lunes, 23 de marzo de 2020

Byung-Chul Han - Comentarios sobre la pandemia del coronavirus COVID-19


El filósofo surcoreano Byung-Chul Han es, sin duda, uno de los filósofos más famosos y respetados de la actualidad. Es un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo.

Los países asiáticos están gestionando mejor esta crisis que Occidente. Mientras allí se trabaja con datos y mascarillas, aquí se llega tarde y se levantan fronteras.

Compartimos con vosotros el análisis del filósofo de origen coreano y residente en Berlín, a propósito de la pandemia desatada por el el coronavirus COVID-19.

Entre los varios análisis y artículos de opinión y reflexión que sin duda muchos esperábamos a propósito del momento en que vivimos se encuentra el de Byung-Chul Han, un filósofo especialmente agudo e inteligente y en quien destaca una capacidad de síntesis pocas veces vista en la historia de la disciplina.

A Han le debemos algunos conceptos particularmente útiles para entender nuestra época, entre otros, los de la “sociedad del cansancio”, el “sujeto del rendimiento” y la idea de “positividad” como una característica fundamental de nuestras sociedades (para Han vivimos en un “infierno de lo igual”, en donde el afán de efectividad y optimización hace que todo tienda a parecerse).

Este 21 de marzo, el diario El País publicó un texto en el que Han examina algunos de los efectos que ha tenido la crisis sanitaria, social y geopolítica desatada por el coronavirus COVID-19, surgido en China pero que a la fecha se encuentra ya en todo el mundo. El filósofo se detiene en algunos fenómenos puntuales provocados por esta pandemia.

Han comienza por señalar el regreso de la soberanía al que se asiste en Europa, el cual se manifiesta en los actos del cierre de fronteras, la prohibición del paso a inmigrantes y otros que, a decir del filósofo, son anacrónicos, pues corresponden a una idea pasada y sin vigencia tanto del “soberano” (en el sentido de dirigente de un país) como de la soberanía de un Estado.

Por otro lado, Han esgrime algunos elementos sobre la superioridad de la respuesta de los gobiernos asiáticos frente a la epidemia (en comparación con los gobiernos europeos), que se explica según Han por el uso que han dado éstos al “big data”, esto es, al enorme cúmulo de datos e información que proviene sobre todo del uso de los teléfonos inteligentes, las tarjetas de crédito y el Internet en general, lo cual ha permitido rastrear con un detalle inusitado los movimientos de personas contagiadas de COVID-19 o en riesgo de contagio.

Según el filósofo, esta estrategia sería impensable en los países europeos, donde las ideas de “privacidad”, “intimidad” e “individualidad” se combinan para crear una gran resistencia social al uso de los datos personales. “Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa”, dice contundentemente el filósofo.

Finalmente, Han intenta dar respuesta a la que sin duda es una pregunta que muchísimas personas tienen ahora en mente: ¿por qué si el virus no es tan letal (su tasa de mortalidad continúa alrededor del 4%, esto es, cerca de 4 personas fallecidas por cada 100 infectados), por qué entonces la respuesta del mundo ha sido tan desmedida, en especial la respuesta simbólica: la respuesta emocional colectiva, la de los mercados financieros, la de los discursos políticos, etc.? En términos generales puede decirse que se ha creado un ambiente general de pánico excesivo que no parece corresponderse del todo con las cifras absolutas del daño provocado por el coronavirus? “Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía”, dice Han. ¿Por qué?

A decir del filósofo, esta reacción puede comenzar explicarse con la hipótesis de que “hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos”, una idea quizá un tanto arriesgada o que podría percibirse como alejada del problema pero que, en el sistema de pensamiento del filósofo, guarda coherencia con varias de sus exposiciones previas. Escribe Han:

"En realidad hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos. La guerra fría terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas.

Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo.

Como en los tiempos de la guerra fría, la sociedad organizada inmunológicamente se caracteriza por vivir rodeada de fronteras y de vallas, que impiden la circulación acelerada de mercancías y de capital.

La globalización suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo.

Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva.

La represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo."

Y continúa:

"Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus.

Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera.

El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente."


