lunes, 9 de diciembre de 2013

Los tres hermanos en el hombre y la Oración - Maurice Nicoll


Los tres hermanos en el hombre

"... La próxima cosa que el Trabajo dice de la Oración es que los tres centros en el hombre deben orar. 

Para empezar, si sólo la mente ora y el corazón no lo hace, no puede haber respuesta alguna. 

El hombre entero debe orar y el hombre entero es ante todo tres hombres —tres hermanos que no están de acuerdo. 

Si estos tres centros, en la casa de tres pisos que es el hombre, trabajaran en armonía, 

el Hombre ya estaría en el 3er estado de conciencia. 

Estaría suficientemente despierto como para recibir ayuda a su súplica. 

Pero estos tres hermanos en el hombre no cooperan y esto ocurre así especialmente hoy día. 

Por esta razón, echaremos una breve mirada a algunas de las enseñanzas que se dan en el Trabajo sobre el estado de nuestros centros tal como son ahora. 

Ya saben que el estudio de la multiplicidad de nuestro ser que caracteriza nuestro nivel de ser empieza con la observación de los centros. 

Los tres centros trabajan independientemente debido a las condiciones anormales de la vida moderna, que produce desarrollos parciales. 

Cada percepción consciente y cada manifestación del hombre, todo cuanto se recibe y se exterioriza, 

debería ser el resultado del trabajo coordinado de los tres centros, 

de los cuales cada uno debería proporcionar su propia parte de asociaciones y conocimiento y experiencias. 

En lugar de esto, el trabajo de estos diferentes centros está casi por completo desconectado hoy en día. 

A consecuencia de ello, los centros intelectual, emocional e instintivo-motor no cooperan el uno con el otro y de este modo no se corrigen y se complementan uno a otro, 

pero, por así decirlo, andan todos por diferentes caminos y rara vez se encuentran. 

Por esta razón el Hombre es rara vez consciente, y nuevamente, por la misma razón, 

el Hombre es, en primer lugar, no un individuo, sino tres personas distintas que no armonizan. 

La primera se cree totalmente aislada de las demás; la segunda experimenta lo mismo; 

y la tercera actúa mecánicamente, de acuerdo con sus hábitos establecidos desde hace mucho tiempo. 

Si el desarrollo fuera normal, estos tres hombres en uno, el hombre intelectual, el hombre emocional y el hombre instintivo-motor, 

formarían un solo hombre, armonizando todos los diferentes aspectos de sí mismo. 

Tal como ocurren las cosas, el Hombre está, en sí mismo, en una condición de completa falta de armonía. 

Él es ante todo tres hombres, tres hermanos, que rara vez están de acuerdo, 

y que por cierto pasan el tiempo frustrándose el uno al otro, 

peleándose uno con otro y por turno dominando uno al otro.

 Cualquier resultado general de esta acción combinada en la que cada uno de ellos está de acuerdo y firma con su nombre, por así decirlo, en el convenio, ocurre rara vez, 

pero cuando ocurre, el hombre está en ese momento en otro estado de conciencia. 

De hecho, es consciente, en el sentido de la enseñanza del Trabajo, porque está en posesión simultánea de todas sus facultades y es consciente de cada una de ellas. 

Su conciencia abarca todos los centros al mismo tiempo, en lugar de estar limitada a uno u otro centro, o a una pequeña parte de un centro, a la vez. 

Esta extensión o expansión de la conciencia que incluye al mismo tiempo todos los centros no es supernormal sino que es lo que un hombre normal debería poseer en realidad. 

Este es el 3er estado de conciencia —el estado de Recuerdo de Sí o de Percepción de Sí— que pertenece por derecho al hombre y con el cual nació, pero que pierde muy pronto debido al efecto de la gente dormida que lo rodea. 

Es a causa de las influencias equivocadas, de la educación equivocada y de las condiciones equivocadas de la vida moderna que el Hombre renegó de su estado de conciencia, que es suyo por derecho natural, y que, si lo poseyera, haría imposible para él actuar como lo hace hoy en día. 


Parte III (La Oración)

Me referiré ahora a una o dos cosas dichas por el Trabajo y que tienen una relación indirecta con el tema de la Oración. 

El Trabajo dice que en, la Oración del Señor, como en las Parábolas y dichos de los Evangelios, hay un significado dentro de su significado. 

Por eso se dice en el Trabajo que los Evangelios son una prueba para el nivel de comprensión de un hombre, 

y también que a medida que un hombre cambia también cambian para él los Evangelios. 

En la Oración del Señor las ideas son innumerables. 

Cada frase tiene sus octavas interiores. 

Son tantas las cosas que hay en ella para el hombre que ha forjado las ideas del Trabajo en su mente que hablar extensamente de la Oración del Señor es lo mismo que hablar de cada aspecto y de cada cosa en el Trabajo mismo. 

Leer a veces la Oración y reflexionar sobre todas sus conexiones, empezando con la octava de la Inteligencia Divina del Sol en la cual el Hombre fue creado 

y todo cuanto dice el Trabajo sobre el hombre y su estado interior y lo que debe hacer para despertar, es dar a la Oración su verdadero sentido. 

