viernes, 20 de mayo de 2011

15-M en MADRID: la no-violencia ya está en la calle - Rafael de la Rubia - 20-05-2011

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15-M en MADRID: la no-violencia ya está en la calle - Rafael de la Rubia, de “Mundo Sin Guerras y Sin Violencia”

Quienes interpretaron que la “primavera árabe” sería un fenómeno que tocaría solamente a ciertos países, en general dictaduras personificadas del mundo árabe, no estaban entendiendo el fenómeno que ya se ha despertado y que puede que no pare hasta recorrer y conmocionar las conciencias de todo el planeta.

Lo importante de los acontecimientos que están sucediendo es que marcan un antes y un después en las movilizaciones.

Tienen el motor de la “indignación”, como casi todas las rebeliones, pero tienen una calidad y una forma de desarrollarse totalmente novedosas pues se están apoyando en la metodología de la no-violencia.

Por primera vez esto sucede trasladándose de manera espontanea, sin lideres, sin adoctrinamientos, de una forma totalmente nueva.

Esto es lo que abre la esperanza de que esas revoluciones que se están poniendo en marcha en diferentes países sean parte de un proceso nuevo que tiene mucho mas futuro que las anteriores revoluciones violentas que finalmente dejaron colas de conflictos que los pueblos luego tardaron décadas en superar, si es que lograron hacerlo.

Por otro lado el sistema violento necesita la violencia para perpetuarse.

Asi que actuando con la no-violencia se elimina su “alimento” principal.

Uno de de los acampados en Madrid, el humanista Jesús A. me lo expresaba claramente hace unas horas: “No nos pueden parar. Nos da lo mismo lo que haga al policia. Si vienen y nos desalojan, nosotros no nos vamos a oponer violentamente. Nos disolvemos, pero mañana volveremos a manifestarnos otra vez todos juntos y seremos aun más. Cada día viene más gente. Así una y mil veces.”

La opinión popular, manipulada por los formadores de opinión occidentales, tenia identificadas ciertas dictaduras de países en desarrollo, con las que además gobiernos “democráticos” hacían buenos negocios.

Partiamos del supuesto de que nosotros vivíamos en el mejor de los mundos.

Aun no habíamos identificado la propia dictadura a la que estamos sometidos en nuestros países “avanzados”.

Es una dictadura más grave y de efectos devastadores, es la dictadura de los mercados, la dictadura de los especuladores la dictadura del dinero.

Estas protestas y las muchas que vendrán son respuesta a esta situación.

Entre la multitud de frases y slogans que corren entre los manifestantes de Madrid, la inventiva es mucha, pero hay una de todas que me parece brillante y acertada “esto no es una crisis, esto es una estafa”.

En esta frase se sintetiza lo que viene ocurriendo ya desde hace décadas y que se ha agudizado en los últimos años.

A los ciudadanos, a los pueblos se les ha estafado. Se nos ha hecho creer que hay una gran crisis. No es una crisis para todos. Aquí ha habido engaño, ha habido, manipulación, ha habido distorsión. Los que fueron los creadores de la crisis, lo bancos, son los que siguen ganando y salen beneficiados por ella.

Ya se ha instalado en la vida política el sustrato de que si hay beneficios, entonces estos corresponden a la empresa privada, por aquello de la economía de mercado, pues las empresas tienen que ganar.

Pero si hay pérdidas, entonces se las cubre con dinero público. Es decir el beneficio para unos pocos y las pérdidas para todos. Esto es clara y llanamente un estafa. Es una perversión.

No es de extrañar que las listas electorales de los partidos mayoritarios en España estén llenas de miembros imputados por corrupción. Eso también es una estafa.

En un artículo reciente sobre los sucesos en Túnez y Egipto decía “En estos hechos se vuelve a mostrar una vez más la verdadera fuerza de los pueblos y su capacidad transformadora, que en muy poco tiempo pueden producir cambios impensables sin ejercer violencia, es decir utilizando la no-violencia”.

Lo más importante, lo destacable, es ver esa nueva metodología de lucha practicándose en distintos países y que se extiende de manera incontrolada y contagiosa.

Pensamos que este terremoto de no-violencia, buscando verdadera democracia, transformaciones sociales y una vida digna no ha hecho más que empezar.

Que además, como esa sucediendo, no va tocar solo a algunos países árabes, ¿que pasara en otros países de Europa, Italia, Portugal, Grecia?¿Qué pasara en los Emiratos Árabes, Argelia, Marruecos y demás dictaduras del pan-arabismo?, ¿Qué pasara en China, donde se está censurando todos estos fenómenos?.

Los manifestantes en distintas ciudades de España se sienten en resonancia con los pueblos egipcio y tunecino. Ellos también están dando una lección de no-violencia y pacifismo al mundo. Están “indignados”, y tienen muchas razónes para ello.

Luchando por sus derechos continúan la estela de esa de revolución no-violenta comenzada en el mundo árabe. Este efecto demostración, de continuar sin distorsionarse, tendrá sus repercusiones.

Para terminar, destacar que los protagonistas están siendo principalmente los jóvenes.

Todos los pueblos, en sus mejores momentos, han hecho grandes aportes al proceso humano.

Podemos agradecer y celebrar estas revoluciones no-violentas pues nos abren el futuro a toda la humanidad.

Nos acercan hacia la nación humana universal.


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Extraído del muro de Merche Escribano en Facebook
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miércoles, 18 de mayo de 2011

Anarquismo y Violencia


Al anarquismo se lo suele asociar unas veces a la violencia y otras veces al pacifismo, según el contexto, sin embargo no existe un consenso real acerca de la legitimidad o utilidad o niveles de la violencia como forma de defensa, mientras que al contrario la agresión está en principio deslegitimada porque justamente el anarquismo como principo supremo busca erradicar la agresión institucionalizada. Es ésta la razón de su oposición a la autoridad externa, involuntaria e injustificada, debido a que argumentan ésta sólo puede surgir por intermedio de la agresión o de la amenaza de agresión hacia los individuos. El anarquismo es una doctrina politica que surgió para acabar con el capitalismo y no era partidario de ninguna forma política defendiendo la formación de comunas federadas.

Axioma de no agresión

El anarquismo postula el principio de no agresión derivado a su vez del principio de soberanía individual, a manera de axioma, es decir que ningún individuo puede agredir la vida, la libertad y los derechos básicos de otro individuo, por ello el anarquismo promueve erradicar la violencia institucionalizada de una institución considerada agresiva contra los individuos como consideran es el Estado, con su monopolio de la violencia a través de la justicia y seguridad estatales, y cualquier otra organización involuntaria o coaccionante. Así entonces las instituciones autoritarias para los anarquistas existen debido a que agreden a los individuos, por lo que es totalmente legítimo defenderse y deshacerse de ellas. Hasta aquí en general los anarquista concuerdan, en donde existen los debates y las diferentes visiones es en qué métodos usar para librarse de las instituciones que consideran autoritarias, explotadoras y opresoras de los individuos.

En resumen, discuten si para defenderse y liberarse la agresión debieran usarse, y bajo qué circunstancias, métodos violentos o noviolentos. Sus argumentos a favor de actos tanto violentos como noviolentos, los fundamentan en principios éticos de respeto y valoración a los individuos que componen el género humano derivado de las propuestas políticas descritas
Relación con la violencia

Con frecuencia el anarquismo ha sido asociado a la violencia, por un lado por el errado criterio de que anarquismo significa destrucción o desorden, pero también por un alto número de actos violentos cometidos por algunos individuos o grupos anarquistas contra las autoridades gubernamentales o monarcas, muchos de estos atentados se confunden con el terrorismo, y a pesar de las posibles semejanzas han tenido una dinámica diferente. Estas situaciones incluyen atentados y acciones individuales, y otras de actividades colectivas que pueden señalarse como violentas y que corresponderían a lo que se denomina violencia revolucionaria. En otros casos de menor frecuencia pero no menos importantes, tanto el componente ético como el principio de no asesinar civiles, estuvo ausente o no ha sido considerado primordial.

Atentados magnicidas

En ese marco algunos de los homicidios, (en forma de atentados) realizados por anarquistas, fueron predominantemente magnicidios invocando el derecho al tiranicidio o el "exterminio del jerarca", y no bajo la lógica de agresión a población civil o de terrorismo.

Debido a que a finales del siglo XIX muchas huelgas y manifestaciones obreras y populares terminaron en la masacre de éstas por parte de las autoridades y en otros casos por razones de afirmación espontánea del desprecio a la autoridad, algunos revolucionarios apoyaron los actos de violencia política, tales como ataques, bombas y el asesinato de jefes de Estado para apoyar el ideal anarquista. Tales acciones han sido a veces denominadas "propaganda por el hecho", si bien este término incluye toda acción que haga visible una reivindicación.

