase;

Que el sometimiento del trabajador a los que monopolizan los medios de trabajo —o sea, la fuente de la vida— es la causa fundamental de la servidumbre en todas sus formas: miseria social, degradación intelectual y dependencia política;


Que por lo mismo la emancipación económica de los trabajadores es el gran objetivo al que debe subordinarse todo movimiento político;

Que todos los esfuerzos hechos hasta ahora han fracasado por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes profesiones en cada país, y por la ausencia de una unión fraternal entre los trabajadores de diversas regiones;
 

Que la emancipación de los trabajadores no es un problema local o nacional, sino que, al contrario, es un problema social, que afecta a todos los países donde exista una sociedad moderna; estando necesariamente subordinada su solución al concurso teórico y práctico de los países más avanzados;

Que el movimiento que resurge entre los obreros de los países más industriosos de Europa, al engendrar nuevas esperanzas, advierte solemnemente que no se incurra de nuevo en antiguos errores, y llama a la coordinación de todos los movimientos hasta ahora aislados;

Por estas razones,
se funda la Asociación Internacional de Trabajadores.

Y declara:

Que todas las sociedades y todos los individuos que se adhieran a ella reconocerán como la base de su conducta hacia todos los hombres, sin distinción de color, creencia o nacionalidad, la Verdad, la Justicia y la Moral,.

Y por lo tanto, ningún derecho sin deberes, ningún deber sin derechos.»

Notas
[1] Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, (1776), Editorial Oikos-Tau, Barcelona, 1988, Libro II cap.III, pág. 387.
[2] Adam Smith, idem.
[3] Adam Smith, op. cit., libro I capítulo VIII, pp. 149, 150.
[4] Adam Smith, op. cit., libro II capítulo V, p. 428.
[5] Adam Smith, op. cit., libro I, capítulo XI, pp. 324-326.
[6] Adam Smith, op. cit.,libro IV capítulo VII, p. 640.
[7] Es el caso, por ejemplo, de Alan Greenspan, quien en su biografía La era de las turbulencias, aparecida en 2007, dedica siete páginas elogiosas a Adam Smith, pero expurga de su pensamiento cualquier referencia al trabajo asalariado como creador del beneficio, a la teoría del valor trabajo y a la lucha de clases. (Alan Greenspan, La era de las turbulencias: aventuras de un nuevo mundo, Ediciones B, SA, Barclona, 2008.)
[8] La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), conocida como la Primera Internacional, fue fundada en 1864. En ella participaron Karl Marx y Friedrich Engels. Allí se encontraban colectivistas antiautoritarios (la corriente internacional de Mijail Bakunin), colectivistas marxistas, mutualistas (partidarios de Pierre-Joseph Proudhon) y otros. Colaboraron conjuntamente militantes políticos, sindicalistas y cooperativistas. La AIT se dividió después de la derrota de la Comuna de París.
Eric Toussaint 
doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Es autor de diversos libros, entre ellos: Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique, Le Seuil, París, 2012.

Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015. A pesar de ello, la comisión prosiguió sus trabajos y se constituyó legalmente como una asociación sin afán de lucro.

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 Extraído de: http://www.cadtm.org/Adam-Smith-esta-mas-cerca-de-Karl,4461
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El Yoga de la Síntesis - Swami Sivananda


"... Los cuatro senderos principales para la realización son:

Karma Yoga: es apropiado para las personas de temperamento activo. Es el camino del servicio desinteresado e implica el ejercicio de la voluntad.

Bhakti Yoga: quién posee un carácter devocional se verá atraído hacia este sendero. El Bhakti es el camino de la devoción, y en él se ejercitan las emociones.

La voluntad consagra todas sus actividades a través de la completa entrega a la divinidad. La emoción experimenta la dicha del éxtasis divino.

Raja Yoga: Hacia esta senda se ven atraídos las personas con temperamento místico.

El Raja es el camino del autocontrol. Una ciencia exacta.

Su objetivo es el control de todas las ondas de pensamiento o modificaciones mentales.

Se ocupa de la mente, su purificación y su control.

Jnana Yoga: esta senda es adecuada para las personas de temperamento racional y filosófico.

En este sendero de la sabiduría se práctica con el intelecto y con la razón para distinguir lo que es real de los que no lo es.

El desarrollo unilateral no resulta recomendable.

Debemos educar y buscar el desarrollo de las personas en su totalidad. Sólo entonces podrá alcanzar la perfección.

En la mente suelen darse tres defectos: Impureza, agitación y encubrimiento, ceguera mental.

La impureza puede eliminarse mediante la práctica del karma Yoga.

La agitación se elimina a través de la adoración o Bhakti Yoga.

El velo mental se diluye con la práctica del Jnana Yoga.

Sólo entonces será posible la realización en el Ser.