Hasta este punto, la perspectiva de Han se asienta, como vemos, en su idea de la “positividad”: dado que las sociedades contemporáneas han tendido (voluntaria e involuntariamente) a expulsar todo indicio de negatividad, de diferencia y de otredad (en aras de conservar únicamente lo funcional, lo útil, lo eficaz, etc., lo cual en última instancia deriva en “lo mismo”), ahora que se presenta un elemento que justamente reúne todas esas características: es ajeno, es imprevisible, es nuevo (y, por lo tanto, diferente), es nocivo…

En fin, es la negatividad condensada en un sólo agente. No resulta extraño entonces que, desde la hipótesis de Han, en sociedades como las actuales, tan acostumbradas a únicamente dar cabida a lo “positivo”, la irrupción de este nodo de negatividad sea recibido con reacciones tan excesivas en el orden simbólico.

A esta idea Han añade otro elemento que es igualmente interesante y necesario para pensar la situación contemporánea, no sólo al respecto de la epidemia sino a la forma en que habitamos la realidad; dice el filósofo:

"Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización. La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece, y que también puede resultar dolorosa.

La digitalización, toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia.

Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción.

La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad."

En la tendencia hacia la positividad hemos creado un recelo hacia todo lo que implique contradicción, conflicto, desencuentro, siendo que, como sugiere Han entre líneas, estos y otros son estados propios de nuestra relación con la realidad.

El filósofo lo resume con maestría: “la realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece”. Dicho con otras palabras, no hay ni experiencia ni conocimiento de la realidad si no aceptamos que, por definición, ésta se nos resiste.

Paradójicamente, en nuestra resistencia a esa resistencia, es decir, en nuestra reticencia a aceptar que para experimentar y conocer la realidad tenemos que lidiar con las contradicciones propias de ésta, con sus conflictos y los desencuentros que emanan de ella.

De otro modo, nos estamos negando a experimentar lo que vivimos, creándonos una barrera de falsedad en la percepción que se interpone entre la realidad y nuestra experiencia de ésta.

¿Necesitamos, entonces, de un enemigo? Expresada así, la idea suena quizá un tanto radical. Pero es claro, si seguimos la argumentación de Han, que el mundo necesita de la negatividad (en todas sus expresiones) para despertar del letargo en el que ha vivido al menos desde el fin de la Guerra Fría.

Las inercias derivadas del capitalismo en las que viven ahora las sociedades de prácticamente todo el mundo –la ganancia económica como objetivo señero de toda acción, el individualismo, el racionalismo aplicado a ultranza y en todos los campos posibles, la pretendida primacía de la ciencia como único saber válido, etc.– tienen que detenerse en algún punto.

Y no es que el virus sea ese punto. Como dice Han: contrario a lo que piensa Slavoj Zizek, “el virus no vencerá al capitalismo”. Pero sí, en todo caso, esta crisis inicialmente sanitaria está dejando ver todos esos ámbitos en donde es necesario reconsiderar nuestras formas de ser y estar en el mundo.

A este respecto, Han termina su texto de este modo:

"Somos nosotros, personas dotadas de razón, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta."

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Extraído de: https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/16613-el-filosofo-byung-chul-han-sobre-la-pandemia-el-covid-19-no-vencera-al-capitalismo.html
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domingo, 22 de marzo de 2020

La peste - Albert Camus - Fragmento


"... Por eso me he decidido a rechazar todo lo que, de cerca o de lejos, por buenas o malas razones, haga morir o justifique que se haga morir.

Por esto es por lo que no he tenido nada que aprender con esta epidemia, si no es que tengo que combatirla al lado de usted.

Yo sé a ciencia cierta (sí, Rieux, yo lo sé todo en la vida, ya lo está usted viendo) que cada uno lleva en sí mismo la peste, porque nadie, nadie en el mundo está indemne de ella.

Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección.

Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son el resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca.

El hombre íntegro, el que no infecta a casi nadie es el que tiene el menor número posible de distracciones. ¡Y hace falta tal voluntad y tal tensión para no distraerse jamás!

Sí, Rieux, cansa mucho ser un pestífero. Pero cansa más no serlo.

Por eso hoy día todo el mundo parece cansado, porque todos se encuentran un poco pestíferos.

