jueves, 6 de enero de 2011

La Obra - El origen de la Escultura Fantástica - Cuento - Juan José Pescio


...Había una vez un lugar llamado Anarquía.

Se llegaba solo a lomo de mula, luego de recorrer muchas leguas de caminos sinuosos de montaña.

El que estaba yendo hacia allí de esa manera y ese día, se llamaba Rosendo y llevaba una idea muy clara y persistente: llegar y esculpir un pueblo en la montaña, en lo alto de la montaña, donde el aire está más frío y el viento circula entre las cumbres.

Esculpir un pueblo con gente, con casas, pero con gente viva, que camina y que respira.

El solo quería lograr eso en su vida. No quería otra cosa que eso y para eso viajó desde muy lejos, no se sabe de donde.

Ya estaba llegando cuando sintió deseos de desperezarse y hacer un sueñito en una cueva.

Entrada la noche se despertó, salió y se encontró con estrellas gigantes en el cielo, de esas que solo se ven cuando se está muy alto. Y comenzó allí mismo a planear con más detalle la jornada que empezaba.

Llegaría al amanecer a la pequeña llanura que ya bien conocía, bajaría los aparejos y demás enseres que llevaba y se pondría a trabajar enseguida, sin esperar ninguna cosa más para empezar.

¡Era mucho lo que había que deshacer!

Así que acomodó la carga de la mula y sus petates, continuó la subida paso a paso y siguió avanzando ya sin detenerse.

Al clarear, alcanzó a ver en el horizonte la entrada del lugar.

Era como un tajo, entre dos piedras grandes, como paredes de piedras que flanqueaban un camino estrecho.

Era en realidad un desfiladero que terminaba en un espacio muy amplio, abierto y verde, rodeado de picos y laderas escarpadas.

Entró y se detuvo en el centro, bajó de la mula todos sus avíos y recorrió con una mirada circular, el entorno pétreo de la breve planicie que surcaba el río.

Con la pala y el pico se alejó unos pasos, marcó un par de puntos y se puso a cavar con diligencia, sin levantar la vista del trabajo.

Estuvo así, cavando y desmontado piedras por unas cuantas horas, hasta que se empezaron a ver ciertas formas que se perfilaban en el piso, como resultado de la tierra y de las piedras que sacaba.

Eran como las cabezas y la parte superior del tronco de varias figuras humanas muy toscas, que emergían dentro del amplio hueco recién hecho.

Se detuvo y comió algo, bebió y descansó un buen rato. La mula no muy lejos, pastaba indiferente. El sol del mediodía calentaba, así que decidió buscar unos arbustos para guarecerse, hasta que bajara aquel calor bastante insoportable.

Pasado el tiempo razonable de la espera y luego de un sueño muy ligero, se dispuso a continuar, pero esta vez, el área para desmontar era mucho más grande, 100 veces más grande o más de 100.

Así que marcó el terreno con el pico y comenzó sin prisa y sin pausa a sacar tierra y piedras, dentro del enorme espacio delineado.

Así pasaron varios días y semanas. Ya el gran pozo dejaba ver las formas de unas casas con techos a dos aguas, unas calles angostas que cruzaban de un lado a otro ese esbozo de poblado, gente en actitud de caminantes y una plaza con formas de niños jugando en las hamacas.

Así continuó mas tiempo trabajando y hubo vientos fuertes, días de calor, noches de frío y jornadas lluviosas, lo que ayudaba a fijar la tierra y darle consistencia a la materia.

La Gran Obra seguía avanzando poco a poco y las figuras se parecían más y más a personas verdaderas. Las casas, las calles y las plazas también parecían cobrar una cierta identidad, como si fuesen cada vez más reales.

Ya se estaba llegando al final de la tarea.

Unos días más y quedaría acabada la escultura.

Solo estaba faltando darle movimiento.

Una noche, completados ya los últimos retoques, se subió Rosendo a la ladera de la izquierda y desde allí contemplo las siluetas del conjunto, vio con satisfacción que parecía un pequeño pueblo cuando está por despertarse. Veía siluetas en la noche, sin rostro y sin colores, inmóviles, sin vida. También siluetas de casas y de plazas. Entonces se preparó para el toque maestro de su obra.

Y antes de darles vida, se propuso sacar de allí lo que aún sobraba, como hacen los artistas que trabajan con el mármol, con lo que queda fuera de la forma inspiradora.

Al otro día al amanecer y luego de darles vida en un instante, se dispuso seriamente a completar un mundo que fuera verdaderamente humano.

Entonces, con unas herramientas especiales que traía, les sacó también la ilusión de ser y de tener y los dejó sin nada, con la mirada limpia y el corazón sereno.

Luego, para poder pensar mejor, se colocó en el espacio trasero de su propio corazón y dijo como resumiendo:

“Para construir un mundo verdaderamente humano sólo hace falta sacar lo que es inútil”.

Algunos dicen que dijo, “soltar lo que es inútil”, pero él como escultor, hacía su oficio con destreza y eso no se puede discutir.

Así nació, tal como afirman todos los expertos, el arte de la Escultura Fantástica.

Fue en aquel momento casi mitológico, que Rosendo, con su pico y con su pala, trabajando sin pausa en aquella planicie de otros mundos, logró llegar donde solo se llega movido por aquellos sueños raros, por aquellos sueños grandes, casi inmensos.

Y es por eso que hoy lo recordamos, como El Fundador de la Verdadera Humanidad, libre del miedo, por crear su Gran Obra más cerca del cielo que las nubes, más cerca del sol que las montañas más altas.


A Parque Punta de Vacas y a lo innombrable que lo construyó.

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Extraido del muro de Juan José Pescio en Facebook
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