“Sólo podrás contemplar claramente tu rostro si en la superficie de un lago se ha eliminado previamente la turbiedad, si las aguas agitadas por el viento han recuperado la calma y si se ha extraído el musgo que flota en su superficie”.

Igualmente ocurre con la Realización del Ser.

El Yoga de la Síntesis te proporcionará un desarrollo integral y te llevará a la perfección.

Alcanzar un equilibrio armónico en todos los aspectos es un ideal que puede obtenerse mediante su práctica...".

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Extraído del muro de Carolina Llonch Romo de Oca en Facebook _______________________________________________________________________
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lunes, 16 de marzo de 2020

De la esencia de la verdad (fragmento) - Martin Heidegger


"... Pero este [estar] «desembarazados de la atención al ser» y «desembarazados del concepto de ser», no significa que ahora el ser no se lo entienda en absoluto. Todo lo contrario: nuestro entender el «es» y el «ser» no desaparece porque no nos ocupemos de él. 

Más bien sucede a la inversa: este entender el ser está ya siempre ahí con nuestra existencia.

Sólo por eso podemos en ocasiones, o a menudo, aplicar la atención a él, y proponernos expresamente un ente en tanto que un ente, y convertirlo en objeto. 

Al fin y al cabo, este ente no se constituye en ente sólo porque nosotros nos estemos ocupando de él.

¿Cómo deberíamos tener jamás la ocurrencia de ocupamos con lo ente en cuanto tal, si no estuviéramos familiarizados con él ya de entrada?

Pero este estar familiarizados con lo ente sucede en un entender el ser sin concepto y sin atención expresa.

Ciertamente, este estar familiarizados con lo ente en la existencia del hombre tiene en cada caso su propia historia.


No se limita simplemente a estar ahí, indiferentemente y por igual a lo largo de la historia de la humanidad, sino que él mismo enraíza en lo que llamamos el arraigamiento del hombre: en lo que, en cada caso, son y en el modo como son para él la naturaleza y la historia y lo ente en su conjunto y en su fundamento.

Este arraigamiento de la existencia del hombre puede perderse, y para los hombres actuales no sólo se ha perdido en amplia medida, sino que ya no se lo entiende en absoluto.

El propio estar familiarizado con lo ente se ha desenraizado, pero este desarraigo mismo no es algo negativo, sino que, en cierta manera, se ha organizado a sí mismo y ha asumido el gobierno, es decir, la reglamentación y la legislación... de aquello que la relación del hombre con el ser y con lo ente debe ser.

Si algo «es algo», si —como decimos— «hay algo en ello», eso ya no lo decide primeramente el ente mismo ni el poder con el que él es capaz de apelar inmediatamente al hombre, sino que algo es algo o no es nada sólo si se habla sobre ello o no, sólo si uno se interesa por ello.

Así vive el hombre actual, en lo más elemental y en lo supremo, de aquello y conforme a aquello que el periodismo —en el sentido más amplio— le prescribe en cuanto a intereses. Hay «intereses literarios». 

Las obras de arte, ya totalmente al margen de su enlazamiento interno con el culto, ya no tienen su ser propio ni su fuerza operativa en medio de lo ente, sino que existen para los intereses de los americanos viajeros, de los visitantes de museos y de los historiadores de arte (que les dicen a aquéllos qué es lo que hay que hacer para que cosas tales les estremezcan).

Qué sea la «naturaleza», eso lo decide el periodista, de modo que se da la situación de que unos enanitos berlineses de la literatura pretenden enseñarle a uno qué haya que entender por naturaleza.

Cuando el estar familiarizado con lo ente está desarraigado en su fuerza inmediata en una medida tal como hoy sucede, entonces, ciertamente, será difícil despertar una comprensión real para la percepción inmediata de lo ente y de su inmediatez.

Y pese a todo: justamente porque este estar familiarizado con lo ente puede destruirse, también por eso puede salvarse y recuperarse. Eso vale para nosotros...".

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Extraído del muro de Silvia Reyes en Facebook
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sábado, 18 de enero de 2020

Carl Gustav Jung - Autobiografía (fragmentos finales)



"... De mí estoy asombrado, desilusionado, contento.

Estoy triste, abatido, entusiasmado. Yo soy todo esto también y no puedo sacar la suma.

No estoy en condiciones de comprobar un valor o una imperfección definitiva, no tengo juicio alguno sobre mi vida ni sobre mí.

De nada estoy seguro del todo. No tengo convicción alguna definitiva, propiamente de nada.

Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado. Existo sobre la base de algo que no conozco.

Pese a toda la inseguridad, siento una solidez en lo existente y una continuidad en mi ser.

El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y al mismo tiempo de belleza divina...".
 

Carl Gustav Jung en la última página de su autobiografía.

Imagen: Jung en el frente de su casa. Año 1949.

En la puerta de doble hoja de fondo hay Árboles de la Vida representados.