Y por eso, sobre todo, los que quieren dejar de serlo llegan a un extremo tal de cansancio que nada podrá librarlos de él más que la muerte...".
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Extraído de: https://primeralluvia.wordpress.com/2017/11/08/la-peste-de-albert-camus-fragmento/
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sábado, 21 de marzo de 2020

Adam Smith y Karl Marx - Semejanzas y Diferencias - Eric Toussaint


Adam Smith está más cerca de Karl Marx que de los neoliberales que actualmente lo ensalzan

11 de junio de 2009 por Eric Toussaint


En las siguientes citas descubrimos que lo que escribió Adam Smith en los años de 1770 no está tan alejado de lo que escribieron Karl Marx y Friedrich Engels setenta años después, en el famoso Manifiesto comunista.

Según Adam Smith:

«Por lo general, el trabajador de la manufactura añade, al valor de los materiales sobre los que trabaja, el de su propio mantenimiento y el beneficio de su patrono.» [1] 

Traducido en términos marxistas, eso significa que el obrero reproduce en el transcurso de su trabajo el valor de una parte del capital constante (es decir, los medios de producción —la cantidad de materias primas, de energía, la fracción del valor del equipo técnico utilizado, etc.— que entran en la producción de una mercadería determinada) al que se agrega el capital variable correspondiente a su salario y el beneficio de su patrono, que Marx denominó la plusvalía.

Karl Marx y Adam Smith, en épocas diferentes, consideraron que el patrono no produce valor, cuando, por el contrario, es el obrero el que lo produce.
Según Adam Smith, el obrero crea valor... sin ningún coste para el capitalista:

«Aunque el patrono adelante los salarios a los trabajadores, en realidad éstos no le cuestan nada, ya que el valor de tales salarios se repone junto con el beneficio en el mayor valor del objeto trabajado.» [2]
En el siguiente pasaje, Adam Smith analizó los conflictos de interés y la lucha de clases entre capitalistas y obreros
«Los salarios corrientes del trabajo dependen del contrato establecido entre dos partes cuyos intereses no son, en modo alguno, idénticos.

Los trabajadores desean obtener lo máximo posible, los patronos dar lo mínimo.

Los primeros se unen para elevarlos, los segundos para rebajarlos.

No es difícil, sin embargo, prever cuál de las partes vencerá en la disputa y forzará a la otra a aceptar sus condiciones.


Los patronos, al ser menos en número, pueden unirse fácilmente; y además la ley lo autoriza, o al menos no lo prohíbe, mientras que prohíbe las uniones de los trabajadores.

No tenemos leyes parlamentarias contra la asociación para rebajar los salarios; pero tenemos muchas contra las uniones tendentes a aumentarlos.

Además, en tales confrontaciones los patronos pueden resistir durante mucho más tiempo.

Un terrateniente, un colono, un comerciante o un fabricante pueden, normalmente, vivir un año o dos con los capitales que ya han adquirido, y sin tener que emplear a ningún trabajador.

En cambio, muchos trabajadores no podrían subsistir una semana, unos pocos podrían hacerlo durante un mes, y un número escaso de ellos podría vivir durante un año sin empleo.

A largo plazo, el trabajador es tan necesario para el patrono como éste lo es para él, pero la necesidad del patrono no es tan inmediata.

Se suele decir que la unión de los patronos es muy rara y que la de los trabajadores es muy frecuente.


Pero los que, de acuerdo con estos dichos, piensen que los patronos raramente se unen, son tan ignorantes de lo que pasa en el mundo como de este asunto. 

Los patronos están siempre y en todas partes en una especie de acuerdo tácito, pero constante y uniforme, para no elevar los salarios por encima de su nivel actual.

La violación de dicho acuerdo es, en todas partes, impopular, y somete a quien así procede al reproche de sus vecinos e iguales.

De hecho, oímos poco de estas uniones porque es lo normal, incluso se puede decir que es el estado natural de cosas de las que nunca se oye hablar.

Los patronos constituyen, a veces, incluso uniones específicas para reducir los salarios por debajo de aquel nivel.

Estos acuerdos se llevan a cabo siempre con el más absoluto silencio y secreto hasta que se ejecutan, y nunca se hacen públicos cuando los trabajadores se someten, como a veces ocurre, sin resistencia.