Algunos anarquistas consideran que la asimilación de terrorismo y "propaganda por el hecho" es incorrecta debido a que el diccionario de la Real Academia Española define terrorismo como una dominación por el terror o sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror mientras que la intención de la "propaganda por el hecho" es la de inspirar el ardor revolucionario de los individuos a través de hechos dramáticos, y consideran que es más correcto asimilar la "propaganda por el hecho" con violencia.

La cuestión de la violencia en el movimiento anarquista

Perspectiva ética


No existe un consenso real acerca de la legitimidad o utilidad de la violencia en general dentro del movimiento anarquista. Mijaíl Bakunin y Errico Malatesta, por ejemplo, mencionaban a la violencia como una fuerza necesaria y a veces deseable. Al mismo tiempo, ellos denunciaron la violencia y los actos terroristas como deslegitimadores de la dignidad humana y a pesar de su eventual necesidad, siempre como un mal (Malatesta en On Violence y Bakunin cuando rechazó a Nechaev).

Las revoluciones sangrientas son con frecuencia necesarias a causa de la estupidez humana. Pero son siempre un mal, un daño monstruoso y un gran desastre, no solo por lo que respecta a las víctimas sino también por la pureza y la perfección del fin en cuyo nombre esas revoluciones se suscitan.

Mijail Bakunin

Guerra a la violencia: éste es el móvil esencial del anarquismo. Desgraciadamente con mucha frecuencia, contra la violencia no existe otro medio de defensa que la violencia. Pero, incluso entonces no es violento el que se defiende, sino el que obliga a los otros a tenerse que defender; no es violento el que recurre al arma homicida contra el usurpador armado que atenta a su vida, a su libertad, a su pan. El asesino es el que pone a otros en la terrible necesidad de matar o morir. Es el derecho a la defensa, que se convierte en sacrificio, en sublime holocausto al principio de solidaridad humana, cuando el hombre no se defiende a sí mismo sino que defiende a los otros en su propio perjuicio, afrontando serenamente la esclavitud, la tortura, la muerte.

Errico Malatesta

Otros anarquistas, a veces identificados como pacifistas, comparten la creencia en el uso de la no violencia. León Tolstoi, cuya filosofía es con frecuencia vista como una forma de anarquismo cristiano, creía que la resistencia no violenta era el único método de lograr cualquier cambio social duradero. Para Tolstoi y otros pacifistas toda violencia es ilegítima, sin importar cuales fueran sus fines, aunque recalcando que la no violencia no puede ser neutral, poniéndose en el lugar y tratando de comprender al oprimido aunque este sea violento pero sin compartir sus métodos.

Algunos de los seguidores franceses de Pierre-Joseph Proudhon tomaron una postura similar, viendo en la huelga un acto coercitivo y rechazando tomar parte en tales actividades. Los anarcoindividualistas estadounidenses se opusieron a la "propaganda por el hecho", la cual estaba siendo defendida y cometida por anarcocomunistas, mientras que algunos anarcoindividualistas cometían o defendían estos actos violentos en Europa frente a los anarcosindicalistas que se oponían y preferían la huelga como método.

Perspectiva estratégica

La perspectiva estratégica toma en cuenta que las acciones influencien de forma sustancial las estructuras sociales y las conciencias de los individuos para transformarlas, ante esto existen algunos análisis sobre que prácticas son más eficaces (violentas o no violentas).

Si bien cuando se han realizado actos de violencia inspirada en ideas anarquistas ha tendido más a la destrucción o el daño a herramientas de control y símbolos del orden instituido o elementos de la fuerza pública durante conflictos o revueltas como forma de defensa, cosa que por muchos anarquistas no es considerado necesariamente violento aunque sí muchas veces inapropiado. Otros casos como por ejemplo la vía armada por parte guerrillas y sobre todo milicias populares como en algunas ocasiones ha sucedido con las luchas anarquistas, entran más en la lógica de la violencia revolucionaria y la autodefensa contra la fuerza pública; tiene un carácter más popular y trata de evitar la existencia de vanguardias, líderes armados o la militarización, lo que ha traído ciertas dificultades al respecto de este tipo de organizaciones o estrategias.

En el caso del atentado de la "propaganda por el hecho" se ha argumentado a favor que es más eficiente que una persona o un grupúsculo conspire para eliminar al agresor autoritario antes que hacer toda una movilización para sacarlo del poder o de su puesto de influencia, ahorrándose muertos o herido de la sociedad civil. Los contrarios afirman que el sistema autoritario es más complejo que el mando de un jerarca y que con eliminarlo no se va a desarrollar una sociedad libre y antes más bien puede surgir un gobernante peor que el anterior o la idea en la sociedad de que todo se arregla cambiando de gobernantes en vez de destruir todo gobierno o cambiar la forma de vivir y relacionarse, eso sino no fracasa y la represión empeora el ambiente; además el hecho de que sea una movilización popular legitima el hecho como voluntad consciente de cambiar por parte de los movilizados (incluso si la movilización popular no está inspirada exclusivamente en perspectivas anarquistas). Algunos ante eso responden que ante la existencia de un tirano insoportable es preferible eliminarlo aunque eso no conlleve una transformación social pero al menos sí alguna ligera mejora.

En tiempos actuales tampoco hay una posición unánime sobre el uso de violencia (y también de la no violencia) y sobre que hasta que punto se puede llevar o bajo que estrategia. Con algunas excepciones la tendencia ha sido evitar grupos armados o acciones violentas grandilocuentes, en parte para evitar vanguardias y por considerarlo lo más apropiado al menos ante estos tiempos, con respecto a la no violencia la tendencia ha sido aceptarla de alguna forma pero usualmente considerando el recurso de autodefensa, la idea es hacer la conquista de la libertad algo incluyente.

Asociaciones de defensa

Para los anarquistas normalmente la defensa constituye la única forma de fuerza legítima, justamente realizada para impedir la violencia ofensiva, por ello plantean que las asociaciones o comunidades anarquistas en una situación pacífica en caso de poder instaurar sociedades anarquistas deberían crear asociaciones voluntarias de defensa, sea como milicias ciudadanas, autodefensa o agencias particulares de seguridad contratadas por asociaciones o comunidades. Estas asociaciones de defensa deben por principios tanto éticos-políticos como operativos limitarse a la labor defensiva y nunca ofensiva, ya que para los anarquistas rige el principio de no agresión y la erradicación de la guerra y los ejércitos gubernamentales o coactivos, principio que además mantendría la paz y la continuidad de las sociedades libertarias.

Anarcopacifismo

El anarquismo pacifista o anarcopacifismo es el movimiento anarquista que rechaza cualquier forma de violencia, tanto la proveniente del Estado como la que proviene de las luchas entre fuerzas sociales, promoviendo el pacifismo y la no violencia. Históricamente el anarquismo se ha entendido como una lucha social que justificaba cualquier medio, incluyendo la violencia, para eliminar cualquier tipo de autoridad coercitiva, poder impositivo o mandato involuntario, de forma que ningún ser humano pueda ejercer relaciones de dominación sobre otros. En este contexto, y con el fin de separar este principio u objetivo, de los medios para conseguirlo, el anarquista pacifista propone el rechazo total a la violencia sin renunciar a la desaparición efectiva de algunos de los poderes: aquellos que no entran en contradicción con el principio enunciado.
Ilegalismo

A este tipo de prácticas se las asocia con anarquistas que decidieron tomar la vía del magnicidio, como el famoso caso de Leon Czolgosz que asesinó al presidente de los Estados Unidos William McKinley de un disparo, o con anarquistas que deciden usar bombas como el francés Ravachol. Este tipo de acciones polémicas incluso dentro del mismo movimiento anarquista nacen como consecuencia de algunas de sus teorías y aunque no son apoyadas pueden llegar a ser justificadas internamente.

Un importante exponente de las acciones violentas fue el italiano Luigi Galleani, que lideraba el grupo llamado "Los Galleanistas", y que enfatizaba el uso de la violencia como forma de conseguir objetivos revolucionarios implicandose en numerosas puestas de bombas sobre todo en estaciones policiales de los EE. UU.

Por otro lado, hay fuentes que asocian las acciones ilegales como respuesta a asesinatos o actos represivos a obreros, sindicalistas o anarquistas, como respuesta al "terrorismo blanco" gubernamental y pistolerismo patronal. Por ejemplo la del grupo de anarquistas españoles llamados Los Solidarios formado por, entre otros, Buenaventura Durruti, Juan García Oliver y Francisco Ascaso, relacionados con el asesinato del cardenal Juan Soldevilla y Romero como venganza del asesinato del sindicalista Salvador Seguí y del abogado Francesc Layret.

La ola de atentados anarquistas

Contexto histórico


El desarrollo del sistema capitalista en el siglo XIX propició unas jornadas laborales de en torno a las diez o doce horas en unas condiciones precarias y la proliferación del trabajo infantil, de tal manera que surgió un importante movimiento obrero de oposición, que fue inicialmente reprimido por los gobiernos de los regímenes demoliberales.