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Extraído del muro de Carmen R Cale en Facebook

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martes, 5 de noviembre de 2019

Hay una tierra - Hafez de Shiraz


Vuelve al jardín la fortuna de tiempos de juventud,
el ruiseñor de dulce voz recibe de la rosa la buena nueva.


Oh céfiro, por mí saluda a las plantas de olor, al ciprés
y la rosa, si llegas a las púberes hierbas de la pradera.

Si entonces aparece el joven mago, vendedor de vino,
trocaré mis pestañas en escoba del umbral de la taberna.

¡Oh, tú, que de ámbar puro en tu cara de luna pintas un mazo,
no siembres de inquietud mi desorientación y pena!

Temo que aquellos que se ríen de los que beben posos
pierdan la fe en la labor de las tabernas.

Sé compañero de los hombres de Dios, que en el arca de Noé
hay una tierra que un diluvio ni una gota de agua considera.

Sal de la casa giratoria y pan no pidas,
que esta tacaña mata al final al que invitado era.

No sabrás ni un detalle de los misterios de la existencia,
mientras no estés desorientado en el círculo de la existencia.

¿Es necesario llevar hasta el cielo el palacio?
Para todos, el lecho es al final un puñado de tierra.

Oh luna de Canán, el trono de Egipto ya posees,
hora es de despedirse de la cárcel y salir de ella.

No sé qué intenciones escondes en la punta del bucle
que tu pelo agitado a almizcle perfumea.

Oh Hafez, bebe vino, sé alegre, entrégate a la bohemia,
mas el Corán en trampa de hipócritas no conviertas.
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sábado, 26 de octubre de 2019

Romance del conde Arnaldos - Anónimo español - c. 1500


Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!


Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.


Las velas traía de seda,
la ejercía de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástil la faz posar.


—Galera, la mi galera,
Dios te me guarde de mal,
De los peligros del mundo
sobre aguas de la mar,
de las fustas de los moros,
que andaban a saltear—.


Allí habló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:


—Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora ese cantar.—


Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:


—Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.


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Extraído de:
https://ciudadseva.com/texto/romance-del-conde-arnaldos/
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jueves, 17 de octubre de 2019

El último encuentro (Fragmento) - Sándor Márai


"... Uno también construye lo que le ocurre.

Lo construye, lo invoca, no deja escapar lo que le tiene que ocurrir.


Así es el hombre. Obra así incluso sabiendo o sintiendo desde el principio, desde el primer instante, que lo que hace es algo fatal.


Es como si se mantuviera unido a su destino, como si se llamaran y se crearan mutuamente.


No es verdad que la fatalidad llegue ciega a nuestra vida, no. La fatalidad entra por la puerta que nosotros mismos hemos abierto, invitándola a pasar...".

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Extraído del muro de Silvia Alziéu en Facebook
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Los sanadores son personas heridas - Claudio Naranjo


"... Los sanadores son personas heridas que aprenden a curarse a sí mismas y al aprender a recuperar su salud adquieren la capacidad de curar a otros. Es un proceso espontáneo y natural.

La vocación de ser sanador es muy parecida a la vocación de enfermarse, pues tiene que ver con la vocación del descontento, de no conformarse con lo que otros se conforman.

Un sanador es alguien que siente demasiado sus heridas. Todos nacemos heridos, por el impacto de nacer al mundo.

La mayor parte de la gente se adapta, pero el sanador es el extremo contrario: tiene demasiado contacto con su experiencia.

Y ese descontento lo lleva a que no le quede otra opción que arreglarse el alma encontrando en ese camino cosas que otros no encuentran...".


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 Extraído del muro de Carmen R Carruca en Facebook
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domingo, 13 de octubre de 2019

Advaita - No-Dualidad - José Díaz Faixat


"... En la tradición advaita o no dualista, se realiza una triple y paradójica afirmación: el Ser absoluto es real, el universo es ilusorio, el Ser absoluto es el universo.

Con ello se trata de sugerir que los fenómenos son reales cuando se los experimenta como formas fugaces del eterno Sí mismo, pero ilusorios si se los comprende como entidades separadas del Yo infinito.

Lo que se niega, pues, es que el mundo sea real en si mismo, pero no que el mundo sea real como expresión del único Yo inmutable.

Es decir, lo ilusorio no es el universo en sí, sino nuestra percepción dual del universo como realidad objetiva y ajena al Sí mismo...".


 Advaita - Ad=No, Vaita=Dualidad - No-Dualidad 
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Svetaketu - Chandogya Upanishad


Cuando Svetaketu tuvo doce años, fue mandado a un maestro, con el que estudió hasta cumplir los veinticuatro. Después de aprender todos los Vedas, regresó al hogar lleno de presunción en la creencia de que poseía una educación consumada, y era muy dado a la censura.