No obstante, estas uniones se encuentran a menudo frente a uniones defensivas de los trabajadores, quienes en ocasiones, sin existir siquiera una provocación de este tipo, se unen para elevar los salarios.

Las razones que esgrimen estriban a veces en el alto precio de los bienes de subsistencia y, a veces, en los grandes beneficios que los patronos sacan de su trabajo.

Ahora bien, sean sus uniones defensivas u ofensivas, se suele hablar mucho de ellas 

Para precipitar una solución recurren siempre a grandes alborotos y a veces a la violencia y a los atropellos más sorprendentes.

Están desesperados y proceden con el frenesí propio del hombre en ese estado, cuya alternativa es morirse de hambre o forzar a sus patronos a que, por miedo, cumplan sus exigencias. 

n estas ocasiones los patronos reclamen tanto como ellos y exigen la ayuda de los magistrados civiles y el cumplimiento riguroso de las leyes establecidas con tanta severidad contra la asociación de sirvientes, trabajadores y jornaleros.» [3]
Lo que motiva al capitalista según Adam Smith
«El único motivo que mueve al poseedor de cualquier capital a emplearlo en la agricultura, en la manufactura, o en alguna rama del comercio mayorista o detallista, es la consideración a su propio beneficio particular.

Las diferentes cantidades de trabajo productivo que puede poner en movimiento y los diferentes valores que puede añadir al producto anual de la tierra y trabajo de la sociedad, según se emplee de una u otra forma, nunca entran en sus pensamientos.» [4]
Adam Smith considera que hay tres clases sociales fundamentales:

1º. La clase de los terratenientes que vive de la renta;
2º. La que vive de los salarios y 
3º. La clase capitalista que vive de los beneficios.

Adam Smith identifica a su manera la conciencia y los intereses de estas tres clases sociales.
«Todo el producto anual de la tierra y el trabajo de cualquier país o, lo que viene a ser lo mismo, el precio conjunto de dicho producto anual, se divide de un modo natural, como ya se ha dicho, en tres partes:

la renta de la tierra, los salarios del trabajo y los beneficios del capital, constituyendo, por tanto, la renta de tres clases de la sociedad: 

la que vive de la renta, la que vive de los salarios y la que vive de los beneficios.

Estas son las tres grandes clases originarias y principales de toda sociedad civilizada, de cuyas rentas se deriva, en última instancia, la de cualquier otra clase. [...]»
Hablando de la clase de los rentistas, o sea, de los terratenientes, Adam Smith afirmaba: 

«Es la única de las tres clases, que percibe su renta sin que le cueste trabajo ni desvelos, sino que la percibe de una manera en cierto modo espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto propio para adquirirla.

Esa indolencia, consecuencia natural de una situación tan cómoda y segura, no sólo convierte [a los miembros de esta clase] a menudo en ignorantes, si no en incapaces para la meditación necesaria para prever y comprender los efectos de cualquier reglamentación pública.»

El interés de la segunda clase, la que vive de los salarios, está tan vinculado con el interés general de la sociedad como el de la primera. [...] 

Sin embargo, aun cuando el interés del trabajador está íntimamente vinculado al de la sociedad, es incapaz de comprender ese interés o de relacionarlo con el propio.

Su condición no le deja tiempo suficiente para recibir la información necesaria, y su educación y sus hábitos son tales que le incapacitan para opinar, aun en el caso de estar totalmente informado.

Por ello, en las cuestiones públicas su opinión no se escucha ni considera, excepto en las ocasiones en que los patronos fomentan, apoyan o promueven sus reclamaciones, no por defender los intereses del trabajador, sino los suyos propios.

La tercera clase la constituyen los patronos, o sea, los que viven de beneficios.


El capital empleado con intención de obtener beneficios pone en movimiento la mayor parte del trabajo útil en cualquier sociedad. Los planes y proyectos de aquellos que emplean el capital regulan y dirigen las operaciones más importantes del trabajo, siendo el beneficio el fin perseguido con todos aquellos planes y proyectos. [...]

Dentro de esta clase, los comerciantes y fabricantes son las dos categorías de personas que habitualmente emplean los mayores capitales, y que con su riqueza atraen la mayor parte de la consideración de los poderes públicos hacia sí. 

