jueves, 5 de diciembre de 2013

La vida es un proceso de no equilibrio - Ilya Prigogine


         Mis teorías son un retorno al sentido común. Ha existido una visión científica muy alejada de la experiencia cotidiana, una física muy extraña. 

         En ella el pasado y el futuro representaban el mismo papel, es decir ninguno: todo lo que iba a ocurrir en el futuro, lo que había ocurrido en el pasado, estaba contenido, predeterminado, en las condiciones iniciales. 

         Ese, obviamente, no es nuestro universo. En él, el pasado y el futuro representan distintos papeles. 

         Por lo tanto, la ciencia que yo hago es más cercana a lo que todo el mundo siente. Me gusta mucho una frase de Schopenhauer: 

         “La tarea no es tanto la de ver cosas que nadie ve, como la de pensar cosas nuevas, sobre cosas que todos han visto, pero no de esa manera”. 

         Por ejemplo, todos han experimentado el tiempo. 

         Sin embargo, la física lo ignoraba. Era una ciencia en la que se hablaba de un universo idealizado, muy ajeno a algunas experiencias humanas.
 
La principal diferencia entre el punto de vista clásico y el que yo propongo, según el cual las leyes de la naturaleza expresan sólo posibilidades o potencialidades, es que ahora uno puede incluir en ellas la creatividad.
El filósofo francés Henri Bergson expresó esto de manera muy bella:
 “La creatividad es algo que puedo experimentar a diario”. 
Hasta cierto punto, todos la han experimentado, al tomar decisiones, por ejemplo. Hacerlo sólo tiene sentido en un mundo que no es determinista. 
En mi libro El fin de las certidumbres, recuerdo una extraña frase de Einstein, en la que afirma que si él le preguntara a la luna por qué se mueve, ella le respondería: “Porque me gusta moverme”. 
 Ahora bien, eso no es satisfactorio, no está de acuerdo con nuestra experiencia.
Existe una especia de tendencia general de la vida a la novedad, que sólo puede tener sentido en un universo en el que haya una orientación en el tiempo.
¿El futuro ya está dado o hay un futuro abierto? Estas son preguntas que la humanidad siempre se ha hecho. 
De alguna forma sentimos que nuestro futuro no está determinado. Puede ser bueno, puede ser malo, pero no está determinado. 
El futuro es construcción.
En la sociedad humana, la toma de decisiones se basa en la memoria del pasado y también en las diversas utopías que puedan existir para el futuro. 
Esto es muy distinto de las moléculas, pero aún así no hay linealidades sino efectos cooperativos, y esto es algo que se nota claramente en nuestro mundo, debido a las comunicaciones, a las redes. Estos efectos no lineales son muy importantes y se pueden observar bien en los mercados de valores, en la economía. 
Pero mi interés principal está en saber cuál es la estructura básica que permite la existencia de estas estructuras en el mundo macroscópico. 
Esto es en lo que he estado trabajando, es realmente lo que más me interesa. 
Debemos cambiar, ampliar la física newtoniana, la física cuántica, la relatividad, para incluir en ellas las fluctuaciones, la posibilidad de que a nivel macroscópico aparezcan opciones, y que no siga habiendo determinismo. 
Lo que he demostrado a nivel microscópico es que uno de los mecanismos básicos que hay en este nivel es una especie de mecanismo difusivo, que quiebra el determinismo a escala microscópica.
La mecánica cuántica tenía vacíos: son los vacíos en los que son necesarias las nuevas ideas. 
La vida es un proceso de no equilibrio, en todas partes se ven procesos de no equilibrio, pero éstos no están descritos en la mecánica cuántica.
En un capítulo de mi libro digo que el tiempo precede a la existencia y ahora puedo demostrar realmente que el tiempo precede a la existencia, en el sentido incluso del vacío que es el punto de partida de la existencia. 
Naturalmente, la existencia es, en cierta medida, excitaciones del vacío. Ya en el vacío hay una simetría del tiempo rota.
Hay una gran diferencia entre una metafísica basada en un universo determinista y una metafísica basada en un universo autoorganizado. 
En una metafísica basada en un universo determinista tal vez necesitemos a un Dios que ponga al universo en movimiento. 
Si es autoorganizado, el problema es muy distinto, porque se necesita un código para hacer la autoorganización. 
Pero entonces uno se puede preguntar: ¿este código nos es dado por la naturaleza o por algo fuera de ella? Pero éstos son temas que no están dentro de mi campo.

Párrafos de una entrevista realizada por Christiane Raczynski, publicada en el diario La Nación de Buenos Aires el 25/01/98



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