La actitud inicial de los diferentes gobiernos ante la organización de los trabajadores frente a los manifiestos abusos de los empresarios será la de reprimirla. Esta represión será aún mayor cuando se produzcan huelgas en protesta por las condiciones de trabajo. En ningún momento se intenta analizar objetivamente qué es lo que mueve a los obreros a manifestarse contra su situación y a buscar una solución diferente de la policial. Los estados liberales se cerrarán ante el movimiento obrero, impidiendo su entrada al sistema. No sólo se situará fuera de la ley a las organizaciones obreras, obligadas así en muchas ocasiones a la clandestinidad, sino que se cerrarán sus órganos de expresión (serán clausurados gran número de periódicos) y se llegará incluso a falsear el voto en algunos países. [...] La represión de las manifestaciones obreras en algunas ocasiones tendrá una violencia física importante. Los instrumentos de la represión serán las fuerzas del orden (policía, ejército.). La represión generada en muchas ocasiones llegará incluso a la desarticulación operativa del movimiento obrero, que tendrá enormes dificultades para desenvolverse y se verá abocado a la clandestinidad en numerosas ocasiones, especialmente cuando el poder caiga en manos de los más conservadores. Como consecuencia el movimiento se contrae y se reduce en gran medida.

José Luis García Mañas, La represión del terrorismo anarquista (1890-1900)

Ante esta situación, en un congreso celebrado en Londres en 1881 promovido por la facción anarquista de la antigua Primera Internacional —opuesta a la facción marxista que no descartaba la participación de un partido de la clase trabajadora en el sistema parlamentario demoliberal— se apuesta por la acción directa de la "propaganda por el hecho", que es descrita por José Luis García Mañas como una táctica "basada en el uso de la violencia para llamar la atención sobre las desigualdades y para crear una situación de terror que produzca una espiral de violencia que acabe en la Revolución".

La "propaganda por el hecho" se inspiró en los atentados contra Alfonso XII de España (en 1879 y 1879), Humberto I de Italia (en 1878) y Alejandro II de Rusia (en 1881). A partir de entonces comenzará una serie de atentados y magnicidios perpetrados por algunos grupos anarquistas que serán respondidos por las autoridades gubernamentales con una fuerte represión que en el caso de España "tendrá extremos de sadismo" según García Mañas.

García Mañas también apunta la existencia de agentes provocadores:

Podemos añadir entre las causas de la violencia anarquista la actuación de agentes provocadores, cuya presencia es más que constatable en varios atentados. Los gobiernos buscaban con estas acciones crear confusión para poder llevar a cabo así una acción más "eficaz" contra unas ideas manifiestamente contrarias a sus intereses.

José Luis García Mañas, La represión del terrorismo anarquista (1890-1900)

Represión de las autoridades gubernamentales


A principios del siglo XX los movimientos anarquistas fueron violentamente reprimidos. Los mártires de Chicago y la pena de muerte contra Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti en Estados Unidos son dos de los casos más significativos. Bien entrado el siglo, en 1974 fue ejecutado en España el anarquista Salvador Puig Antich.

Habitualmente, los anarquistas han manifestado que han sido objeto de criminalización por parte de las autoridades. La Mano Negra fue una organización violenta que cometió varios asesinatos a finales del siglo XIX en Andalucía, los grupos anarquistas locales manifestaron no tener nada que ver con la organización y hasta hoy en día no existen pruebas fehacientes de su existencia que se presume fue una invención de la autoridades usada como excusa para la represión. El incendio de la sala Scala Barcelona, en 1978, fue otro caso en el que los anarquistas vieron una campaña de desprestigio hacia el anarquismo incitado por el gobierno.

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martes, 17 de mayo de 2011

Las futuras revoluciones tendrán que asumir un carácter transformador en lo esencial - Silo - 17-05-2011

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Las futuras revoluciones tendrán que asumir un carácter transformador en lo esencial - Silo

No se detendrá la marea revolucionaria que está en marcha como expresión de la desesperación de las mayorías oprimidas. Pero aún esto no será suficiente ya que la dirección adecuada de ese proceso no ocurrirá por la sola mecánica de la “práctica social”.

Salir del campo de la necesidad al campo de la libertad por medio de la revolución es el imperativo de ésta época en la que el ser humano ha quedado clausurado.

Las futuras revoluciones, si es que irán más allá de los cuartelazos, los golpes palaciegos, las reivindicaciones de clase, o de etnia, o de religión, tendrán que asumir un carácter transformador incluyente sobre la base de la esencialidad humana.

De ahí que más allá de los cambios que produzcan en las situaciones concretas de los países, su carácter será universalista y su objetivo mundializador.

Por consiguiente, cuando hablamos de “revolución mundial” comprendemos que cualquier revolución humanista, o que se transforme en humanista, aunque sea realizada en una situación restringida llevará el carácter y el objetivo que la arrojará más allá de sí misma.

Y esa revolución, por insignificante que sea el lugar en que se produzca, comprometerá la esencialidad de todo ser humano.

La revolución mundial no puede ser planteada en términos de éxito sino en su real dimensión humanizadora.

Por lo demás, el nuevo tipo de revolucionario que corresponde a este nuevo tipo de revolución deviene, por esencia y por actividad, en humanizador del mundo.


Extraído del muro de Manuel Hidalgo en Facebook
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Constantino Kavafis - Selección


MURALLAS
Sin consideración, sin piedad, sin pudor
en torno mío han levantado altas y sólidas murallas.

Y ahora permanezco aquí en mi soledad.
Meditando en mi destino: la suerte roe mi espíritu:

tanto como tenía que hacer.
Cómo no advertí que levantaban esos muros.

No escuché trabajar a los obreros ni sus voces.
Silenciosamente me tapiaron el mundo.



VENTANAS

En esas habitaciones oscuras donde vivo
pesados días, con qué anhelo contemplo a veces
las ventanas. -Cuándo se abrirá
una de ellas y qué han de traerme-.
Pero esa ventana no se encuentra, o yo no sé
hallarla. Y quizás mejor sea así.
Quizá esa luz fuese para mí otra tortura.
Quién sabe cuántas cosas nuevas mostraría.



CHE FECE... IL GRAN RIFIUTO

A cada uno le llega el día
de pronunciar el gran Sí o el gran
No. Quien dispuesto lo lleva
Sí manifiesta, y diciéndolo

progresa en el camino de la estima y la seguridad.
El que rehúsa no se arrepiente. Si de nuevo lo interrogasen
diría no de nuevo. Pero ese
no -legítimo- lo arruina para siempre.



DESEOS

Como bellos cuerpos que la muerte tomara en juventud
y hoy yacen, bajo lágrimas, en mausoleos espléndidos,
coronados de rosas y a sus pies jazmines -
así aquellos deseos de una hora
que no fue satisfecha; los que nunca gozaron
el placer de una noche, o una radiante amanecida.



MONOTONÍA

Sigue un día monótono a otro día igualmente
monótono, idéntico. Las mismas
cosas sucederán de nuevo, una y otra vez -
las mismas circunstancias nos toman y nos dejan.

A un mes sigue otro mes igual.
Lo que vendrá fácilmente se adivina;
serán las mismas cosas de ayer.
Y el mañana nunca parece ese mañana.



LA CIUDAD

Dices «Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí».
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques
-no hay-,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.



CUANTO PUEDAS

Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
en contacto excesivo con el mundo,
con una excesiva frivolidad.

No la envilezcas
en el tráfago inútil
o en el necio vacío
de la estupidez cotidiana,
y al cabo te resulte un huésped inoportuno.



FUI

Nada me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer.



CONFRONTACIÓN

Quien confrontar su espíritu desee
debe abandonar toda sumisión.
Observará algunas leyes
Pero violará la mayoría,
No obedeciéndolas, como
Tampoco la por todos aceptada falsa rectitud.
Aprenderá de los placeres.
No temerá la destrucción,
Pues la mitad de la heredad ha de ser demolida.
Sólo así crecerá virtuosamente en la Sabiduría.



EL OLVIDO

Encerradas en un invernadero
bajo el cristal, las flores olvidan
que la luz existe
y cómo temblaban bajo el rocío.



QUIEN VINO A MENOS

Qué difícil para quien vino a menos,
para quien vio declinar su fortuna, aprender el nuevo
lenguaje de la pobreza, otros caminos.

Cómo sentir suya esa otra casa, extraña, miserable.
Qué dolor en su corazón cuando avance por las calles
hacia esa puerta que lo socorrerá,
y contemple la campanilla, y toque.
Cómo repetirá «gracias» mientras coge
el pedazo de pan, la ropa usada.
Cómo hará frente a esas frías miradas
en las que sólo encuentra el espejo de su miseria.