Como durante toda su vida están ocupados en hacer planes y proyectos, frecuentemente tienen mayor agudeza y talento que la mayor parte de los terratenientes. [...]

Los intereses de los comerciantes que trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas siempre son distintos de los generales, y muchas veces totalmente opuestos

El interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y reducir la competencia.

La ampliación del mercado suele coincidir con el interés público, pero la reducción de la competencia siempre está en contra de dicho interés, y sólo sirve para que los comerciantes, al elevar los beneficios por encima de su nivel natural, impongan, en beneficio propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos.

Cualquier propuesta de una nueva ley o reglamentación del comercio que provenga de esta clase deberá analizarse siempre con gran precaución, y nunca deberá adoptarse sino después de un largo y cuidadoso examen, efectuado no sólo con la atención más escrupulosa sino con total desconfianza, pues viene de una clase de gente cuyos intereses no suelen coincidir exactamente con los de la comunidad y que tienden a defraudarla y a oprimirla, como ha demostrado la experiencia en muchas ocasiones.» [5]
También encontramos en Adam Smith otros juicios que producen urticaria a los gobernantes y a los ideólogos que reivindican su herencia:

«Nuestros comerciantes se quejan con frecuencia de los altos salarios del trabajo británico como la causa de que sus manufacturas no se vendan tan baratas en los mercados foráneos, pero no dicen nada de los altos beneficios del capital.

Se quejan de las generosas ganancias de otra gente, pero no dicen nada de las propias. 

No obstante, los altos beneficios del capital británico pueden contribuir a elevar el precio de las manufacturas británicas, tanto, y en algunos casos quizá más, que los altos salarios del trabajo [6]

Esta declaración es una verdadera herejía para los patronos que adjudican a los costes salariales —siempre demasiados altos para su gusto— la responsabilidad de la inflación y de la falta de competitividad.
Estos elementos, tan esenciales en el pensamiento de Adam Smith (o incluso más) que la famosa mano invisible (que sólo menciona tres veces en su obra), son sistemáticamente pasados por alto por el pensamiento económico dominante. [7]
Una de las diferencias fundamentales entre Adam Smith y Karl Marx es que el primero, si bien era conciente de la explotación del obrero por el patrono, apoyaba a los patronos mientras que el segundo estaba por la emancipación de los obreros.
El preámbulo de los estatutos de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) [8] redactado por Karl Marx expresa el meollo de su posición:
«Considerando:
Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos;
que la lucha por la emancipación no ha de tender a constituir nuevos privilegios y monopolios, sino a establecer para todos los mismos derechos y los mismos deberes; y a la abolición de todos los regímenes de clase;

Que el sometimiento del trabajador a los que monopolizan los medios de trabajo —o sea, la fuente de la vida— es la causa fundamental de la servidumbre en todas sus formas: miseria social, degradación intelectual y dependencia política;


Que por lo mismo la emancipación económica de los trabajadores es el gran objetivo al que debe subordinarse todo movimiento político;

Que todos los esfuerzos hechos hasta ahora han fracasado por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes profesiones en cada país, y por la ausencia de una unión fraternal entre los trabajadores de diversas regiones;
 

Que la emancipación de los trabajadores no es un problema local o nacional, sino que, al contrario, es un problema social, que afecta a todos los países donde exista una sociedad moderna; estando necesariamente subordinada su solución al concurso teórico y práctico de los países más avanzados;

Que el movimiento que resurge entre los obreros de los países más industriosos de Europa, al engendrar nuevas esperanzas, advierte solemnemente que no se incurra de nuevo en antiguos errores, y llama a la coordinación de todos los movimientos hasta ahora aislados;

Por estas razones,
se funda la Asociación Internacional de Trabajadores.

Y declara:

Que todas las sociedades y todos los individuos que se adhieran a ella reconocerán como la base de su conducta hacia todos los hombres, sin distinción de color, creencia o nacionalidad, la Verdad, la Justicia y la Moral,.

Y por lo tanto, ningún derecho sin deberes, ningún deber sin derechos.»