Su padre le dijo: – Svetaketu, hijo mío, tú que estás tan pagado de ciencia y tan lleno de censuras, ¿has buscado el conocimiento por el cual oímos lo inaudible, y por el cual percibimos lo que no puede percibirse y sabemos lo que no puede saberse?

– ¿Cuál es este conocimiento? – le preguntó a su padre

Su padre le dijo: – como conociendo un terrón de arcilla se conoce todo lo que está hecho de arcilla, pues la diferencia es sólo en el nombre, pero la verdad es que todo es arcilla, así es el conocimiento que, una vez adquirido, nos hace saberlo todo

– Pero sin duda esos venerables maestros míos ignoran este conocimiento; pues, si lo poseyesen, me lo habrían comunicado. ¿Puedes darme tu ese conocimiento?

– Así sea -contestó el padre … Y dijo-: Tráeme un fruto del árbol del nyagrodha

– Aquí está, padre

– Rómpelo, ¿qué ves ahí?

– Unas simientes pequeñisimas

– Rompe una, ¿qué ves ahí?

– Nada.

El padre dijo: – Hijo mío, en la esencia sutil que no percibes ahí, en esa esencia está el ser del enorme árbol. en eso que es la sutil esencia, todo lo que este tiene su yo. Eso es lo Verdadero, eso es el Yo, y tú eres eso.

– Por favor, padre -dijo Svetaketu-, dime más.

– Esta bien -respondió el padre- y dijo: – Pon esta sal en agua, y vuelve mañana por la mañana.

El hijo cumplió lo mandado y, a la mañana siguiente, el padre dijo: -Tráeme la sal que pusiste en el agua. Svetaketu no pudo encontrarla; pues la sal se había disuelto.

Su padre le dijo: -Prueba el agua de la superficie de la vasija. ¿Cómo es?

– Salada.

– ¿Prueba del medio y prueba del fondo, ¿cómo es?

– Saladas.

El padre le dijo: -Tira el agua y vuelve.

La sal no se perdió, pues la sal existe para siempre.

Entonces dijo su padre: -Ahí igualmente, en ese cuerpo tuyo, no percibes lo Verdadero; pero ahí está realmente. En eso que es la esencia sutil, todo lo que existe tiene su yo. Eso es


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 Extraído de: https://dadlimuh.wordpress.com/2017/05/18/svetaketu/
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lunes, 8 de julio de 2019

Arenga en contra del carácter alienante del trabajo - Charles Bukowski


La condición existencial del trabajo es paradójica. Por un lado, el discurso de la normalidad dicta que es necesario trabajar para vivir, trabajar para ganar el dinero que nos permita sostener una vida, trabajar para emplear nuestro tiempo y nuestra energía en algo productivo. Pero, desde otra perspectiva, parece pertinente citar el título de la novela de Milan Kundera y decir que “la vida está en otra parte”. Si es cierto que el ser humano está llamado a realizarse, a ser más que los confines que lo limitan, quizá el trabajo no sea la mejor manera de conseguirlo.

A mediados de la década de 1980, Charles Bukowski se encaminaba ya a los 70 años. Para entonces era, irónicamente, un autor respetado, un escritor que de las márgenes del vagabundeo y la vida desenfrenada se asentó en el canon de la literatura estadounidense, no con plena comodidad, pero había ganado ese lugar y lo defendía con suficiencia.

A esa época pertenece la carta que ahora compartimos. Grosso modo, se trata de una disertación en torno al trabajo y sus consecuencias sobre el ser humano —así, casi filosóficamente. Bukowski eligió este tema porque el destinatario fue John Martin, publicista de Black Sparrow Press que en 1969 le hizo una proposición extraordinaria: le pagaría 100 dólares mensuales con tal de que Bukowski renunciara a su trabajo y se dedicara únicamente a escribir. Bukowski, que llevaba casi 15 años trabajando como cartero para el servicio postal de Estados Unidos, aceptó de inmediato y un par de años después entregó a Black Sparrow Press su primera novela: Post Office (traducida como Cartero en español).

¿Un golpe de suerte? Probablemente. Quizá tan importante como tener el talento suficiente para responder a eso. O, por lo menos, el deseo de hacerlo.




12 de agosto de 1986
Hola, John:

Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman “De 9 a 5”. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.

Ya conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”.

Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.

Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?

Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: “¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?”.

Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente.

Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acererías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:

“Estuve aquí 35 años…”.

“No es justo…”.

“No sé qué hacer…”.

A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?

Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un “escritor profesional”. Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema.

Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: “¡Nunca seré libre!”.

Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.

Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacia, al menos, una muerte generosa.

No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho,

Hank..".


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 Extraído de: https://pijamasurf.com/2014/09/una-diatriba-contra-el-trabajo-la-carta-de-bukowski-al-hombre-que-le-pago-por-escribir/
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