Cómo enseñará a sus labios
a hablar ahora humildemente;
¡y cómo bajará la cabeza este espíritu antes orgulloso!
Cómo escuchar ahora ese idioma
Del que cada palabra sólo puede herirle - Y al mismo tiempo
hacer como si todo eso fuera extraño,
como si él solamente fuera un incomprendido.



EL BANCO DEL FUTURO

Para asegurar mi ardua existencia
no ingresaré muchas letras de cambio
en el Banco del futuro.

Dudo tener nunca un gran capital.
Y comienzo a temer que en la primera crisis
repentinamente se cancelen los pagos.



ADICIÓN

No pregunto si soy feliz o no.
Pero hay algo que permanece siempre alegre en mi cabeza:
que en la gran suma -esa suma que aborrezco-
de sus demasiados números, yo no soy uno,
no soy una de esas unidades. Yo no fui contado
en el total. Y eso ya me alegra suficientemente.

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Recordemos el pasado pero miremos al presente - Odyseo


Hoy, en vez de recordar el pasado, que ya lo han hecho otros, vamos a intentar hacer algo para "recordar" el presente.

El tema del racismo y sus secuelas: la xenofobia, la intolerancia, la discriminación, la violencia contra las minorías, ejercida por grupos que se consideran herederos de aquellos que perpetraron el mayor genocidio de la Historia sigue, por desgracia, estando a la orden del día.

Por ello reproduzco este texto del Colectivo No Violencia y Educación:

¡EH, AMIGO! TÚ LEER AQUÍ! - Carta a un "cabeza rapada"

Querido cabeza rapada:

Yo escribirte con palabras fáciles, para que tu poder comprender.

Yo leer en periódico que tú ser "bestia", pero yo no creer.

Yo creer que tu ser ignorante e ignorancia ser grande problema, también para mí.

Porque ignorante ser persona débil y persona débil tener miedo y el que tener miedo ser persona que hacerse agresiva y hacer "bonk" con bastón sobre cabeza de pobre hombre.

Yo querer decir esto: si tú pegar a un hombre pobre, tú no demostrar tu fuerza, tú demostrar tu debilidad y estupidez, porque su cabeza rota no resolver tu problema.

Tu problema ser que tú vivir en suburbio de mierda, sin trabajo o con trabajo de mierda.

Tu problema ser que tú ser última rueda del carro y por eso tú querer volverte fuerte y tú tener razón pero nadie se vuelve fuerte pegando (cuarenta contra dos) a dos personas débiles.

Si tú querer ser fuerte, tú deber rebelarte a tu debilidad, tú deber pensar.

En tu cráneo afeitado haber cerebro. Tu cerebro necesita alimento, como tu estómago.

Tú entonces intentar "hablar", "leer", y preguntarte por qué tú vivir vida de mierda.

Esto es cultura y cultura ser fuerza para mejorar a las personas.

Yo saber que leer es muy cansado, pensar ser aún más cansado, mucho más cansado que gritar "negro de mierda" o "sucio judío".

Gritar gilipolleces ser muy fácil. Todos ser capaces de insultar y odiar.

A mí no me importa nada si tú afeitar tu cráneo o llevar botas militares; por mí tú poder ponerte alcachofa de sombrero y tatuar tus nalgas.

A mí importar que tú respetar a ti mismo, tu cerebro y tu dignidad.

Así tal vez tú aprender también a respetar a otras personas.

Si tú gritar "sucio judío", tú debes saber por lo menos qué es ser judío.

Y si tú saber qué ser judío, tú probar a preguntarte qué tal si quemasen en hornos a tu madre, tu padre, tus hermanos, tus amigos, a ti mismo.

Si tú empezar a hacer preguntas, tu empezar a vencer, preguntas ser como llave de coche: basta una para encender el motor y llegar lejos.

Yo, muy preocupado por ti (y también por las cabezas de los que quieres pegar).

Yo preocupado porque el poder, cuando ver personas ignorantes, hace dos cosas:

meterte en la cárcel (y cárcel ser como un inmenso "bonk" sobre tu cabeza).

O bien servirse de ti como esclavo, mandarte a pegar, torturar y quemar a otros, mientras él vive en buena casa, con buen coche y con buena tía.

¿Tú querer ser libre? Mantiene tu cráneo afeitado pero aprende a amar a tu cerebro.

La fuerza y el poder habitar ahí: dentro del coco, no sobre el coco. Ciao.

Y tampoco conviene olvidar cómo pueden ocurrir Abu Graib, Guantánamo, los campos de refugiados palestinos, sudaneses, ruandeses..... no sea que encontremos más de un Auschwitz al lado de nuestra casa.

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lunes, 16 de mayo de 2011

Deseos - Victor Hugo - 16-05-2011

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Deseos - Victor Hugo

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar,
no guardes rencores.

Te deseo también que tengas amigos, y que,
incluso malos e inconsecuentes,
sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno
en quien puedas confiar sin dudar porque la vida es así,

Te deseo también que tengas enemigos,
ni muchos ni pocos, y en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.

Que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además, que seas útil, mas no insustituible.

Y que en los momentos malos, cuando no quede mas nada,
esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante;
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho
e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.

Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena,
que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima,
por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un
jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera,
te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por mas minúscula que sea,
y la acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas esta hecho un árbol.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera,
pero que si muere alguno,
puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer,
y que siendo mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo mas nada que desearte.


Extraído de: http://odyseo.zonalibre.org/archives/2004_08.html
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Solo 6 segundos - Odyseo


Esa es la media de duración de un plano en cualquier programa de televisión, anuncio publicitario televisivo o videoclip, película o teleserie.

Es decir eso es lo que nuestra atención es capaz de aguantar sin impacientarse.

Además esos planos han de ser en color, nada de blanco y negro, con escenas de tema violento o de contenidos claramente sexuales, aderezados con unos impresionantes efectos especiales y tratamiento por ordenador, con unos mensajes simples, llamativos, que provoquen cierto desconcierto pero que no hagan pensar.

La mente no ha de tener tiempo para detenerse y reflexionar, por eso hay que cambiar cada pocos segundos de mensaje, de plano, de imagen o de escena.

Nos están educando para no poder mantener la atención fija más de seis segundos en un plano, en una imagen , en un pensamiento...

O lo que es lo mismo, nos están educando para rechazar lo profundo, lo complejo, lo que va más allá de lo puramente superficial, lo que no se ve o no se oye, lo que exige esfuerzo o detenimiento...

Nos están mal-educando.

Os habéis preguntado para qué.

(Tenéis 6 segundos para contestar)

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Extraído de: http://odyseo.zonalibre.org/archives/2004_03.html
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Hombres y mujeres de provecho - Odyseo


Comportarse con decoro, sentar la cabeza, asumir la responsabilidad, ser discreto, sentir pundonor, ser humildes hasta el extremo de no admitir las propias virtudes, autocontrolarse, sentir vergüenza, pudor, culpa, miedo...

Nuestra educación, fielmente dirigida por nuestros padres desde la casa, por los curas desde el púlpito y nuestros maestros desde la escuela, se ha encargado de inocular soterradamente el veneno mencionado en forma de valores deseables.

Valores que actúan como cadenas, eslabones que nos mantienen sometidos al dictado de quienes controlan el poder social.

Todo buen ciudadano debería cumplir sus dictados para que la sociedad (no un ente abstracto y sin forma, sino el concreto, el del grupo humano que te rodea) le acepte como miembro del grupo con todas sus ventajas y privilegios.

Si no, lo que le espera a ese sujeto antisocial es el anatema, el castigo, la sanción, la indiferencia, el estigma, la crítica, el aislamiento, la mirada torcida, el gesto agrio, el dedo señalador, el insulto, cualquiera de las mil formas que tiene el grupo para hacer valer su miseria moral por encima del individuo disidente.

Mantener esos valores ayuda al poder (de los poderosos).

Los padres, que solo quieren el bien para sus hijos como todo el mundo sabe, si no hacen dejación de funciones, asumirán esos valores como propios y procurarán, en forma de consejos o admoniciones, que sus hijos los asuman de igual manera: nos enseñarán a ser rigurosos, disciplinados, serios, "hombres y mujeres de provecho". ¿De provecho para quién?

Nadie nos animará a ser soñadores.

Ningún adulto que se precie de pertenecer al grupo social nos invitará a soñar, a ser transgresores, a ser creadores, seres originales, a ser poetas de la vida.

Pero si tenemos la fortuna de habernos encontrado a una de esas personas en algún momento de la vida, coincidiremos que eso fue lo mejor que nos pudo pasar.

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Vengo de un viaje - Odyseo


Un viaje es la vida.

Un viaje es un trayecto dentro de un viaje mayor que es la vida.

Todo lo que es la vida lo podemos encontrar en un trayecto de un viaje: los encuentros, las sorpresas, las malas noticias, el placer, la ilusión, la desesperación...

El viaje te ofrece oportunidad de encuentros ricos y de desencuentros terribles.