Notas
[1Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, (1776), Editorial Oikos-Tau, Barcelona, 1988, Libro II cap.III, pág. 387.
[2Adam Smith, idem.
[3Adam Smith, op. cit., libro I capítulo VIII, pp. 149, 150.
[4Adam Smith, op. cit., libro II capítulo V, p. 428.
[5Adam Smith, op. cit., libro I, capítulo XI, pp. 324-326.
[6Adam Smith, op. cit.,libro IV capítulo VII, p. 640.
[7Es el caso, por ejemplo, de Alan Greenspan, quien en su biografía La era de las turbulencias, aparecida en 2007, dedica siete páginas elogiosas a Adam Smith, pero expurga de su pensamiento cualquier referencia al trabajo asalariado como creador del beneficio, a la teoría del valor trabajo y a la lucha de clases. (Alan Greenspan, La era de las turbulencias: aventuras de un nuevo mundo, Ediciones B, SA, Barclona, 2008.)
[8La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), conocida como la Primera Internacional, fue fundada en 1864. En ella participaron Karl Marx y Friedrich Engels. Allí se encontraban colectivistas antiautoritarios (la corriente internacional de Mijail Bakunin), colectivistas marxistas, mutualistas (partidarios de Pierre-Joseph Proudhon) y otros. Colaboraron conjuntamente militantes políticos, sindicalistas y cooperativistas. La AIT se dividió después de la derrota de la Comuna de París.
Eric Toussaint 
doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Es autor de diversos libros, entre ellos: Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique, Le Seuil, París, 2012.

Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015. A pesar de ello, la comisión prosiguió sus trabajos y se constituyó legalmente como una asociación sin afán de lucro.

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 Extraído de: http://www.cadtm.org/Adam-Smith-esta-mas-cerca-de-Karl,4461
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El Yoga de la Síntesis - Swami Sivananda


"... Los cuatro senderos principales para la realización son:

Karma Yoga: es apropiado para las personas de temperamento activo. Es el camino del servicio desinteresado e implica el ejercicio de la voluntad.

Bhakti Yoga: quién posee un carácter devocional se verá atraído hacia este sendero. El Bhakti es el camino de la devoción, y en él se ejercitan las emociones.

La voluntad consagra todas sus actividades a través de la completa entrega a la divinidad. La emoción experimenta la dicha del éxtasis divino.

Raja Yoga: Hacia esta senda se ven atraídos las personas con temperamento místico.

El Raja es el camino del autocontrol. Una ciencia exacta.

Su objetivo es el control de todas las ondas de pensamiento o modificaciones mentales.

Se ocupa de la mente, su purificación y su control.

Jnana Yoga: esta senda es adecuada para las personas de temperamento racional y filosófico.

En este sendero de la sabiduría se práctica con el intelecto y con la razón para distinguir lo que es real de los que no lo es.

El desarrollo unilateral no resulta recomendable.

Debemos educar y buscar el desarrollo de las personas en su totalidad. Sólo entonces podrá alcanzar la perfección.

En la mente suelen darse tres defectos: Impureza, agitación y encubrimiento, ceguera mental.

La impureza puede eliminarse mediante la práctica del karma Yoga.

La agitación se elimina a través de la adoración o Bhakti Yoga.

El velo mental se diluye con la práctica del Jnana Yoga.

Sólo entonces será posible la realización en el Ser.

“Sólo podrás contemplar claramente tu rostro si en la superficie de un lago se ha eliminado previamente la turbiedad, si las aguas agitadas por el viento han recuperado la calma y si se ha extraído el musgo que flota en su superficie”.

Igualmente ocurre con la Realización del Ser.

El Yoga de la Síntesis te proporcionará un desarrollo integral y te llevará a la perfección.

Alcanzar un equilibrio armónico en todos los aspectos es un ideal que puede obtenerse mediante su práctica...".

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Extraído del muro de Carolina Llonch Romo de Oca en Facebook _______________________________________________________________________
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lunes, 16 de marzo de 2020

De la esencia de la verdad (fragmento) - Martin Heidegger


"... Pero este [estar] «desembarazados de la atención al ser» y «desembarazados del concepto de ser», no significa que ahora el ser no se lo entienda en absoluto. Todo lo contrario: nuestro entender el «es» y el «ser» no desaparece porque no nos ocupemos de él. 