La repetición de las palabras es inútil. 

Ahora me referiré a una de las frases de Cristo que he citado en mi disertación anterior, 

la cual dice que un hombre debe orar por una cosa y tener fe en recibirla, y la obtendrá. 

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” (Marcos XI, 24) 

Ahora bien, se dice en el Trabajo que un hombre no debe esperar a tener la fuerza para hacer algo, sino que debe actuar, si éste es su propósito, como si ya la tuviera, y entonces la atraerá. 

Esperar hasta tener la fuerza y la comprensión para hacer algo —estoy hablando del Trabajo— imposibilita hacerlo. 

Pero cada uno de ustedes debe pensarlo por sí mismo. 

Agregaré ahora unas pocas cosas. 

Todas las oraciones que se hacen por compasión de sí son, por supuesto, inútiles. 

Orar por los otros es sólo posible mediante la comprensión de sus dificultades y así mediante la comprensión de sí, porque se comprende a los demás sólo hasta el punto en que se comprende uno a sí mismo. 

Todo trabajo consiste en preparar los centros inferiores para la recepción de las influencias provenientes de los centros superiores. 

El hombre tiene dos centros plenamente desarrollados en él y que pertenecen a los niveles superiores de inteligencia. 

Pero aun cuando estén trabajando todo el tiempo en él, no puede oírlos. 

Sus influencias tocan el estado de Recuerdo de Sí, pero no van más lejos. 

Por eso todo trabajo, es oración: porque la verdadera oración estriba en poner al Hombre en relación con el Cielo, 

y todo trabajo sobre sí estriba en purificar los centros inferiores y poner orden en la mente mediante la enseñanza del conocimiento correcto, de modo que las influencias de los centros superiores puedan oírse. 

Se puede hablar de diferentes clases de oración: 

1) La Oración por la Iluminación o Comprensión. 

2) La Oración acerca de la Tentación. 

3) La Oración acerca de uno mismo y acerca de los otros. 

La Oración acerca de la Tentación se refiere a la tentación acerca del Trabajo. 

No es contestada necesariamente, porque el Trabajo la contestará si uno persevera en su enseñanza y se esfuerza en aplicarla y usarla. 

Es menester recordar que la tentación en el Trabajo y en todo lo que se refiere a él es necesaria con el fin de cambiar a un hombre, y de ello se sigue que si ora a este respecto, su oración no será contestada, pero si en lugar de ello trabaja logrará una respuesta. 

Como dije, orar cuando se debe trabajar, esperar ayuda cuando es preciso esforzarse, es ocioso. 

En lo que respecta a la oración acerca de uno mismo, primero es preciso orar por los otros y por último por uno mismo. 

Recuerden que hay tres niveles de Trabajo —Trabajo por el Trabajo, Trabajo con los demás, Trabajo sobre uno mismo. 

Orar sólo por uno mismo, trabajar sólo en lo que respecta a uno mismo y a los que están relacionados por intereses egoístas con uno no puede dar resultado alguno. 

Tres fuerzas deben entrar en la oración, y esto es demasiado difícil de explicar ahora, pero las encontrarán en la Oración del Señor si reflexionan bastante tiempo sobre este particular. 

El destino es preferible al accidente sólo en el sentido de que es posible tomarlo en consideración; 

el destino puede ser conocido de antemano, y entonces es posible prepararnos para lo que nos espera. 

Por el contrario, en lo que se refiere al accidente no se puede saber nada. 

Pero el destino puede ser no menos desagradable o no menos difícil. 

En este caso, a pesar de todo, hay medios que permiten al hombre liberarse de su destino.

El primer paso en esta dirección consiste en sustraerse a las leyes generales.

 El accidente general o colectivo se produce exactamente como el accidente individual.

 Y así como hay un destino individual, hay también un destino general o colectivo. 

El accidente colectivo y el destino colectivo están gobernados por las leyes generales. 

Un hombre deseoso de crearse una individualidad propia debe entonces liberarse de las leyes generales. 

Las leyes generales no son todas ellas obligatorias para el hombre; el puede liberarse de un gran número de éstas, si llega a liberarse de «topes» y de la imaginación. 

Todo esto se conecta a este problema fundamental: 

¿Cómo liberarse de la personalidad? 

La personalidad encuentra su alimento en la imaginación y la mentira. 

Cuando la mentira en la cual vive el hombre haya disminuido, y la imaginación se haya debilitado, la personalidad misma no tardará en declinar y el hombre podrá pasar entonces a estar bajo el control ya sea de su destino, o de una línea de trabajo que a su vez está dirigida por la voluntad de otro hombre; 

de esta manera, un hombre puede ser conducido hasta el punto en que una voluntad podría ser formada en él, una voluntad capaz de hacer frente a la vez al accidente, y si es necesario, al destino...” 

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Extraído de: http://eneagramacuartocamino.wordpress.com/2013/10/23/los-tres-hermanos-en-el-hombre/
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