Por tu ojo atento pasarán miles de seres con sus vidas cargadas a la espalda, seres asomados a sus propias miradas, colgados de su sonrisa y marcados por sus cicatrices.

Vengo de un viaje, un pequeño y hermoso viaje, dentro del otro viaje mayor.

Ha sido oportunidad de charlas sosegadas y placenteras, de miradas cómplices y risas demoledoras, de tiempos de soledad y de momentos de agradable cansancio.

He compartido mesa frugal e inspiradoras bebidas, instantes fecundos de descubrimiento del otro, de tierna apertura a lo desconocido.

Quedan, como testigos intangibles, la noche, una música, un tranquilo patio, el viejo casino de un pueblo perdido y las calles de mil lugares visitados.

Vengo de un viaje siempre distinto.

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¿Por qué es tan larga la palabra abreviatura? - Odyseo - 16-05-2011

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¿Por qué es tan larga la palabra abreviatura? - Odyseo


Hoy en mi estado de ánimo podemos encontrar cielos parcialmente nubosos con posibilidad de precipitaciones débiles.

Eso se traduce en marejada a fuerte marejada a la altura del mar de alborán que yo lo tengo como en la latitud de la cabeza.


Estoy vivo y esto es verdad fuera de cualquier tipo de maximalismo fanático.

Hay quien dice que incluso ronco, lo que no deja de ser una clara muestra de masculina humanidad.

Y para muchos eso sería suficiente. Pero a mí a veces me duele.


Supongo que tiene que ver con el hecho de que estar vivo va acompañado de una consustancial ingratitud.

A fuerza de ver todos los días el sol olvidamos que existe.


Transitamos la noche con la ignorancia del que no sabe y se pregunta, se pregunta constantemente por las cosas y sus razones.

La vieja noche del alma, del hombre, animal incesante que interroga.


Se ciernen nubes de evolución que seguramente traerán tormenta.


Navego sobre las ondulaciones de la horas, arriba y abajo aunque parezca que su movimiento me adelanta al viento y sus pesares.

Mi tiempo de hoy va a la deriva.

La iluminación de un solo rayo me basta y me consuela.


Me gustaría explicar la belleza y necesito encontrarle explicación.


Tal vez mañana encuentre algo más que abreviaturas.

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Extraído de: http://odyseo.zonalibre.org/archives/108601.html
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La gran estructura - Odyseo


Un hombre agoniza en un hospital. Le acompañan su mujer y una hija que mira por la ventana como cae la tarde, una cálida y soleada tarde de verano.

Fuera una madre pasea con su hijo por el parque y se come un helado.

Un policía apunta la matrícula de un coche mal aparcado.

La camarera sirve una copa a una pareja de turistas.

La vida alrededor se mantiene ajena a la desgracia de la familia del moribundo.

Su tragedia es diminuta y no encaja en la escala de la gran ciudad.

Ni siquiera una desgracia para la vida de la ciudad alteraría el ritmo y el sentir normal del país.

En los planes de la gran estructura nada modifica sus engranajes.

Un maremoto que destroce toda una región del planeta no cambiará la agenda diaria de los millones de personas que se hacinan al otro lado del planeta.

El gran plan debe continuar. Toda vida es ajena a las demás vidas.
Insignificantes partículas.

Ni siquiera una catástrofe planetaria alteraría lo más mínimo los destinos y tareas de los seres de otras galaxias o de otros mundos. No somos nada. La gran estructura sigue sus planes.

Si acerca el oído escuchará un enorme griterío de fondo, indescirnible en su significado, apenas un murmullo, un rumor que se lo lleva el viento interestelar.

Los que piensan que eso es Dios deben sentir plenamente su crueldad.

A los que pensamos que no hay explicación a nuestro alcance solo nos cabe sobrevivir en el sin sentido. Todo eso dará igual. Todo encaja en sus grandes e ignotos esquemas.

El hombre ya ha muerto ante el llanto silencioso de su familia.

La mujer del parque ya se ha terminado el helado.

El dueño del coche ha cogido el papel de la multa y lo tira con rabia a la calzada. Un anciano le mira con recriminación desde el banco donde descansa.

La camarera ha terminado su turno de trabajo y se marcha a la parada de autobus. Le espera su novio.

Tres países más allá la gente se muere de hambre y conseguir un trago de agua es el premio al esfuerzo de todo un día.

A miles de kilómetros una bomba ha sesgado la vida de treinta personas mientras estaban en la cola de una oficina gubernamental.

En el Sol, mientras tanto, se han sucedido varias explosiones atómicas.

Andrómeda sigue girando y flotando en el Universo. Transformación sin cambio.

La gran estructura mantiene el rumbo. Según lo previsto.

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Violencia Estructural - Odyseo


Cuando los seres humanos están limitados para que sus realizaciones físicas o psíquicas se desarrollen de forma plena o influenciados para que tales realizaciones no se desarrollen como podrían, debemos considerar que existe violencia estructural.

Su efecto es terrible, hasta el punto de superar de largo a la violencia directa o conductual que tiene un agente identificable al que se puede castigar.

Su alcance real variará de una sociedad a otra (y de un tiempo a otro) dependiendo de cómo tenga esa sociedad establecidas las normas, la distribución y acceso a los bienes sociales.

De ello puede depender que mi futuro como persona se vea potenciado hasta el máximo de mis posibilidades o se vea limitado para solo alcanzar unos niveles ínfimos.

Hablamos de una violencia que puede condicionar desde mi nivel de rentas o educación hasta mis expectativas de vida.

Cuando las sociedades actúan sobre los ciudadanos de forma violenta, impiden a estos el acceso a recursos básicos como la educación, la alimentación, la vivienda, la sanidad, el poder político, la libertad, etc.

Sus efectos son posiblemente más perniciosos en términos globales que los efectos de la violencia directa.

El resultado más evidente es la formación de una sociedad dual en la que sólo unos pocos disfrutan de los bienes sociales y recursos básicos, hasta el despilfarro, mientras que la mayoría se contenta con sobrevivir que no es poco.

Mientras los primeros viven en urbanizaciones cerradas con clubes sociales exclusivos, de donde no necesitan salir, y no se relacionan directamente con nadie del otro grupo, hasta el punto de negar la propia existencia del mismo, el segundo debe permanentemente buscar salidas a su miserable situación.

Este segundo grupo tendría todo el derecho del mundo a alzarse contra esa violencia para derribar las barreras que impiden su normal desenvolvimiento.

Esto mismo que ocurre a nivel interno de una sociedad, ocurre de igual forma con las relaciones entre los países ricos y los demás.

Posiblemente en esta situación encontraríamos las respuestas para muchas de las cosas que están ocurriendo ahora mismo en el mundo.

Y es que la mejor guerra preventiva es la que distribuye los bienes sociales con equidad y justicia.

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Jesús jamás instituyó - ni quiso hacerlo - ninguna nueva religión o Iglesia, ni cristiana ni, menos aún, católica - Pepe Rodríguez - 16-05-2011

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Jesús jamás instituyó - ni quiso hacerlo - ninguna nueva religión o Iglesia, ni cristiana ni, menos aún, católica - Pepe Rodríguez

Según los Evangelios, Jesús sólo citó la palabra «iglesia» en dos ocasiones, y en ambas se refería a la comunidad de creyentes, jamás a una institución actual o futura; el equivalente semítico de la palabra ekklesía designa en este caso, al igual que en todo el Antiguo Testamento, la asamblea general del pueblo judío ante Dios, la kahal Yahveh. Pero la Iglesia católica sigue empeñada en mantener la falacia de poner a Cristo como el instaurador de su institución y de preceptos que no son sino necesidades jurídicas y económicas de una determinada estructura social, conformada a golpes de decreto con el paso de los siglos.

Si en algo están de acuerdo todos los expertos actuales es que la hermenéutica bíblica garantiza absolutamente la tesis de que Jesús no instituyó prácticamente nada, pero, en cualquier caso, se cuidó muy especialmente de no proponer ni un solo modelo específico de Iglesia institucional. A esto debe añadirse que en los textos del Nuevo Testamento, redactados muchos años después de la muerte de Jesús, tampoco se ofrece un solo modelo organizacional sino que se cita una diversidad de posibilidades a la hora de estructurar una comunidad eclesial y sus ministerios sacramentales; de este modo surgieron las evidentes diferencias - y disputas - que se dieron entre los primeros modelos eclesiales que adoptaron los creyentes de Jerusalén, Antioquia, Corinto, Éfeso, Roma, Tesalónica, Colosas, etc.

Hacia la década de los años 60 las iglesias cristianas se habían multiplicado y extendido por todo el Imperio romano, Oriente Próximo y Egipto, pero cada comunidad funcionaba de una manera muy peculiar y distinta a las otras; en lugares como Roma, por ejemplo, la iglesia no era sino una especie de anexo exterior de la sinagoga donde se encontraban los cristianos para sus sesiones religiosas; estos primeros cristianos, en lo personal, seguían llevando el estilo de vida judío anterior a su conversión, por lo que gozaban de los especiales privilegios que los romanos concedían a los judíos en todo el imperio.