Más bien sucede a la inversa: este entender el ser está ya siempre ahí con nuestra existencia.

Sólo por eso podemos en ocasiones, o a menudo, aplicar la atención a él, y proponernos expresamente un ente en tanto que un ente, y convertirlo en objeto. 

Al fin y al cabo, este ente no se constituye en ente sólo porque nosotros nos estemos ocupando de él.

¿Cómo deberíamos tener jamás la ocurrencia de ocupamos con lo ente en cuanto tal, si no estuviéramos familiarizados con él ya de entrada?

Pero este estar familiarizados con lo ente sucede en un entender el ser sin concepto y sin atención expresa.

Ciertamente, este estar familiarizados con lo ente en la existencia del hombre tiene en cada caso su propia historia.


No se limita simplemente a estar ahí, indiferentemente y por igual a lo largo de la historia de la humanidad, sino que él mismo enraíza en lo que llamamos el arraigamiento del hombre: en lo que, en cada caso, son y en el modo como son para él la naturaleza y la historia y lo ente en su conjunto y en su fundamento.

Este arraigamiento de la existencia del hombre puede perderse, y para los hombres actuales no sólo se ha perdido en amplia medida, sino que ya no se lo entiende en absoluto.

El propio estar familiarizado con lo ente se ha desenraizado, pero este desarraigo mismo no es algo negativo, sino que, en cierta manera, se ha organizado a sí mismo y ha asumido el gobierno, es decir, la reglamentación y la legislación... de aquello que la relación del hombre con el ser y con lo ente debe ser.

Si algo «es algo», si —como decimos— «hay algo en ello», eso ya no lo decide primeramente el ente mismo ni el poder con el que él es capaz de apelar inmediatamente al hombre, sino que algo es algo o no es nada sólo si se habla sobre ello o no, sólo si uno se interesa por ello.

Así vive el hombre actual, en lo más elemental y en lo supremo, de aquello y conforme a aquello que el periodismo —en el sentido más amplio— le prescribe en cuanto a intereses. Hay «intereses literarios». 

Las obras de arte, ya totalmente al margen de su enlazamiento interno con el culto, ya no tienen su ser propio ni su fuerza operativa en medio de lo ente, sino que existen para los intereses de los americanos viajeros, de los visitantes de museos y de los historiadores de arte (que les dicen a aquéllos qué es lo que hay que hacer para que cosas tales les estremezcan).

Qué sea la «naturaleza», eso lo decide el periodista, de modo que se da la situación de que unos enanitos berlineses de la literatura pretenden enseñarle a uno qué haya que entender por naturaleza.

Cuando el estar familiarizado con lo ente está desarraigado en su fuerza inmediata en una medida tal como hoy sucede, entonces, ciertamente, será difícil despertar una comprensión real para la percepción inmediata de lo ente y de su inmediatez.

Y pese a todo: justamente porque este estar familiarizado con lo ente puede destruirse, también por eso puede salvarse y recuperarse. Eso vale para nosotros...".

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Extraído del muro de Silvia Reyes en Facebook
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sábado, 18 de enero de 2020

Carl Gustav Jung - Autobiografía (fragmentos finales)



"... De mí estoy asombrado, desilusionado, contento.

Estoy triste, abatido, entusiasmado. Yo soy todo esto también y no puedo sacar la suma.

No estoy en condiciones de comprobar un valor o una imperfección definitiva, no tengo juicio alguno sobre mi vida ni sobre mí.

De nada estoy seguro del todo. No tengo convicción alguna definitiva, propiamente de nada.

Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado. Existo sobre la base de algo que no conozco.

Pese a toda la inseguridad, siento una solidez en lo existente y una continuidad en mi ser.

El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y al mismo tiempo de belleza divina...".
 

Carl Gustav Jung en la última página de su autobiografía.

Imagen: Jung en el frente de su casa. Año 1949.

En la puerta de doble hoja de fondo hay Árboles de la Vida representados.

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Extraído del muro de Carmen R Cale en Facebook

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martes, 5 de noviembre de 2019

Hay una tierra - Hafez de Shiraz


Vuelve al jardín la fortuna de tiempos de juventud,
el ruiseñor de dulce voz recibe de la rosa la buena nueva.