El poder romano todavía no había llegado al punto de ver en los cristianos una religión diferente a la judaica, pero la situación cambió radicalmente cuando Nerón, a mediados de la década, comenzó a perseguir con saña al cristianismo. Poco después, cuando los judíos - que acababan de perder la guerra contra los romanos y de ver destruido el Templo de Jerusalén - se agruparon en torno a las sinagogas y aumentaron su rigor doctrinal, las relaciones que mantenían con los cristianos se crisparon rápidamente.

En cualquier caso, es muy indicativo el contenido de la Epístola de Santiago - escrita posiblemente entre los años 75 a 80 en círculos judeocristianos que usaron el nombre del ya ejecutado Santiago -, donde se hizo aparecer al cristianismo como una especie de judaísmo liberal y, al tiempo, se presentó a las iglesias de la tradición paulina como una degeneración religiosa y se pasó por alto la cristología - el máximo punto de fricción entre judíos y cristianos - con el fin de reagrupar en la sinagoga cristiana al máximo número posible de judíos desperdigados tras la destrucción del Templo. Se dejó así constancia de que la frontera entre judaísmo y cristianismo aún no estaba bien establecida en esos días de grandes tribulaciones para unos y otros. Muchos años después de la crucifixión del Mesías, el judaísmo seguía aún presente en el corazón del cristianismo.

Puede parecer un absurdo mantener que Jesús no fue cristiano, pero éste es uno de los pocos datos que se saben de él con seguridad. Ya citamos, en un capítulo anterior, la opinión del profesor Étienne Trocmé, defendiendo que Jesús no fundó ninguna Iglesia sino que se limitó a intentar agrupar al «pueblo de Israel» bajo un nuevo marco, y las pruebas de ello las encontramos a porrillo a lo largo de todos los Evangelios. Recordemos, por ejemplo, la incuestionable profesión de fe judía que hizó Jesús en Mt 5,17 - 18, o la instrucción dada a sus apóstoles en el sentido de que se abstuviesen de predicar a los gentiles (no judíos) y se reservasen para «las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 10,5 - 7 y Mt 15,24 - 26).

Jesús fue un judío, como sus discípulos, y ni tan siquiera pretendió fundar una secta judía más entre las muchas que ya había en su época. El nazareno se esforzó por mejorar la práctica religiosa del judaísmo entre su pueblo y ante la perspectiva crucial del inminente advenimiento del «reino de Dios» en la Tierra. Jesús no perdió ni un minuto organizando nada - ni secta, ni Iglesia - porque, tal como expresó con claridad meridiana, estaba convencido de que el mundo, tal como era conocido, iba a llegar a su fin antes de pasar una generación: «En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán de la muerte antes que vean el reino de Dios» (Lc 9,27).

Esta creencia en la inminencia del Juicio Final y en el reemplazo del mundo por el «reino de Dios» era compartida, de hecho, por buena parte de los judíos de esos días, que mantuvieron la vista puesta en ese cercano momento durante gran parte del siglo I. Así, el propio Pablo, en I Cor 10,11, fechó como contemporáneo el final anunciado cuando dijo que «Todas estas cosas les sucedieron a ellos en figura y fueron escritas para amonestarnos a nosotros, para quienes ha llegado el fin de los tiempos»; y Pedro advirtió en I Pe 4,7 que «El fin de todo está cercano. Sed, pues, discretos y sobrios (con vistas) a la oración». Pablo y Pedro, puntuales básicos, aunque enfrentados, del cristianismo primitivo, no dudaron de la proximidad del fin, pero muchos de sus correligionarios, al ver pasar los años sin que nada sucediese, comenzaron a impacientarse.

A principios del siglo II, una epístola falsamente atribuida a Pedro intentó frenar el desánimo de los cristianos, provocado por el incumplimiento de la promesa de Jesús de venir de inmediato al mundo para presidir el día del fin - y por la mofa que los incrédulos hacían por ello -, afirmando: «Y ante todo debéis saber cómo en los postreros días vendrán, con sus burlas, escarnecedores, (...) y dicen: "¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio de la creación. (...) Carísimos, no se os oculte que delante de Dios un solo día es como mil años, y mil años como un solo día. No retrasa el Señor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente os aguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia. Pero vendrá el día del Señor como ladrón, y en él pasarán con estrépito de los cielos, y los elementos, abrasados, se disolverán...» (II Pe 3,3 - 10). Con el descaro usual, este escrito neotestamentario vino a decir que no es que Jesús - Cristo se hubiese olvidado de cumplir su propia profecía sino que, debido a la diferente apreciación del tiempo que se da cuando uno está ante Dios o ante los hombres, había aplazado sine die el final para que, de paso, pudiesen salvarse cuantos más mejor ¡¡¡¿?!!!

Tal como sostienen bastantes teólogos e historiadores de las religiones, resulta muy plausible que las primeras comunidades cristianas, al no poder justificar ya más el persistente retraso de la parusía - presencia o advenimiento; la segunda venida de Cristo al mundo para juzgar a los hombres -, desplazasen su punto de mira del futuro al presente y transformasen sus esperanzas escatológicas (acerca del fin, muerte y salvación) en soteriológicas (acerca de la redención), cambiando el rol hasta entonces atribuido a Jesús - Cristo, que requería su presencia física, por otro menos comprometido y que, por ser indemostrable hasta el fin de los tiempos, podía sostenerse con fe ante los incrédulos, eso es que Jesús - Cristo, con su pasión y muerte, redimió, liberó, a todo el género humano.

En todo caso, siendo tan intensa la creencia en la inminencia del Juicio Final y en todo cuanto le debe ir asociado, resulta obvio - y así consta en el Nuevo Testamento - que ni Jesús ni sus apóstoles estaban por la labor de fundar ninguna nueva religión o estructura organizativa del tipo de una Iglesia, aunque, eso sí, promovieron con todas sus fuerzas el pío agrupamiento del pueblo de Israel en torno a la ekklesía, eso es la asamblea general del pueblo judío ante Dios. ¿De dónde salió, pues, la Iglesia? Puesto que no procede de Jesús ni de sus apóstoles, su origen hay que buscarlo en la evolución de un proceso histórico que desembocó en donde nadie había podido prever.

Dado que la Iglesia católica es el producto de circunstancias históricas y no de una fundación institucional emanada de la voluntad de Jesús - y expresada en el Nuevo Testamento - a diferencia del resto del cristianismo, ésta antepone la autoridad de su Tradición a la de las Sagradas Escrituras. La justificación para tamaño despropósito la encontramos prolijamente enunciada en la Biblia católica de Nácar - Colunga (pp. 7-8) cuando, entre disquisiciones etéreas, nos dice que: «La verdad revelada, alma y vida de la Iglesia, antes que en los libros fue escrita en la inteligencia y en el corazón de la misma [de la Iglesia católica]. Allí reside vivificada por el Espíritu Santo, libre de las mutaciones de los tiempos y de fluctuación de las humanas opiniones. (...) Por eso el sentir de la Iglesia católica, la doctrina de los Padres y Doctores, que son sus portavoces y testigos; la voz del mismo pueblo fiel, unido a sus pastores y formando con ellos el cuerpo social de la Iglesia, son el criterio supremo, según el cual se han juzgado siempre las controversias acerca de los puntos doctrinales, así teóricos como prácticos; y así decretó el Concilio Tridentino que en la exposición de la Sagrada Escritura, en las cosas de fe y costumbres, a nadie es lícito apartarse del sentir de los Padres y de la Iglesia».

Lo anterior significa que la Iglesia católica puede interpretar como «negro» aquello que Jesús, sus apóstoles o un texto Sagrado muestran expresamente como «blanco» y que, tal como es su costumbre -según ya hemos demostrado sobradamente hasta este punto-, despreciando la realidad original, impone dogmáticamente su criterio interesado a todos los católicos.

No es nada baladí recordar que los cristianos de las primeras generaciones eran judíos de lengua semítica y que, tres siglos después, en el concilio de Nicea, verdadero origen del catolicismo, los obispos ya sólo hablaban griego y un poco de latín. La anécdota habla por sí sola si conocemos que el contexto sociocultural hebreo estaba en las antípodas del helénico, razón por la cual el cristianismo que elaboraron los gentiles y judíos helenizados se apartó en casi todo lo fundamental del judeo - cristianismo que, desde Jerusalén, de la mano de Santiago, el hermano de Jesús, y del apóstol Pedro, intentó propagar el mensaje del nazareno tras su ejecución. Ganaron los griegos y, como ya hemos dejado sentado, el mito de Jesús alcanzó cotas insospechadas al fundir en su crisol las creencias paganas más ilustres.

Puesto que no cabe aquí entrar en detalles sobre el interesantísimo - y, con frecuencia, poco honorable - proceso sociopolítico que condujo a la formación de la Iglesia católica y la dotó de un poder sin igual, sí mencionaremos, al menos, las tres fases de una secuencia histórica que llevó desde el judeo - cristianismo de Jerusalén hasta el catolicismo romano.

La primera fase, que podemos situar entre los años 30 o 36 a 125, fue de expansión y llevó a la progresiva separación entre cristianismo y judaísmo. La segunda fase, entre los años 125 a 250, vio cómo la pequeña secta judeocristiana fue transformándose en una Iglesia relativamente numerosa, formada por masas incultas y profundamente mediocres que a menudo mezclaban la base cristiana con los restos paganos de un helenismo en declive; es la época de las grandes herejías (gnosticismo, marcionismo, montanismo, etc.), de apologistas como Orígenes y Clemente de Alejandría, y del nacimiento de la ortodoxia.

Durante la tercera fase, entre los años 250 al 325, la Iglesia estuvo básicamente ocupada en definir sus relaciones con el poder, ya le fuera contrario o favorable, y se produjo una involuntaria transformación del cristianismo en un factor político de primer orden. Las grandes persecuciones romanas para erradicar el cristianismo del Imperio, que comenzaron en el año 249, no sólo no lograron su propósito sino que, a partir del 310, con la llegada de la pax de Constantino, este emperador emprendió el embargo del aparato eclesiástico por parte del Estado.

«Hacia el 300, la delantera que las Iglesias de Oriente, sobre todo las de Egipto, Siria y Asia Menor, sacaban a las Iglesias de Occidente, expedición hecha de las de África del Norte, continuaba siendo considerable. Mientras en Occidente los cristianos estaban aún muy claramente en minoría, en algunos lugares de Oriente eran mayoría, y en los demás constituían minorías considerables, cuyo peso social y político tenía un carácter determinante. Por lo demás, el cristianismo continuaba siendo un fenómeno principalmente urbano, a pesar del peso que en algunas Iglesias comenzaban a tener ya los campesinos. Sus adeptos seguían siendo en general de condición modesta, pero la burguesía de las ciudades, cada vez más alejada de los asuntos públicos por el reforzamiento del absolutismo y la preeminencia del ejército, comenzaba ya a volverse hacia el cristianismo. La misma corte imperial y la alta administración se abrían progresivamente al cristianismo. En una palabra, el golpe definitivo que Decio y Valeriano habían pretendido asestar a la nueva religión no había servido absolutamente para nada.

Cada vez más numerosas, y con adherentes generosos y a veces ricos, las iglesias cristianas de la segunda mitad del siglo III habían acumulado un cierto capital y disponían de rentas considerables, que distribuían de manera generosa entre los miembros necesitados de su comunidad. Después del 260 obtuvieron la devolución de los bienes inmuebles confiscados durante la persecución, y a partir de entonces velaron por la preservación de estos bienes, que necesitaban para asegurar el culto y el mantenimiento de sus ministros y cuyo estatuto legal, a pesar de la tolerancia, continuaba siendo precario. Por consiguiente, las iglesias estaban obligadas a llevarse lo mejor posible con las autoridades, y no tenían ya la magnifica independencia de los siglos I y II, abriendo así las puertas al acercamiento entre la Iglesia y el Estado.»

El golpe de suerte fundamental para el futuro de las Iglesias cristianas se produjo con el debilitamiento del Imperio romano a partir de la eclosión de la crisis interna que afloró el 1 de mayo del 305 con la abdicación simultánea de Diocleciano y Maximiano, hecho que llevó al poder, como augustos, a Constancio Cloro y Galerio. Entre los años 306 y 311 los gobernantes romanos estuvieron tan ocupados peleándose entre sí que no tuvieron tiempo de proseguir la campaña de exterminio contra los cristianos que puso en marcha Diocleciano y, finalmente, en abril del 311, Galerio firmó un edicto concediendo al cristianismo el estatuto, aún restrictivo, de religio licita. Un año después, Constantino, tras someter con su ejército a Italia y África, ordenó que fueran restituidos a las iglesias todos los bienes confiscados y que se les entregara una contribución del Tesoro imperial.

Pero el emperador Constantino no se limitó a ser generoso. En esos días había una feroz disputa dentro de la Iglesia cristiana del norte de África entre la llamada Iglesia de los santos, dirigida por Mayorino (al que sucedió Donato), y la Iglesia católica, presidida por Mensurio (al que sucedió Ceciliano). Los primeros, que denominaban traditores a los católicos, les acusaban de colusión con los perseguidores romanos mientras que ellos habían sido resistentes sin tacha (no habían entregado textos sagrados a los romanos, como sí hizo Mensurio, y habían preferido el martirio antes que convertirse en lapsi o apóstatas, tal como hicieron muchos). A partir del 313 ambas facciones, dirigidas ya por Donato y Ceciliano, se volvieron irreconciliables y se produjo la escisión en dos iglesias.

Cuando el emperador Constantino entregó cuantiosos bienes a la Iglesia dirigida por Ceciliano hizo mucho más que marginar a la Iglesia de Donato, en realidad se adentró en un ambicioso proyecto político destinado a configurar el ámbito eclesial según sus necesidades personales e imperiales, con lo que se transformó para siempre la relación entre las iglesias cristianas y aupó al poder a la católica.

Desde un principio, Constantino se arrogó el poder de cuestionar las decisiones conciliares que no convenían a su gobierno y se dotó de la facultad de convocar él mismo, a su antojo, los concilios generales de los obispos. Tamaño insulto y desprecio a la jerarquía católica no levantó, sin embargo protesta ninguna; la razón hay que buscarla en la generosidad de sus donaciones y en el trato a cuerpo de rey que hacía dispensar a los obispos convocados a sus concilios. De esta manera el emperador compró voluntades, apoyos, decretos conciliares a medida y hasta toda una Iglesia, la católica, cuyos serviciales jerarcas comenzaron a acumular rápidamente poder y riquezas sin límite, el famoso Patrimonium Petri.

Constantino, a partir del 315 - 316, cristianizó - según la visión católica, claro está - las leyes de su imperio, promoviendo protección para los más desvalidos y, al tiempo, rigorizando el derecho matrimonial (la obsesión del clero católico hasta hoy día); en el año 318 reconoció oficialmente la jurisdicción episcopal; en el 321 autorizó a las iglesias a recibir herencias; en el 320 o 321 declaró festivo el domingo, hasta entonces celebrado como día del Sol - recuérdese todo lo citado acerca de la mítica solar asociada al Jesús - Cristo -; donó a la Iglesia católica grandes fincas y edificios por todo el imperio y ordenó construir decenas de lujosas iglesias que financió con el dinero público, etc.

La interrelación entre Constantino y la Iglesia católica empezó a ser tan íntima que los obispos pronto asumieron atribuciones estatales. Tal como refiere Karlheinz Deschner, «en los juicios, el testimonio de un obispo tenía más fuerza que el de los "ciudadanos distinguidos" (honoratiores) y era inatacable; pero hubo más, los obispos adquirieron jurisdicción propia en causas civiles (audientia episcopalis). Es decir, cualquiera que tuviese un litigio podía dirigirse al obispado, cuya sentencia sería "santa y venerable", según decretó Constantino. El obispo estaba facultado para sentenciar incluso en contra del deseo expreso de una de las partes, y además el fallo era inapelable, limitándose el Estado a la ejecución del mismo con el poder del brazo secular; procede observar aquí hasta qué punto eso es contrario a las enseñanzas de Jesús, adversario de procesos y juramentos de todas clases, quien dijo no haber venido para ser juez de los hombres y que dejó mandado que cuando alguien quisiera quitarle a uno el vestido mediante un pleito, se le regalase también el manto».

Por otra parte, claro está, el emperador no dejó ni un instante de asumir el pleno control de las cuestiones eclesiales. Así, cuando el imperio cristiano empezó a verse sacudido por la disputa suscitada por el arrianismo - que, como ya vimos en el capítulo 6, intentaba evitar la confusión del Dios Padre con el Jesús - Cristo-, Constantino, en sintonía con su consejero eclesiástico, el obispo Osio de Córdoba, al igual que había hecho al convocar el concilio de Arlés (314) para zanjar la querella entre católicos y donatistas, hizo reunir a cerca de trescientos obispos, en el año 325, en Nicea (localidad próxima a Nicomedia), para debatir la doctrina de Arrio.