Oh céfiro, por mí saluda a las plantas de olor, al ciprés
y la rosa, si llegas a las púberes hierbas de la pradera.

Si entonces aparece el joven mago, vendedor de vino,
trocaré mis pestañas en escoba del umbral de la taberna.

¡Oh, tú, que de ámbar puro en tu cara de luna pintas un mazo,
no siembres de inquietud mi desorientación y pena!

Temo que aquellos que se ríen de los que beben posos
pierdan la fe en la labor de las tabernas.

Sé compañero de los hombres de Dios, que en el arca de Noé
hay una tierra que un diluvio ni una gota de agua considera.

Sal de la casa giratoria y pan no pidas,
que esta tacaña mata al final al que invitado era.

No sabrás ni un detalle de los misterios de la existencia,
mientras no estés desorientado en el círculo de la existencia.

¿Es necesario llevar hasta el cielo el palacio?
Para todos, el lecho es al final un puñado de tierra.

Oh luna de Canán, el trono de Egipto ya posees,
hora es de despedirse de la cárcel y salir de ella.

No sé qué intenciones escondes en la punta del bucle
que tu pelo agitado a almizcle perfumea.

Oh Hafez, bebe vino, sé alegre, entrégate a la bohemia,
mas el Corán en trampa de hipócritas no conviertas.
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sábado, 26 de octubre de 2019

Romance del conde Arnaldos - Anónimo español - c. 1500


Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!


Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.


Las velas traía de seda,
la ejercía de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástil la faz posar.


—Galera, la mi galera,
Dios te me guarde de mal,
De los peligros del mundo
sobre aguas de la mar,
de las fustas de los moros,
que andaban a saltear—.


Allí habló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:


—Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora ese cantar.—


Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:


—Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.


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Extraído de:
https://ciudadseva.com/texto/romance-del-conde-arnaldos/
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jueves, 17 de octubre de 2019

El último encuentro (Fragmento) - Sándor Márai


"... Uno también construye lo que le ocurre.

Lo construye, lo invoca, no deja escapar lo que le tiene que ocurrir.


Así es el hombre. Obra así incluso sabiendo o sintiendo desde el principio, desde el primer instante, que lo que hace es algo fatal.


Es como si se mantuviera unido a su destino, como si se llamaran y se crearan mutuamente.


No es verdad que la fatalidad llegue ciega a nuestra vida, no. La fatalidad entra por la puerta que nosotros mismos hemos abierto, invitándola a pasar...".

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Extraído del muro de Silvia Alziéu en Facebook
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Los sanadores son personas heridas - Claudio Naranjo


"... Los sanadores son personas heridas que aprenden a curarse a sí mismas y al aprender a recuperar su salud adquieren la capacidad de curar a otros. Es un proceso espontáneo y natural.

La vocación de ser sanador es muy parecida a la vocación de enfermarse, pues tiene que ver con la vocación del descontento, de no conformarse con lo que otros se conforman.

Un sanador es alguien que siente demasiado sus heridas. Todos nacemos heridos, por el impacto de nacer al mundo.

La mayor parte de la gente se adapta, pero el sanador es el extremo contrario: tiene demasiado contacto con su experiencia.

Y ese descontento lo lleva a que no le quede otra opción que arreglarse el alma encontrando en ese camino cosas que otros no encuentran...".


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 Extraído del muro de Carmen R Carruca en Facebook
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domingo, 13 de octubre de 2019

Advaita - No-Dualidad - José Díaz Faixat


"... En la tradición advaita o no dualista, se realiza una triple y paradójica afirmación: el Ser absoluto es real, el universo es ilusorio, el Ser absoluto es el universo.

Con ello se trata de sugerir que los fenómenos son reales cuando se los experimenta como formas fugaces del eterno Sí mismo, pero ilusorios si se los comprende como entidades separadas del Yo infinito.

Lo que se niega, pues, es que el mundo sea real en si mismo, pero no que el mundo sea real como expresión del único Yo inmutable.

Es decir, lo ilusorio no es el universo en sí, sino nuestra percepción dual del universo como realidad objetiva y ajena al Sí mismo...".


 Advaita - Ad=No, Vaita=Dualidad - No-Dualidad 
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