«A las fórmulas demasiado audaces de Arrio en algunos de sus escritos populares - según expone, con exactitud histórica, discreta ironía y palabras harto amables para la Iglesia, el profesor Étienne Trocmé-, los obispos de todas las tendencias quisieron oponer algo distinto de las profesiones de fe tradicionales, a las que algunos habían creído al principio poder atenerse. El concilio emprendió, pues, la elaboración, sobre la base de la profesión bautismal de Cesarea de Palestina, de un "símbolo" que enunciara la cristología ortodoxa. A los títulos de "Dios de Dios, luz de luz", se añadió en particular el de "consustancial al Padre" (homoousios), que había sido en el pasado la expresión del "monarquismo" de Sabelio y de todos los que borraban la distinción entre Cristo y su Padre. Esta sorprendente adición, que fue sin duda sugerida por Osio de Córdoba, no fue aceptada sino por la personal insistencia de Constantino, a quien el concilio no podía negar nada».

Cuando llegó la hora de firmar el texto así redactado, el emperador hizo saber que todos los clérigos que se negaran a ello serían inmediatamente desterrados por las autoridades imperiales. Sólo Arrio y sus partidarios egipcios, suficientemente comprometidos, se resistieron a este extraordinario chantaje, teniendo que ponerse en camino inmediatamente hacia las lejanas ciudades de las provincias danubianas. Por mor de la unanimidad, respecto al emperador o simple cobardía, los demás asistentes se vincularon a la decisión, incluso aquellos que consideraban el homoousios como una fórmula herética.

El concilio se disolvió el 19 de junio del 325, después de un gran banquete ofrecido por Constantino en honor de los obispos asistentes, que causó a éstos honda impresión: algunos de ellos llegaron incluso a preguntarse si no estaban ya en el reino de Dios. El emperador añadió al banquete un discurso exhortado a los obispos a la unidad, a la modestia y al celo misionero, así como regalos para cada uno de ellos y cartas en las que se ordenaba a los funcionarios imperiales distribuir cada año trigo a los pobres y clérigos de las diversas iglesias.

Los obispos partieron, pues, anonadados, entusiastas y más sumisos que nunca. Constantino los había ganado definitivamente para su causa y podía sentirse satisfecho del resultado obtenido con el concilio. La unidad de las iglesias católicas había tomado por vez primera forma visible y los cismáticos quedaban invitados a asociarse a esta unidad en condiciones humillantes. Las escasas malas personas que habían rechazado la profesión de fe común habían tomado ya el camino del destierro. Todo esto era en gran parte obra suya, lo que le permitía en adelante intervenir de manera directa en los asuntos eclesiásticos para coordinar y reforzar la acción de los obispos.

«Los obispos más perspicaces se dieron cuenta, nada más volver a sus casas, de que al haber cedido tan fácilmente a la imperiosa seducción ejercida por Constantino habían cambiado la libre iniciativa de que anteriormente disponían por la sombra de cooperación con el Estado. De este modo, poco después de la disolución del Concilio, los obispos Eusebio de Nicomedia, Maris de Calcedonia y Teognis de Nicea hicieron saber públicamente que sólo habían firmado la profesión de fe por temor al emperador y que deseaban retractarse. Constantino los expidió sin más a la Galia, exigiendo de las iglesias de Nicomedia y Nicea la elección de nuevos obispos, en lo que fue obedecido sin tardanza. El obispo Teodoro de Laodicea, en Siria, sospechoso de querer imitar a sus tres colegas rebeldes, recibió del emperador una carta brutal en la que lo invitaba a meditar sobre la triste suerte de Eusebio y Teognis, lo que lo hizo contenerse y no levantar la voz. De este modo, a partir del otoño del 325, Constantino comenzó a hacer de policía de la fe en el interior del cuerpo episcopal. Los obispos que comenzaron a asustarse de ello y a comunicarse discretamente sus aprensiones fueron entonces numerosos».

Para la historia quedó el recuerdo vergonzoso de un concilio, el de Nicea, en el que una caterva de obispos cobardes y vendidos a la voluntad arbitraria del emperador Constantino dejaron que éste definiera e impusiera algunos de los dogmas más fundamentales de la Iglesia católica, como son el de la consustancialidad entre Padre e Hijo y el credo trinitario.

Constituido en teólogo por la gracia de sí mismo, Constantino diseñó a su antojo lo que los católicos deberían creer por siempre acerca de la persona de Jesús. El Credo que rezan todos los católicos, por tanto, no procede de la inspiración con la que el Espíritu Santo iluminó a los prelados conciliares sino de la nada santa coacción que ejerció el brutal emperador romano sobre hombres que Jesús hubiese despreciado. El ejemplo del nazareno dando la vida por sus ideas debía parecerles una ingenuidad detestable a unos obispos que no dudaron en ahogar su fe y conciencia con tal de poder seguir llenándose la panza.

Con una jerarquía eclesial tan servil, el emperador Constantino no tuvo el menor problema en utilizar la Iglesia católica a su antojo, sin límite alguno, tanto para forzar la unificación de su imperio bajo una sola religión, como para uso y disfrute de su megalomanía personal, ya que no en balde se refería a si mismo como «obispo para asuntos exteriores» (episkopos tôn ektos) de la Iglesia; se hizo denominar «salvador designado por Dios» y «enviado del Señor», es decir, apóstol; ordenó que se le rindieran honores como representante de Cristo (vicarios Christi) y que se le diera el trato de «nuestra divinidad» (nostrum numen) junto al sacratissimus que posteriormente ostentarían también algunos emperadores cristianos; mandó tener a su palacio por templo (domus divina) y a su residencia privada por sacrum cubiculum; y, a su muerte, hizo que le enterraran como el decimotercer apóstol. En resumen, Constantino hizo cuanto le convino con la Iglesia católica y sus creencias, era el amo, y los obispos, a cambio, callaron, otorgaron... y se enriquecieron mientras fortalecían su poder temporal.

El que fuera tenido por la Iglesia católica como «caudillo amado de Dios», «obispo de todos, nombrado por Dios» o «ejemplo de vida en el temor de Dios, que ilumina a toda la humanidad», fue en realidad un emperador que frecuentaba las prácticas paganas, cruel y sanguinario, responsable de las masacres de poblaciones enteras, de juegos de circo en los que hacía destrozar a cientos de enemigos por fieras u osos hambrientos, que degolló a su propio hijo Crispo, estranguló a su esposa y asesinó a su suegro y a su cuñado... un auténtico princeps christianus, vamos.

Su madre, que la Iglesia católica convirtió en «Santa Elena», pasó por princesa británica pero en realidad había sido una pagana que trabajó como tabernera (stabularia) en los Balcanes, vivió en concubinato con Constancio Cloro - padre de Constantino, un pagano que comenzó su carrera militar como protector o guardaespaldas imperial - y luego cohabitó en situación de bigamia cuando Constantino se casó con la emperatriz Teodora. La aristocracia romana conocía a Constantino como «el hijo de la concubina» y el mismísimo san Ambrosio escribió que Jesucristo había elevado del fango al trono a santa Elena.

Sin embargo, un hombre tan fascinante, poderoso y malvado como lo fue Constantino no podía morir sin dejarle un guiño cruel a la historia, no podía «ascender a los cielos» (tal como le representaron algunas monedas acuñadas tras su deceso) sin antes mofarse hasta la humillación de los obispos que trató como títeres y de la Iglesia católica que él mismo había puesto a andar; por eso, cuando cayó enfermo, «primero buscó remedio en los baños calientes de Constantinopla, y luego en las reliquias de Luciano, patrono protector del arrianismo y discípulo que fue del propio Arrio. Por último recibió en su finca, Archyrona de Nicomedia, las aguas del bautismo, pese a su deseo de tomarlas a orillas del Jordán como Nuestro Señor».

En aquel entonces (y hasta el año 400 aproximadamente) era costumbre habitual aplazar el bautismo hasta las últimas, sobre todo entre príncipes responsables de mil batallas y condenas a muerte. Como sugiere Voltaire, "creían haber encontrado la fórmula para vivir como criminales y morir como santos". Después del bautismo, que fue administrado por otro correligionario de Luciano llamado Eusebio, Constantino falleció el 22 de mayo del año 337. Así las cosas, resulta que el primer princeps christianus se despidió de este mundo como "hereje", detalle que origina no pocos problemas para los historiadores "ortodoxos", pero que le fue perdonando incluso por el enemigo más acérrimo del arrianismo en Occidente, san Ambrosio, "teniendo en cuenta que había sido el primer emperador que abrazó la fe y la dejó en herencia a sus sucesores, por lo que incumbe el más alto mérito [mágnum meriti]"».

De la mano de tan meritorio personaje comenzó realmente su andadura la Iglesia católica, transformada en una institución de poder temporal que se arrogó la representación exclusiva y ortodoxa del mensaje de Jesús (según lo recogen los Evangelios que ella misma eligió y manipuló, pero a los que nunca ha sido fiel).

Tal como observó con brillante agudeza Alfred Loisy, especialista en estudios bíblicos e historiador de las religiones: «Cristo predicó el reino de Dios, pero vino la Iglesia».


Extraído de: http://www.gbasesores.com/colaboraciones/Jesus_religion.htm

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